“Toda nueva verdad pasa por tres etapas. Primero, se tiende a ridiculizarla.
Luego, se la ataca violentamente. Finalmente, es evidente por sí misma.”
Arthur Schopenhauer
Durante los últimos años hemos empezado a vivir una atmósfera extraña que parece que nos cegó y no sabemos como actuar.
Parece que desde el antisemitismo medieval a lo que hoy vivimos, nada ha cambiado, sólo el lenguaje. Lo que debería ser prioridad importante para todas las kehilot queda desplazado por “asuntos más urgentes” y cada vez se supera un poco más el umbral de la discriminación. Al permitir ese corrimiento de lo que está bien y lo que no, terminamos aceptando que en un acto por los 61 años de la creación del Estado de Israel, criminales irrumpan con palos a destruir stands y dejar heridos, permitimos que personas encapuchadas desfilen por varias ciudades del país apoyando a Hamas, quemando banderas de Israel y autoproclamándose “Anti-Israelíes” no Antijudíos.
Al oírlos siento que la vieja excusa de “No soy antisemita tengo un amigo judío” es más creíble que escucharlos decir que son antisionistas y que no tienen ningún problema con el pueblo judío, pero luego, nos acusan de que nuestro presidente es Nethanyahu y parece ser que nuestra nacionalidad ya no es reconocida.
Cuando ocurrió el atentado a la Embajada de Israel, se dijo “el ataque fue contra Israel”, cuando ocurrió el atentado a la AMIA, se escucho “podría haberse evitado”, cuando neonazis atacan a jóvenes, destruyen cementerios o aparecen pintadas, se dice “son solo hechos aislados”, ahora que “grupos de izquierda” atacan a personas, destruyen un acto cuyo fin era la convivencia y la paz, la excusa es que “fueron mandados por el gobierno nacional para perjudicar en las elecciones al gobierno porteño”; Entonces definitivamente la paranoia me ha alcanzado, porque yo sólo veo que la Argentina, cada vez está sometida a más antisemitismo, más discriminación, más delincuencia, más odio.
Si ya no se puede organizar actos abiertos a todo el público, si debemos temer cualquier incidente, si nos encerramos cada vez más en nuestras kehilot, entonces algo está mal en nuestro país.
Antes suponíamos que alcanzaba con la educación, que era la manera de prevenir a largo plazo, hoy necesitamos de algo más, los plazos se acortan cada día.
Cuando Elie Wiesel, es insultado en Durban II, por funcionarios iraníes, acosado y lastimado al grito de “SioNazi” y desde nuestra Kehilá se escuchan pocas voces, entonces en algo estamos fallando. Luego de semejante momento, Wiesel declaró: “Esta generación ha perdido la esperanza” y es una lástima que Auschwitz ha dejado de ser una advertencia para ser un precedente. Hace unos años alguien me dijo, si hoy los jóvenes, los madrijim, saben poco de la inquisición, no pretendas que tus nietos les puedan enseñar a sus hijos sobre la Shoá. En ese momento, me sonó fuerte e imposible, pero si hoy, que no han transcurrido 65 años, desde que terminó la Segunda Guerra Mundial, ya existen personas que aseveran que la Shoa es un invento judío para legitimizar la creación del Estado de Israel, ni hablar lo que puede llegar a ocurrir cuando los últimos sobrevivientes ya no estén con nosotros, para poder contarnos sus historias y retratarnos una mínima pincelada del horror que debieron soportar.
Lamentablemente hay un brote de judeofobia en pura efervescencia y debemos recordar que el nazismo surgió de una de las naciones que hasta ese momento era considerada de las más civilizadas del mundo, una nación que utilizó a sus mejores científicos, a los más capacitados doctores, a personas cultas y de gran conocimiento para cometer el acto más aberrante de la historia de la humanidad. No podemos perdonar declaraciones antisemitas sólo por ser “opiniones”, el derecho de expresión existe, pero el odio no puede recibir validez.
Somos todos responsables de dar lucha a quienes niegan la Shoá y a quienes comparan al Estado de Israel con el nazismo. Debemos tomar un compromiso inquebrantable para no permitir que el olvido intencional, dé paso al antisemitismo y la impunidad. La memoria y la justicia debe mantenerse viva y no permitir que vuelvan a matar a las víctimas, al olvidarlas; no desoír a quienes desean borrar a Israel del mapa, a quienes desean hacerle creer al mundo que somos semejantes a nuestros victimarios.
El pueblo judío siempre fue amenazado de muerte y muchas veces nos llevaron al límite pero siempre resistimos. Resistimos no con grandes ejércitos, no con armas, no con poderosos aliados sino con educación, fe, cultura, historia y la fuerza motora de una juventud comprometida con los valores y tradiciones de un pueblo que perdura y ve caer a quienes lo atacan.
Como herencia tenemos un gran pasado, pero debemos comprometernos para tener un futuro.
La Shoá fue un crimen contra la humanidad, fue un crimen contra todos, no sólo contra los judíos.
Siempre nos preguntamos cómo pudo ocurrir semejante tragedia, cómo nadie lo evitó, cómo el mundo no se levantó y lo detuvo.
Aunque los nazis no se encuentren al poder, nuevos líderes parecen emularlos. Parece que 6 millones de muertos no fueron suficientes, que miles de atentados no significan nada y es por eso que aunque estemos solos debemos enfrentar a los Hitler, Ahmadinejad y demás asesinos que el mundo produzca.
Elie Wiesel declaró “Pensé que el antisemitismo había muerto en Auschwitz. Luego me di cuenta de que sólo los judíos murieron allí”, la pregunta es ¿a quién albergarán los próximos Auschwitz y qué estamos dispuestos nosotros a hacer para evitarlo?
La Hasbará debe ser parte de cualquier comunidad, es difícil saber qué hacer, pero al menos debemos juntarnos a discutir, dejar la seguridad de nuestros muros y buscar la manera de confrontar con quienes nos atacan.
Hoy más que nunca deberíamos estar unidos, porque esa es la única forma de que nuestra generación no vuelva a perder la esperanza…

Ari Guerstein

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