Por Guido Maisuls

“Salvar una vida es salvar un mundo”. Talmud

Hace unos días ocurrió un terremoto en Haití, un desastre natural. Desde hace unos días, me siento sumido en el estupor, en el dolor y en el enojo.
Estupor pues mi mente no logra concebir fácilmente la tenebrosa realidad de la desaparición espontánea de más de cien mil seres humanos indefensos, desprevenidos e inocentes que encontraron la muerte debajo de grises y polvorientos escombros.
Estupor porque según la Cruz Roja Haitiana, más de cien mil personas han fallecido ya y otros tres millones han resultado heridas o se han quedado sin casa.
Dolor porque cuando se le amputa una parte integrante de este gran cuerpo que es nuestra confusa y sufrida humanidad, duele y mucho.
Dolor porque la ciudad de Puerto Príncipe está llena da cuerpos sin vida sobre las calles y veredas o enterradas bajos los escombros donde todavía se encuentran atrapadas muchas más personas vivas.
Dolor porque cientos de miles de haitianos vagan a través del olor a putrefacción por las calles de Puerto Príncipe en busca de atención médica, medicamentos, comida y agua.
Enojo pues esta gran tragedia le ocurrió a uno de los pueblos más pobres, más marginados, más desheredados, más analfabetos y más abandonados a su suerte en el planeta Tierra.
Enojo porque llegaron mucho más rápido los periodistas y los medios informativos con sus cámaras y filmadoras que los medicamentos y que los equipos de rescate y ayuda.
Enojo porque las fotografías de los cadáveres acumulándose en las fosas comunes de los cementerios y entre las ruinas de los edificios decoran y le dan vida a las antes alicaídas primeras planas de los medios de periodísticos internacionales.
En Haití ha ocurrido una catástrote natural pero al sufriente pueblo de Haití le ha alcanzado una terrible tragedia más agregada a todas las demás injusticias en las que viven cotidianamente.
¿Y después de que pase todo esto, qué?
¿Y después de que hayan enterrado a sus muertos y curados a sus heridos, que se hayan retirado los periodistas por falta de jugosas noticias, qué seguirá ocurriendo con los haitianos?
¿Intervendrán las grandes potencias económicas occidentales, los países petroleros y el jet set internacional para ayudarles a cambiar la miserable vida a los haitianos?
¿Alguien como la OEA, la ONU, el ALCA o los bolivarianos concurrirán a darles aunque sea una mano a los haitianos para mejorar su espantosa calidad de vida?
¿Qué organizaciones humanitarias y de derechos humanos podrá ayudarles a reemplazar a los dictadorzuelos que los mal gobiernan y los mantienen en la más abyecta pobreza y analfabetismo?
¿Quién podría apiadarse de ellos?

A continuación, una noticia que ha sido reconfortante para todos los ciudadanos del Estado de Israel.

DELEGACIÓN DEL EJÉRCITO ISRAELÍ A HAITÍ
Hace unos días despegó una delegación del Ejército de Israel con destino a Haití, donde trabaja un hospital de campaña (a cargo de la fuerza médica) y asistencia en tareas de salvataje. La delegación (200 hombres, entre ellos personal de equipo de salvataje y médicos) partio a bordo de dos aviones. El hospital incluye 40 médicos, 24 enfermeras, enfermeros, técnicos radiólogos, farmacia y una unidad de terapia intensiva para la absorción de heridos, dos quirófanos, una unidad pediátrica, maternidad, departamento de internación y post operatoria.
De acuerdo a las estimaciones, tendrá capacidad para atender a 500 personas por día y realizará primeros auxilios. Su equipamiento llega a las 10 toneladas.
La fuerza incluye también a 30 rescatistas y decenas de personas operativas, responsables de logística, inteligencia y comunicaciones. En la delegación colaborán expertos en rescate y salvataje y en el área de población.
Cabe recordar que, el martes, partió una fuerza de rescate compuesta por 5 personas de Cancillería y comandantes médicos de las FDI que evalúan la situación de la zona de desastre y coordinaban las acciones prioritarias hasta la llegada de la delegación desde Israel, en relación al transporte, localización del hospital, alimentos y otros.
Además del hospital y del equipo médico, la delegación se conformará por un cuerpo logístico de soldados especializados en seguridad, una fuerza destinada a los rescates, identificación y asistencia. La estimación es permanecer en Haití durante dos semanas por lo menos y, al finalizar el período, se realizará una nueva evaluación de la situación y de la necesidad de continuar con su actividad. Todos los miembros recibieron orientación acerca de su destino y de las acciones requeridas para resguardar también su seguridad personal y médica en la zona.
Las FDI han participado en una serie de catástrofes mundiales que tuvieron lugar en los últimos años, dado su alta capacidad tanto tecnológica como su experiencia y su aptitud para generar respuestas creativas ante la situación de crisis.

Entre las principales, se cuentan:

– Estallido de coche- bomba en el Hotel Hilton, en Sinaí (octubre, 2004). Una unidad de rescate se presentó, de inmediato, con la llegada de los primeros informes sobre el atentado, con el objetivo de rescatar sobrevivientes capturados entre los escombros del hotel. Los rescatistas iniciaron una intensa actividad para desalojar a los heridos.
– Atentado en el Hotel Paradise, en Kenia (2003). En el suceso murieron decenas de personas, entre ellos 21 israelíes. Una delegación de ayuda partió con el objetivo de suministrar asistencia médica a las víctimas que permanecían en el hotel y hacer retornar a los ciudadanos israelíes al país, bajo condiciones de seguridad y rapidez. Al cabo de 12 horas, 270 ciudadanos israelíes retornaron al país.
– Asistencia a las víctimas del terremoto al noroeste de Turquía (1999). Dos delegaciones de rescate fueron enviadas hacia Turquía y se levantó un hospital de campaña. El equipo de rescate salvó, de entre los escombros, a 12 personas vivas y 140 muertos. El hospital atendió a 1200 heridos, realizó 40 intervenciones quirúrgicas y asistió en 15 partos.
– Grecia. Asistencia en el rescate y salvataje tras el terremoto (septiembre, 1999).
– Explosión en la Embajada de Estados Unidos en Kenya (agosto, 1998). Como consecuencia de la explosión de un coche- bomba junto a la embajada, una unidad de rescate trabajó durante 5 días, derivando 96 muertos. La delegación israelí obtuvo un gran reconocimiento y prestigio por parte de la población local y de la opinión pública mundial. Cosechó elogios por su labor profesional y su rápida evaluación de la situación en el propio terreno, en particular por ser la primera delegación que arribó desde el exterior y comenzó, de inmediato, su tarea.
– Explosión del edificio de la comunidad judía en Argentina (julio, 1994). El edificio se derrumbó como consecuencia del estallido de un coche- bomba. Durante 9 días de trabajo interrumpido, la unidad de rescate logró, en colaboración con otros equipos, rescatar a las víctimas, entre ellas, 81 muertos.
– Terremoto en Armenia (diciembre, 1988). La unidad de rescate trabajó durante 12 días entre los escombros de los edificios derrumbados.
– Terremoto en México (septiembre, 1985). El equipo de rescatistas trabajó durante 15 días en la catástrofe que se cobró 55 vidas.

“Si una persona destruye una vida es como si destruyese un mundo entero; si una persona salva una vida es como si salvase un mundo entero.”

Talmud de Babilonia: Sanedrín, 37a

Si no soy yo ¿quién?, si no es ahora ¿cuando?

(Hillel)

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