Muchos palestinos y sus partidarios señalan el 15 de mayo como lo que denominan “Día de la Nakba”, una conmemoración que se centra en su opinión de que la reconstitución de un Estado Judío en Israel fue una “catástrofe”.
La conmemoración se acompaña a menudo por una oleada de artículos de opinión e historias noticiosas que transmiten narraciones palestinas de la independencia de Israel, que con frecuencia contienen cargos falsos.
Por ejemplo, en mayo de 2008, una opinión editorial publicada en el New York Times afirmaba que “se ha expulsado a un pueblo de su tierra en una operación de limpieza étnica integral, a la que los israelíes han llamado ‘Plan D’” (Elías Khoury, 18/5/08, “Para los israelíes es un Aniversario. Para los palestinos es una Nakba”). De hecho, a pesar de una cantidad limitada de expulsiones tácticas, “indudablemente no se expulsó a “un pueblo”. Y el Plan D no era en absoluto una “operación de limpieza étnica integral”.
Por Gilead Ini
Publicado en Revista de Medio Oriente
Asimismo, una historia noticiosa que publicó el Washington Post destacó estos cargos falsos de expulsión en masa. La reportera Sylvia Moreno, parafraseando a los organizadores de una concentración contra Israel, transmitió la acusación de que cada palestino que huyó de la guerra realmente fue “expulsado”. Moreno escribió: Los organizadores del evento dijeron, “Para abrirle el paso a Israel, se expulsó de sus casas a 750.000 palestinos y se destruyeron más de 400 de sus pueblos (18/5/08, “Edredón palestino presenta un punto de vista diferente; hay quienes dicen que la creación de Israel tuvo un costo alto”). La reportera no se molestó en destacar que historiadores prominentes han desacreditado esta acusación.
El artículo a continuación proporciona el contexto y los hechos necesarios acerca del tema de los refugiados, con frecuencia distorsionado.
Durante y después de la guerra de 1948, cientos de miles de árabes y judíos huyeron, y en algunos casos fueron forzados a salir de sus casas durante el Mandato Palestino y más allá de éste. Los efectos de esta huída son un asunto importante actualmente, en la medida que políticos, diplomáticos y otras partes interesadas tratan de resolver el “problema de los refugiados” palestinos; o sea, el estatus de los refugiados árabes originales y millones de sus descendientes, muchos de los cuales todavía viven en campos de refugiados. La gran mayoría de los refugiados judíos se fueron a Israel, donde fueron absorbidos con mucha dificultad. A pesar de que encontraron un país comprometido a acogerlos, todavía buscan el reconocimiento y la reparación de su apremiante y bastante ignorada situación.
Refugiados árabes

Cifras
Los estimados del número de palestinos que se convirtieron en refugiados como resultado de la guerra varían. El Ministerio de Relaciones Exteriores y la Oficina Central de Estadísticas de Israel estimó que el número de refugiados oscilaba entre 500.000 y 600.000. El Ministerio de Asuntos Exteriores británico sugirió que la cantidad oscilaba entre 600.000 y 760.000. Un reporte de 1950 emitido por la Comisión de Conciliación de las Naciones Unidas para Palestina avaló un estimado de 711.000 refugiados, realizado por un “experto de la Oficina de Estadística de las Naciones Unidas”.
Categorización por períodos
A grandes rasgos, la huida árabe se puede dividir en dos períodos de tiempo que corresponden a las dos fases principales de la lucha. Aproximadamente la mitad de los que huyeron lo hicieron entre noviembre de 1947 (cuando los árabes palestinos respondieron a la recomendación de partición de las Naciones Unidas con violencia contra los judíos) y mayo de 1948 (cuando los ejércitos de Egipto, Jordania, Siria, Irak y Líbano invadieron Palestina). Durante este período, el conflicto se asemejaba más a una guerra civil en la cual judíos palestinos luchaban contra árabes palestinos y varios miles de milicianos árabes. Una segunda fase de la lucha y huida ocurrió después de mayo de 1948, cuando los ejércitos árabes vecinos iniciaron la fase convencional de la guerra al unirse a la lucha del lado de los palestinos.
Algunos comentaristas dividen el éxodo palestino en tres o cuatro oleadas algo más cortas. Un ejemplo prominente de la caracterización en ‘cuatro oleadas se refiere a 1) la huída de la élite palestina entre noviembre de 1947 y marzo de 1948; 2) una huída que coincide con el cambio de las operaciones de Haganá, la milicia judía, que pasaron de defensivas a ofensivas en abril de 1948 y duraron hasta una tregua en junio de ese año; 3) el período que va de julio, cuando esa tregua expiró, a octubre, cuando terminó una segunda tregua; y por último, 4) el período que va de octubre a noviembre de 1948.
Causas de la huida
Los historiadores concuerdan en que no hubo una sola causa para que los árabes huyeran de Palestina. Las masas huyeron principalmente porque vieron que la élite palestina hacía lo mismo. En parte, esta huída fue como respuesta a las exhortaciones de los líderes militares y políticos árabes para que los civiles palestinos evacuaran sus casas hasta que la lucha finalizara. Muchos simplemente huyeron de la intensa lucha que los rodeaba, o que perturbaría sus vidas muy pronto. En algunos casos, los militares judíos forzaron a los palestinos a salir de sus casas.
Siguiendo a los líderes
El liderazgo palestino y la élite dieron el ejemplo al resto de la sociedad al evacuar sus ciudades y pueblos al inicio del conflicto, generalmente mucho antes de que la lucha se aproximara a sus pueblos, y algunos lo hicieron incluso antes de que empezara la guerra civil. (O como lo expresa el comandante de la Legión Árabe, John Bagot Glubb, “las pueblos se abandonaban con frecuencia aún antes de que fueran amenazadas por el progreso de la guerra”). Esta conducta no sólo destrozó la moral de las masas palestinas, sino también, según las palabras del historiador Shabtai Teveth, “implicó una instrucción clara, aunque no escrita, de escaparse de Palestina”.
El Alto Comisionado Británico para Palestina en ese momento, el General Sir Alan Cunningham, describió este fenómeno y su efecto sobre la población general:
Deben saber que en alguna medida el colapso de la moral árabe en Palestina se debe a la tendencia creciente a abandonar el país de quienes debían estar guiándolos. Por ejemplo, en Jaffa, el alcalde se fue con un permiso de 4 días hace 12 días y no ha regresado, y la mitad del Comité Nacional se ha ido. En Haifa los miembros árabes de la municipalidad se fueron hace algún tiempo; de hecho, los dos líderes del Ejército de Liberación Árabe se fueron durante la reciente batalla. Ahora, el magistrado superior árabe se ha ido. En todas partes del país, gran cantidad de personas de la clase effendi [élite] han estado evacuando por bastante tiempo y el ritmo está aumentando.
Otro oficial británico, el secretario mayor de Palestina, Sir Henry Gurney, escribió que “Es patético ver cómo los líderes de los árabes [de Jaffa] han abandonado a su gente.
Después de que el magistrado mayor árabe de Haifa abandonara la ciudad, un reporte de la inteligencia británica describió el acto como “probablemente el factor más importante de la desmoralización de la comunidad de Haifa”.
De la misma manera en que las ciudades siguieron los pasos de sus líderes fugitivos, las ciudades en general sirvieron como ejemplo para los habitantes de los pueblos rurales cercanos. Por ejemplo, los residentes de Balad ash Sheikh y Hawasswa abandonaron sus casas después de ver que los residentes de Haifa lo hicieron; Salama, Al Kheiriya y Yazur siguieron la iniciativa de Jaffa; y Dhahiriya Tahta, Sammui y Meirun siguieron a Safed.
Instrucciones explícitas para huir
Los líderes palestinos instruyeron explícitamente a los palestinos a abandonar sus casas. El Gran Mufti de Jerusalén, Haj Amin al Husseini, le dijo a una delegación de árabes de Haifa en enero de 1948 que debían “sacar a las mujeres y niños de las áreas peligrosas para reducir el número de víctimas”, y siguió promoviendo evacuaciones en los meses siguientes. De hecho, sólo unos meses después, cuando los líderes británicos, judíos y árabes trabajaban para negociar una tregua, de conformidad con las órdenes del Mufti, el lado árabe insistió en una evacuación completa de todos los residentes árabes, para gran sorpresa de todos los involucrados.
En forma similar, el liderazgo nacional palestino (o “Comité Superior Árabe”) publicó un panfleto en marzo de 1948 exhortando la evacuación de mujeres, niños y ancianos de las áreas afectadas por la lucha. El liderazgo palestino local (o “Comité Nacional”) en Jerusalén atendió este llamado y ordenó a los árabes de Jerusalén a evacuar estas poblaciones, y les aseguró que quienes se resistieran a hacerlo serían vistos como “un obstáculo a la Guerra Santa” y como “entorpecedores” de las acciones de los luchadores árabes.
La Legión Árabe de Jordania ordenó que las mujeres y niños salieran de Beisan, un pueblo cercano a la frontera jordana y un punto anticipado de invasión por la Legión.
En Tiberíades, los líderes árabes locales eligieron despejar el pueblo de sus residentes árabes, lo que hicieron con la ayuda de las autoridades británicas. En Jaffa, después que los británicos forzaron a los milicianos judíos a retirarse de la ciudad, líderes árabes locales organizaron la evacuación de aproximadamente 20.000 residentes que no habían huido aún durante la lucha o anteriormente.
Escenas similares ocurrieron en docenas de pueblos árabes por todo el país.
A algunos aldeanos no sólo se les dieron instrucciones de irse, sino que de hecho los milicianos árabes extranjeros los expulsaron, por temor a que los árabes locales se aliaran con los judíos, o para utilizar las casas de los residentes como alojamiento.
En una serie de casos, los líderes judíos pidieron encarecidamente a los árabes que se quedaran en su sitio. El sorpresivo anuncio realizado por los líderes palestinos de Haifa de que “la población árabe deseaba evacuar” fue seguido de inmediato por una súplica llorosa del alcalde judío de la ciudad, Shabtai Levy, para que los líderes reconsideraran. El representante superior de Haganá en Haifa también les aseguró a los árabes que si se quedaban “disfrutarían de igualdad y paz, y nosotros, los judíos, estábamos interesados en que se quedaran y en mantener relaciones armónicas”. El comandante británico en Haifa, Hugh Stockwell, insistió enfáticamente en que los árabes estaban cometiendo un error, y también los instó a cambiar su decisión, que según se dice provenía del Comité Superior Árabe en Beirut.
Incluso cuando los árabes salían continuamente de la ciudad en barcos y camiones británicos, el liderazgo judío continuó la exhortación para que se pusiera fin al éxodo, e insistió en que quienes habían partido debían regresar. “Los judíos hicieron todo el esfuerzo posible para persuadir a la población que se quedara y siguiera su vida normal”, reportó el superintendente de la policía británica. Un miembro del Comité Nacional Árabe, Farid Saad, admitió que líderes judíos “han organizado una gran campaña de propaganda para persuadir a [los] Árabes a regresar”. Sin embargo, la mayoría no regresaron. Los árabes que huyeron de Haifa constituían aproximadamente el 10 por ciento del total de los refugiados palestinos árabes, e influenciaron a innumerables otros para que los siguieran.
Igualmente, en la ciudad de Tiberíades, que se evacuó con la ayuda, y quizás por requerimiento de los británicos, un representante judío de alto rango apeló infructuosamente contra la evacuación ante el gobernador británico.
Expulsión
Aunque la lucha entre judíos y árabes en Palestina empezó a finales de 1947, el ejército israelí empezó las operaciones ofensivas en abril de 1948. (Antes de este punto, los luchadores judíos operaban sólo defensivamente). Las cosas iban mal para el Yishuv (como se llamó a los asentamientos judíos en su conjunto). La combinación de la posición precaria de los judíos y el conocimiento de que los ejércitos profesionales de los estados árabes vecinos invadirían pronto, impulsó a un cambio en la estrategia que en líneas generales seguía el plan de contingencia judío conocido como Plan D, el cual requería controlar territorios clave para proteger a los pueblos judíos y las fronteras del estado judío contra los ejércitos atacantes. Antes de este cambio judío hacia la ofensiva, alrededor de 100.000 árabes, en su mayoría con los recursos financieros necesarios para mudarse a algún lugar más tranquilo, habían huido de sus casas. Conforme se aproximaba la fecha de la invasión de los países árabes, los comandantes del ejército israelí consideraron el control de los pueblos árabes aledaños a las fronteras como un objetivo clave, ya que se esperaba que éstos se convertirían pronto en líneas de fuego del enfrentamiento y en puntos de entrada para los ejércitos árabes; también extendieron el control a los pueblos aledaños a rutas de trasporte claves. Si una aldea no se podía controlar debido a la resistencia, el Plan D les permitía a las tropas forzar la salida de los residentes de sus casas, lo que ocurrió de hecho en una serie de casos.
Nunca se enviaron órdenes de oficio para expulsar a los árabes, y de hecho, el nuevo ejército israelí, por petición del gobierno, dejó claro en julio de 1948 que “se prohíbe… expulsar habitantes árabes de sus pueblos, barrios y ciudades, y desplazar a la fuerza a los habitantes sin un permiso especial u orden explícita del Ministro de Defensa en cada caso específico”.
Aunque el ministro de defensa (y primer ministro) David Ben-Gurión, no emitió ninguna orden de este tipo, no obstante, en algunos casos el ejército eligió expulsar a residentes árabes que se quedaron atrás después de la huída espontánea de sus vecinos, principalmente por razones funcionales (tales como proteger los caminos vitales, prevenir las actividades de francotiradores y evitar que los pueblos se utilizaran como base de los ejércitos árabes). Ocasionalmente, las decisiones eran revocadas por oficiales gubernamentales.
Lydda, un pueblo árabe cercano a Tel Aviv, que era la capital judía provisional, es un ejemplo destacado en el cual la combinación de las órdenes militares de expulsión, la revocación del gobierno de estas órdenes, la interpretación de los militares de la posición del gobierno, las luchas considerables y la fuga espontánea, dio como resultado que un número importante de personas se fueran.
En julio de 1948, el ejército israelí invadió Lydda y el pueblo vecino de Ramle para proteger a Tel Aviv y expulsar las tropas de la Legión Árabe con su base en los pueblos. Al comenzar la lucha, un considerable número de civiles huyeron en pánico. Las batallas terminaron rápidamente y los pueblos se rindieron, Ramle formalmente y Lydda informalmente.
Luego, con unos pocos cientos de soldados israelíes que controlaban una Lydda pacificada, carros blindados de la Legión Árabe intentaron entrar al pueblo, sólo para toparse con la resistencia israelí. Esta confrontación menor animó a los residentes locales a abrir fuego sobre las tropas israelíes, ya que parecían pensar (erróneamente) que la elogiada Legión estaba montando un contraataque.
Los soldados, sacudidos por los ataques, conscientes de lo pocos que eran, y preocupados por su vulnerable posición en un pueblo con miles de residentes hostiles, respondieron con dureza para terminar con el ataque; arremetieron contra casas utilizadas por los francotiradores y les dispararon a los ciudadanos que violaban el toque de queda. Algunos estiman que las tropas israelíes mataron unas 250 personas durante la lucha. El incidente ayudó a convencer a las masas adicionales de residentes árabes para que huyeran, y simultáneamente convenció a los israelíes que debían despejar el pueblo de su población insurgente. Una orden militar israelí exigió expulsar inmediatamente a los residentes de Lydda.
Pero mientras las tropas todavía estaban averiguando cómo transportar a los árabes, mucho de los cuales ya salían continuamente de su ciudad, el Ministro de Asuntos de las Minorías de Israel, Bechor Shitrit, llegó a Lydda. Shitrit se enfureció cuando supo acerca de las órdenes de deportación, y reportó indignadamente lo que estaba pasando al Ministro de Relaciones Exteriores Moshe Sharett, quien a su vez habló con Ben Gurión. Sharett y Ben Gurión a su vez le dijeron a los líderes del IDF (Fuerza de Defensa Israelí, por sus siglas en inglés) que se permitiría salir a quienes quisieran marcharse, pero los que desearan quedarse atrás serían responsables por sí mismos, y que no se debía forzar a salir del pueblo a mujeres, niños, ancianos y enfermos de entre los residentes. No obstante, las nuevas órdenes no lograron eliminar el éxodo voluntario de los residentes del pueblo.
No obstante, a pesar de este tipo de incidentes, los israelíes no expulsaron a la gran mayoría de los refugiados palestinos.
Otros factores
Los factores asociados con la guerra en general: el deterioro de los servicios públicos, la escasez de comida, la desmoralización, el quebrantamiento de la ley y el orden, la mala conducta de los milicianos armados, sin restarle importancia al fragor y el peligro de la lucha misma; todos estos factores ejercieron presión sobre la vida de los árabes palestinos y con seguridad contribuyeron a la huida.
Los milicianos árabes voluntarios de los estados vecinos, que se enviaron ostensiblemente a Palestina para proteger a los árabes locales, con frecuencia maltrataban a la población de los pueblos que los albergaban. De acuerdo con el relato de uno de los líderes palestinos, los milicianos con base en Jaffa y otras ciudades robaban a los residentes locales, saqueaban sus casas y profanaban el “honor de las mujeres”. Un reporte británico indicó que los oficiales de una de estas milicias extranjeras “tratan a los residentes locales como basura”.
Los rumores también son un factor. Los rumores que difundieron los árabes sobre supuestas atrocidades judías aparentemente estimularon a algunos residentes locales desmoralizados a huir, en tanto que otros se fueron como resultado de las operaciones psicológicas judías, que conllevaron la difusión intencional de rumores sobre ataques inminentes para inducir un éxodo en varias aldeas.
Generalmente, y quizás muy comprensiblemente, el temor a la guerra fue lo que estimuló que los árabes de Palestina decidieran abandonar sus casas. Tanto los ciudadanos que huyeron mucho antes del inicio de la lucha, como sucedió con muchos de la élite cuando iba a empezar una batalla en sus aldeas, como quienes lo hicieron durante el intercambio de disparos, no querían ponerse en peligro a sí mismos ni a sus familias.
Independientemente de las causas, la conclusión es que si el mundo árabe, incluyendo a los palestinos, no hubiera escogido lanzar una guerra de destrucción contra el estado judío, el tan discutido problema de los refugiados palestinos no existiría.
Refugiados judíos

Cifras
Aunque es un hecho relativamente ignorado, una gran cantidad de judíos (más de 800.000) se convirtieron en refugiados después de la guerra de independencia de Israel. Una gran mayoría fue expulsada de su casa en el mundo árabe como resultado de un sentimiento contra los judíos amplificado por la guerra. Otros perdieron sus casas en el Mandato Británico de Palestina como resultado directo de la lucha, al huir o ser capturados por tropas árabes cuando los ejércitos de los estados vecinos invadieron y destruyeron sus aldeas.
Refugiados judíos del Mandato Palestino
La cantidad de judíos que perdieron sus casas dentro del territorio del Mandato Palestino como resultado directo de la lucha fue significativamente menor que la cantidad de árabes que huyeron de la región. En gran parte esto se debió a que los ejércitos árabes no capturaron muchos pueblos judíos, lo que permitió a muchos de los aproximadamente 10.000 evacuados judíos que huyeron de la lucha regresar a sus casas después de la guerra. Esto se debió también, según las palabras del líder palestino Muhammad Nimr al-Khatib, a que “los palestinos tenían estados árabes vecinos que abrieron sus fronteras y puertas a los refugiados, mientras que los judíos no tenían otra alternativa que triunfar o morir”.
Sin embargo, en algunos casos, los judíos huyeron de sus casas cuando se evidenció que su aldea estaba a punto de perderse y pasar a manos de las fuerzas árabes. Por ejemplo, cuando la situación empezó a deteriorarse se evacuaron las mujeres y los niños de Gush Etzion, un bloque de cuatro aldeas al suroeste de Jerusalén. En Yad Mordechai y Kfar Darom, al sur, los residentes escaparon justamente antes de que el ejército egipcio capturara y destruyera los pueblos. La aldea de Atarot, al norte de Jerusalén, se evacuó bajo fuego, y sus residentes escaparon a pie hacia Neve Yaakov. Cuando la Legión árabe atacó Neve Yaakov el siguiente día, los residentes de este pueblo huyeron y, junto con los desplazados de Atarot, encontraron refugio en el hospital Hadassah.
Los residentes de pueblos judíos que no huyeron antes de que las fuerzas árabes asumieran el control de su pueblo, generalmente fueron expulsados de sus casas y se mantuvieron como prisioneros de guerra. Con el tiempo, los prisioneros de áreas que permanecieron bajo el control árabe después de la guerra, se transfirieron hacia Israel, donde tuvieron que encontrar casas nuevas. Por ejemplo, los residentes de los pueblos Mesuot Yitzhak, Ein Tzurim y Revadim de Gush Etzion, que quedaron bajo el control de la Legión Árabe, se tomaron cautivos y se asentaron en nuevos pueblos israelíes después de la guerra. (Casi todos los residentes del cuarto pueblo de Gush Etzion, Kfar Etzion, fueron masacrados por pistoleros árabes).
La rendición del Sector Judío de Jerusalén a la Legión Árabe fue seguida inmediatamente por el exilio de la ciudad antigua de alrededor de 1.300 judíos. Casi 300 personas adicionales, hombres en edad de combate, se tomaron como prisioneros. La imposibilidad de mantener una presencia judía en la Ciudad Vieja, que había estado habitada por judíos desde tiempos inmemoriales, fue subrayada por las turbas árabes que siguieron implacablemente a los residentes salientes y continuaron hacia un hospital que albergaba judíos gravemente heridos; sólo la bien disciplinada Legión Árabe logró aplacarlos. El Sector Judío fue saqueado y quemado.
Aún cuando Israel recuperó el control de un pueblo capturado hacia el final de la guerra, generalmente los residentes no pudieron regresar a sus casas, porque los conquistadores árabes las habían destruido. Por ejemplo, las tropas sirias se llevaron al cautiverio a los residentes de Mishmar Hayarden, y luego destruyeron el pueblo antes de que Israel recuperara el control. Lo mismo ocurrió cuando las tropas egipcias invadieron Nitzanim.
Refugiados judíos procedentes del Mundo Árabe
Entre 1948 y 1951, como resultado de la Guerra de Independencia, Israel absorbió unos 400.000 refugiados judíos que habían sido desalojados de sus casas en suelos árabes. En total, más de 800.000 judíos nativos de países árabes y musulmanes perdieron sus casas y propiedades después de la guerra de independencia de Israel, alrededor de 600.000 de los cuales encontraron refugio en Israel. Aunque el número de refugiados judíos y el área total de sus pérdidas excedió a la de sus contrapartes árabes, el número ligeramente similar de refugiados judíos y árabes ha llevado a algunas personas a describir el éxodo de los dos grupos como una transferencia de población de facto.
Con la decisión de la ONU de dividir Palestina en 1947, la comunidad judía de Irak, que pocos años antes había sufrido un pogrom devastador, se enfrentó a una nueva oleada de dura persecución.
El gobierno iraquí adoptó lo que el autor y periodista Edwin Black describió como “técnicas confiscatorias nazis”, imponiendo multas exorbitantes como castigo por ofensas inventadas”. El sionismo se convirtió en un delito penal. Conforme los países árabes invadían el recién declarado estado judío, la policía iraquí saqueó las casas judías y arrestó a miles de ciudadanos judíos. Además, se despidió de sus trabajos públicos a miles de judíos adicionales. El comercio y los viajes de los judíos eran objeto de restricciones contundentes. El gobierno se apoderó de propiedades judías, cortó servicios municipales a vecindarios judíos y cerró periódicos judíos.
La investigadora Esther Meir-Glitzenstein explicó que “lo que empezó como una emigración voluntaria se convirtió en una expulsión”. Con el tiempo, cerca de 120.000 personas, casi toda la comunidad judía, escaparían de la opresión, con poco más que la ropa que traían puesta.
Un escenario similar se desarrolló en Egipto. Los eventos de 1948 trajeron un renacimiento del sentimiento contra los judíos, junto con disturbios y asesinatos, confiscación de propiedad judía, restricciones legales que afectaban el empleo de judíos y arrestos en masa. Esto provocó que una oleada de judíos huyera del país, una tendencia que se incrementó en la década siguiente.
Los violentos disturbios contra los judíos en Yemén, después del plan de partición de la ONU, ayudaron a estimular a decenas de miles de judíos yemenitas a abandonar sus casas y migrar hacia Israel como parte de la Operación Alfombra Mágica. Los sangrientos pogroms en Marruecos en 1948 y 1953, y en Libia en 1945 y 1948, produjeron resultados similares.
Fuentes:
Sobre los refugiados palestinos:
“Charging Israel With Original Sin,” Shabtai Teveth, Commentary, September 1989
“1948, Israel, and the Palestinians — The True Story,” Ephraim Karsh, Commentary, May 2008
“The Palestine Arab Refugee Problem and its Origins,” Shabtai Teveth, Middle Eastern Studies, April 1990
Fabricating Israeli History: The New Historians, Ephraim Karsh
Birth of the Palestinian Refugee Problem, Benny Morris
Genesis 1948: The First Arab-Israeli War, Dan Kurzman

Sobre los refugiados judíos:
The Edge of the Sword: Israel’s War of Independence, 1947-1949, Natanel Lorch
Atlas of the Arab-Israeli Conflict, Martin Gilbert
Encyclopedia Judaica
“1948, Israel, and the Palestinians — The True Story,” Ephraim Karsh, Commentary, May 2008
“The evacuation of the noncombatant population in the 1948 war: three kibbutzim as a case study,” Nurit Cohen Levinovsky, Journal of Israeli History, March 2007.
Jerusalem in the Twentieth Century, Martin Gilbert
The Case of the Jews from Arab Countries: A Neglected Issue, Maurice Roumani
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