Simón Deng, un ex-esclavo del sur de Sudán que de niño fue llevado por un vecino al norte de Sudán, en donde reina el islamismo, dio este apasionado discurso en la Durban Watch Conference en Nueva York.

Quiero agradecer a los organizadores de esta conferencia, Los Peligros de la Intolerancia Global. Es un gran honor y un privilegio para mí estar entre los distinguidos oradores de hoy.
Vine aquí como amigo del Estado de Israel y del pueblo judío. Vine a manifestarme en contra de esta Conferencia de Durban, que está basada en un conjunto de mentiras. Está organizada por las mismísimas naciones que son culpables de los peores tipos de opresión.
No ayudará a las víctimas del racismo. Sólo se concentrará y aislará al Estado judío. Es una herramienta de los enemigos de Israel. La ONU misma se ha convertido en una herramienta en contra de Israel. Por más de 50 años, el 82 por ciento de las reuniones de emergencia de la Asamblea General de la ONU han sido para condenar a un solo Estado: Israel. Nada hubiese puesto a Hitler más feliz.
La Conferencia de Durban es una atrocidad. Todas las personas decentes lo saben.
Pero amigos, vengo hoy aquí con una idea radical. Vengo a decirles que hay pueblos que sufren por el anti-israelismo de la ONU incluso más que los propios israelíes. Yo pertenezco a uno de esos pueblos.
Por favor escúchenme.
Al exagerar el sufrimiento palestino, y culpar a los judíos por él, La ONU ha silenciado el llanto de quienes sufren a una escala mayor.
Por más de 50 años, la población indígena de raza negra de Sudán, cristianos y musulmanes por igual, han sido víctima de los brutales y racistas regímenes musulmanes en Jartum.
En el sur de Sudán, mi tierra natal, cerca de 4 millones de hombres, mujeres y niños inocentes fueron masacrados entre 1955 y 2005. Siete millones fueron objeto de una limpieza étnica y se convirtieron en el grupo de refugiados más grande desde la Segunda Guerra Mundial.
La ONU está preocupada por los denominados refugiados palestinos. Dedicaron una agencia separada para ellos, y son tratados con un privilegio especial.
Mientras tanto mi pueblo, que es objeto de una limpieza étnica y está siendo asesinado y esclavizado, es relativamente ignorado. La ONU se niega a decirle al mundo la verdad sobre las causas reales de los conflictos en Sudán. ¿Quién sabe realmente lo que está ocurriendo en Darfur? No es simplemente un “conflicto tribal”.
La raíz de este conflicto es colonialismo árabe, bien conocido en el norte de África. En Darfur, una región del oeste de Sudán, son todos musulmanes. Todos son musulmanes porque los árabes invadieron el norte de África y convirtieron al pueblo indígena al islam. Para los islamistas de Jartum, los nativos de Darfur no son lo suficientemente musulmanes. Pero ellos no quieren ser arabizados. Ellos aman sus lenguajes, sus vestimentas y sus costumbres africanas. ¡La respuesta árabe es el genocidio! Pero en la ONU nadie dice la verdad sobre Darfur.
En las montañas de Nubia, otra región de Sudán, están matando gente ahora mismo, mientras estoy hablando. El régimen islamista en Jartum apunta a los africanos de raza negra (musulmanes y cristianos). En la ONU nadie ha dicho la verdad sobre las montañas de Nubia.
¿Han oído a la ONU condenar el racismo árabe en contra de los africanos de raza negra?
Lo que encuentras en las páginas del New York Times, o en el registro de las condenas de la ONU, son “crímenes israelíes” y sufrimiento palestino. Mi pueblo ha sido desplazado de la primera página por las exageraciones sobre el sufrimiento palestino. Occidente considera que lo que hace Israel es un pecado. Pero la verdad es que el pecado real ocurre cuando el occidente nos abandona a nosotros: las víctimas del apartheid árabe-islámico.
En Sudán, la esclavitud fue practicada por siglos. Fue revivida como un arma de guerra a principio de la década del 90. Jartum declaró la jihad en contra de mi pueblo, y esto legitimó la toma de esclavos como botín de guerra. Las milicias árabes fueron enviadas para destruir las aldeas del sur, y fueron alentadas a tomar mujeres y niños africanos como esclavos. Creemos que unas 200.000 personas fueron secuestradas, traídas al norte y vendidas como esclavos.
Yo soy una prueba viviente de este crimen en contra de la humanidad.
No me gusta hablar sobre mi experiencia como esclavo, pero lo hago porque es importante que el mundo sepa que la esclavitud aún existe.
Tenía sólo nueve años cuando un vecino árabe llamado Abdulah me engañó para que yo lo siguiera hasta un bote. El bote terminó en el norte de Sudán, en donde me ofreció como obsequio para su familia. Fui su esclavo durante tres años y medio, viviendo lo que ningún niño debería vivir: palizas brutales y humillaciones; trabajar día y noche; dormir en el piso con los animales; comer las sobras de la familia. Durante esos tres años no podía decir no. Todo lo que podía decir era sí, sí, sí.
La ONU sabía sobre la esclavitud en el sur de Sudán a manos de los árabes. Su propio personal lo reportó. A la UNICEF, bajo presión del Grupo Americano en Contra de la Esclavitud (que es liderado por judíos), le llevó 16 años reconocer lo que estaba ocurriendo. Quiero agradecerle públicamente a mi amigo, el Dr. Charles Jacob, por liderar la lucha en contra de la esclavitud.
Pero el gobierno de Sudán y la Liga Árabe presionaron a la UNICEF, y la UNICEF retrocedió y comenzó a criticar a los que trabajaban para liberar esclavos sudaneses. En 1998, el Dr. Gaspar Biro, el valiente reportero especial de la ONU sobre los Derechos Humanos en Sudán, que informaba sobre la esclavitud, renunció como protesta ante las acciones de la ONU.
Amigos míos, hoy, decenas de miles de sudaneses de raza negra del sur siguen sirviendo a sus amos en el norte, y la ONU no dice nada. Ofendería a la Organización de Países Islámicos y a la Liga Árabe.
Como ex-esclavo, y víctima de la peor clase de racismo, permítanme explicar porqué pienso que decir que Israel es un estado racista es absolutamente absurdo e inmoral.
He ido cinco veces a Israel, a visitar a los refugiados sudaneses. Déjenme contarles cómo fue que ellos terminaron allí. Son sudaneses que huyeron del racismo árabe, esperando encontrar refugio en Egipto. Se equivocaron. Cuando las fuerzas de seguridad egipcias asesinaron a 26 refugiados que estaban protestando contra el racismo egipcio en El Cairo, los sudaneses se dieron cuenta que el racismo árabe en Jartum y en el Cairo era lo mismo. Necesitaban refugio, y lo encontraron en Israel. Esquivando las balas de las patrullas egipcias de la frontera, y caminando distancias muy largas, la única esperanza de los refugiados era llegar al lado israelí, donde sabían que estarían a salvo.
Musulmanes negros de Darfur eligieron Israel por sobre todos los otros estados árabes-musulmanes del área. ¡¿Saben lo que eso significa?! ¡¿Y los árabes dicen que Israel es racista?!
En Israel, los sudaneses de raza negra, tanto cristianos como musulmanes, fueron bienvenidos y tratados como seres humanos. Vayan ustedes mismos y pregúntenles, así como lo he hecho yo. Me dijeron que, comparado con la situación en Egipto, Israel es el “paraíso”.
¿Es Israel un estado racista? Para mi pueblo, el pueblo que sabe de racismo, la respuesta es: ¡absolutamente no! Israel es un estado de gente que tiene los colores del arcoíris. Los mismos judíos son de todos los colores, incluso negros. Encontré judíos etíopes en Israel. Hermosos judíos negros.
Entonces, sí… vine hoy aquí para decirles que el pueblo que más sufre por la política anti-israelí de la ONU no es el pueblo judío, sino todas las minorías que la ONU ignora para exponer su gran mentira en contra de Israel: nosotros, las víctimas del abuso árabe musulmán: mujeres, minorías étnicas, minorías religiosas, homosexuales, en el mundo árabe musulmán. Esas son las peores víctimas del odio de la ONU en contra de Israel.
Mira la situación de los coptos en Egipto; de los cristianos en Iraq, Nigeria, Irán, los hindúes y los baháis que sufren la opresión islámica. Los sikhs. Nosotros -una colorida coalición de diferentes grupos de víctimas que nos hemos transformado en el blanco de la Jihad- todos sufrimos. Somos ignorados, somos abandonados. Y todo para que la gran mentira en contra de los judíos pueda continuar.
En el 2005, visité uno de los campos de refugiados en el sur de Sudán. Conocí a una nena de 12 años que me contó su sueño. En su sueño, ella quería ir a la escuela y ser doctora, y luego, quería visitar Israel. Me quedé pasmado. ¿Cómo esta niña refugiada, que pasó la mayor parte de su vida en el norte, sabe sobre Israel? Cuando le pregunté por qué quería visitar Israel, dijo: “Ellos son nuestro pueblo”. Nunca antes pude encontrar una respuesta a mi pregunta.
El 9 de enero de 2011, el sur de Sudán se convirtió en un Estado independiente. Para los sudaneses del sur eso significa la continuación de la opresión, la crueldad, la demonización, la islamización, la arabización y la esclavitud.
Del mismo modo, los árabes continúan negándole a los judíos el derecho a la soberanía sobre su tierra patria, y la Conferencia Durban III continúa negando la legitimidad de Israel.
Como amigo de Israel, les traigo la noticia de que mi presidente, el presidente de la República de Sudán, Salva Kiir, declaró públicamente que la embajada de Sudán del Sur en Israel será construida – no en Tel Aviv, sino en Jerusalem, la eterna capital del pueblo judío.
También quiero asegurarles que mi propia nación recién formada, y toda su gente, se opondrán a los foros racistas como Durban III. Nos opondremos simplemente diciendo la verdad. Nuestra verdad.
Mis amigos judíos me enseñaron algo que les quiero decir ahora. AM ISRAEL JAI. ¡El pueblo de Israel vive!

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