El pulso entre el parlamento iraní y el presidente, Mahmud Ahmedinejad, ha recrudecido en los últimos días, en los que el mandatario ha perdido importantes batallas y ha visto como aumenta la presión alrededor de sus colaboradores más estrechos.

Esta situación ha multiplicado los rumores en torno a un posible juicio político al propio Ahmedinejad, embarcado desde el inicio de su segundo mandato en una dura lucha por los límites del poder con la Cámara.

Pero aunque los expertos apuntan que la posición del presidente parece haberse debilitado, pocos creen que el polémico mandatario no vaya a concluir su mandato.

El último porrazo lo sufrió al negar la Asamblea el voto de confianza a Hamid Sajjadí, el hombre que había elegido para dirigir el nuevo ministerio de Juventud y Deportes, cuya creación ha sido objeto también de agria polémica.

Sajjadí está considerado un político cercano al entorno del mandatario y del controvertido jefe de la oficina presidencial, Esfandiar Rahim Mashaí, a quien parte de la casta clerical y diputados del ala conservadora acusan de querer minar el poder de los clérigos.

Algunos de ellos han ido más allá, e incluso han acusado a Mashaí, cuya hija está casada con un hijo del presidente, y a su círculo más cercano de haber embrujado al mandatario.

Antiguo miembro de los servicios de Seguridad, el consuegro de Ahmedinejad ha levantado una oleada de críticas entre los tradicionalistas al potenciar una política nacionalista y poner en entredicho políticas de Estado como la beligerante relación con Estados Unidos o los lazos con Israel.

Otro de los aliados más íntimos del presidente, el ministro de Asuntos Exteriores, Alí Akbar Salehí, salvó esta semana un voto de confianza de la Cámara, que pidió su procesamiento por su decisión de nombrar viceministro a un hombre, Muhamad Sharif Malekzadeh, al que se acusa de varios delitos.

Aunque la forzada dimisión de Malekzadeh parece haber atemperado las aguas, desde la presidencia del Parlamento se ha recordado que el proceso de juicio político contra Salehí puede seguir su curso, si así lo deciden los 33 diputados firmantes de la petición.

Además, algunos miembros de la Cámara han vaticinado también que no
se dará la conformidad para la fusión en dos nuevas carteras de los ministerios de Petróleo y de Energía, y los de Trabajo y Bienestar, como ambiciona el Ejecutivo.

El proyecto, que es una de las medidas estrella del presidente para reformar el Gobierno, pretende reducir de 21 a 17 las carteras y está incluido en el plan quinquenal de desarrollo aprobado en 2010.

El Parlamento ya bloqueó y retrasó, meses atrás, la otra gran apuesta de Ahmedinejad, su polémico plan para la supresión de los subsidios estatales y su sustitución por ayudas directas a la población, que finalmente fue aprobado gracias a la intervención del líder supremo de la revolución, ayatolá Alí Khameneí.

Sin embargo, parece que la confianza entre la máxima autoridad del Estado, que tiene la última palabra en los asuntos del país, y el jefe del Ejecutivo atraviesa, asimismo, por un periodo de frialdad.

Las presuntas disensiones salieron a la luz el pasado 17 de abril, a causa de la dimisión -al parecer forzada- del ministro de Inteligencia, Heydar Moslehí, único clérigo en el gabinete.

Apenas dos horas después de que la prensa oficial se hiciera eco de su marcha, el propio Khameneí ordenó que Moslehi fuera recolocado en su puesto.

Durante los nueve días siguientes, el país se sumió en una crisis política, con el presidente ausente de la vida pública en un aparente pulso.

Según páginas web opositoras como Ayandé, fue una supuesta amenaza del propio Khameneí al mandatario la que puso punto y aparte a una contienda que de acuerdo con expertos iraníes afecta a los pilares del sistema teocrático.

En este ambiente, los rumores de una posible recusación de Ahmedinejad, que recorren la capital desde hace semanas, tomaron cuerpo en unas declaraciones divulgadas por la página web Khabaronline.

Según el sitio conservador, que citaba palabras atribuidas al influyente parlamentario Ali Motahari, algunos de sus compañeros estarían ya estudiando la moción de censura del presidente, que podría estar lista en pocas semanas.

“Un posible juicio político haría entrar a Irán en una nueva fase”, explica a un diplomático europeo que prefiere no ser identificado.

“Ahmedinejad fue elegido con el beneplácito de Khameneí entre multitudinarias protestas populares que fueron reprimidas con violencia”, recuerda. EFE

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