El soldado Gilad Shalit decidió dejar de comer en cautiverio hasta llegar a un estado de desnutrición tal, poniendo en peligro su vida, afirma un reporte del periódico Yediot Aharonot.

Según el informe, la huelga de hambre de Shalit forzó al grupo terrorista islámico Hamás a adelantar su liberación, al temer por su vida.

Una fuente de inteligencia declaró al rotativo que “había quienes entre Hamás que temían que las condiciones extremas a las que estaba sometido les impedirían ofrecerle la ayuda necesaria y podría morir”, y por lo tanto aceptaron un compromiso sobre los detalles del intercambio de prisioneros.

El informe también revela que Shalit tenía heridas producidas por las esquirlas que penetraron en su cuerpo durante el secuestro y que milagrosamente no ingresaron en sus órganos vitales. Las esquirlas fueron extraídas por los médicos israelíes tras su liberación, y las heridas eventualmente curaron.

Los nuevos detalles revelado por Yediot Aharonot indican que los secuestradores no torturaron a Shalit, más allá de golpes que no dejaron lesiones permanentes.

Irán y Hamás nutrieron a la inteligencia
israelí con información falsa sobre el paradero de Shalit. Israel estuvo considerando la posibilidad de lanzar una operación de rescate en una vivienda del norte de la franja de Gaza donde se suponía que estaba el soldado secuestrado. Sin embargo, pronto descubrió que se trataba de una trampa. La casa estaba vacía y atestada de explosivos.

La inteligencia israelí no pudo detectar el lugar en el que se encontraba Shalit debido a la compartimentación de las células de Hamás

Shalit fue custodiado por cuatro operativos del grupo fundamentalista islámico Hamás que fueron traídos desde el exterior para la misión secreta. Los cuatro operativos extranjeros no fueron reemplazados, en ningún momento, durante el cautiverio de Gilad. “Los cuatro guardias básicamente se condenaron a ellos mismos a las mismas condiciones a las que Gilad fue encarcelado”, señaló la fuente de inteligencia.

La fuente indicó al periódico que Shalit no estuvo en la oscuridad total, en su celda situada en un sótano, sino que un pequeño haz de luz atravesaba las ventanas cubiertas con paneles.

La semana pasada, el abuelo, Zvi Shalit, le dijo al primer ministro que “Gilad ha recuperado su peso y está volviendo a la normalidad, exactamente como antes”.

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