Sobre Israel opinamos todos.
Hablar bien de Israel no es delito. Todavía.

Si hubo a quien el discurso del presidente Barack Obama ante la ONU preocupó de verdad, cuando anunció que el año próximo quiere un Estado Palestino sentado en la Asamblea General, no fue a los israelíes, ni a quienes se quedan asombrados de que el hombre más poderoso del mundo se apunte a la moda de los discursos vacíos políticamene correctos. Y de eso sabemos mucho en España. No, a quienes le ha entrado el canguelo es la multitud de occidentales que se ganan la vida contra Israel.
Preocupa, y mucho, a esos que disfrazan su incompetencia profesional de activismo presuntamente solidario y democrático, cuando es todo lo contrario. Es egoista, porque sólo sirve a asegurar una fuente de ingresos que de otra manera no tendrían y es totalitario porque pasan por alto las violaciones de los derechos humanos, el terrorismo y la tiranía que incluso afectan a esos a los que dicen defender.
Desde que las conversaciones están en marcha y ha quedado claro que todos los temas están sobre la mesa (y sólo sobre lo que se negocia puede haber un acuerdo) estamos volviendo a escuchar una cantinela a la que hay que estar muy atentos. Desde la Industria la Paz en su rama académica se nos está insistiendo en que la creación de un Estado Palestino ya no es suficiente. Que no se trataría de una “paz justa” para los palestinos y que para terminar con la inmensa injusticia histórica que, según repiten, representa la creación del Israel judío, es necesario crear un gran Estado “binacional”. Atentos a esta palabra que la vamos a escuchar mucho.
Es, decir, que después de dar paliza durante años acusando a Israel de saltarse las resoluciones de la ONU ahora resulta que no es necesario cumplir la principal de ellas, que es la define un Estado judío y uno palestino. A tomar por saco la ONU (ahora, claro). Y además después de advertir en tono apocaliptico sobre la “ambición sionista” de crear un estado “desde el Mediterráneo hasta el Jordán” , ahora resulta que la solución es precisamente esa. Y lo más sibilino de todo. Resulta que el fin último de esto es reparar la brecha material entre israelíes y palestinos (vamos dejar claro que los israelíes son unos ladrones) y negar la identidad judía de Israel, que es algo así como negar la identidad valenciana de la paella.
Lo que se está proponiendo desde algunas cátedras y departamentos universitarios en Europa no es otra cosa que la desaparición de Israel en nombre de la paz. Esta gente es la que tiene más que perder como se produzca un acuerdo, porque quieren seguir viviendo como hasta ahora. E Israel es la coartada perfecta.

Fuente: Yad be Yad

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