Durante casi dos décadas, no muy lejanas, formaban una ‘pareja enamorada’. Con relaciones completas. Hasta febrero de 1979, Irán e Israel exhibían una amistad que incluía colaboración comercial, lazos políticos y cooperación de sus servicios secretos. La Revolución Islámica liderada por el ayatolá Jomeini convirtió el amor alimentado por el padrino estadounidense en un hostil desencuentro que vive hoy una tensión atómica.
Esta alianza de intereses (frente a los países árabes) entre Israel y el régimen del ‘sha’ Mohamad Reza Pahlevi terminó hace exactamente 33 años. Jomeini fue de los primeros en proclamar que “la entidad sionista es enemigo del islam”. El ‘Pequeño Satán’ hacía compañía al ‘Gran Satán’ (EEUU) en unos discursos que no han cambiado mucho desde entonces.
“Aunque Israel hubiese querido, era imposible acercarse al nuevo régimen de Jomeini que declaró que Israel no tenía derecho a existir”, nos dice el ex jefe del Mosad Efraim Halevy, recordando que es un mensaje parecido al del actual presidente Mahmud Ahmadineyad (“hay que borrar a Israel del mapa”).
Enfrascados hoy en una guerra nada secreta, Irán e Israel se aproximan a un duelo militar en torno al proyecto nuclear del primero. Un escenario con tonos apocalípticos, ya que un ataque israelí provocaría la represalia de Irán -que dice que su programa nuclear es civil- y sus ‘brazos’ Hizbulá, Hamas y Yihad.
Pero hubo una época en la que las relaciones no se medían con amenazas, asesinatos de generales o científicos nucleares iraníes y atentados contra embajadas israelíes en el mundo.
Dato simbólico
Ya nadie se acuerda que en 1978 importantes constructoras de Israel trabajaban en Irán y una décima parte de la exportación israelí se destinaba a este país. Un dato aparentemente normal resume esos días: un Boeing 707 de la compañía israelí EL AL hacia cada día el trayecto Tel Aviv-Teherán.
Ya nadie se acuerda de que Israel ofreció al ‘sha’ su ayuda para la construcción de una planta de energía nuclear. Cuando el régimen empezó a tambalearse en el 78, expertos israelíes enviados a Irán para asesorar en la fabricación de misiles tuvieron que abandonar el país.
En el centro de la capital iraní, el colegio llamado Ben Gurion era dirigido por profesores llegados de Israel. Hoy la única presencia israelí en Teherán son sus banderas quemadas en las manifestaciones del régimen del ayatolá Ali Jameini.
“No todos los iraníes somos anti-israelíes. Muchos queremos ser amigos de Israel, Estados Unidos y otros países prohibidos por el régimen fundamentalista que nos reprime”, afirma Amir Abbas Fakhravar, opositor iraní que, tras ser detenido y torturado, consiguió huir a Estados Unidos. Palabras efectuadas esta semana en su primera visita a Israel.
En vísperas de la revolución chií, más de 1.500 israelíes vivían en tierras persas, mayormente arquitectos, ingenieros, agrónomos y, cómo no, agentes del Mosad. En agosto del 78, Eliezer Zafrir aterrizó sin saber que acabaría siendo el último responsable de los servicios secretos en Irán. “Era agradable vivir en Teherán y en un país con parámetros geográficos impresionantes. Por un lado, nieve en las montañas y, por otro, el desierto”, explica, reconociendo una obviedad: el régimen del ‘sha’ no era democrático. “En su entorno más cercano, personas muy corruptas se hicieron ricos gracias a contratos con el extranjero. Pero, viendo lo que ha pasado, todo lo que era malo con el ‘sha’ ha sido mucho peor con el régimen islámico”, comenta.

Recuerdos en primera persona
Zafrir vivió ‘in situ’ manifestaciones, huelgas y protestas contra el ‘sha’. Tras la llegada de Jomeini (1 febrero) y la proclamación del nuevo régimen, 33 israelíes seguían en Teherán refugiados en sus casas hasta su evacuación secreta.
En declaraciones al diario ‘Maariv’ (2008), Zafrir explica por qué no mataron a Jomeini, como le pidió el primer ministro iraní, Shapur Bajtiar. “Efectivamente, recibimos presiones para que lo hiciéramos, pero las órdenes desde Israel eran rotundas. Se trataba de asuntos internos de otro país. No podíamos inmiscuirnos”.
El Mosad se negó y quizás, como insinúa Zafrir, se arrepiente. Israel no sólo perdió a su principal aliado, sino que éste se convirtió en su pesadilla.
Un total de 33 años después, es una utopía pensar en un vuelo de EL AL a Irán. Parece más factible uno de F-16 contra las instalaciones nucleares iraníes.EL MUNDO.ES

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