El mayor incendio en la historia del país que se inició el jueves en el norte del país, parece llegar a su fin después de que bomberos y aviones extinguidores de incendio hayan controlado los principales focos, dijo la Policía.

“Por primera vez en cuatro días podemos decir que tenemos bajo control el incendio, aunque quedan aún algunos puntos menores por lo que debemos ser cautos”, explicó el portavoz de la Policía, Miki Rosenfeld.

El comisario de operaciones de bomberos, Boaz Rakia, precisó que el “tener el fuego bajo control” se traduce en que las zonas pobladas del norte que fueron evacuadas ya no corren peligro.

Con todo, y en el mismo tono de cautela empleado por la Policía, Rakia advirtió de que “el hecho de que hayamos contenido el fuego no significa que en algún caso se reavive”.

El jefe del Comandancia de la Retaguardia del Ejército, general Yair Golán, también dio por controlado el incendio.

Los principales focos han podido ser extinguidos durante la jornada gracias a la colaboración de bomberos, voluntarios y sobre todo a la ayuda internacional desde el aire, sin la cual, el Gobierno reconoció que no podía hacer frente a la catástrofe.

Los medios inciden en que las dotaciones terrestres e hidroaviones trabajaban en las últimas horas mitigando dos núcleos pequeños y rociando zonas aún humeantes, incluido el subsuelo, para evitar que las brasas vuelvan a arder.

Por esa razón, los cerca de quinientos bomberos locales apoyados por búlgaros, jordanos y palestinos continuarán trabajando sobre el terreno para evitar que se reaviven las llamas.

El fuego ha causado 41 muertos, ha obligado a evacuar de sus hogares a 17.000 israelíes, y puesto sobre el tapete la falta de preparación logística y de respuesta ante una situación de emergencia de semejantes características.

Entre los medios empleados para sofocar el incendio se cuentan 35 aviones, de los cuales 24 fueron facilitados por una decena de países, incluido España.

De todos, el avión estrella de la jornada es un gigantesco Boeing 747 reconvertido en apagafuegos y alquilado a una empresa privada estadounidense porque puede transportar 76.000 litros de agua (16 veces más que un avión contra incendios normal) y trabajar de noche.

En las últimas horas ha rociado en múltiples viajes un líquido químico de color rojo que evita que las llamas vuelvan a resurgir, y que resulta altamente tóxico, por lo que la población ha sido llamada a permanecer en sus hogares.

El Gobierno español ha colaborado con cuatro hidroaviones y otro aparato con equipo y material de ayuda que aterrizaron esta tarde en la base aérea de Tel Nof, en el norte.

En total, una veintena de países han enviado ayuda aérea, equipos técnicos o dotaciones terrestres para participar en las labores de extinción.

El primer ministro, Biniamín Netanyahu, ordenó la suspensión de la llegada de nuevas misiones internacionales, en lo que se ha interpretado como una señal más del final del siniestro.

Netanyahu encabezó la reunión del Consejo de Ministros en la localidad de Tirat Carmel, situada cerca del incendio, donde aprobó un paquete urgente de medidas para rehabilitar y compensar a las comunidades afectadas e incluye 60 millones de shékels (12,37 millones de euros) para los concejos locales.

El fuego ha arrasado 5.000 hectáreas de gran valor ecológico, con cinco millones de árboles, según datos del Keren Kayemet LeIsrael (Fondo Nacional Judío).

La investigación inicial apunta a un caso de negligencia por parte de dos hermanos de 14 y 16 años del poblado druso de Usfiya, que se encuentran bajo arresto domiciliario.

Entretanto, muchos de los vecinos evacuados han comenzado a regresar a sus hogares, donde han encontrado un paisaje dantesco reducido a cenizas.

A lo largo de la jornada se han sucedido decenas de funerales en todo el país a consecuencia de las 41 víctimas que perdieron la vida cuando el autobús en el que viajaban quedó atrapado por las llamas. EFE

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