Al hablar de Pesaj, se menciona que el omer era una medida de capacidad de unos cuatro litros, que se usaba para los cereales; y después de la ofrenda de un omer de cebada de la nueva cosecha en el Templo, quedaba permitido comer de los frutos de esa nueva cosecha. Y se iniciaba Sefirat Haomer, la “cuenta del omer” durante siete semanas, hasta culminar, en Shavuot, con la “Fiesta de las Primicias”. Hasta el día de hoy, entre Pesaj y Shavuot se lleva esta cuenta en un momento de la plegaria de la noche, mediante un texto especial y unas bendiciones que se intercalan en la oración vespertina.

Este período del omer, que como vemos en un principio guardaba un carácter principalmente agrícola, en tiempos muy posteriores (ya en la era común: a comienzos del siglo II) se tornó en época de luto.
El Talmud cuenta que ello se debe a una epidemia que diezmó a muchos miles de alumnos de Rabí Akiba, un sabio de aquellos tiempos. Pero lo cierto parece haber sido que estos alumnos, alentados por su maestro, y bajo la conducción militar de un guerrero llamado Bar Kojbá, promovieron en el año 132 d.C. una rebelión contra los romanos que ocupaban el país; movimiento que tras de algunos éxitos iniciales (que se celebran en Lag Baomer, como pronto veremos), acabó con una gran derrota y la consiguiente masacre que el general romano Julio Severo, enviado por el emperador Adriano, ejecutó con los judíos rebeldes, después de vencerlos pocos años después.
No olvidemos que el término hebreo maguefá no sólo significa “epidemia” sino también, al mismo tiempo, puede denotar una “derrota militar”.
Y tal como ya lo comentamos al hablar de la fiesta de Januca, nuestros sabios del Talmud quisieron evitar en el texto de este libro toda mención de rebeliones judías contra extranjeros invasores, porque ellos mismos estaban sufriendo pesadamente el yugo de los romanos, y también temían las eventuales delaciones de espías que llegasen a leer esos relatos.
Así, entonces, los días del omer posteriores a Pesaj se convirtieron en una época de luto: no se realizan casamientos (que evidentemente involucran alegría), muchos judíos se dejan crecer la barba y el pelo (como en tiempos de duelo por el fallecimiento de un familiar) y se evita cualquier acontecimiento auspicioso de aquellos que obligarían a pronunciar la bendición de Shehejeiánu (que ya vimos en el capítulo dedicado a Rosh Hashaná): el estreno de ropas nuevas, de un nuevo coche, de una vivienda, etc.
Excepción a estas reglas de luto es el día de Lag Baomer (o 33 del omer), en el cual, por eso, suele concentrarse la realización de muchos casamientos que quedaron “paralizados” por el luto. Y en menor grado, también el día de Rosh Jodesh o principio de mes, que cae en la época de la “cuenta del omer”.
Desde 1948 en adelante, por disposición de las altas autoridades rabínicas de Israel, se considera que también Iom Haatzmaut, el Día de la Independencia del Estado de Israel, es día de fiesta que interrumpe algunas de las normas de este duelo.
Lag Baomer: así se llama el día 33 de la cuenta del omer, que cae el 18 de Iyar (generalmente en mayo). Fecha que, como dijimos, interrumpe el luto de la época del omer (según el uso ashkenazí) o que le pone fin (según la costumbre sefardí).
La partícula Lag de este nombre se
compone de las letras lamed (que vale 30) y guimel (que indica 3), unidas por la vocal a. Se considera a Lag Baomer un poco como día de fiesta: en él se bendicen todos los casamientos que el luto de la época del omer impidió concertar anteriormente; los niños en Israel suelen prender por la noche grandes hogueras con maderas y cartones que venían juntando con ese propósito desde unos días antes; y en algunos sitios de la Diáspora, jóvenes judíos solían ir a ejercitar el uso de arcos y flechas en los bosques de los alrededores.
Y todo esto ¿por qué? El Talmud cuenta que en Lag Baomer dejaron de morir los alumnos del ya mencionado Rabí Akibá.
Los judíos aficionados a la Cábala -una doctrina esotérica del judaísmo- sostienen que es la fecha en que falleció Rabí Shimon Bar Iojai, un contemporáneo y alumno de Rabí Akibá, y presunto autor del libro místico Zohar (“Brillo”), uno de los textos básicos de esa doctrina. Rabí Shimon habría enseñado a sus alumnos que el día en que él muriera, no debería ser recordado con llanto y luto, sino evocado con cantos, bailes y alegría. El falleció en Lag Baomer, y entonces esta indicación del maestro se sigue cumpliendo hasta hoy con la Hiktlá o festejo de Rabí Shimon Bar Iojai, que reúne a miles de judíos en torno a su tumba, ubicada en el monte Merón, en la zona montañosa vecina a la ciudad de Tzfat o Safed, en la Galilea.
Pero la verdadera razón de ser de Lag Baomer sigue envuelta en la nebulosa del misterio. La afirmación talmúdica de que en esa fecha dejaron de morir los alumnos de Rabí Akibá, quizás lo vincula, como la época de luto, con la rebelión de estos jóvenes contra el invasor romano.
Lag Baomer habría sido – según algunos- algo análogo al Januca de tres siglos antes: el día en que las fuerzas de Bar Kojbá, engrosadas por esos alumnos de Rabí Akibá, lograron expulsar a los romanos siquiera transitoriamente de Jerusalén, y apoderarse de la ciudad (cuyo Templo ya había sido quemado por el romano Tito unas seis décadas antes).
Solo que la permanencia de Bar Kojbá y de sus tropas en Jerusalén y en algún otro territorio de Judea fue muy fugaz. Es cierto que nos quedaron hasta hoy, como restos arqueológicas, algunas monedas antiguas con inscripciones alusivas y hasta cartas autógrafas de Bar Kojbá que se han encontrado últimamente, y que se hallan expuestas en algunos museos de Israel. Pero a todo este episodio de la rebelión que posteriormente fracasó, nuestros sabios del Talmud prefirieron ocultarlo detrás de una cortina de humo, tal como lo hicieron también con Januca.
Y si bien Rabí Akibá honró al adalid militar con el nombre de Bar Kojbá (“Hijo de la Estrella”) haciendo alusión a un pasaje bíblico donde leemos que “despuntó una estrella de Jacob” (Bamidbar Números 24.17), otros rabinos contemporáneos suyos prefirieron llamarlo por su nombre natural, Bar Kosiba (“hijo del pueblo Kosiba”), o incluso por uno denigrante, Bar Koseba, “hijo del engaño”, porque encabezó un movimiento utópico que culminó con una cruel matanza de judíos.
Pero el pueblo judío no deja de llamarlo con orgullo Shimon Bar Kojba, así como deja de festejar hasta hoy el día de Lag BaOmer …aunque no se sepa a ciencia cierta el motivo exacto de la celebración.

Del libro “Fiestas y tradiciones judías”, del profesor Heriberto Haber z”l, editado por la Editorial Aurora.

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