Por Rajel Hendler
Para Aurora Digital

Las luminarias de Januca, según Cansino Assens, son ”más festivas aún que las del sábado, más solemnes, puesto que brillan una vez al año. Láminas de victoria, alegres como los fuegos que encienden al retorno de los vencedores”. Ellas iluminan nuestras ventanas ”durante ocho días, desde el 25 de Kislev, cada año, con alegría y regocijo”, como prescribe el Libro de los Macabeos.
Sobre el simbolismo de la menorá cuenta Biniamín Zeev Herzl en uno de sus ensayos: ”Un judío asimilado que vio una noche una menorá de Januca se interesó en su signifi-cado y descubrió su secreto: revolución, levantamiento contra el opresor y reconstrucción del país”; estos son los símbolos.
Entonces fue a sus hijos y les contó la historia de Januca y a medida que la contaba sintió que se reintegraba a su pueblo.
La menorá según Herzl es el símbolo de un pueblo que retorna a su tierra.
”El shamash”, que es la pequeña llama con la que se encienden las demás, es la que brinda su fuego a todas las velas, las ilumina y alegra.
Cuando ”el shamash” prende el primer brazo del candelabro, aún hace frío, pero con las sucesivas, la luz se hace absoluta, se siente calor, el frío se esfuma por completo. Entonces ”el shamash” toma en sus manos una bandera, y con todos los brazos iluminados, radiante, guía a su pueblo, al conjunto, aún a riesgo de consumirse. Así es un guía, un conductor.
Interpretan los historiadores: Hertzl fue ”el shamash” de nuestro pueblo y nos predijo un Estado judío y así se cumplió. Al respecto viene a mi memoria una estrofa que cantaban los chiquitos en el jardín de infantes, en algunas escuelas, aún en idish: ”Somos los ocho hijos de una gran llamarada, y cantamos hermosas canciones de un viejo tronco”. Estas palabras tan ingenuamente bellas, pero llenas de significado, implican orgullo y responsabilidad ante nuestros ancestros, de donde venimos.
Se nos presentan las ocho imágenes, la madre con sus siete hijos varones que enfrenta a Antioco Epifanes, rey de Grecia. Ella vio morir uno a uno, para no renunciar a su credo, a su ley.
”Y la madre es sobremanera admirable y digna de memoria”, dice el Libro de los Macabeos’ ”viendo perecer en un solo día a sus siete hijos, lo sobrellevó con ánimo, por la fe que tenía en Dios”.
Cuenta la historia que los exhortó a no claudicar, a no renunciar y les habló así: ”Yo no sé como fuisteis formados en mi seno, porque ni yo os di el alma, el espíritu, la vida; ni fui tampoco la que coordinó los miembros de cada uno de vosotros, sino el Creador del Universo es el que formó al hombre en su origen. El mismo os volverá por su misericordia el espíritu y la vida, puesto que ahora por amor de sus leyes, no hacéis aprecio de vosotros mismos”.
El filósofo católico Jaime Balmes dice en su libro ”Historia de la Filosofía”: ”Los filósofos del mundo se pierden en conjeturas sobre el origen y fin de las cosas, los sabios no tienen un rayo de luz para alumbrar el caos, ni una palabra de consuelo para las desgracias de la humanidad. Entre tanto, en el pueblo que conserva libros y las tradiciones de Moisés hay ejemplos de alta sabiduría, desprendimiento y heroísmo”.
Siete hermanos prefieren morir antes de violar la ley de Dios y su madre, una humilde mujer, se dirige al más pequeño y le dice: ”Mira al cielo y la tierra y a todas las cosas que en ella se contienen, y no temas al verdugo. Unete a la suerte de tus hermanos, para que así en el tiempo de la misericordia, te recobre yo junto a ellos”.
A 22 siglos de distancia otra mujer heroica se nos presenta. Me refiero a Jana Senesh. La evocamos plena de heroísmo y de amor a las causas nobles, con un profundo sentido del deber, de la abnegación y del sacrificio, a pesar de su tierna juventud.
Sucumbió a los 23 años, asesinada por los nazis, después de cinco meses de ser torturada en sus cárceles abyectas.
Hojeando su diario encontramos episodios muy interesantes y aleccionadores sobre el problema judío y sus derivaciones. En uno de sus relatos llega a la conclusión de que en el momento que el hombre renuncia al marco judío, la tierra se hunde bajo sus pies. Y aún cuando alcance a elevarse en la trayectoria de la vida materialista, con todo, perderá su camino; camino de caída, de descenso de las alturas morales. Tal es el mensaje que nos deja Jana Senesh a los 20 años de edad.
Su madre, Caterina Senesh, que falleció 48 años después de que su hija fuera ejecutada, en un reportaje habla de su Anika, bella y fina delicada: ”Soy su madre, ella es mi hija, qué le hicieron a mi pequeño pájaro. Todavía siento la humedad de sus mejillas y la veo herida, pálida con las ropas desgarradas. La pena más grande en la vida de los padres es sobrevivir a sus hijos”.
También llamada Jana, la heroína contemporánea. La coincidencia del nombre es casual, pero el relato nos demuestra que a 22 siglos en el tiempo la historia se repite: Antíoco Epifanes – Adolfo Hitler.
Volviendo al relato de Herzl dijimos que la historia lo consagró en forma alegórica, como ”el shamash” que encendió las velas de la menorá, que es el símbolo de nuestra mediná; fue su guía, su onductor.
Hoy escuchamos frecuentemente que nuestro problema, tanto aquí como en las comunidades judías, es el que faltan conductores, líderes. Estamos viviendo una vez más una época trascendente en la vida de Israel, del pueblo, del Estado que nos prometió Herzl y cumplió.
Quién será ”el shamash” que encienda la luz eterna de las milagrosas luminarias de Januca, levantará bien alto la bandera, con inteligencia, fe, seguridad y prudencia y nos encaminará hacia una solución justa de los conflictos actuales.
Quién nos conducirá con inteligencia, patriotismo, fe y honestidad por el camino de la paz y la confraternidad
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