Argentina, a cinco años de derogarse la circular secreta.

En estos días se presenta en el Museo del Holocausto de la ciudad de Buenos Aires la muestra “Visados para la Libertad” organizada por la Casa Sefarad-Israel. Alli se recuerdan figuras españolas que arriesgaron sus vidas en pro de la ayuda humanitaria brindada a judíos perseguidos por el nazismo en los años de la segunda gran guerra. Esta exposición nos refleja también la situación vivida en Argentina en esos años. Durante más de seis décadas el país “mantuvo en vigencia” una resolución dictada por el gobierno del entonces presidente Jaime Roberto Marcelino Ortiz con contenido claramente xenfóbico.
El 12 de Julio de 1938 se dictó la llamada Circular número 11 enmarcada en el Decreto 8972 que iba dirigida a los cónsules y representaciones diplomáticas del país en el viejo continente. El 8 de Junio de 2005 dicha norma legal fue derogada.
Antes del inicio de la guerra, se celebró en Evian-Les Bains (Francia) una conferencia internacional a sugerencia del Presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt. A la misma concurrieron treinta dos delegaciones mundiales – entre ellas Argentina – con el propósito de buscar soluciones al tema de los refugiados hebreos. Alemania y otras naciones del área expulsaban desde 1933 a los habitantes judíos y la situación requería medidas urgentes que la reunión – salvo algunas excepciones – no llegó a conformar. Hubo aislados intentos de permitir la llegada de estos contingentes a sus territorios. Mientras se celebraba la misma – del 6 al 15 de Julio – el Canciller argentino José Maria Cantilo envió una comunicación reservada y estrictamente confidencial a sus representantes diplomáticos en Europa en la que les instruia a “Negar la visacion, aun a titulo de turista o pasajero en tránsito, a toda persona que fundadamente se considere que abandona o ha abandonado su país de origen como indeseable o expulsado, cualquiera sea el motivo de su expulsión”. Aunque el texto no admite una interpretación piedeletrista antisemita, las circunstancias temporales y espaciales que se vivían en esas instancias permiten afirmar que el espíritu de la misma esta teñida de dicho concepto.
No solo Argentina tuvo una legislación en el tema. Brasil a través de otra “circular reservada” numerada con el 1127 en el año 1937 prohibió el visado a personas de origen semita y durante los años siguientes la inmigración judía se vio severamente restringida en el pais. Más tarde, otra circular, en este caso la número 1249, suavizó la situación permitiendo el ingreso de artistas, intelectuales, cientificos y técnicos expertos en determinadas áreas que contaran con un capital de dinero en efectivo. Sin perjuicio de esta restricción, Argentina fue el país de habla hispana que más judíos recibió en los años que van de 1933 a 1943, llegando a contabilizarse en 45.000 los refugiados que llegaron a sus tierras en forma oficial o extraoficial, en este caso a través del cruce de fronteras.
Finalizando el año 1998 y tras cumplirse cuatro años del atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina; el gobierno menemista creó una comisión nacional con el objetivo de esclarecer las relaciones del nazismo en el pais. Dicha entidad – de creación estatal – se denominó CEANA y la integraron un grupo de notables a sugerencia del Ministro Di Tella. Su coordinación académica la desempeñó Ignacio Klich, otrora funcionario de la Liga Antidifamación de la Bnai Brith en Nueva York. Tras un tiempo de actuación, una de sus integrantes, la socióloga Beatriz Gurevich, cuestionó el proceder de la misma afirmando que se habían encontrado demasiadas trabas, excusas o negaciones para llevar adelante la labor encomendada.
La propia Gurevich se trasladó a Europa y un tiempo después encontró en una carpeta del archivo consular de la Embajada Argentina en Estocolmo un ejemplar “perdido” de la circular número 11. El tema no tuvo repercusión oficial y el documento se archivó motivando la renuncia de Gurevich a la comisión. La Fundación Raul Wallenberg – una organización no gubernamental educativa – con sedes en Buenos Aires, Berlin, Rio de Janeiro, Nueva York y Jerusalém que lleva su nombre en recuerdo al diplomático sueco que permitió el salvataje de miles de judíos en los años bélicos, exigió la urgente derogación de la circular referida.
En el año 2001, bajo el gobierno del Presidente Fernando de la Rua, el Canciller de gobierno Adalberto Rodríguez – a fin de exaltar los esfuerzos de determinados ciudadanos en la lucha por el nazismo – colocó en la planta baja de la cancilleria una placa de bronce homenajeando a doce ex diplomáticos que fueron solidarios con las victimas de la barbarie. La placa exaltaba los nombres de José Caballero, Federico Fried, Miguel Angel Gamas, Juan Giraldes, Jacobo Laub, Roberto Levillier, Luis Luti, Hector Mendez, Jose Ponti, Alberto Saubidet, Leon Shapira y Luis Herman Yrigoyen.
Esta medida motivó que la Fundación Wallenberg levantara su voz y exigiera pruebas fehacientes de que los allí mencionados eran realmente merecederos del reconocido concepto “justo entre las naciones”. Como respuesta, la cancillería nombró una nueva comisión a cargo del Secretario de Culto Guillermo Oliveri, que se comprometió a estudiar en profundidad el tema. Las conclusiones del trabajo realizado expresan que los ciudadanos habían permitido – en los cargos que desempeñaban – la renovación de pasaportes a argentinos residentes en Europa y logrado algunas excepciones al régimen de ración alimentaría impuesto por los nazis a los judios. Esto no es otra cosa que cumplir con el deber que tenían encomendado, aseguró la Fundación Wallenberg.
En el caso especifico de Luis Herman Yrigoyen – hijo extramarital del otrora líder radical Hipólito Irigoyen – su actuación no solo no había sido de apoyo sino que se puede enmarcar en el otro extremo. Yrigoyen, que ocupaba la Secretaria de la Embajada Argentina en Berlin no había contribuido al salvataje de más de cien judíos que en su momento se les ofrecia traer a Argentina y se había mostrado totalmente desinteresado de dicha tarea. El Canciller alemán Von Ribbentrop le propuso la extradición de ciudadanos argentinos y su accionar fue contrario a esa repatriación. Muchos de ellos terminaron sus días en las cámara de gas del nazismo.
El periodista e investigador Uki Goñi autor de un minucioso relato sobre las actividades de los nazis y su relacionamiento con la política argentina en su obra “La Auténtica Odessa” editada en el año 2002, fue clave en la solución del tema. El nieto del diplomático argentino de la época Santos Goñi afirmó que su abuelo también respetó la referida circular que le inhibió de visados a argentinos en el continente europeo. El investigador le envió una nota al Canciller Bielsa asegurando lo improcedente del recuerdo realizado a los doce ciudadanos argentinos.
Finalmente, el entonces Ministro de Relaciones Exteriores Rafael Bielsa ordenó el retiro de la placa que lucía en la cancilleria a través de la Resolución 999 expresando que el hecho se realizaba como medida preventiva y debido a la gravedad de la denuncia, llevándose adelante por razones de procedencia y responsabilidad institucional. El 8 de Junio del año 2005, en el Salón Sur de la Casa de Gobierno con la presencia del Presidente Néstor Kirchner, el propio Canciller Rafael Bielsa, el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández y Natalio Wengrower, Vicepresidente de la Fundación Wallenberg, se procedió a la derogación de la circular y al retiro de la placa que durante cuatro años adornó la entrada de la diplomacia platense.
Bielsa, en el emotivo acto, se lamentó por la pérdida de tiempo que había permitido retrasar la medida y la Fundación Wallenberg mostró satisfacción por la correcta, elogiable y oportuna decisión del gobierno.

José Piczenik
piczenik@hotmail.com

Fuente: Judaísmo Latinoamericano

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