Se agrietan las relaciones entre Brasil y EE UU tras el acuerdo impulsado por la potencia sudamericana y Turquía con Irán para gestionar el controvertido programa nuclear iraní. La noche del jueves, durante una disertación en el Brookings Institution en Washington, la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, no se anduvo por las ramas: “Le hemos dicho al presidente Lula y al canciller Celso Amorim que hacer que Irán gane tiempo hace que el mundo sea más peligroso… Vamos a seguir insistiendo en que los iraníes están utilizando a los brasileños para ganar tiempo”. Respondió raudo, y también sin medias tintas, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien acusa a las grandes potencias de hipocresía. A su juicio, o nadie tiene la bomba o no se puede negar a nadie el derecho a tenerla. “La energía nuclear debe ser un instrumento para el desarrollo, no una amenaza”, apuntó el mandatario brasileño en el III Foro de la Alianza de Civilizaciones, que se celebra en Río de Janeiro.
“Mi experiencia como líder sindical”, añadió Lula, “me enseñó que las posiciones inflexibles solo ayudan a la confrontación y alejan la posibilidad de soluciones de paz”. “Con ese propósito, el primer ministro [turco] Tayyip Erdogan y yo fuimos a Teherán a buscar con el presidente [Mahmud] Ahmadineyad una solución negociada para un conflicto que amenaza mucho más que la estabilidad de una región”, señaló Lula.
Los recelos entre Washington y Brasilia son evidentes y se ocultan cada vez menos. En el informe sobre Estrategia de Seguridad Nacional de EE UU, presentado el miércoles, la Casa Blanca no incluyó a Brasil en el bloque BRIC (Brasil, Rusia, India y China). El documento califica a Brasil como una “nación cada vez más influyente”, colocándolo en un grupo aparte junto a Indonesia y Sudáfrica.
En rueda de prensa tras las primeras reuniones de este viernes, el ministro de Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, que viajó en representación de España tras anular Zapatero su asistencia a última hora, defendió sin embargo el “tremendo esfuerzo de Brasil y Turquía”. Moratinos dijo que hay que “ayudar y apoyar” a estos países en una iniciativa que consideró “la buena dirección para erradicar las armas nucleares”. “En cualquier caso, hay que esperar a ver qué dice la OEA”, fue el único matiz que añadió. A su lado, el canciller brasileño, Celso Amorim, y el turco, Ahmet Davutoglu, aseguraron que el movimiento diplomático fue consultado previamente con Estados Unidos. “El acuerdo contempla todos los puntos sobre los que había dudas”, dijo Amorim.
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