Israel clasificó 14 en el primer Reporte Mundial de Felicidad de la ONU. La lista está liderada por Dinamarca, Finlandia, Noruega y los Países Bajos, los paraísos de corrección política, bienestar, anti-bélicos, ultra-liberales y de sentimientos anti-nacionalistas; modelos que, de acuerdo al Índice Global de la Paz, estuvieron en la cima de los lugares más “pacíficos” del mundo.
Entonces, ¿cómo podemos explicar la felicidad de Israel, el único país bajo un peligro mortal, la única nación sin límites reconocidos y globalmente seleccionada como un emblema del mal?
Para la gente que no vive en Israel esto es un misterio. Muchos israelíes quizás tampoco pueden explicarlo. ¿Cómo es posible que una población viviendo bajo constante tensión emocional y recluyéndose a sí misma detrás de líneas de defensa pueda ser tan feliz?
¿Cómo pueden los judíos ser felices cuando Irán está adquiriendo poder nuclear y está amenazando con borrarlos del mapa? ¿Cómo pueden ser felices cuando los árabes están lanzando a diario misiles hacia civiles en Ashkelon, Beersheva, Ashdod y Sderot? ¿Cuáles son las fuentes de felicidad del único miembro de la ONU condenado a muerte y boicoteado en todo el mundo?
Israel es mucho más feliz que los países europeos que tuvieron su última guerra hace seis décadas. La población del estado judío excede los 7,5 millones, nueve veces la de 1948, el año de su creación. Los israelíes son felices porque tienen éxito demográficamente; considerando las bajas tasas de natalidad de la diáspora y las altas tasas de asimilación, puede que no falte mucho para que la mayoría de los judíos del mundo sean israelíes.
A pesar de que el heroísmo judío y el colectivismo israelí están cediendo ante el individualismo, el auto-criticismo y el hedonismo frívolo de occidente, la felicidad israelí es mucho más que el sueño americano de una gran casa y un buen auto. Yace en la intersección entre placer y significado, “una nación como todas las otras naciones”, pero también “una luz para las naciones”
Creencia en Dios
Los israelíes, que tienen una de las mayores expectativas de vida en el mundo, son felices porque su país tiene una historia de centellante iluminación, con la mayor producción de publicaciones científicas per cápita en el mundo, con más museos per cápita y la mayor publicación de libros nuevos. En un país devastado por la guerra como Israel, en los últimos años hubo cinco ganadores del Premio Nobel.
Otra razón es el éxito económico. A ningún otro país industrializado le va mejor, especialmente para una nación que no tiene recursos naturales y que tiene una población de apenas la mitad de la de Bélgica. La industria de alta tecnología de Israel está floreciente, haciendo que el país sea conocido como “la nación start-up”.
Mientras que la sociedad israelí está profundamente dividida entre judíos ultra ortodoxos e israelíes “helenistas”, nacionalistas e izquierdistas, dos tercios de la población israelí cree en Dios, manteniendo así la esperanza y el sentimiento de que hay un significado y un propósito más elevado en sus vidas. También está el apego a la tierra judía, mientras que el amor por la tierra propia es un tabú nacionalista en occidente.
En general, la población israelí es bastante flexible. Un nuevo estudio gubernamental encontró que la violenta era de la Intifada no afectó en absoluto la moral nacional israelí. Los israelíes también son felices porque saben que Dimona y el Ejército Israelí están allí para protegerlos, incluso si el ejército perdió algo de su famosa reputación.
Finalmente nos queda la razón más importante por la que la felicidad israelí es un misterio encantador y alentador para todas las personas libres. Cuando comparamos la tasa de fertilidad con la de suicidio, uno puede ver la proporción de gente que elige crear nueva vida en contraste a la proporción de quienes eligen destruirse a sí mismos. Es por esto que los judíos ganan una guerra centenaria en contra de un enemigo que está dispuesto a sacrificar a todos sus hijos para tirar a todos los israelíes al mar.
En Israel las celebraciones de vida son mucho más numerosas que los recuerdos de muerte. Ese es el secreto israelí para la felicidad: es un faro de vida en el borde entre la supervivencia y la destrucción. Al final, la vida prevalecerá por sobre la muerte.
Este artículo apareció originalmente en ynetnews.com.
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