La pequeña y apacible Noruega se vio ayer convulsionada por un doble atentado que sacudió la cómoda vida de sus habitantes y provocó decenas de muertos: la policía señala que hubo al menos 80, pero medios de prensa –citando a testigos– elevaron las víctimas de la masacre a 87 por lo menos. El ataque coordinado contra el corazón del país comenzó con una explosión –se supone que un coche bomba, aunque no está confirmado– en pleno centro de Oslo, donde se concentran los edificios públicos. El segundo tuvo lugar en una isla cercana donde se realizaba un campamento veraniego de jóvenes del gobernante partido socialdemócrata: un hombre con un fusil automático les disparó a mansalva y fue detenido.
Fuentes oficiales dijeron que es el peor ataque al país desde la Segunda Guerra Mundial. En un primer momento, el grupo islámico Ansar Al Jihad Al Alami se adjudicó los ataques como respuesta a la presencia de Noruega en Afganistán. Resultó verosímil porque ese país integra la OTAN y conformó las fuerzas de la coalición que invadieron territorio afgano. Pero el grupo luego se retractó en un foro de Internet. La policía, por su parte, consideró que los autores fueron “movimientos locales antisistema”, en referencia a grupos nacionalistas de ultraderecha, con lo que se desinflaron las sospechas hacia el terrorismo internacional. Inclusive el atacante de la isla es un noruego.
Los atentados hicieron temer por la vida del premier Jens Stoltenberg, quien tuvo que salir a hablar a los pocos minutos para demostrar que estaba bien. El edificio del centro de Oslo donde tiene sus oficinas fue uno de los más afectados por la explosión, pero no se encontraba allí en ese momento. En declaraciones a la TV local, afirmó que habrá una “reacción decidida” contra los autores de los atentados. “Emplearemos todas las fuerzas de las que disponemos para protegernos”, sostuvo.
El barrio donde estalló la bomba de gran poder –pasadas las 15.20– alberga varios ministerios y la redacción de Verdens Gang (VG), un diario de gran tirada. La detonación produjo daños en 150 metros a la redonda. Hubo escenas de pánico en las calles, con personas corriendo, algunas ensangrentadas. Allí se contaron 7 muertos y decenas de heridos.
Como es un barrio céntrico, suele haber mucha gente. Pero en este caso no fue así porque es un período de vacaciones en el que la gente sale de la ciudad. La bomba era de gran poder porque las oficinas del primer ministro y virtual sede del gobierno –un edificio de 17 pisos– y otros cercanos, como el ministerio de Energía y Petróleo, quedaron muy dañados y las veredas llenas de vidrios. El sector fue acordonado mientras perros adiestrados peinaban la zona en busca de otros posibles artefactos.
Una de las primeras medidas que adoptó el gobierno fue suspender la aplicación del acuerdo de Schengen, que garantiza la libre circulación de los ciudadanos dentro de la Unión Europea.
Dos horas después de este atentado, un hombre vestido con overol azul –y sobre el cual había puesto el escudo de la policía noruega– ingresó al campamento juvenil del partido socialdemócrata que tenía lugar en la isla de Utoya, sobre un lago ubicado a unos 40 km de Oslo, y con un fusil automático acribilló a todo el que se le cruzaba. En el predio se habían concentrado entre 500 y 600 seguidores del partido gobernante.
El atacante irrumpió en el lugar argumentando que venía a protegerlos luego del atentado en el centro. Según varios testimonios, cuando comenzó a disparar muchos jóvenes intentaron ponerse a salvo escapando a nado del lugar. Por eso, muchos de los cuerpos de las víctimas quedaron esparcidos en la playa o flotando en la costa.
La policía dijo primero que eran 10 los muertos en la isla, pero su vocero Are Frykholm confirmó luego que “al menos 80 personas están muertas”. Las fuerzas de seguridad aislaron completamente la isla y enviaron unidades especiales transportadas con helicópteros.
Poco después se informó del arresto del hombre que disparó. Su nombre –según se informó al cierre de esta edición– es Anders Behring Breivik. También anoche las cadenas de televisión locales señalaban que habían sido hallados también paquetes con explosivos en la isla.
El premier noruego pidió calma a la población y dijo que “los terroristas lo que quieren es asustarnos”. Sin duda lo lograron, porque anoche la apacible Oslo parecía una zona de guerra, con edificios destruidos y fuerzas de seguridad por todos sus rincones.

Extraído de Clarin.com

Anuncios