Las relaciones entre Israel y la Diáspora: Es hora de construir un puente unidireccional

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Por Rab. Yerahmiel Barylka
Caracterizar relaciones entre un grupo disperso entre las naciones con una entidad soberana como el Estado de Israel, no es tarea fácil. Las características comunes de ambas entidades son menos destacadas que las que las separan. Una está influenciada por el medio en el que se encuentren sus componentes, su idioma, su cultura, su historia, aún cuando se asuman como un grupo colectivo, el otro va creando su propia identidad influenciado únicamente por el mundo globalizado. La de uno se pierde en la influencia de la mayoría, la del otro se crea, por primera vez en siglos, como mayoritaria. Los judíos de la dispersión se asimilan a la mayoría de los habitantes de sus países aunque no lo deseen. Los de Israel, por ser mayoría, permiten que las minorías, aún los no judíos, se asimilen al grupo mayoritario. Unos, para festejar sus propias fiestas deben pedir permisos, o sufrir del ser distintos, los otros, unifican sus festejos históricos, personales y familiares con los de la Nación.
Es obvio que sea cual fuere el criterio para determinar la identidad del grupo disperso, tan discutida aún en nuestros días, no puede compararse con la que asume un ente político nacional, un país soberano, un Estado organizado.
Quizás aquí se encuentre oculta la principal razón que dificulta el diálogo entre las partes. Ambas usan otros códigos para significarse y otras lenguas para comunicarse. Sus destinos son diferentes y su experiencia personal cotidiana no puede compartirse.
Cuando en el año 1898 la convención rabínica de los Reformistas en Pittsburg, Estados Unidos, declaró que el pueblo judío no era una nación sino un “pueblo del pacto”, fijaron también para quienes no comparten su filosofía, un marco que serviría posteriormente para reglar sus relaciones con el Estado aún no nato en aquel entonces. Paradójicamente, su pensamiento fue lentamente abandonado por sus líderes en los últimos 60 años, pero, fue adoptado por la ultra-ortodoxia aunque por razones distintas, incluso diferentes de las de la Ortodoxia política que al inicio del Sionismo se opuso al Sionismo. Su contrapartida desde Israel fue el pensamiento de anular la diáspora y desconocerla como parte de lo que podría existir como nación independiente. Ideología que fue abandonada en los últimos decenios por la mayoría de los pensadores israelíes, que hoy aceptan que vivir fuera de Israel puede ser una alternativa, aunque cada vez se separe más del centro espiritual, político y religioso del pueblo judío. El pensamiento de Pinsker en su Autoemancipación, que en su momento causara una revolución en la reflexión, fue paralizado en un mundo de gran dinámica y pocos lo siguen. El antisemitismo de los inicios del siglo XXI es también diferente, aunque no menos peligroso, que el que existió en los siglos pasados antes y durante la Shoá. En aquel entonces, el peligro del islamismo fanático no existía o estaba en estado latente, hoy amenaza a la cultura de Occidente y en más de un caso a la seguridad física de los judíos se encuentren en cualquier lugar del mundo. Algunos judíos de la Diáspora culpan a Israel de causarlo, como si la desaparición del Estado, les pudiera dar mayor seguridad. Mala memoria, tienen quienes así opinan. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el peligro más latente para los judíos de la Diáspora era su desaparición espiritual, la poligamia y su aculturación alejada de los valores judíos y del cumplimiento de los preceptos, amenazas prácticamente inexistentes en Israel. En nuestros días, el peligro de ataques físicos se suma a los anteriores.
La gratificación que algunos sentían hasta ahora, cuando ayudaban económicamente a Israel, cosa que les permitiría un tipo de reconocimiento y de sedación de la conciencia, va careciendo cada vez más de importancia para aquellos que no supieron convertir esa actitud en una verdadera asociación de destinos. No es sorpresa que las instituciones nacionales que tradicionalmente asistían a los judíos se vean cada vez menos dispuestos a colaborar con los programas que les presentan desde esos países. El dinero no sigue dando legitimidad para la identidad.
La creación del pensamiento judío en los países de la dispersión no consigue brindar aportes significativos al judaísmo, pese a que en ciertos países, en particular los Estados Unidos, hay una dinámica de creación literaria y social, pero, su aporte al cambio y al progreso en la filosofía es pobre y escaso. En Israel, la renovación no cesa.
Aún en el terreno de la creación religiosa propiamente dicha, no ha habido en los últimos siglos una cantidad tan grande de alumnos de yeshivot y de rabinos que en sus Responsas tengan la capacidad y la aceptación de crear normas fundamentalmente en los espacios de conflicto entre las pautas religiosas y los problemas de la vida cotidiana. Sus fallos crean jurisprudencia entre los rabinos israelíes y llegan con enorme atraso a los países de la dispersión cuyas autoridades espirituales, no tienen ni el conocimiento ni la seguridad en sí mismos para innovar en esos o en otros temas. Cuando en Israel temas como fecundidad, trasplantes, conversiones, y soluciones diversas a problemas de la técnica para que no se contradigan con las normas religiosas avanzan diariamente, en los países de la diáspora, ni siquiera se debaten, y lamentablemente tardan demasiados años para ser aceptados creando dolor, desconocimiento y distanciamiento. La revolución de la mujer en el judaísmo, por ejemplo, está aún muy lejos de llegar a los países de habla hispana.
Esa inseguridad provoca encerramiento y como siempre promueve a condenar lo desconocido y lo lejano, provocando un precipicio en los tiempos que fortifican el distanciamiento en el espacio y en la vivencia. Como simples muestras, podemos citar el año sabático que en estos momentos se cumple para el descanso de la tierra en Israel y el cumplimiento de los preceptos inherentes a la Tierra de Israel completamente borrados de la tradición de los años del exilio, la manera en la que se conmemoran los días especiales como Iom Hashoá, Iom Hazicarón y el mismo Iom Hatzmaut, que aún no ha alcanzado una forma unánimemente practicada en Israel y que no necesariamente son evocados de ninguna manera por la mayoría de los judíos en los países de la dispersión, ni en forma privada ni asistiendo a los actos comunitarios.
Es hora de construir un puente unidireccional desde la dispersión hacia Israel, para que en consecuencia pueda trasladar la orientación de Sión a los judíos del mundo. No sea que en tiempos de globalización, donde todas las distancias se acortaron, la que existe entre los judíos de los países del mundo respecto a Israel, se hagan inalcanzables. Si no nos apuramos, en poco tiempo más tendremos dos unidades totalmente distintas que no podrán seguir comunicándose entre sí.

Tu Bishvat: Año Nuevo de los árboles

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En un principio, el Año Nuevo de los árboles simplemente significaba que a los efectos del diezmo de la producción agrícola que se aportaba al Templo, el día 15 de Shvat señalaba el límite entre los frutos de un año y los del otro: todo lo que maduraba antes de esa fecha todavía se consideraba como del año anterior, mientras que lo posterior a ese día, ya entraba en el cálculo de la nueva cosecha.
Todo esto no es sino reflejo de la importancia que desde los tiempos más antiguos, la tradición judía adjudicaba al árbol como creación de Dios y como fuente de innumerables beneficios para el hombre, puesto que nos brinda su fruto, las hojas, su madera, la sombra de su follaje.
Todavía cuando iban por el desierto, al mando de Moisés, la Torá ya indica al pueblo de Israel que “cuando lleguéis al país (prometido por Dios) y plantaréis toda (clase de) árboles frutales…” (Vayicrá – Levítico 19.23).
Y para el caso de una guerra, cuando las necesidades estratégicas del sitio a una ciudad requieren el uso de abundante madera (para construir torres de asalto de la misma altura que las murallas que la defienden), la Torá prohíbe a los hijos de Israel talar los árboles frutales que encuentren a su paso por allí: “¿Acaso el árbol del campo es como el hombre, para sucumbir ante ti en el asedio?” (Deuteronomio 20.19).
Pero esta ley, tal como la cumplían nuestros antepasados y la siguen respetando muchos hasta hoy, lamentablemente no regía para esos muchos ejércitos extranjeros que siglos después llegaron en sucesivas oleadas para conquistar este país: asirios y egipcios, babilonios y persas, griegos y romanos, musulmanes y cruzados, turcos e ingleses.
AI cabo de tantas guerras, y después de que los judíos fueron expulsados de estas tierras, el país quedó completamente devastado. Durante siglos nadie se ocupó de volver a plantar árboles en reemplazo de los que fueron talados o quemados, y así se convirtió en el gran arenal que el pueblo judío encontró aquí cuando, a fines del siglo pasado, comenzó el moderno retorno a Sión, y que tuvo uno de sus puntos culminantes en el año 1948, con la Declaración de la Independencia del Estado de Israel.
Este retorno estuvo íntimamente vinculado con la reforestación del país -ayudada esta vez por todos los adelantos del siglo XX- y es así como grandes zonas del flamante Estado están otra vez cubiertas de verdor.
Son famosos los bosques que planta el Keren Kayemet Le Israel con fondos recogidos entre los judíos de todo el mundo.

Las lecciones de Israel en seguridad aérea

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Mucho antes de que Osama ben Laden reivindicara el frustrado atentado de Navidad contra un avión norteamericano -y mucho antes que el 11 de Septiembre-, Israel tenía claro que la aviación civil es uno de los grandes blancos del terrorismo. Es precisamente la alta conciencia respecto del peligro lo que llevó a los israelíes a desarrollar un singular sistema de revisión en su aeropuerto internacional, que muchos sostienen que es “el más seguro del mundo”.
“El desafío es permitir que el aeropuerto funcione normalmente y que los pasajeros reciban un servicio rápido y eficaz, mientras se presta máxima atención a la seguridad”, explica Pini Schiff, que se desempeñó durante 30 años como jefe de seguridad en la Dirección de Aeropuertos de Israel. “El secreto es mirar al pasajero a los ojos”, dice.
La rutina es la siguiente: un funcionario de seguridad se acerca a pedir el pasaporte y el pasaje cuando el viajero llega a la fila para su vuelo. Se le pregunta si hizo sus valijas solo, si éstas estuvieron a su lado todo el tiempo, si alguien le dio algún paquete para entregar, entre otras cosas.
El objetivo principal de las preguntas, explica Schiff, es “leer” las reacciones del pasajero, la forma en que se comporta ante el funcionario. “Hay elementos, cuando se pregunta sobre el trasfondo de la visita y detalles de su estadía, que permiten captar actitudes sospechosas”. Es imperioso lograr una combinación entre la impresión del funcionario y la tecnología: si el viajero no despierta sospechas, su valija ya importa menos.
“Hay algo clave que debe ser comprendido: la bomba no viaja sola”, dice Oded Raz, que fue vicedirector de Seguridad en el Shin Bet, el Servicio de Seguridad de Israel, que maneja la seguridad en los aeropuertos. “Alguien trae la bomba o sale a su encuentro, por eso es imprescindible tener la habilidad y la experiencia para identificar cuándo una persona responde de forma extraña o denota nerviosismo”, explica el experto.
Eso fue lo que salvó, el 17 de abril de 1986, a los 375 pasajeros que tomaron el vuelo de la compañía israelí El Al que salió del aeropuerto Heathrow, en Londres, rumbo a Tel Aviv. Allí viajaba Ann-Marie Murphy, una irlandesa de 32 años que había sido entrenada para responder a las preguntas de los guardias israelíes por su novio palestino Nizar al-Hindawi. Ella nunca sospechó que en el falso fondo de una valija que él le había pedido que llevara había casi dos kilos de un explosivo plástico.
La mujer pasó los controles en Heathrow, hasta que fue interrogada por un agente de El Al, que captó que algo estaba mal. Su valija fue enviada a una exhaustiva revisión, en la que se identificó el letal doble fondo.

Procedimiento
En el aeropuerto Ben Gurión, los controles son graduales. Al entrar en la zona del aeropuerto, los conductores se topan con el primer perímetro de seguridad, en el que guardias de civil preguntan con una sonrisa “¿Cómo está?” y “¿De dónde viene?” Ahí también la intención es “leer” su forma de reaccionar.
Ya en la terminal, otros guardias están apostados cerca de las puertas, simplemente para observar el comportamiento de la gente. Sólo si algo resulta sospechoso, se acercan a preguntar e inspeccionar. El gran desafío es hacer el control sin enloquecer a toda la terminal. “En Ben Gurión no hay gente esperando seis o siete horas para que avance la revisión”, aclara Pini Schiff.
Cuando se le pregunta acerca del reciente atentado fallido de Navidad en un vuelo a Estados Unidos, afirma: “Hay que ser cauteloso con aseveraciones de este tipo, pero en Ben Gurión eso no hubiera pasado. Había datos en la historia de ese pasajero que deberían haber sido interpretados a tiempo. Eso fue un fracaso colosal”.
Rafi Sela, presidente de AR Challenges, una consultora global de seguridad en el transporte, considera increíbles las demoras y trastornos en los aeropuertos en Estados Unidos después del reciente intento de atentado. “En Israel casi no hay fila, y eso es porque no buscan líquidos, sino que simplemente lo miran a usted”, explica.
Para agilizar más aún el procedimiento, se acaba de poner en funcionamiento, de modo experimental, un sistema biométrico de revisión, que en esta primera etapa puede ser usado sólo por ciudadanos israelíes.
Se trata de una tecnología avanzada que permite una rápida y más eficaz autentificación de la identidad del pasajero, que se tiene que registrar previamente dejando los datos y códigos de su pasaporte como su huella digital.
“Hay apoyo de guardias que observan todo el proceso y están allí para esa impresión clave tan necesaria”, cuenta una funcionaria de seguridad en el aeropuerto Ben Gurión. “Pero las primeras preguntas las hace el sistema y eso puede acelerar todo”, aclara.
La impresión que tenga quien revise al pasajero que pretende tomar un avión sigue siendo clave. “El terrorista puede equivocarse cada día y volverá a intentarlo, porque nos estudia y analiza”, dice Oded Raz, que pertenecía al Shin Bet. “Pero nosotros no tenemos ese lujo. Una sola equivocación equivale a, por lo menos, 150 muertos o más”, precisa. Por Jana Beris (La Nación) en Guysen International News

Israel Prepara Distribucion Nacional de Mascaras Antigas

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La Administracion de Mascaras antigas del Comando del Frente Interno comenzara una extensa operacion en febrero de 2010 por la cual seran distribuidas mascaras de gas a todos los residentes de Israel. Contrariamente a años pasados, la distribucion de las mascaras no sera llevada a cabo directamente por el Comando del Frente Interno sino por la Compañia de Correos de Israel.
Los residentes podran recoger las nuevas mascaras antigas en una de dos formas. La primera opcion es ir a una filial de la Compañia de Correos de Israel, y recibir la nueva mascara gratis. La segunda opcion, que es intentada por primera vez en Israel es pagar 25 shekels por familia y que la compañia lleve las mascaras a su casa. El representante de la compañia probara las mascaras en los miembros de la familia, y dejara las mascaras apropiadas para cada persona que vive en la casa.
El Cnel. Yosi Sagiv, titular de la Administracion de Mascaras Antigas del Comando del Frente Interno, esta satisfecho con el nuevo metodo de distribucion para civiles. El explica que cuando un civil recibe una mascara enviada a su casa, “no es un paquete que es simplemente entregado”. El representante de la Compañia de Correos de Israel se asegurara que las mascaras sean las adecuadas.
Chicos de hasta 8 años estaran recibiendo una nueva mascara antigas, llamada Mamtek (en hebreo es “golosina”), que esta siendo distribuida por primera vez. El Mamtek tiene un lente extremadamente amplio y tiene conexion a un chupete y una botella, especialmente apropiados para infantes. Ademas, la mascara antigas Mamtek tiene un agujero para respirar que trabaja sobre un sistema de presion, y permite que uno lleve la mascara por 60 horas corridas sin necesidad de reemplazar las baterias (distinto a las mascaras comunes de goma, que pueden ser llevadas por tres horas de corrido antes de cambiar las baterias).
“Nosotros somos el unico pais en el mundo que produce mascaras antigas para chicos, y la mascara para chicos que nosotros producimos es la unica en el mundo que provee primera defensa para este grupo etario”, resume el Cnel. Sagiv. Todo eso es dejado en la esperanza que no sea necesario saber de primera mano lo bien que estas mascaras funcionan.
Fuente: TZAHAL

Memoria de la Shoá y judeofobia en el mundo actual

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Por Lic. Patricio A. Brodsky
Para Aurora Digital

Desde el año 2005 la Organización de las Naciones Unidas instauró la fecha del 27 de enero como Día de Conmemoración del Holocausto. La decisión de adoptar esa fecha no es azarosa. Se seleccionó esa fecha como momento conmemorativo de “la liberación” de Auschwitz por parte de las tropas aliadas.
Conmemoración implica memoria, y si de memoria se trata es nuestra obligación referirnos a la supuesta “liberación” de Auschwitz como un eufemismo que intenta construir una memoria histórica alternativa. Y esto es así porque la historia nos muestra que no existió ni una sola operación militar dirigida a acabar (o siquiera a entorpecer) el proceso de aniquilación de los judíos europeos emprendido por los nazis. De hecho, a pesar que existe evidencia que los mandos aliados sabían de este tremendo crimen, no destinaron ningún esfuerzo bélico en orden de liberar a los judíos europeos de su sufrimiento.
En realidad más que conmemorar “la liberación” de Auschwitz (ya que liberación implica una acción militar voluntaria hacia un objetivo prefijado, es un hecho voluntario y no fortuito) habría que recordar “el encuentro” de Auschwitz ya que las tropas aliadas se “toparon” con los campos en su carrera hacia Berlín.
Lo paradójico de esta situación es que, mientras por un lado la ONU construye esta “memoria épica” de la Shoá, por otro lado se ha tornado un foro de propagación de las “nuevas” formas de judeofobia (particularmente el “anti sionismo”). Cuando, por ejemplo, en un flagrante acto de discriminación dedican (inmerecidamente) a Israel el 30 por ciento de las condenas por violación a los derechos humanos mientras, por otro lado, evitan intencionalmente pronunciarse contra regímenes que son abiertamente “violadores seriales” de los derechos humanos más elementales como Sudán, Siria, Libia, Irán, etc.
Asimismo mantiene silencio (habría que agregar cómplice) cuando el mandatario de una nación miembro (Irán) amenaza con el exterminio a otra nación miembro (Israel). Nos preguntamos: ¿qué ocurriría si las amenazas fuesen a la inversa? (de Israel hacia Irán), seguramente habría resoluciones condenatorias de la Comisión de Derechos Humanos y pedidos de expulsión de Israel en la Asamblea General.
También debemos recordar la locura de la ONU cuando realiza conferencias “contra el racismo” (en Durban), en la que se cantan consignas anti judías y se alzan pancartas con el rostro de Hitler. Y todo esto ocurre mientras que por un lado se produce la repulsa del nazismo y por el otro (con la conmemoración del 27 de enero) se construye una memoria histórica “virtualizada”, una “épica” que prestigia como “liberadores” a quienes no hicieron nada por rescatar a los judíos víctimizados por el nazismo (recordemos por ejemplo el fracaso de la Conferencia de Evián del año 1938).
Esto nos permite visualizar con claridad la consolidación de una nueva forma de judeofobia. Esta se ve fortalecida y potenciada por una profunda crisis ideológica y política de la izquierda radical, parecería, debido a las transformaciones estructurales ocurridas en las últimas tres décadas, donde habría perdido a su “sujeto histórico” (el proletariado) y lo ha reemplazado por un sujeto más difuso definido por una carencia más que por una virtud (los desposeídos: sin trabajo, sin tierra, “sin Estado”, etc.), mientras que por otro lado fracasó como alternativa post capitalista con el derrumbe de la URSS y el llamado “Socialismo Real”.
Esta crisis catastrófica que atraviesa este sector lo ha hecho replegarse y confluir en un espacio común con los restos de la derecha radical y con el integrismo islámico, dando origen a una nueva forma de expresión de la judeofobia. Este espacio de confluencia se ve facilitado por la existencia de aspectos ideológicos comunes a estos tres grupos de confluencia.
Esto es muy largo para desarrollar aquí pero los enunciaremos someramente: a) son “anti imperialistas”, anti imperialismo declamativo que en realidad encubre el deseo de imponer su propio proyecto imperial-global (imperio fascista, comunista o islamista según corresponda); b) su demagogia populista; c) su totalitarismo; d) su autoritarismo y e) su judeofobia militante.
El discurso judeofóbico contemporáneo que emana de este espacio de confluencia tiene tres ejes retóricos claramente delimitados:
a) La “Teoría de la Conspiración Judeo-Sionista”: este viejo mito de los judeófobos ha reaparecido simultáneamente bajo dos formas opuestas y mutuamente excluyentes: 1- la vertiente “derechista”: según esta teoría conspirativa existiría una supuesta conjura judía (o sionista, o israelí, etc.) para la dominación global del mundo (o de los Estados Unidos, Europa, la ONU, etc.) y 2- la vertiente “izquierdista”, según la cual Israel sería una “avanzada imperialista” en Medio Oriente (o un títere del imperialismo, etc.). Mientras que en la primera ecuación la parte dominante de la ecuación es “el judío”, en la segunda lo es “el imperialismo”.
b) La “Negación (o la Banalización) de la Shoá”. Este eje discursivo también contará con dos versiones: la “progresista” (izquierdista) y la “reaccionaria” (derechista). Lo que busca está última es una vindicación del nazismo a través de la negación de la existencia de la Shoá y la primera que busca relativizar el Holocausto como hecho histórico fundante a través de su tratamiento banal. El objetivo de este trato sería quebrar la empatía con las víctimas de la Shoá para abrir el camino que posibilite el desarrollo del tercer eje retórico.
c) La “Nazificación de los Judíos, el Sionismo e Israel”. A través de la enunciación de esta infamia los judéofobos contemporáneos buscan equiparar a los judíos (el sionismo e Israel) con sus asesinos nazis. Esta calumnia busca legitimar la idea que, como a los nazis, la única alternativa posible para acabar con sus “crímenes” es la aniquilación completa. Adicionalmente, si los judíos “son” nazis sus “víctimas” merecerán toda la solidaridad y empatía.
La acusación involucrada en este último de los ejes discursivos, además de ser una canallada es un sinsentido histórico que intenta destruir la memoria de lo que fue la Shoá y de quienes fueron sus víctimas dado que si existe una particularidad histórica del nazismo, esto es su judeofobia racial; por lo tanto, es un absurdo desde el punto de vista lógico acusar a un judío de ser nazi, a pesar de lo cual hay quienes sostienen esta incalificable incoherencia seriamente e inclusive intentan darle un andamiaje argumentativo lógico (mera retórica carente de sentido).
Este hecho demuestra que lo que sustenta ideológicamente al judeófobo, sus fundamentos racionales, no son los acontecimientos sino sus prejuicios. Su lógica discursiva es mera palabrería hueca, mera retórica vacía de contenido. Una retórica que no tiene más sustancia que la búsqueda de deslegitimación de “lo judío”.
La aparición de este espacio ideológico de confluencia entre el islamismo radical y el izquierdismo posibilita el avance que vemos hoy en día de las organizaciones islamistas de corte judeofóbico en regiones dominadas por el populismo latinoamericano.
De esta manera vemos que en países como Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, etc., se ha desarrollado una forma grotesca de “anti imperialismo”, que en realidad es funcional a la expansión del islamismo radical. De esta manera es como vemos aparecer hoy en América Latina filiales de Hezbollah, y organizaciones de corte populista-fascista como la llamada “Quebracho”, que son financiadas con dinero proveniente de Venezuela e Irán.
Estas insólitas y extrañas alianzas se ven favorecidas por el desarrollo en Occidente de una filosofía de corte relativista como es la post modernidad. La post modernización de Occidente facilitó el rescate, por parte de filósofos críticos del capitalismo, de filósofos irracionalistas como Nietzche o el nazi Heidegger.
Como vemos, la confluencia de estos grupos es algo más profundo que una mera postura coyuntural, es estructural, y dentro de este nuevo espacio la judeofobia asume rasgos escenciales. La marcha de los tiempos parecería estar indicando que, lamentablemente, la judeofobia, una vez más, ha vuelto para quedarse, sólo que esta vez se ha disfrazado de anti sionismo, pero la esencia es la misma, la intolerancia a lo judío.

Justicia argentina: Graves insultos antisemitas no demuestran racismo

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Un tribunal de Buenos Aires provocó la enojada reacción de la colectividad judía de Argentina, la segunda más numerosa de América, al dictaminar que expresiones como “judío hijo de puta” o “Hitler tendría que haberlos matado a todos” no demuestran racismo sino, a lo sumo, “amenazas” al agraviado.
El fallo de la Sala I de la Cámara Federal de Apelaciones, difundido por la prensa, respondió a la demanda de un comerciante judío que denunció haber sido agraviado con esas expresiones al discutir con otra persona por cuestiones comerciales.
En este sentido, consideró que los insultos proferidos eran expresiones de “descontento” y “amenazas”, delito sobre el que deberá pronunciarse la justicia ordinaria en vez del fuero federal, asunto que dirimió el tribunal de alzada.
El comerciante judío denunció haber sido llamado “hijo de puta” y “traidor” por otra persona, que además aseguró que “Hitler tendría que haber matado a todos los que profesan la religión judía”, publicaron los diarios de Buenos Aires.
“El contenido de las frases proferidas, por más repudiable que sea, representó un modo, por cierto poco feliz, de exteriorizar el descontento devenido de relaciones comerciales y se enmarcó, en verdad, en una eventual amenaza”, indicó el fallo.
El presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), Aldo Donzis, sostuvo que el pronunciamiento del tribunal fue “bochornoso”.
Donzis indicó que los abogados de la DAIA estaban analizando cómo recurrir la polémica sentencia.
El director del Instituto Nacional contra la Discriminación y la Xenofobia, Claudio Morgado, también criticó al tribunal al subrayar que los insultos o agravios “de contenido discriminatorio constituyen en sí mismos un acto discriminatorio”.
La colectividad judía de Argentina, de unos 300.000 miembros, denunció en las últimas semanas una nueva oleada de ataques y la aparición de leyendas antisemitas en sus cementerios.

Kibutz: Las transformaciones a 100 años de su creación

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Para muchos será siempre el ejemplo de un sueño hecho realidad. Un ideal concretado a pulmón. Para otros, es una idea romántica ya pasada y fuera de lugar. Como sea, el kibutz, un modelo de comunidad colectivo único en el mundo, creado por pioneros que aportaron así a la formación de Israel, tiene razones para sentir que el centenario que celebra este año es un capítulo clave en la historia del país.
El primer kibutz, Degania, fue creado casi cuatro décadas antes de la declaración de independencia de Israel. El y la mayoría de los que le siguieron, se instalaron en sitios generalmente desolados, lo cual incidió directamente en su forma de vida. Sus habitantes secaron pantanos y lucharon contra enfermedades, lidiando además con serios problemas de seguridad.
Fueron en gran medida los kibutzim (el plural de kibutz) los que determinaron en el mapa lo que luego se confirmó como las fronteras de Israel. Aportaron al desarrollo de la sociedad israelí, tanto en la defensa como en la educación y el trabajo agrícola. El peso de su significado y simbolismo siempre fue mucho mayor que su porcentaje en la población en general.
El modelo comunitario de acuerdo al que vivían los kibutzim, se convirtió en una de las más importantes tarjetas de presentación de Israel. El lema era que cada uno trabaja según sus posibilidades y recibe según sus necesidades. Durante décadas, eso funcionó, aunque la ideología era más fuerte que el resultado económico.
Pero la crisis económica vivida en Israel en la década de 1980, desencadenó una revolución. “Si no hacíamos cambios, corríamos el riesgo de desaparecer”, explica Aviv Leshem, portavoz del movimiento kibutziano. “La economía de muchos se estaba desmoronando y fue inevitable comenzar un proceso de privatización”.
Fin del “igualitarismo”
Así el igualitarismo absoluto y total, desapareció en la mayoría de los kibutzim. De los 273 kibutzim existentes hoy, 188 adoptaron el “nuevo modelo”, que incluye salario diferencial según el trabajo de cada uno. Además, diferentes servicios que antes todos los miembros recibían sin pagar por ellos, fueron privatizados. Por ejemplo, en lugar de tener electricidad sin límite independientemente de lo que gaste cada uno, y en lugar de comer en el comedor del kibutz todas las comidas, se divide el presupuesto antes destinado a cada gasto, entre todos los miembros (por igual) y cada miembro del kibutz decide en qué gasta su dinero. Otro paso fue permitir la propiedad privada, como por ejemplo la compra de un auto particular, antes impensable.
“Pero los medios de producción continúan siendo comunes y temas como la educación y la salud se manejan en forma colectiva, así como el medioambiente y los espacios colectivos en el kibutz”, dice Aviv Leshem.
“Antes, el kibutz tenía miembros, javerim” (que en hebreo también significa “amigos”), “y ahora son los javerim los que tienen un kibutz”, dice Dov Avital, mazkir (secretario) del kibutz Metzer en referencia a que la gente continúa viviendo en ese marco porque así lo desea, pero habiendo logrado ajustar algunas de sus características. “Antes, el colectivo era lo central, lo primordial. Ahora está claro que la felicidad del individuo está en el centro y ello incluye su elección de que el kibutz siga existiendo, pero adaptado a la nueva realidad”, afirma Avital.
A pesar de los cambios (que no todos los kibutzim adoptaron, ya que están aquellos que optan por continuar con distintos matices de colectivismo e igualdad plena), el kibutz como institución se mantiene, también como estructura jurídica. “El tema de la mutua responsabilidad entre los miembros garantiza a todos mucho más del mínimo en la sociedad afuera y es tanto un valor como un compromiso”, recalca Aviv Leshem.
Dov Avital admite que “todavía estamos buscando el equilibrio ideal, es un proceso que no ha terminado”. Probablemente la mejor prueba de que el cambio en los kibutzim, aunque a algunos les choque, ayudó a permitir su supervivencia mejorando su funcionamiento y desempeño general, es el hecho que en los últimos años, jóvenes que los habían dejado, comenzaron a volver. “Somos atractivos nuevamente”, nos dicen algunos javerim. “Las cosas buenas, las mantuvimos, y supimos adaptarnos a la necesidad de mejorar lo que estaba mal”.
Por Ana Beris para Guysen International News

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