por: Moshé Rozén (Desde Nir Itzjak, Israel)

Balance 2010. Con la publicación del siguiente artículo, pondremos al alcance de nuestros lectores, una serie de notas que tendrán como eje presentar distintos balances políticos, económicos y culturales sobre diversos temas que -de una manera u otra- fueron fundamentales en el trajinar cotidiano del Oriente Medio durante este año 2010, que de a poco comienza a despedirse. A continuación el autor de este artículo, habitante de un kibutz muy cercano a la Franja de Gaza, narra los principales acontecimientos ocurridos en aquel problemático territorio durante este año, ofreciendo una serie de hipótesis para continuar con un debate que, lejos de agotarse, se complejiza con el paso del tiempo.

“…de repente me pregunto por qué tengo que contar esto, pero si uno empezara a preguntarse por qué hace todo lo que hace… mejor contar, quizá contar sea como una respuesta, por lo menos para alguno que lo lea.” Julio Cortázar
Las babas del diablo
Treinta y seis son los justos, dice la tradición judía, gracias a los cuales se sostiene el mundo, a pesar de los muchos malvados que andan dando vuelta por allí. Treinta y seis también son los años que vivo al lado de la Franja de Gaza. Muchos de nosotros, desde este lado, y los palestinos, cruzando la tranquera, están convencidos que en este mundo hay malvados -más de la cuenta- y justos -unos poquitos- pues así es la vida, coincidiendo inclusive con el gran poeta popular, Enrique S. Discépolo en su Cambalache. Hasta aquí hay acuerdo. Queda por decidir, vean ustedes, lo simple del asunto, quienes son los justos y quienes son los otros.

En estos treinta y seis años, sin embargo, uno aprende que no es tan así.

No vamos a sugerir todas las variantes, pero es sumamente probable que en esta película no hay ni ángeles ni demonios.

En aproximadamente 400 kilómetros cuadrados viven un millón y medio de habitantes. La mayoría son refugiados, o hijos, o nietos de refugiados árabes palestinos que se radicaron allí en el transcurso de los últimos 62 años.

El ingreso y la salida de Gaza está muy restringido por Israel, desde hace 15 años, como resultado de múltiples atentados suicidas, provenientes de esa zona, atentados que no llegaron a paralizar la normalidad cotidiana, pero causaron una importante cantidad de víctimas, incluyendo niños muertos o gravemente heridos.

O sea: decenas de miles de pobladores de Gaza que hasta entonces vivían de su trabajo en Israel, principalmente en el ramo de la construcción, perdieron gradualmente su fuente de sustento económico, añadiendo a su ya problemática condición de refugiados el status de gente desocupada y por ende -en no pocos casos- de masas de familias indigentes.

El 26 de octubre del 2004, el parlamento de Israel aprobó la denominada “desconexión territorial” de Gaza. El 15 de agosto del año siguiente, el ejército israelí desmanteló sus bases en Gaza y todos los poblados civiles instalados por colonos de Israel en esa región.

El 25 de junio de 2006, un ataque planeado en Gaza provocó muertos y heridos. Guilad Shalit, un joven israelí que realizaba su servicio militar en las cercanías del Kibutz Kerem Shalom, fue secuestrado y se encuentra todavía cautivo. Se desencadenó una guerra que tuvo otro epicentro no menos explosivo: el sur del Líbano.

Tras esta contienda, los grupos armados palestinos -de identificación islámica fundamentalista e integrista- prosiguieron acosando incansablemente a Eshkol, Shaar Haneguev, Sderot, distritos civiles del Neguev. Con apoyo político y logístico del régimen iraní, Gaza se convirtió en un gigantesco arsenal. De los cohetes de fabricación doméstica se pasó a misiles de mediano alcance y de cargas incendiarias.

Para frenar esa agresión, Israel desplegó, hace dos años; en diciembre de 2008, un vasto operativo militar, bautizado como “Plomo Fundido”.

2009 y 2010 registraron un descenso en la cantidad de ataques al Neguev, pero este hecho no implica una garantía de calma.

Las flotillas extranjeras y los túneles para suministro de armamento elevaron en el 2010 la tensión entre Israel y el Hamás.

Las habituales tormentas de arena, propias de las áridas planicies que circundan al desierto del Neguev, pueden convertirse en cualquier momento en tormentas de pólvora.

A menos que alcemos las miradas, nuestros vecinos y nosotros, arriba de nuestras heridas y tratemos de salir del círculo vicioso de recíproca destrucción. Para eso debemos abandonar subjetivas convicciones, acerca de justos y malvados ó ángeles y demonios, para sentarnos -de verdad- a dialogar. No hablo de paz, que es una palabra mayor. Se puede tratar la libertad de Guilad Shalit, como también negociar un mayor acceso de mercaderías a Gaza: no faltan temas. Pero por algo -que no sea otra represalia- se debe comenzar.

Nota Extraída de