Irán es el lugar con el mayor número de periodistas encarcelados. Fueron condenados dos periodistas a prisión (6 años) siendo 42 los hombres de prensa que permanecen detenidos.
Bahman Ahmadi Amoui, periodista reformista famoso, fue arrestado en junio por criticar las políticas económicas del Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad y sentenciado a más de siete de prisión y 34 latigazos por una corte revolucionaria de Teherán. El mismo día, 36 parlamentarios – partidarios de Ahmadinejad- redactaron un proyecto de ley que solicita la ejecución a los críticos del gobierno detenidos como “mohareb” (enemigos de Dios) dentro de cinco días desde su arresto. El proyecto de ley solicita que, el período de tiempo asignado para las apelaciones (alteraciones del orden público o “moharebeh” (guerra contra Dios)) sea disminuido de 25 días a cinco días.
“La más reciente medida de represión no es solo contra los periodistas sino contra las personas que manejan blogs o cualquiera que difunda información”, dijo Vincent Brossel, investigador de Periodistas Sin Fronteras a The Media Line. “El gobierno esperaba que las manifestaciones se detuvieran. No fue así. Por eso se tomaron esas decisiones”. “Eso funciona solo de manera parcial”, dijo Brossel. “Muy pocos periodistas pueden ir a Irán. No quedan periódicos reformistas y en los medios casi no hay reformistas citados. Todo es más difícil para el pueblo iraní en cuanto a recibir diversidad de información. Pero, a pesar de todo, la gente todavía sale a protestar”.
“Es inaceptable que, las autoridades iraníes, respondan a las críticas en los medios de comunicación, arrestando a periodistas y dictando sentencias de prisión”, dijo Anthony Mills, gerente de Prensa Libre en el Instituto de Prensa Internacional. “La medida de represión contra los medios de comunicación debe terminar de inmediato y los periodistas encarcelados por hacer su trabajo, liberados”.
El periodista Ahmad Zeydabadi recibió su sentencia de seis años por escribir artículos de crítica contra el gobierno. Ganador del Premio Pluma de Oro de la Libertad de la Asociación Mundial de Periódicos, Zeydabadi fue sentenciado a cinco años de exilio en Gonabad, remoto pueblo a más de 600 millas al noreste de Teherán, los que se cumplirán después de su condena en prisión. También se le prohibió, de por vida, participar en la actividad política y se entiende que, ahora, es retenido bajo confinamiento solitario en la prisión Evin, bajo presión por parte de las autoridades iraníes para que emita una confesión pública.
“Condenamos la dura sentencia dada a Ahmad Zeid-Abadi y los difusos cargos por los cuales fue procesado”, dijo en una declaración Robert Mahoney, diputado director del Comité para la Protección de los Periodistas. “llamamos a las autoridades iraníes para poner fin a las amenazas y ataques contra los periodistas y liberar a aquellos que permanecen tras las rejas”.
Shahin Mahinfar, presentador de noticias de Radiodifusión de la República Islámica de Irán (IRIB) manejada por el gobierno, fue despedido apenas unos días después que un vehiculo, perteneciente a las fuerzas de seguridad iraníes atropelló y mató a su hijo durante las protestas de la oposición en Teherán. Los reformistas alegan que Mahinfar está bajo presión para declarar que, la muerte, fue accidental.
Antes en esta semana el ministerio de Inteligencia de Irán publicó una lista de 60 organizaciones y medios de comunicación extranjeros, vetados en el país por supuesto involucramiento en las protestas o incitación. La lista incluye a Voice of America, BBC y Human Rights Watch. Cualquier iraní, en contacto con los medios de comunicación que están en la lista, podría ser arrestado.
Mehrdad Khonsari, importante investigador del Centro para Estudios Árabes e Iraníes dijo que, el gobierno iraní, tomaba un gran riesgo al arrestar a los periodistas. “Arrestar a los periodistas es optar por pagar un alto costo para el régimen”, dijo a The Media Line. “El registro, por parte de regímenes similares recurriendo a tácticas parecidas, no es productivo”.
“Cuando se arresta a periodistas e intelectuales, su efecto sobre la población y sociedad es tremendo”. “Enfurece al público porque no se está lidiando con gente del tipo de disidentes paramilitares, sino con personas del corazón de la sociedad que representa sus sentimientos”.
“Así que, con claridad, no están buscando el apoyo del pueblo”, enfatizó Khonsari. “Es una guerra que está siendo librada dentro de la élite gobernante. Ellos tratan de consolidar la base de su poder a través de la intimidación y el esfuerzo para obtener la completa sumisión de sus oponentes”. “A largo plazo, su probabilidad de éxito es muy baja”, agregó. “Pero el régimen tiene dos opciones: una; buscar la reconciliación y, la otra, ir a la confrontación. Ellos ya hicieron su elección”.
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