Un llamado a los pueblos libres
Por Samuel Auerbach, desde Netania, Israel.

A partir del 21 de septiembre, los pueblos libres del mundo tendrán la posibilidad de votar en las Naciones Unidas por un “sí” o un “no” a la moción de la Autoridad Palestina tendiente a crear un Estado palestino en el Medio Oriente, en los territorios de la Cisjordania, dentro de las fronteras del año 1967.

Antes de la votación considero un deber el hacer recordar a los países libres cuál fue el motivo que llevó a la Autoridad Palestina a alejarse de las tratativas con Israel, las que -en común acuerdo mediante inteligentes renunciamientos por ambas partes- podrían llevar al mismo fin en forma pacífica.
El pretexto que presentó al mundo fue la negativa israelí de postergar los planes de construcción en territorios cuya propiedad no estaba definida.

Nadie niega que dichas construcciones constituyen un factor negativo en el proceso de paz, pero es inadmisible que sirvan como pretexto para no reiniciarlo.

Mahmoud Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina, con seguridad recuerda que en muchas ocasiones Israel desmanteló no sólo viviendas, sino también exitosas industrias para lograr la paz que tanto anhela y que nunca dijo que no haría lo mismo en caso de un acuerdo de paz, como lo aseguraron varios primeros ministros israelíes, inclusive el actual, cuando le dijeron a su pueblo que debe estar preparado para “dolorosas concesiones”.

Un “sí” significaría, indiscutiblemente, el recrudecimiento inmediato de la violencia, con justificadas posibilidades de guerra entre ambos: el nuevo país exigirá la remoción de toda presencia israelí en su territorio; Israel, por su parte, exigiría los territorios que considera necesarios para garantizar su defensa.
Pero no sólo eso sucedería.

Si está bien claro que el motivo presentado por los palestinos para abandonar las conversaciones de paz no tiene validez, es natural pensar que la creación del Estado palestino no es su único fin.
Los pueblos libres del mundo deben ver que la moción a presentar en las Naciones Unidas responde también a otra intención no declarada y es la de abrir otro frente que colaborará con Hamas -con el que acaba de reconciliarse- en el Sur, con Hizballah en el Norte y con el resto del islamismo mundial en su guerra santa por tomar todo el territorio de Israel.

Es decir, votar por un “sí” es colaborar para borrar del mapa a Israel, deseo muchas veces proclamado por los árabes.

Un “no” es invitar a los palestinos a volver a la mesa de negociaciones.
Creo que está de más aconsejarles a los pueblos libres del mundo cómo deben votar en las Naciones Unidas desde el 21 de septiembre.
Fuente Osa

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