Shemá Israel, un pasado muy lejando

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Por Alicia y Salvador Benmergui

Arqueólogos del Instituto de Prehistoria e Historia Antigua de la Universidad de Viena (Austria) descubrieron el testimonio más antiguo de presencia judía en territorio austriaco. En un cementerio en Halbturn, en el estado federado de Burgenland, fue hallado un amuleto que data del siglo III en el que se encuentra grabada una oración. Consta de una chapa de oro de 2,2 centímetros de largo. El grabado es una oración judía, que reza: ” Escucha, Israel. El Señor nuestro Dios es Uno”, escrito con letras griegas. Para los investigadores el hallazgo de este elemento es un indicio de que ya en la época del Imperio Romano vivían judíos en Europa Central. Hasta ahora se habían considerado como primeros testimonios de cultura judaica dentro de Austria unas cartas de la Edad Media, que datan del siglo IX.
Los judíos comienzan a asentarse en el mundo antiguo desde el siglo III de nuestra era, aunque su instalación dentro de sectores del territorio griego data del siglo V a.n.e. Los romanos, que habían triunfado sobre los judíos que se habían levantado en una segunda rebelión contra el Imperio Romano, vendieron judíos a gran escala como esclavos por todos sus dominios. Se presume que de esta manera, también como legionarios de las huestes romanas, así como por migraciones voluntarias es que los judíos llegaron a Austria.
Un niño de uno o dos años que presumiblemente tenía colgada del cuello una cápsula de plata, donde estaba guardado el amuleto, estaba enterrado en una de las 300 tumbas en un cementerio romano que data de los siglos II al IV y que se hallaba situado próximo a una villa campesina, que era un productor agrícola que proveía de alimentos a las ciudades romanas de los alrededores.(Carnuntum, Györ, Sopron).
El cementerio, descubierto en 1986 en la región de Seewinkel, a una distancia de unos 20 km de Carnuntum, fue excavado completamente entre 1988 y 2002 por un equipo de arqueólogos. Se encontraron en total mas de 10.000 objetos, los hallazgos más notables fueron pedazos de vidrio, trozos de cerámica y metales. El amuleto de oro, cuya inscripción era incomprensible al principio, fue descifrado solo en 2006 por Nives Doneus del Institute for Prehistory and Early History of the University of Vienna.
El griego era un idioma común en las inscripciones de los amuletos, también eran muy conocidos aquellos que se hacían en latín o en hebreo. En este caso el escriba estaba muy familiarizado con el griego. Sin embargo, esta inscripción es griega solo en su apariencia, porque no es otra cosa que una traducción del más importante y antiguo rezo judío que se halla en la Biblia(Deuteronomio, 6:4): “Shemá Israel! Adonai Eloinu, Adonai Ejad”.
Se han hallado otros amuletos no judíos en Carnuntum. Uno de oro y tres de plata, con textos mágicos, fueron hallados en un sarcófago de piedra, enterrado en el lado este del campo de la legión romana, incluyendo una súplica a Artemisa para su protección contra el demonio de la migraña, Antaura. También se han hallado amuletos en Vindobona y la parte húngara de Pannonia.
Lo que es diferente acerca del amuleto de oro de Halbturn es su inscripción judía, porque no es una fórmula mágica ni un conjuro, es una declaración monoteísta que constituye el fundamento del judaísmo como religión.

fuente: Milim 47

Declaración de Begin sobre las medidas norteamericanas en contra de Israel

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En un movimiento sin precedentes, el 20 de Diciembre de 1981, el Sr. Begin convoco al embajador de los Estados Unidos para Israel, y le leyo la siguiente declaracion. Fue mas tarde leida al gabinete y dada a conocer al publico. El Sr. Begin se quejo que los EEUU habian castigado a Israel tres veces en los ultimos seis meses. Israen no era un “estado vasallo” o una “republica bananera.” El tambien dio pistas de matices antisemitas en algunas de las medidas punitivas tomadas por los EEUU.

Texto:
Tres veces durante los ultimos seis meses, el gobierno de los EEUU ha “castigado” a Israel.
El 7 de junio nosotros destruimos el reactor nuclear iraqui de “Osirak” cerca de Bagdad. Yo no quiero mencionarle hoy de quien nosotros recibimos la informacion final que este reactor estaba por producir bombas atomicas. Nosotros no tuvimos dudas acerca de eso: por lo tanto nuestra accion fue un acto de salvacion, un acto de defensa nacional en el sentido mas elevado del concepto. Nosotros salvamos las vidas de cientos de miles de civiles, incluyendo decenas de miles de niños.
No obstante, ustedes anunciaron que iban a castigarnos- y ustedes dejaron incumplido un contrato firmado y sellado que incluia fechas especificas para el suministro de aviones (de guerra).
No mucho despues, en un acto defensivo- despues de una matanza que fue cometida contra nuestro pueblo dejando tres muertos (incluido un sobreviviente de Auschwitz) y 29 fueron heridos nosotros bombardeamos los cuarteles de la OLP en Beirut.
Ustedes no tienen el derecho moral de predicarnos acerca de victimas civiles. Nosotros hemos leido la historia de la Segunda Guerra Mundial y sabemos lo que sucedio a los civiles cuando ustedes tomaron acciones contra un enemigo. Nosotros hemos tambien leido la historia de la guerra de Vietnam y la frase de ustedes “recuento de muertos”. Nosotros siempre hacemos esfuerzos por evitar golpear a poblaciones civiles, pero a veces es inevitable- como fue el caso en nuestro bombardeo a los cuarteles de la OLP.
Nosotros a veces arriesgamos las vidas de nuestros soldados para evitar victimas civiles.
No obstante, ustedes nos castigaron: suspendieron la entrega de los aviones F-15.
Una semana atras, a instancias del gobierno, la Kneset aprobo en todas las tres lecturas por una mayoria desbordante de dos tercios, la “Ley de las Alturas del Golan.”
Ahora ustedes una vez mas declaran que estan castigando a Israel.
Que tipo de expresion es esta- “castigar a Israel”? Somos un estado vasallo del vuestro? Somos una republica bananera? Somos jovenes de catorce años que, si no se comportan apropiadamente, son golpeados en los dedos?
Dejenme decirles por quienes esta compuesto este gobierno. Esta compuesto por gente cuyas vidas transcurrieron en resistencia, en combate y en sufrimiento. Ustedes no nos asustaran con “castigos.” El que nos amenace nos encontrara sordos a sus amenazas. Nosotros solo estamos preparados para escuchar argumentos racionales.
Ustedes no tienen derecho a “castigar” a Israel- y yo protesto por la misma utilizacion de este termino.
Ustedes han anunciado que estan suspendiendo las consultas sobre la implementacion del memorandum de entendimiento sobre cooperacion estrategica, y que su retorno a estas consultas en el futuro dependera del progreso logrado en las conversaciones autonomas y en la situacion en Libano.
Ustedes quieren hacer a Israel rehen del memorandum de entendimiento.
Yo observo su anuncio de suspender las consultas sobre el memorandum como la anulacion (por parte de ustedes) del memorandum. Ninguna “espada de Damocles” va a colgar sobre nuestra cabeza. Asi nosotros tomamos debida nota del hecho que ustedes han abrogado el memorandum de entendimiento.
El pueblo de Israel ha vivido 3700 años sin un memorandum de entendimiento con America- y continuara viviendo por otros 3700. A nuestros ojos es una abrogacion del memorandum.
Nosotros no aceptaremos que ustedes deban demandarnos permitir a los arabes de Jerusalem oriental tomar parte en las elecciones autonomas- y nos amenacen conque si no consentimos ustedes suspenderan el memorandum.
Ustedes han impuesto sobre nosotros castigos financieros- y han (asi) violado la palabra del Presidente. Cuando el Secretario Haig estuvo aqui el leyo de un documento escrito las palabras del Presidente Reagan que ustedes adquiririan 200 millones de dolares en armas y otro equipamiento de Israel. Ahora ustedes dicen que no sera asi.
Esta es por lo tanto una violacion a la palabra del Presidente. Es de costumbre? Es apropiado?
Ustedes cancelaron unos 100 millones de dolares adicionales. Que quisieron hacer- “golpearnos en nuestro bolsillo”?
En 1946 vivio en esta casa un general britanico de nombre Barker. Hoy yo vivo aqui. Cuando nosotros lo combatimos, ustedes nos llamaron “terroristas”- y nosotros continuamos combatiendo. Despues que atacamos sus cuarteles en el edificio requisado del Hotel King David, Barker dijo: “Esta carrera solo sera influenciada siendo golpeado en el bolsillo” – y el ordeno a sus soldados dejar de proteger los cafes judios.
Golpearnos en el bolsillo- esta es la filosofia de Barker. Ahora yo entiendo por que toda la gran campaña en el Senado para obtener una mayoria para el acuerdo de armas con Arabia Saudita fue acompañada por una horrible campaña de antisemitismo.
Primero, el slogan fue “Begin o Reagan?” – y eso significo que quien fuera que se oponia al acuerdo esta apoyando a un primer ministro y no es leal al Presidente de los Estados Unidos. Y asi Senadores como Jackson, Kennedy, Packwood y por supuesto Boschwitz no son ciudadanos leales.
Luego el slogan fue “No debemos dejar que los judios determinen la politica exterior de los EEUU.” Cual era el significado de este slogan? La minoria griega en los EEUU hizo mucho para determinar la decision del Senado para evitar el envio de armas a Turquia despues que invadio Chipre. Nadie atemorizara a la gran y libre comunidad judia de los EEUU, nadie tendra exito en acorralarlos con propaganda antisemita. Ellos se posicionaran por nuestro lado. Esta es la tierra de sus ancestros- y ellos tienen un derecho y un deber de apoyarla.
Algunos dicen que debemos “rescindir” la ley aprobada por la Knesset. “Rescindir” es un concepto de los dias de la Inquisicion. Nuestros ancestros fueron a la hoguera antes que “rescindir” su fe.
Nosotros no vamos a ir a la hoguera. Gracias a Di-s. Nosotros tenemos suficiente fuerza para defender nuestra independencia y defender nuestros derechos.
Si dependiense de mi (solo) yo diria que no debemos rescindir la ley. Pero en lo que yo puedo juzgar no hay de hecho nadie sobre la tierra que pueda persuadir a la Knesset de rescindir la ley que aprobo por mayoria de dos tercios.
El Sr. Weinberger – y mas tarde el Sr. Haig – dijo que la ley afecta adversamente la Resolucion 242 de la ONU. Quien sea que diga eso o no leyo la Resolucion o la ha olvidado, o no la ha entendido.
La esencia de la Resolucion es la negociacion para determinar fronteras acordadas y reconocidas. Siria ha anunciado que no llevara a cabo negociaciones con nosotros, que no nos reconoce ni nos reconocera- y asi quito de la Resolucion 242 su esencia. Como, por lo tanto, podriamos nosotros afectar adversamente la Resolucion 242?
Con respecto al futuro, por favor sea lo suficientemente amable para informar al Secretario de Estado que la Ley de las Alturas del Golan continuara siendo valida. No hay fuerza sobre la tierra que pueda traer su rescision.
En cuanto a la aseveracion que nosotros lo sorprendimos, la verdad es que nosotros no quisimos ponerlo en apuros. Nosotros sabiamos de sus dificultades. Usted llego a Riyadh y Damasco. Fue el Presidente Reagan quien dijo que el Sr. Begin estaba en lo correcto- que si Israel hubiese dicho a los EEUU acerca de la ley (por adelantado) los EEUU hubiesen dicho no. Nosotros no quisimosque usted diga no- y entonces seguimos adelante y aplicamos la ley israeli a las Alturas del Golan.
Nuestra intencion fue no avergonzarlo a usted.
En cuanto a Libano, yo he pedido que el Secretario de Estado sea informado que nosotros no atacaremos, pero si somos atacados, contra-atacaremos.
Fuente: Ministerio del Exterior del Estado de Israel

Esto también es Israel…

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El derecho de los judíos a la independencia: una defensa

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Una nueva mirada sobre el sionismo desde la perspectiva de los derechos universales

Por Ruth Gavison

¿Es posible justificar la existencia de un estado judío? Esta pregunta, planteada con mayor frecuencia en los últimos años, no es sólo teórica. Israel prosperará como un Estado judío sólo si puede ser defendido, tanto en lo físico como en el sentido moral. Por supuesto, los estados pueden sobrevivir en el corto plazo por puro hábito o mediante la aplicación de la fuerza bruta, aún cuando su legitimidad haya sido gravemente dañada. A la larga, sin embargo, sólo un Estado cuya existencia es justificada por sus ciudadanos puede aspirar a perdurar. La capacidad de proporcionar una justificación clara para un Estado judío es, por tanto, de vital importancia para la supervivencia a largo plazo de Israel

Es contra este telón de fondo que escribo este ensayo. En lo que sigue, argumentaré que la idea de un estado-nación judío está justificada, y que la existencia de tal estado es una condición importante para la seguridad de sus ciudadanos judíos y la continuidad de la civilización judía. El establecimiento de Israel como Estado judío estaba justificado en el momento de la independencia, hace medio siglo, y su preservación continúa estando justificada en la actualidad. Israel tiene la obligación de proteger los derechos de todos sus ciudadanos. Sin embargo, estas demandas no requieren una negación del carácter judío del estado. Ni tampoco tal carácter plantea una amenaza inherente a la naturaleza democrática del Estado: por el contrario, es deber de toda democracia reflejar las preferencias básicas de la mayoría, siempre y cuando no infrinjan los derechos de los demás. En el caso de Israel, esto significa preservar el carácter judío del Estado.
El carácter de Israel como un Estado nacional judío genera cierta tensión con el principio democrático de igualdad civil. Sin embargo, esta tensión no previene a Israel de ser una democracia. No hay desacuerdo inherente entre la identidad judía del Estado y su carácter democrático-liberal. Israel tiene obligaciones básicas de la democracia y los derechos humanos, pero su lengua es el hebreo, su día de descanso semanal es el sábado, y marca las fiestas religiosas judías como días festivos. La cultura pública de este estado es judía, aunque no es una teocracia, ni impone un concepto específico de la identidad religiosa judía a sus ciudadanos. En lo que sigue, voy a ofrecer un argumento a favor de la justificación de un Israel que es a la vez orgullosamente judío y fuertemente democrático; y que tiene el derecho, por lo tanto, a tomar medidas para preservar ambos elementos básicos de su identidad.
Para los judíos observantes -incluso aquellos que se oponen al sionismo- las ventajas de un Estado judío son evidentes. Ciertamente cualquiera que haya practicado un estilo de vida observante tanto en Israel como en la diáspora sabe lo fácil que es en el Estado judío. Además, judíos ortodoxos en Israel cumplen el mandamiento del yishuv Ha’aretz, de vivir en la tierra de Israel. Mientras que un estado judío puede no ser absolutamente necesario para cumplir con este mandamiento, su ausencia podría hacer muy difícil que los judíos pudiesen permanecer aquí. Además de ofrecer a los judíos un refugio seguro frente a las fuerzas de la asimilación, un estado judío ofrece la posibilidad de un excepcional dinamismo a la vida judía secular. Desde el surgimiento del movimiento sionista, el pueblo judío ha sido testigo de la creación, en hebreo, de un sinnúmero de nuevas obras de la literatura, la poesía y la filosofía, cuyas fuentes de inspiración son las creencias, costumbres e historia judías. Esta inmensa actividad creadora beneficia a los judíos en todas partes, ya que ofrece nuevas posibilidades para una identidad judía que no depende de la Halajá o de la ley judía.
Para los judíos en Israel y en la diáspora, pues, la pérdida del estado judío significaría la pérdida de todas estas ventajas. Sin un Estado judío, los judíos volverían a la situación de ser una minoría cultural en todas partes. Y como sabemos por la historia, el retorno de los judíos a la condición de minoría probablemente significaría el constante temor de un resurgimiento del antisemitismo, la persecución, e incluso el genocidio, así como la necesidad de dedicar cada vez más recursos para contener la asimilación. No siento que estoy siendo demasiado dramática, entonces, si digo que renunciar a un Estado es, para el pueblo judío, parecido a un suicidio nacional.
Este enfoque necesariamente distingue entre las reivindicaciones sobre la legitimidad de la creación de Israel y reclamos relativos al derecho de Israel, una vez establecido, para mantenerse como un Estado judío. Es importante ver que los dos no están necesariamente conectados. Porque aunque no hubiera habido ninguna justificación para la creación de un estado judío en 1948 -un alegato que no acepto- no se deduce que la preservación de Israel como Estado judío no esté justificada en la actualidad. La afirmación de que los asentamientos judíos perjudicaron los intereses árabes es ciertamente comprensible, y los temores que yacían en su esencia eran sin duda justificados. ¿Pero crearon estos temores una obligación moral sobre el pueblo judío de abstenerse de volver a su patria? Yo no lo creo.
Para entender por qué este es el caso, es útil recurrir a la distinción entre “derechos” y “libertades” inicialmente introducida por el jurista estadounidenses Wesley Newcomb Hohfeld. Usando este modelo, podemos decir que siempre y cuando sus acciones fueron legales y no violentas, los colonos judíos se encontraban en libertad para ampliar su número entre la población local, incluso con la declarada intención específica de establecer la infraestructura para un futuro Estado judío. Su libertad para crear esa infraestructura fue sin duda mayor, por ejemplo, que la de Inglaterra y España para establecerse en las Américas, y Palestina fue sin duda un destino más legítimo que Uganda o Argentina. La inmigración de judíos a Palestina era muy diferente del colonialismo, tanto con respecto a su situación en sus países de origen como con respecto a su relación con la tierra misma. A diferencia de las potencias coloniales, los judíos eran un pueblo en el exilio, eran extranjeros donde quiera que fuesen, estaban por todas partes como una minoría, y en algunos lugares eran perseguidos sin descanso; y nunca habían poseído la soberanía nacional sobre cualquier otro terreno que no fuera la tierra de Israel. Añádase a esto su profundo vínculo cultural y religioso con la tierra, y se tiene una base sólida para establecer una relación única entre los judíos y la tierra de Israel; una mucho más convincente que los reclamos de un grupo típico de colonos europeos.
De hecho, fue precisamente el poder de esta conexión que hizo que los árabes locales consideraran a la inmigración judía como mucho más amenazante que cualquier afluencia de colonos ingleses o franceses. A la luz de la conexión histórica de los judíos con la tierra de Israel, los árabes entendieron correctamente las olas de inmigración sionista como algo nuevo. Los resultados de la guerra: el sionismo hizo una transición crítica de tener la libertad moral para establecer un estado judío a tener un derecho moral de mantener y preservar su carácter judío.
La vida que ofrece el Estado judío a los árabes israelíes, en efecto, limita su capacidad para desarrollar su cultura y ejercer su derecho a la libre determinación, pero esto está lejos de ser motivo suficiente para disolver el estado judío. Como hemos visto, el Estado judío cumple un importante conjunto de objetivos para los judíos y para el pueblo judío -objetivos que los judíos tienen derecho a llevar a cabo, y que no podrían llevarse a cabo sin un Estado. Es posible, entonces, justificar el daño limitado hecho a los intereses individuales y comunales de los árabes a la luz del golpe mortal que la ausencia de Israel sería para los derechos del pueblo judío. El razonamiento para esto es simple: hay una gran diferencia entre preferir los intereses de un grupo sobre los de otro y la negación de derechos. Por tanto, es un principio fundamental de la democracia que ninguna minoría tiene el derecho de impedir a la mayoría promover sus intereses, siempre y cuando los derechos fundamentales de las minorías sean respetados. En otras palabras, siempre y cuando el carácter judío del Estado no viole los derechos humanos fundamentales de los árabes que viven dentro de Israel, y el estado es la única garantía de determinados derechos judíos, tanto individuales y comunales, entonces la existencia de un estado judío está justificada.
Es cierto que el historial de Israel en cuanto a democracia y derechos humanos no es perfecto. Pero tampoco lo es el de cualquier otro estado democrático, e Israel ha sido mejor en este sentido que muchos otros. Contrariamente a lo que popularmente se cree, sin embargo, los principios de la democracia, los derechos individuales y la igualdad ante la ley no requieren un rechazo del carácter judío del Estado. Por el contrario: el hecho de la naturaleza democrática de Israel significa que también debe ser judío en su carácter, ya que una considerable y estable mayoría de sus ciudadanos quiere que el estado sea judío.
Podemos mirar atrás con orgullo y hacia adelante con esperanza. La mayoría judía de Israel no tiene por qué pedir disculpas por tratar de conservar la identidad judía del Estado. Israel nunca será totalmente secular o totalmente religioso, del todo oriental o del todo occidental. Israel nunca será un país de Europa occidental, ni será un típico país levantino. La fuerza de la sociedad israelí se deriva de la combinación de sus elementos… no sólo va a servir a los fines de la mayoría, sino también salvaguardar la singularidad de las minorías.
“No está en nosotros terminar el trabajo”, nos dicen los rabinos del Talmud. Nuestra generación no es responsable de establecer un estado judío, sino que somos responsables de su preservación para las generaciones futuras. Para ello es necesario que les demos motivos suficientes para creer en la justicia de nuestra empresa común. Si lo deseamos, esto tampoco será un sueño.

El hombre que me hizo llorar

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Por Jack Fuchs

En este tiempo, el de mi último tramo, tras luchar incansablemente por casi setenta años con mi memoria, como siempre, los recuerdos me ganan, toman la palabra, se inmiscuyen en mis sueños, dominan mi vigilia. Las fechas, nuevamente, hacen de las suyas. Otro 19 de abril. Otro aniversario del Levantamiento del Ghetto de Varsovia. Pasaron 67 años. Otro aniversario que me sacude.
Hoy se me hizo presente el fantasma de un hombre. Un hombre que vivía, junto con su familia, allí donde yo vivía. En Lodz, mi ciudad perdida. Ellos, en el tercer piso y nosotros, mis padres, mi hermano, mis dos hermanas y yo, en el segundo. Lo conocía muy bien y jugaba diariamente con sus hijos en nuestro patio. Aquel patio lleno de historias, fantasías, aromas, emociones.
Esos años, 1937, 1938, estaban heridos de escasez, pobreza, hambre. Pero nosotros aún así jugábamos. Fue ese el momento en el que aquel hombre decidió emigrar a la Argentina. Un país que prometía abundancia, un futuro. El partió solo. Y con el esfuerzo de su trabajo procuraba arrancar a su familia de las penurias. Yo tenía once o doce años por ese entonces. Ellos tenían tres hijos, dos niñas y un niño. Aquel primogénito, yo lo recuerdo muy bien, tenía síndrome de Down, y le hacíamos la vida imposible, en el patio, jugando con él. Siempre venía a mi casa y se ponía al lado de mi padre, quien lo protegía de nuestras inocentes travesuras.

El hombre, a la distancia, luchaba por reunir a su familia en la nueva tierra. Ellos, mientras tanto, se alimentaban con los manojos de ilusiones que recibían en cada carta. Quimeras que, al poco tiempo, empezaron a vacilar cuando el cónsul, en Varsovia, privó de la visa a ese hijo marcado como “indeseable”. Pero siguieron luchando en un intento desesperado por conseguir aquello que le negaban. El, desde Argentina, y ella clavada a su tierra. ¿Qué madre podría dejar a un hijo condenado al abandono?
Mientras tanto, el calendario seguía su implacable curso. Nadie podía imaginar aquello que se avecinaba. Y no pasó mucho tiempo para que la ocupación nazi diera su estocada a Polonia y un poco más, para sufrir las consecuencias del encierro en el Ghetto. Confinados, todos nosotros, a la hambruna y la miseria extrema, entre muros y púas, seguíamos jugando. Y, cuando pensábamos que lo peor ya nos había atravesado, Treblinka se llevó, entre muchos, a estos queridos vecinos, a mis amigos y compañeros de juego. Todos ellos murieron. La madre y sus tres hijos.
Y más tarde, Auschwitz nos borró a nosotros de Lodz, arrojándonos brutalmente a la condición de infrahumanos. Nunca más volví a ver a mi familia. Todos murieron. Y así, huérfano, me lanzaron con salvajismo a Dachau. La pesadilla parecía no terminar.
Hasta que al fin, en mayo de 1945, volví a nacer, en una soledad indescriptible. Todo había terminado. Todo. Ahora podía dar vuelta la página y sumergir aquel infierno en el río Leteo. Lo único que tenía era mi cuerpo enfermo y desnutrido, mi dignidad y muchos fantasmas. Lo único que deseaba era empezar de nuevo. En Argentina, una tía me esperaba dispuesta a ocuparse de mi humanidad. Sin embargo, sin saber por qué, yo me negué a ir. Y así la vida me llevó a los Estados Unidos. En ese tiempo no pensaba en los porqués. Todo estaba sepultado bajo un manto de sinrazones. Simplemente me decía: “No quiero ir. Punto”. Debieron pasar muchos años y muchos divanes para que me percatara del miedo que en aquel entonces había tenido, de enfrentar las preguntas que mi tía podría haberme hecho. ¿Qué pasó con tu mamá? ¿Y con tu papá? ¿Qué, con tus hermanos? ¿Y tus primos? Yo me había negado, tajante, a exhumar esos recuerdos sin lápida.
Recién diez años más tarde logré romper el tabú y emprendí la visita a aquella tía que tanto me había esperado. No hizo ninguna pregunta, no hubo ningún reproche ni lágrimas. La única evocación que trajo fue la de aquel hombre. “Aquí hay un tal Scherer -me dijo ella-, ese hombre que dejó a la familia ¿te acuerdas?” De repente se agolparon en mi mente un cúmulo de imágenes que suponía enterradas. Yo lo recordaba perfectamente. Su rostro. Su historia. Además de mi tía, él era el único testigo que quedaba de todo lo perdido. Y eso me impulsó a encontrarlo. Fue así que hallé a un hombre taciturno, abandonado y casi en la miseria. Vivía en una habitación, solo, sin ayer y sin mañana. Nos saludamos algo cohibidos. Era una gran conmoción encontrar a alguien que hubiese conocido a mi padre y a mi madre. E indudablemente para él también, que yo hubiera conocido a su señora y a sus tres hijos. Nuestras miradas eran esquivas. No podíamos articular palabra. Entre ambos parecía haber un profundo abismo de silencio. Yo tenía mucho para decir. Para preguntar. Y al mismo tiempo no había nada de qué hablar. Porque ¿qué preguntas le iba a hacer? ¿Qué nos podíamos contar, si ya sólo con vernos aparecía lacerante nuestra historia? Nuestro mutismo gritaba el vacío.
Apenas salí de allí, la inmensa congoja que había estado guardada en el fondo de mis entrañas desbordó en un llanto descontrolado. Yo pensaba que nada de lo pasado había subsistido. Pero ese día algo cambió. Yo nunca había derramado lágrima alguna. Nadie conocía mis heridas. Me había encargado de construir un poderoso dique que, durante años, se mantuvo firme, encerrando mis tan dolorosos recuerdos en un lugar olvidado. Este hombre fue el único que me hizo llorar. Y cada vez que lo veía, el llanto me invadía, incontenible, sin palabras. Sólo gemidos sordos resquebrajando mi muralla.
Últimamente recuerdo los nombres de sus hijos: Abrahamek, Yakhna y Raskeh y el de la madre de ellos, Rushka. Era una mujer delgada, baja y se ganaba el pan haciendo ojales. La pila de camisas que llevaba, cada día, sobre su cabeza era más grande que ella. Trabajaba incansablemente. Y tenía a los chicos cuidados, impecables. Los recuerdo a todos vívidamente y cuando los evoco, puedo ver calcada a mi propia familia.
Hoy, después de los tantos ¿porqués? que me he atrevido a formular puedo comprender. Cada vez que veía a este hombre, ese que me hizo llorar, revivía a mi padre y lo volvía a perder. Me veía a mí mismo. Veía al sobreviviente. Cada vez que veía a este hombre, lloraba a mis difuntos. Cada una de las lágrimas que derramé les dio mortaja y los veló. Y hoy, con mis recuerdos, levanto sus lápidas. Los duelo.

* Con la colaboración de Viviana Kahn.

Israel festejo su 62 aniversario entre la satisfacción y la preocupación

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Por Sal Emergui | Jerusalem
Para Diario El Mundo

Yom Ha’atzmaut, Día de la Independencia
Celebraciones por el Día de la Indepedencia en Jerusalem.

* Es el país con la mayor proporción de ingenieros per cápita del mundo
* Cada año se cometen en sus calles ’sólo’ 1.8 asesinatos por cada 100.000 personas
* Acabó 2009 con un crecimiento del 4,8% en plena crisis mundial
* El 80% cree que “Israel se encuentra bajo una amenaza existencial”

Israel celebra hoy el llamado ‘Yom Ha’atzmaut’ (Día de la Independencia) bajo un sentimiento de optimismo y preocupación. Las últimas encuestas reflejan que sus ciudadanos expresan un elevado grado de satisfacción pero también de temor “existencial”.
Los festejos del 62 aniversario de la creación de Israel -siguiendo el calendario judío- acabarán esta noche con resaca y sin solucionar los problemas del ayer: ausencia de paz con la gran mayoría de países árabes, peligroso estancamiento del diálogo con los palestinos, ocupación de Cisjordania, posibilidad de un duelo bélico con Irán, inusitada tensión con Cisjordania, el presidente del principal aliado en el mundo, etc.
Los 7.587.000 habitantes de Israel pueden presumir del crecimiento económico más importante entre los países occidentales. En el último cuarto del año pasado, alcanzó el 4.8% con una tasa de desempleo del 8%.
Pese al estado de permanente guerra con los países vecinos, la esperanza de vida al nacer es de 80.7 años cuando la media mundial (según la ONU) se queda en 67.2.
Más del 60% de los ciudadanos se siente “satisfecho” o “muy satisfecho” con su calidad de vida pese a su habitual apego a la discusión y queja. Lamentan los precios en las tiendas pero vacian su billetera en los centros comerciales. Denuncian los altos impuestos para comprar coches pero el 20% de las familias tienen dos automóviles. Critican los ataques verbales del primer ministro turco pero invaden cada semana los centros turísticos en Turquía.
Más allá de lo conocido (Ejército, Mossad, cabezas nucleares, jóvenes cerebros, colonias, guerras, atentados suicidas en sus calles, políticos mediocres, casos de corrupción, Maccabi Tel Aviv, Bar Refaeli…) Israel es una potencia tecnológica, científica, agrícola y académica. Su inversión en Investigación y Desarrollo alcanza el 4.6% de su Producto Interior Bruto, convirtiéndose en uno de los primeros del mundo en este aspecto. Es el país con la mayor proporción de ingenieros per cápita del mundo. Es el segundo con más empresas Startups y con mayor número de patentes. Como muestra de comparación, desde 1980 al 2000, se registraron 77 patentes egipcias y 171 saudíes en EEUU frente a las 7.652 israelíes. Es también uno de los ocho únicos países con capacidad para enviar un satélite al espacio.
La mayoría judía está compuesta por 5.726.000 habitantes (75.55%) mientras la principal minoría, la árabe, constituye el 20,4% (1.548.000). En el último año, 16.000 judíos de todo el mundo se instalaron en Israel haciendo la llamada alia (ascensión). Por el contrario, unos 10.000 israelíes abandonaron su país.
En 12 meses, la población ha experimentado un crecimiento del 1.8%, exhibiendo un destacado índice de natalidad, más allá del alto porcentaje habitual en las familias árabes y ultraortodoxas judías. Muy superior a Francia o Gran Bretaña pero muy inferior al que se registra en la Autoridad Nacional Palestina. Cuando David Ben Gurion leyó la declaración de Independencia, sólo una ciudad contaba con más de 100.000 habitantes (Tel Aviv). 62 años después, 14 ciudades superan esta cifra.
Pocos saben o imaginan que Israel es un país mucho más seguro que, por ejemplo, Suiza. Cada año se cometen en sus calles 1.8 asesinatos por cada 100.000 personas. En tierras helvéticas, la cifra llega a los 2.3, en Rusia supera los 16 y en Sudáfrica se acerca a los 40.
La carrera nuclear y los casi diarios llamamientos a la destrucción de Israel por parte del presidente iraní, Mahmud Ahmadinayad asi como los discursos del primer ministro, Benjamin Netanyahu administrando el miedo con frases como “no permitiré un nuevo Holocausto a manos del Islam radical con armas nucleares”, han calado hondo en la sociedad. Según una encuesta del Canal 2, el 80% de los habitantes cree que “Israel se encuentra bajo una amenaza existencial”. El 33% opina que Netanyahu debería ordenar hoy un ataque contra las instalaciones nucleares iraníes, un 23% admite que “tarde o temprano, Israel no tendrá más remedio que enfrentarse ante Irán” mientras un 31% confia en la vía diplomática de EEUU y la UE.
En declaraciones a ELMUNDO.es, el viceprimer ministro y responsable de los servicios secretos y la Agencia Atómica de Israel, Dan Meridor, resume: “Hay que estar muy orgullosos de nuestro 62 aniversario. Del desierto y en una tierra sin recursos naturales, tenemos ahora un Estado con una gran fortaleza, vitalidad y excepcionales logros en ciencia, cultura, medicina, agricultura, economía y altas tecnologías. Afrontamos amenazas muy importantes en una zona que siempre fue hostil. El Gobierno debe reflexionar con sentido común y actuar. Y no siempre a nivel militar”.
Mientras los israelíes festejaron su aniversario con ceremonias, fuegos artificiales, desfiles (militares y de modelos), excursiones, barbacoas y millones de banderas con la Estrella de David (de fabricación china, por supuesto) desplegadas en sus coches y balcones, los palestinos esperan que su Ben Gurion, el primer ministro Salam Fayad, declare la independencia de su Estado en el 2011. Antes, el próximo 15 de mayo conmemorarán la Nakba, ‘el Día del Desastre’

Historias con nombre y apellido

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Por Alejandra Rey
Para Diario LA NACIÓN

La mujer que hizo realidad su sueño de ser rabina. Margit, con una sonrisa que hace notar cada vez que no puede, a pesar de lo vivido.
La ambición, la mentira, el maltrato, la simulación y la megalomanía, a veces, y sólo a veces, salvan vidas. Son ínfimas las posibilidades de que tantas miserias humanas obren en beneficio de un bien. Pero sucede, incluso, a pesar de la maquinaria genocida hitleriana, es decir, a pesar del diablo mismo. Porque ¿cómo hubiera sido la historia de Margit Oelsner-Baumatz si su padre hubiera decidido que nadie le robaría su obra, su inteligencia ni su pensamiento? ¿Qué hubiera pasado si rechazaba abiertamente ser parte de esa venta al menudeo de la dignidad humana que practicaban los alemanes nazis y que le proponía ese joven y arrogante integrante de la Gestapo? ¿Estaría viva?
Lo que sigue es la historia de una mujer que le debe la vida a un soldado del régimen nazi, cuyo nombre ignora, que pretendía la gloria adueñándose de ideas y palabras que no eran propias. Esta es la historia de una religiosa de 72 años que luchó contra todo y todos, incluidos sus padres, para convertirse en rabina. Ella nos recibe en su casa de Olivos para contar, minuciosamente, su increíble viaje.
Todo empezó con el ingeniero electrónico Werner Oelsner, un ciudadano alemán, a la sazón judío, quien vislumbraba ya en 1937 lo que Hitler y su banda habían empezado a hacer con los judíos. Vivía con su mujer Edith Chaskel, embarazada de Margit, en la tranquila ciudad de Breslav, en la provincia de Silesia y, de un día para otro, comenzó a ser extorsionado para que aceptara un trato a cambio de su vida y la de su familia: Werner escribiría artículos sobre electrónica para que el joven nazi los firmara y los hiciera pasar como suyos. A cambio de un aviso anticipado y fundamental que podía salvarles el pellejo: cuando el régimen finalmente llegara para requisar su negocio, robar y secuestrar a Werner y a su familia. No había elección: los artículos firmados por el señor de la Gestapo o la muerte. O algo peor: los campos de exterminio.
Margit ya tenía un año cuando ese nazi, cuyo nombre el padre olvidó cuando la vida lo abandonaba, le advirtió a Werner que él mismo se presentaría en las inspecciones, simulando no conocerlo, a cara de perro; le dijo que lo insultaría, quizá lo golpearía, porque no podía jugarse su carrera como militar: total ¿quién iba a sospechar que le perdonaba la vida al “enemigo” por figurar como sabio en materia de electrónica?
Y cada quien cumplió su parte: entre artículo y artículo, el nazi avisaba a Oelsner y todos interpretaban su papel. Werner, el del judío sumiso, golpeado e insultado, y el joven de la Gestapo, el rol del maldito gritando órdenes, escupiendo injurias, amenazando con destierros y pateando traseros y orgullos.
Y mientras esta escena se repetía cada vez con más frecuencia, Werner escribía a todos los países que podía para pedir visas y acogida para su familia en riesgo. “El único país que contestó -cuenta la rabina Margit, en su casa, rodeada de recuerdos y con la sonrisa constante- fue la Argentina. El muchacho, el nazi, vino un día y le dijo a mi padre: «Estás en la lista de arresto de esta noche, cuidate». Y así fue como nos vinimos para acá.”
Y aunque el periplo por la Europa ocupada fue más largo y penoso de lo que ella cuenta, finalmente Margit y su familia llegaron al país y fue anotada como Margarita, en Buenos Aires.

“Mis padres no eran observantes de la religión judía, nunca iban al templo y en mi casa no había ni ceremonias ni celebraciones religiosas porque mi papá, ante todo, era alemán. Un alemán de ascendencia judía, claro, que no hablaba hebreo, que no festejaba Pésaj y que no asistía a la sinagoga.”

Margit cuenta que la familia se dedicó a trabajar.
“Mi papá se olvidó de su título de ingeniero y se desempeñó como electricista. Arreglaba artefactos que le traía la gente, planchas, lámparas, esas cosas… Y yo iba a una escuela pública, aunque los primeros años me habían mandado al Pestalozzi. No sé bien por qué, pero a los 14 años mis padres pensaron que debía tener una educación más judía y, como vivíamos en Vicente López, me mandaron a Lamroth Hakol, que era la comunidad más cercana.”
Es curioso que Margit crea que fue a parar a esa institución “por casualidad”, como dice. Porque, en hebreo, Lamroth Hakol significa “a pesar de todo”. Esto es, “a pesar de las guerras, del odio y de los que murieron -dice-. Y ahí la cosa me fue atrapando. Hasta que a los 18 años mi papá, que no quería que yo fuera a la universidad, me mandó a la B’nai B’rith, conocí a mi marido, me casé y tuve a mis tres hijas”.
Una vida común, la de Margit. Hasta ahí. Porque ella era rebelde, le encantaba estudiar, le fascinaban los desafíos y era feminista en una época en que nadie lo era: incluso su marido le parecía un ortodoxo porque usaba kipá “y hasta comía kosher”, dice, y se ríe.
Y acá hagamos un alto.
La sonrisa de Margit es su guía espiritual y el espejo de su corazón. A lo largo de las horas de charla, esa sonrisa variará, se modificará conforme pasan las preguntas y los recuerdos: los buenos, los malos y los ausentes. Y cuando no pueda sostener esa sonrisa porque el interrogante la incomodó o la evocación se le hizo difícil, se pondrá rápidamente de pie y empezará a buscar cosas que jamás encontrará, dará vueltas por su escritorio ordenado hasta la obsesión, mostrará con orgullo los álbumes con recortes que la nombran, pero no dirá lo que no quiere. No, no lo hará. Porque esta mujer es brava…
Margit tiene tres hijas, diez nietos y un marido al que adora, y se estremece casi imperceptiblemente cuando la cronista le pregunta cómo fueron los años de aprendizaje en el Seminario Rabínico Latinoamericano. Hace una pausa breve, como eligiendo las palabras, y mueve la cabeza negando algo, que no aclara, pero que se le cruzó por la mente muy a su pesar.
No. No quiere decir una palabra sobre los padecimientos, el machismo que soportó, la tremenda oposición de sus padres que no entendían por qué pretendía el título de rabina y ese afán por el Talmud. Y las burlas acumuladas, casi tan patéticas como los desplantes. Cuando se presentó a rendir una de las últimas materias, uno de los integrantes del tribunal faltó sospechosamente y, por lo tanto, no pudo exponer. Y lloró, mucho, muchísimo, eso sí lo confiesa, siempre con una sonrisa.
Pero se recibió a pesar de todo (lamroth hakol , en hebreo) y de la fecha no se olvidará jamás: fue un mes después de que explotara la AMIA, en agosto de 1994. Y Margit cuenta, con aplomo, las inmensas horas desoladas que pasó ayudando y acompañando al rabino Kreiman, cuya esposa estaba sepultada bajo los escombros. Y ellos, muy quietos y en silencio, esperaban que alguien les devolviera el cadáver. “He visto tanto -dice, mientras sigue sonriendo- y Dios me ayuda.”

-¿A qué?

-A soportar el dolor. Mirá, cuando ya era rabina y comencé a trabajar en Lamroth Hakol en el área social, vi la tragedia de los años de la crisis, las familias partidas, la gente llorando porque no tenía qué comer, las colas interminables para buscar mercaderías… pero todo te ayuda y te hace fuerte.
Margit es, en el siglo XXI, una especie de émula de la heroína del escritor judío Bashevis Singer, cuando describió magistralmente en Yentl, el joven de Yesshiva, la decisión de una mujer de hacerse pasar por un muchacho para poder estudiar los libros sagrados.
Margit no debió disfrazarse de hombre, pero sí templar su paciencia y adaptarse a esa casa de estudios donde fue la primera mujer en cursar. “Me fui a hablar con el director y le dije que no podía cumplir con dos de los requisitos que exigían: no tenía carrera universitaria y no podía ir a Israel por un año”. Y la aceptaron, con resquemor, pero admitieron su presencia. Ella guarda para sí los detalles de aquellas conversaciones, de su primer día, de la sensación odiosa de estar especialmente a prueba en forma permanente, de llegar a su casa desolada y de los brazos cálidos de su marido Fredy, siempre dispuesto a ayudarla. Se lo reserva, pero algunas cosas se le escapan.

-¿Y cómo era estar en el seminario?

Acá es cuando Margit se levanta una vez más y busca algo que no encuentra y, de espaldas a la cronista, dice que hizo mucho sacrificio porque estudió psicopedagogía en la universidad para cumplir con lo que le pedían en el seminario, que se fue un mes a Israel, que alguien el día que se recibió le dijo: «Vos te llevás los aplausos y nosotros los palos», que el machismo existe…Claro que existe, en casi cualquier sociedad y religión. Pero Margit se da vuelta y la sonrisa ya está de nuevo en su cara. Y exclama: “Amo lo que hago, no importa lo que tuve que pasar”.
Margit está nuevamente sentada y mira esperando otra pregunta. Pero aprovecha el silencio y dice: “Soy rabina, pero nunca conseguí púlpito, aunque ya no importa. Ahora soy directora de recursos rabínicos, lo que significa que yo contacto a la comunidad que busca un religioso con el rabino que les servirá.
Ya hay más mujeres que se dedican y eso me pone feliz, aunque nos resisten todavía. Los ortodoxos, por ejemplo, ni siquiera piensan en tener a una mujer que oficie; imaginate, ni siquiera te pueden tocar…”
Margit ofrece otro café (“especialidad de esta casa”, dice, y no miente) y vuelve a levantarse para buscar fotos de su graduación. Viste un suéter liviano de color blanco y jeans azules. Saca de todos los estantes y cajones retazos de su vida y cuenta, mientras tanto, que el comienzo de su espiritualidad fue el colegio de sus hijas. “Cuando la mayor entró en una institución judía donde hablaban hebreo, yo me dije: «No puedo mandarlas a un colegio donde aprendan algo que yo no sé», y fue así como, a través del idioma, comencé a estudiar el Talmud y me fascinó. Pasé esos cursos y me inscribí en otros superiores, que también superé y aprender hebreo me fue llevando a la religiosidad, porque no se trataba sólo del idioma, era un conjunto de cosas interesantes”.

-¿Alguna vez pensó en abandonar?

-Sí. Una vez sentí que realmente no podía seguir. Pero una amiga me convenció y así logré recibirme.
La rabina tiene un orgullo imparable, dice que suele casar parejas fuera de la sinagoga y que está por oficiar el Bar Mitzvá de una de sus nietas en Brasil. Y otra vez pega el salto y muestra orgullosa los hábitos que va a utilizar para la ocasión: el manto preciosamente bordado y varias kipás que combinará seguro con el atuendo. Porque Margit es coqueta, eso se nota.

-Dígame, Margit, usted habla de Dios con mucha fe, pero ¿dónde está cuando vemos sufrir a los chicos, las guerras, las enfermedades dolorosas?

-Dios no puede con todo. No es omnipotente y hay cosas que los humanos podemos hacer por nosotros mismos.

-La verdad, no entiendo las religiones.

-Yo, en cambio, no pierdo la fe. La adquirí tarde y ahora es parte de mi vida.

No lo dice, pero intuyo que está pensando en su padre Werner, en cómo se salvaron por un pelo del horror y en cómo Dios cambió aquella vez su propio destino.
MARGIT OELSNER-BAUMATZ

Quién es: tiene 72 años, nació en Alemania, debió escapar del régimen nazi y llegó al país porque fue el único que les dio acogida a ella y a toda su familia. Es rabina desde 1994. No tiene púlpito, pero puede oficiar ceremonias fuera de la sinagoga.
Familia: está casada, tiene tres hijas que viven en el exterior y diez nietos. De joven no era observante de la religión y su marido le parecía “un ortodoxo”.
Qué hace: comenzó estudiando hebreo para ayudar a sus hijas, que iban a una escuela de la comunidad, y terminó en el Seminario Rabínico Latinoamericano, a pesar de la resistencia de las autoridades. Este año piensa comenzar a estudiar portugués para poder hablar el idioma de alguno de sus nietos. Habla alemán y hebreo a la perfección.

Alicia L.
Buenos Aires
Argentina

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