Autor: Samuel Auerbach, Netania
Es muy difícil evitar que los matrimonios mixtos se extiendan en la diáspora, en donde el judío se ve obligado a frecuentar ambientes con mayoría gentil. Pero la unión en matrimonio de judíos con gentiles no significa precisamente asimilación. Buena cantidad de sus hijos reciben educación judía y siguen a su manera su tradición y cultura, a pesar del rechazo que hacia ellos ejerce la ortodoxia del lugar, estimulada desde Israel. El judío de la diáspora lucha con angustia contra la creciente asimilación, ocasionada en gran parte por ese rechazo.
Acabo de recibir una queja enviada desde el exterior, que me indujo a redactar estas líneas. Es de alguien que sufre por el serio problema que la ley del vientre le produce a él y al resto de la colectividad.
“Yo lo veo y lo vivo con mis hijos y con tantos matrimonios mixtos, que se sienten excluidos y no se pueden acercar a núcleos judíos. Lo veo con mi hija, que trata que sus hijos vayan al menos a Macabi, pero no es suficiente. Hay nenas que no pueden hacer su `bat mitzvá’, o varones que hacen su `bar mitzvá’ en otra ciudad, en una sinagoga reformista, cuando podrían hacerlo perfectamente acá”.
Los matrimonios mixtos y sus hijos se alejan del judaísmo al sentirse rechazados por los rabinos ortodoxos. La ley del vientre, uno de los pilares de la ortodoxia, estimula a la asimilación con su rechazo a muchos que quieren ser judíos porque así se sienten. No deja de ser una valiosa pérdida.
La ortodoxia es el principal motivo de la asimilación en el exterior, cuyas cifras muestran un alarmante incremento.
Escribió el licenciado Naum Kliksberg, psicólogo y sociólogo: “La mayoría de los matrimonios mixtos interreligiosos y de sus hijos/as se alejan del judaísmo. La causa principal es la discriminación y el rechazo hacia ellos que en el mundo fomentan en las comunidades judías los rabinos ortodoxos, y la influencia creciente que esos rabinos ejercen sobre el Gobierno de Israel”.
¿Qué daño le haría al judaísmo si se reconociera como judío a todo aquel que haya nacido de madre o padre judíos, o cualquier persona que de buena voluntad se convierta al judaísmo? De ser así, además de solucionar el problema que tienen los matrimonios mixtos, se perdería el amargo sabor a racismo que la ley del vientre produce.
Para que el judaísmo persista, hay que tratar que se extienda y no lo contrario como lo está haciendo la ortodoxia que, además, no escatima esfuerzos en introducir a Israel en un oscurantismo medieval que lo puede llegar a destruir con más facilidad incluso que nuestro peor enemigo, como lo demostraron los ortodoxos al aplaudir al actual ministro de Justicia cuando el 8 de diciembre del año 2009 dijo: “Paso a paso, otorgaremos a los ciudadanos de Israel las leyes de la Torá y convertiremos a la Halajá en la legislación vinculante de la nación. Debemos recuperar la herencia de nuestros padres para la nación de Israel. La Torá tiene la solución completa a todas las preguntas que estamos tratando”.
Nuestros hermanos del exterior deben saber y pensar que no están solos en el alarmante suplicio en que viven los judíos de la diáspora unidos en matrimonio mixto; que hay muchos israelíes que anhelan ver a su pequeño país libre de esa influencia ortodoxa que, además de proponer decretos que hieren profundamente a la sensibilidad humana y de aconsejar a sus discípulos rebeldía frente a las leyes, en buena parte es, junto al fanático empecinamiento musulmán, causa preponderante de los escollos que obstaculizan al proceso de paz detenido hace tanto tiempo.
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