Por David Usborne
Para
The Independent

El Premio Nobel de la Paz es uno de estos premios que han perdido completamente su razón de ser. Aunque no es la primera vez que se conceda este premio por consideraciones puramente efectistas y contrarias a la finalidad que un premio de esta magnitud debería tener, la concesión por sorpresa al actual presidente de los Estados Unidos de América, que no lleva ni diez meses en su cargo y sin que haya hecho nada importante por la paz mundial, supone una devaluación que se debería castigar con no hacer el menor caso a la Fundación Nobel y sus comunicados.

Es más: Se debería recomendar la supresión de este polémico premio por no ser un reconocimientos a una labor efectiva por la paz. Más bien parece que se concede exclusivamente porque los premiados han movido debidamente sus lobbies y gastado dinero para conseguir que el jurado tome en consideración concederles el premio que se supone otorga tanto prestigio al galardonado.

Hasta la fecha, Obama sólo ha tenido discursos demagogos, que no ha hecho absolutamente nada por cambiar la política internacional de EE.UU. o por impulsar iniciativas de paz. Un ejemplo claro es la continuidad del enfrentamiento verbal entre Irán e Israel o la imposibilidad de una solución del conflicto palestino-israelí o de la situación en Afganistán, cada vez más violenta y con más soldados occidentales muertos en defensa de una democracia inexistente y de un presidente afgano que no gobierna más allá de la capital de Kabul.

Obama tampoco nos ha contado lo que piensa hacer o qué sentido tienen algunas intervenciones estadounidenses en países lejos de su ámbito real de influencia. No ha aclarado su política frente a Venezuela o Cuba, y para poner las cosas aún más complicadas, se ha comportado como un testigo neutro en el golpe de estado a Zelaya, en lugar de dar su respaldo al sistema constitucional y democrático hondureño. Su indefinición -que ya quedaba patente durante su campaña electoral del año pasado-, con discursos de palabrería hueca, empeora cuando ahora, de repente, apoya a Honduras porque los informes elaborados por Costa Rica y EE.UU. han demostrado que la actuación de las instituciones hondureñas han sido la correcta.

Si en el pasado el Premio Nobel de la Paz al menos se concedía después de alguna “hazaña” de los premiados, ahora parece que se da a crédito, a ver qué hace el agraciado con ello, sólo que en el caso de estos premios nunca se ha producido una retirada o revocación del galardón por no haber sabido estar a la altura.

Anteriores concesiones polémicas del premio:

2007: Al Gore (EEUU) recibió el premio por su “trabajo” a favor del medio ambiente, pero sus tesis no sólo han sido refutadas por ser desmedidas y caóticas por numerosos científicos de todo el mundo, sino que además ha sido duramente criticado por impartir conferencias a cambio de fuertes cantidades de dinero.

2004: Wangari Maathai (Kenya), fue denunciado por la prensa internacional al afirmar que el SIDA fue creado por científicos norteamericanos para desplobar al continente africano

2002: Jimmy Carter (ex presidente de EEUU) recibió el galardón por “sus infatigables esfuerzos por encontrar soluciones a los conflictos internacionales, para avanzar en la democracia y los derechos humanos y por promover el desarrollo económico y social”, pero se ofreció para mediar en la negociación del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con ETA. Su desconocimiento del extenso conflicto llevó a denominar a los terroristas separatistas como “miembros responsables de la comunidad vasca”.

2001: Kofi Annan (Ghana) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El líder africano se vio involucrado en un escándalo junto a su hijo Kojo Annan por sospechas de corrupción en el programa de “Petróleo por alimentos”.

1994: Yasser Arafat, terrorista palestino líder de la OLP, recibió el premio junto a Simon Peres e Isaac Rabin por sus “esfuerzos en crear paz en Medio Oriente”. En su currículum hay que resaltar que fue uno de los ideólogos del asesinato de 11 atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de Munich en 1972.

1992: Rigoberta Menchú (Guatemala). Fue premiada por “su trabajo a favor de la justicia social y la reconciliación etno-cultural basada en el respeto a los derechos de los indígenas”, pero se la ha acusado de favorecer a las guerrillas paramilitares dentro de su país y se la vincula en numerosas ocasiones con regímenes absolutistas como el de Castro en Cuba. También se la ha relacionado con el entorno de ETA, algo que no va en la linea de respetar la justicia social.

1973: Le Duc Tho (Vietnam) recibió el galardón junto a Henry A. Kissinger (EEUU) pero no llegó a recibirlo porque lo rechazó, convirtiéndose e uno de los más controvertido de la historia del Premio Nobel de la Paz.
El nombramiento del secretario de Estado, Henry Kissinger,por los acuerdos alcanzados para poner fin a la Guerra de Vietnam en 1973 también fue polémico. Kissinger fue responsable por la organización de la campaña secreta de bombardeos en Camboya entre 1969 y 1975, y luego coordinó los servicios secretos de las dictaduras militares de Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia bajo la Operación Cóndor, que tuvo como resultado el asesinato y desaparición de decenas de miles de disidentes contra los gobiernos de esas naciones. Se alegó, también, que Kissinger apoyo el golpe de Estado del general Pinochet contra Salvador Allende en Chile en 1973, y que también presto apoyo al gobierno turco cuando éste intervino en Chipre. Referente al galardón de la paz, al ver que la guerra se prolongaba a pesar de los acuerdos, Duc Tho decidió renunciar al premio. Kissinger optó por conservarlo.

1945: Cordell Hull (Secretario de Estado de EEUU). Fue galardonado por sus esfuerzos a favor de la paz en el occidente y por su labor a favor de la creación de las Naciones Unidas. Muchos consideraron que Hull nunca debiera haber sido considerado, ya que se opuso totalmente a la entrada del navío S.S. St. Louis (un navío lleno de refugiados judíos que salió de Hamburgo, huyendo de la persecución nazi, en 1939) en puertos norteamericanos, y luego maniobró para que fuera rechazado también en Cuba. Obligandolo a volver a Alemania, más de un cuarto de sus pasajeros murieron posteriormente en el Holocausto.

Como nota curiosa, hay que recordar que entre los ex aspirantes al Premio Nobel de la Paz se encontró en su momento el dictador nazi Adolf Hitler y el dictador soviético Josef Stalin.

Quizás lo más notable del premio de la Paz ha sido quienes no han logrado recibirlo, a pesar de sus esfuerzos a favor de la paz. Aunque fue nominado cinco veces entre 1937 y 1948, el indio Mahatma Gandhi nunca recibió el Premio Nobel de la Paz. Aunque el Comité luego declaró publicamente, décadas más tarde, que había fallado al no haberle concedido el premio, tampoco intento corregir la omisión con un premio póstumo -a pesar de haberlo hecho con el escandinavo Dag Hammarskjöld en 1961, tras su muerte en un accidente de aviación-.

Anuncios