En enero se realizó en Israel la cuarta asamblea del Movimiento Kibutziano, que reúne a 257 kibutzim: allí se debatió acerca de las transformaciones, los nuevos desafíos y el futuro del kibutz pasados los fatídicos años ’90, su responsabilidad ante la sociedad en su conjunto y su vínculo con las demandas de justicia social que emergieron con el movimiento de los indignados.
Por Marc Levy*

El Movimiento Kibutziano se creó en 2006 con la fusión de los dos principales movimientos históricos del kibutz -Takam y kibutz Artzi-, un proceso que se inició en el año 2000. Se trata de una unificación, que en comparación con el enfoque de colaboración que existía hasta entonces, tiene un significado político y moral de alto alcance. En un proceso de colaboración cada uno continuaba con su identidad, mientras que en la unión hay un renunciamiento. Puede decirse que la unificación responde a una clara decisión de elegir un camino para fortalecer la lucha sectorial (lucha por los intereses), a expensas de la dimensión ideológica.
Esto se puede entender teniendo en cuenta que los años ’90 estuvieron marcados por la profunda crisis económico-social de los kibutzim, que amenazó la continuidad de más del 60% de ellos. Fueron años de una crisis existencial que afectó a los miembros del kibutz, especialmente los jóvenes, en grandes cantidades.

Los kibutzim se debilitaron, hubo una sensación de “sueño roto”. Estos fueron años de lucha en contra de los funcionarios estatales (en especial del Ministerio de Hacienda) y los bancos para resolver el problema de la deuda acumulada (18 mil millones de shekels en moneda de hoy). No es de extrañar que se haya intensificado el deseo de unirse para defender las necesidades del kibutz, la periferia y el Consejo Regional contra un Estado controlado por la nueva élite, totalmente distinto a aquel fundado por los pioneros, basado en la centralidad del trabajo. Esta nueva élite, que controla el país, sigue siendo liberal, de derecha, urbana, con socios en el mundo religioso, con una filosofía muy diferente a la del kibutz.

El kibutz del siglo XXI
¿De qué se habló en la cuarta asamblea? Hubo dos cuestiones centrales: el primer grupo abordó el “carácter del futuro kibutz ” a la luz de los cambios en los procesos que ocurrieron en más del 70% del movimiento kibutziano en la última década (2002-2012). Estos cambios son el proceso de privatización y la transferencia de la responsabilidad por los ingresos a los miembros del kibutz, es decir salarios diferenciados que van directamente a los miembros, en comparación con el modelo clásico, en que el ingreso iba al kibutz y el miembro recibía un presupuesto acorde a sus necesidades.

El segundo tema fue “la sociedad israelí y el lugar del kibutz como una influencia de gran alcance”: podemos decir que después de una década de compromiso en la lucha por la supervivencia del kibutz, pensamos que es necesario volver a ser activos en la participación social. En el pasado llamamos a esto: ¡El kibutz como hogar y como camino!

¿Cuáles fueron los resultados de los debates de la asamblea sobre estos dos temas? Es difícil resumir en un número de líneas la discusión que se prolongó durante todo un día, ocho conferencias de discusión y más de 350 miembros; sin embargo, trataré de especificar los puntos salientes que se decidieron.
Fue aceptada por la mayoría de los miembros del comité la conexión directa que existe entre los procesos internos del kibutz y los que ocurren en la sociedad israelí, en particular con respecto a la exigencia que se apoderó del debate público en Israel el verano pasado bajo el lema “el pueblo exige justicia social”.

En realidad podemos decir que el fenómeno del verano boreal pasado en el mundo, y en particular en Israel, ha renovado la importancia de la lucha por un Estado de Bienestar genuino, social-democrático y en la lucha simultáneamente contra los peligros del capitalismo. ¡Su Majestad se basa en las fuerzas del mercado!

La asamblea acordó que el fortalecimiento de los elementos de la confianza mutua, la solidaridad, el compañerismo basado en la responsabilidad mutua de la educación, la cultura y la preocupación por las personas con necesidades especiales, es también válido para el kibutz privatizado, como lo es para el kibutz colectivista. Esto se ve reflejado en temas tales como la importancia de la tributación progresiva, del gasto público, del trabajo responsable de toda la población, el establecimiento de una barra de equilibrio social, una pensión justa, el control de la asociación cooperativa (colectiva) de los medios de producción, el ahorro de los activos de agrupación de la asociación cooperativa y más …
El nuevo Kibutz quiere reforzar la independencia de los miembros y el fortalecimiento de la iniciativa personal, lo que reduce el sentimiento de dependencia; sin embargo, también se plantea mantener la dimensión de la solidaridad social a través de modelos de estado de bienestar real y sostenible.

¿Qué se decidió en términos de participación de los kibutz en la sociedad israelí? Los miembros han señalado aquí la dificultad de una posición común sobre temas políticos, más allá de declaraciones generales, tales como la lucha por la paz, el reconocimiento del principio de dos estados para dos pueblos y otros. Pero, evidentemente, todavía hay discusiones en torno al “precio a pagar” para promover estos objetivos.
En comparación con la cuestión política, hay un movimiento importante que detecta una oportunidad, después del verano pasado, para compartir la lucha por una sociedad más justa y solidaria y recuperar la pelea por el cambio en el orden social-económico del Estado. Por cambiar la actitud de la sociedad y no conformarse con las buenas obras, filantrópicas (sin que ello implique menospreciarlas), pelear por la dignidad humana y el empoderamiento de la sociedad israelí en toda su población. Por todo esto, el kibutz debe ser el modelo para el bienestar de la sociedad, democrática, respetando a todos sus miembros.

Es un gran reto. La gran mayoría de los kibutzim ha superado la crisis existencial de los ‘90, por lo que hoy puede y debe volver a ser una sociedad movilizada y relevante. No tengo ninguna duda de que el hacerlo incluso fortalece al kibutz, al ser una fuente de atracción y absorción de nuevas personas, y de nuestros niños y jóvenes, que aspiran a una vida con sentido.

*Director General del Movimiento Kibutziano.

Extraído de Nueva Sión

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