La carga cultural no puede tirarse al mar

Por: Rajel Hendler

Para: Aurora Digital

En oportunidad de la visita de nuestro presidente, Shimon Peres, en Argentina, me emocionó intensamente viéndolo estrechar las manos de la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner.
Allí crecí, fui a la escuela, me eduqué, me gradué, formé mi familia.
Hice aliá ya a edad madura y traje conmigo mucho de lo que soy.
Sé que con nuestro presidente llegaron olim jadashim y que hay varios grupos que se preparan para una próxima aliá.
Tengo información porque mi hijo es allí el sheliaj (enviado) de Aliá de la Sojnut.. Por todo lo dicho y por mi convicción judía sionista siento la necesidad de reiterar a los olim que vendrán, a los que se preparan para venir y a los que ya están con nosotros mi concepción del concepto aliá; aliá hoy como ayer.
Frecuentemente escuchamos quejas de olim de Argentina; se lamentan por la situación económico-social, burocracia, pobreza, desocupación, que los impulsa a emigrar y muchos eligen venir a Israel.
Es cierto: a veces la situación es crítica económicamente, la falta de trabajo es lo que provoca tantas y tantas dificultades. Sólo queremos recordar que lo que llamamos aliá no tiene que ser sólo escaparse por motivos negativos que esperan que les serán resueltos aquí.
Es cierto, Israel les tiende a los olim sus brazos abiertos y quiere recibirlos, acogerlos y brindarles feliz integración y realización en la patria judía. Pero Israel es un país que también tiene hoy problemas, muchos y muy serios, de seguridad, de falta de trabajo; de idioma para ustedes, de diferencia de costumbres, de sistema de educación y de vida en general, como cualquier país al que se emigra y otros cuestiones muy específicas de Israel.
Por lo tanto hay que traer, además de las necesidades propias objetivas, una gran dosis de patriotismo judío, de solidaridad y dispuestos a comprender nuestros conflictos, nuestras actitudes y nuestras reacciones.
Porque hay muchos, que si bien salieron quejándose, en cuanto llegan toman partido, sin conocer a fondo la situación, para ya criticar nuestro proceder, aún en lo político.
Recuerden que aliá, en su origen y en todos los tiempos, aún antes del Estado, significaba, incluía, a la vez que la realización personal, una gran medida de sacrificio, de abnegación, de idealismo, de sionismo; venir a recibir pero también a dar.
Y volviendo a la Argentina quiero reiterar algunos conceptos. Sobre todo para los que más se quejan y son, generalmente, hombres jóvenes de mediana edad. A los que más agudamente critican, despotrican, yo les pregunto: “¿Cuántas cosas hermosas y positivas también recordáis de allí? ¿Dónde recibisteis vuestra educación, vuestra formación profesional, dónde formasteis vuestras familias? ¿Acaso no les quedan recuerdos positivos, añoranzas?”
Lo digo por experiencia personal, que vine ya a edad madura a Israel. Hace unos años se celebró aquí un encuentro sobre “La integración y el aporte de los judíos de América Latina”. En una de las sesiones se habló sobre el tema “Pautas de la identidad israelí de los olim de América Latina” y una de las exposiciones fue: “El trasfondo psicocultural de los olim”, en cuyo debate participé. La expositora usó como modelo ilustrativo un puente; en una de sus puntas está el olé ya en Israel y en la otra visitando la Argentina.
Habló sobre las contradicciones y el conflicto del olé cuando vuelve a la Argentina con su parcial formación israelí. Hasta puso como ejemplo cómo se viste en Israel, con pantalón corto y gorra “tembel”, y cuando va a la Argentina se pone traje y corbata.
Creo que este ejemplo es anacrónico, no rige desde hace muchos años; estamos viviendo en la época de la globalización. Todos visten igual, todos protestan igual. Pero sí me apropié del puente y recordé un cuento de Agnón, en el que un hombre tiene que cruzar un puente para pasar al otro lado, al mundo, para emanciparse, liberarse; pero llevaba una pesada carga consigo, un paquete enorme de vivencias, de costumbres, recuerdos, tradiciones, cultura (a sí mismo creo yo).
Del peso de la carga el puente que era endeble (no una gran obra de ingeniería), un puentecito, se balanceaba, se movía; y el hombre empezó a dudar: ¿tirar parte de la carga para aliviar el paso del cruce, dejar atrás el pasado, pasar más libre, más aligerado? Pero no; cruzó, aunque moviéndose, temblequeando, pero con todo su equipaje.
Porque constituimos la suma de todo lo que fuimos, de lo que somos y así seremos. Y a ustedes queridos olim: vengan cuantos más, lucharemos juntos. Aquí también encontrareis cosas que objetar, que criticar, que no les van a gustar, pero vengan con el optimismo de dar para recibir y traigan todo vuestro equipaje.
Para que juntos, hermanados, trabajemos y ayudemos a ambas comunidades, a la argentina, que siempre fue modelo en su actividad educacional, comunitaria y sionista; reservorio de jóvenes idealistas, de maestros y educadores, fruto de sus institutos de alto nivel, y a la israelí, que tanto necesita la afluencia y el apoyo de hermanos del mundo entero, para lograr una paz justa y segura y aunados defender la patria.
Y no se sientan culpables o cohibidos porque de vez en cuando extrañan la Argentina; añoran el barrio, la música, el fútbol, porque siguen siendo parte integrante de lo que dejasteis. A esto se le llama lealtad; la lealtad es un atributo positivo del ser humano y es una sola.
Y termino con un ejemplo personal: cuando vivía en Buenos Aires y escribía algo o preparaba una clase, siempre se me ocurría una cita de algún escritor o poeta israelí y cuando lo hago aquí siempre recuerdo a algún poeta o escritor argentino.
Porque somos producto de ambas culturas. Y esto es una carga que no se puede dejar o tirar al mar.
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