por Israel Rutman
para Aish Latino

Yo no ansiaba entrevistar al Dr. Rajamim Melamed-Cohen, el enfermo terminal más famoso de Israel.
Yo estaba reacio a visitar a alguien que sufre de esclerosis lateral amiotrópica (o mal de Lou Gehrig), que está paralizado de su cuello hacia abajo y que sólo está esperando la muerte.
Ese fue mi error. Melamed-Cohen no está esperando la muerte. Al contrario, él recibe a sus visitantes con un semblante alegre y con una lista de proyectos que fatigaría a cualquier persona con buena salud y con la mitad de sus sesenta y cinco años.
Aunque está confinado a una silla de ruedas, el ex supervisor nacional de programación educacional para el departamento de educación de Israel rebosa de inteligencia, humor, y una energía creativa asombrosa. En los dos últimos años, después de haber sido conectado a un equipo de mantenimiento vital, ha escrito dos libros sobre métodos educacionales y tiene tres más en camino, uno de ellos sobre el tema de la eutanasia. Él también da clases, recibe grupos de visitas constantemente y sigue el Daf Iomí, un desafiante régimen diario de estudio de Talmud que realizan muchos judíos a lo largo de todo el mundo.
¿Cómo hace el Dr. Melamed-Cohen para superar el dolor y la desesperanza que ha llevado a otras víctimas de enfermedades incurables a considerar el suicidio?
La ‘auto-definición’ es gran parte de ello. Como él explica, “Yo no me defino a mí mismo como ‘enfermo’, o como ‘paciente’. Sino que, soy un ser humano que tiene una enfermedad, y que recibe tratamiento. El término ‘enfermo’ connota alguien que yace en la cama pasivamente y no hace nada. Yo hago muchas cosas, y además, tengo una enfermedad”.
“Yo no estoy terminalmente enfermo, no más que cualquier otro que eventualmente va a morir. Ya hace ocho años que los doctores me vienen llamando ‘enfermo terminal’, pero cada día que pasa yo me siento menos y menos terminal”. Inicialmente, cuando se le diagnosticó esclerosis lateral amiotrópica, los doctores le dieron entre tres y cinco años de vida, y él continua contradiciendo sus pronósticos.
Igualmente esencial para la determinación de Melamed-Cohen es su fe religiosa. “Yo siento a veces que Di-s me ha permitido vivir para mostrar al mundo que aún en esta condición uno puede continuar siendo creativo y contribuir a la sociedad… El mensaje del judaísmo es que uno debe luchar hasta el último respiro de vida. Hasta el último momento, uno tiene que vivir, regocijarse y agradecer al Creador”.
Melamed-Cohen ha obtenido cierta preponderancia en la prensa israelí por su abierta oposición al movimiento de la eutanasia. “¿Qué significa eutanasia?, ¿asesinato por compasión?”, él pregunta. “¿Quién tiene compasión? ¿La compasión es para la persona con una enfermedad? ¿O es para su familia, para que no sufran? ¿Para el sistema de salud, para reducir gastos? ¿Para las compañías de seguros? Compasión significa ayudar a otros a vivir, y con dignidad. Ayudar a la gente a cortar sus vidas no puede ser llamado compasión”.
Y de hecho, como él hace notar, el cese de las medidas de mantenimiento vital, “desconectar el cable”, están prohibidas por la ley judía.
“En los dos últimos años, he estado luchando con oficiales médicos de alto rango y con periodistas que apoyan la eutanasia. Yo estoy tratando de ser un portavoz para todos aquellos que quieren continuar viviendo, pero están sujetos a una tremenda presión por una ‘sociedad ilustrada’. En lugar de invertir nuestros esfuerzos y recursos para persuadir a la gente para que muera, sería mejor canalizarlos para mejorar las condiciones de aquellas personas para las que la cura aún no ha sido encontrada”.
Melamed Cohen señala que las ramificaciones del apoyo a la eutanasia van mucho más allá de los “enfermos terminales”. El movimiento de eutanasia amenaza con redefinir el significado básico, y la santidad, de la vida humana.
“La vida hoy se está convirtiendo en algo cada vez más y más barato”, él observa. “Entre la gente joven se ve con las drogas, la violencia y el suicidio. Una (saludable) niña de 16 años vino a mí y me dijo, ‘si está bien acortar la vida de alguien por su sufrimiento, bueno, yo estoy sufriendo, y yo prefiero morir'”.
Hace pocas semanas, otro enfermo del mal de Lou Gehrig en Israel decidió terminar con su vida. Su familia estuvo de acuerdo, y su solicitud de ser desconectado del respirador artificial fue aprobada por las autoridades médicas y legales de Israel. Cuando fue entrevistado por la televisión, él describió su sufrimiento: “Hablar ahora me resulta difícil. No puedo caminar, comer o moverme. He perdido el interés en la vida. Mi condición es irreversible, el dolor sólo aumentará, ¿Por qué debo alargar este sufrimiento?” Entonces, en sus últimos momentos, él agregó: “Espero no estar cometiendo un error”.
Melamed-Cohen, quien vio la transmisión en vivo desde su casa, comentó: “Es claro para mí que este hombre estaba indeciso. Por un lado, él quería un buen lugar en el cielo, por otro lado, no estaba seguro de estar haciendo lo correcto. Yo escuché en su voz una gran cantidad de vacilación y duda. En mi opinión, la presión social lo llevó a tomar la decisión de que sería mejor morir. Si hubieran cuidado de él en casa, en una atmósfera cálida y de apoyo, puede ser que se hubiese sentido diferente”.
De hecho, Melamed-Cohen no siempre estuvo tan resoluto como hoy respecto a su propio caso. Él relata que hace dos años y medio, cuando fue rápido al hospital después de que su respiración se detuvo, él les dijo a sus seres queridos que no deberían tomar medidas extraordinarias como conectarlo a un respirador artificial para prolongar su vida.
“Tuve buena suerte y me conectaron de todos modos. Ahora, dos años y medio después, estoy feliz de que no me escucharon. Me hubiese perdido los mejores y más hermosos años de mi vida. Una persona puede tener un cambio en el corazón”.

De Am Echad resources

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