por Rafael Shore
para Aish Latino
¿Acaso la riqueza y el poder de los judíos es la causa del antisemitismo?
La Teoría Económica
La Teoría Económica del antisemitismo postula que la riqueza y el poder de los judíos provoca la envidia de otros grupos, lo que desemboca en un gran resentimiento.
Esta teoría ha aparecido durante la historia con diferentes disfraces. Una de las formas en las que se hizo popular fue a través de Los Protocolos de los Ancianos de Sión, las actas de “encuentros secretos” ficticios en los que los líderes judíos conspiraron para gobernar el mundo. Los Protocolos es un libro salvajemente antisemita creado por la policía secreta rusa.
Este relato ficticio proveyó una excelente excusa para campañas de persecución en contra de los judíos, e influyó a las masas para que creyeran el mito de que los judíos controlan los gobiernos. Es el segundo libro más publicado de la historia.
¿Acaso la gente de hoy en día cree todavía que los judíos tienen alguna misteriosa ventaja financiera y organizacional por sobre el resto de la humanidad?
Antiguo Secreto Chino
Una Historia Verdadera:
Un físico judío que trabajaba para la Corporación Exxon pasó muchos meses trabajando en un proyecto en coordinación con un científico chino de primer nivel mundial. Los dos hombres desarrollaron una buena relación laboral y se hicieron amigos.
Un día, el científico chino le comentó al judío: “Sabes, desde que nos conocimos que te quiero hacer una pregunta: ¿Por qué te convertiste en físico? ¿Por qué no te ocupaste en negocios?”.
“¿Qué clase de pregunta es esa? replicó el científico judío. “¡Me convertí en físico porque quería ser un físico!”.
“¿Pero acaso no eres judío?”, insistió el chino.
“¿Y qué diferencia hace?”.
“Bueno”, explicó el científico chino con paciencia, “si yo me metiese en negocios habría innumerables riesgos, ¡pero para ti es 100% seguro!”.
“Discúlpame, pero no te entiendo”, dijo el judío. “¿Qué tipo de negocio es 100% seguro?”.
“Para ti, ¡cualquier negocio! Vamos…” dijo con un guiño de ojos, “todos sabemos que ustedes tienen a la ‘Organización’ protegiéndolos”.
“¿Ah? ¿De qué organización estás hablando?”.
“Vamos… todos saben que los hombres judíos cuando se casan reciben dinero de la Organización. Así es como los judíos se meten en los negocios. No hay ningún riesgo porque si el negocio falla la Organización absorbe la deuda y le da al judío más dinero para que comience. ¡Esto sigue así hasta que el hombre crea un negocio que prospera!”.
Obviamente, no existe ninguna organización internacional de este tipo. Sin embargo, la suposición de este científico de primer nivel mundial demuestra que el mito del acceso judío a ilimitada riqueza está vivo y coleando todavía hoy.
Aplicando el Test de Litmus (Criterio de Rechazo)
¿Explica esta actitud el antisemitismo? ¿Es la Teoría económica una causa o una excusa del antisemitismo?
Primero, mira las actitudes universales hacia los ricos. No vemos ninguna persecución histórica sostenida en contra de los no judíos ricos. Entonces, si los repudiadores deciden señalar a los ricos judíos e ignorar a los no judíos, la economía no puede ser considerada la causa del odio.
Segundo, si quitamos el elemento de la riqueza y el poder de los judíos, ¿desaparece el antisemitismo?
Los judíos que vivieron en los shtetels de Polonia y Rusia entre los siglos 17 y 20 eran pobres y no tenían ninguna clase de poder, careciendo por completo de toda forma de influencia. Sin embargo eran odiados. A menudo fueron perseguidos y sometidos a tormentos indescriptibles. En muchas ocasiones aldeas enteras eran saqueadas y los habitantes judíos masacrados a sangre fría. En estas circunstancias el antisemitismo no distinguió entre fuertes y débiles, entre poderosos y no poderosos.
De la misma forma, los antisemitas en la edad media iniciaron incontables pogromos en contra de los judíos (sin primero investigar ni sus cuentas bancarias ni sus carteras de inversiones).
Cuando los Nazis liquidaron el Gueto de Varsovia no había ningún negocio judío que destruir. En realidad, las condiciones de pobreza allí eran espantosas. Los judíos en el gueto no podrían haber sido considerados “ricos” por ningún estándar del mundo, y aún así los Nazis pensaron que debían ser eliminados”.
Los judíos pobres siempre han sido odiados a la par de los judíos ricos. Cuando un judío logra éxito financiero puede llegar a hacer que el antisemitismo latente salga a la superficie, pero su éxito claramente no es lo que hizo que la otra persona sea antisemita. Por lo tanto, el dinero no puede ser la causa del antisemitismo.
El Plan Fugu
¿Y qué hay del poder? ¿Puede el poder ser la causa del antisemitismo?
Si alguien rico y poderoso viene a pedirte un favor, ¿lo perseguirías? ¡No!, lo ayudarías – que esa persona te deba un favor es una excelente póliza de seguros. Un claro ejemplo son los países árabes productores de petróleo que, a pesar de que sus estándares van en contra de los valores de oriente, son ampliamente consentidos.
Hubo una nación que trató a los judíos como si fueran ricos y poderosos. Los japoneses nunca han estado muy expuestos a los judíos, y siempre supieron poco sobre ellos. En 1919 Japón peleó junto a los antisemitas Rusos Blancos en contra de los comunistas. En ese entonces los Rusos Blancos le presentaron a los japoneses el libro Los Protocolos de los Ancianos de Sión.
Los japoneses estudiaron el libro y, de acuerdo a todas las opiniones, creyeron inocentemente en su propaganda. Su reacción fue inmediata y contundente – formularon un plan para alentar los asentamientos e inversión judía en Manchuria. ¡Los japoneses decidieron que estos ricos y poderosos judíos eran precisamente la clase de gente con la que querían hacer negocios!
Los japoneses llamaron a su plan para el asentamiento judío “El Plan Fugu”. El “fugu” es un pez altamente venenoso. Después de que los órganos que contienen toxinas son cuidadosamente removidos, es utilizado como un plato de comida en Japón, y es considerado un exquisito manjar. Sin embargo, si no es preparado con cuidado, su veneno puede ser mortal.
Los japoneses consideraron a los judíos una nación con un potencial altamente valioso pero, al igual que con el “fugu”, para poder aprovechar el potencial tenían que ser extremadamente cuidadosos. De no ser así, pensaban los japoneses, el plan se les volvería en su contra y los judíos aniquilarían Japón con su asombroso poder.
Durante la Segunda Guerra Mundial los japoneses fueron aliados de los Nazis, sin embargo permitieron que miles de refugiados europeos –incluyendo toda la Yeshivá de Mir – entraran a Shangai y Kobe durante la guerra. Recibieron a los judíos, pero porque creían que los judíos tenían acceso a enormes recursos de dinero y poder que podían beneficiar a Japón en gran manera (todo esto está detallado en el libro The Fugu Plan, por Marvin Tokayer).
Si los antisemitas realmente creen que los judíos dirigen el mundo, ¿por qué no se relacionan con los judíos como lo hicieron los japoneses?
El hecho de que los judíos son por lo general tratados como marginados prueba que la gente no cree que los judíos sean tan ricos o poderosos como afirman. En otras palabras, los antisemitas no toman su propia propaganda con seriedad.
¿Qué Pasó con el Poder Judío?
Si hay algo de cierto en la idea de que los judíos controlan los gobiernos, ¿por qué no pudieron esos poderosos judíos convencer a ningún país para que aceptaran a los refugiados que estaban tratando de escapar del infierno durante el Holocausto? Si “la judería del mundo” fuese tan poderosa y tuviera tanta influencia política, con seguridad al menos un gobierno habría accedido a aceptarlos como refugiados y les habría permitido permanecer hasta el final de la guerra…
La película El Viaje de los Malditos demuestra dramáticamente cómo un gobierno metió su cabeza en la arena mientras la matanza al por mayor de judíos continuó desenfrenadamente. De esta manera, la afirmación de que los judíos controlan los gobiernos suena dolorosamente absurda.
Los Judíos como Prestamistas
Del mismo modo, mucha gente dice que el antisemitismo fue causado por el hecho de que los judíos fueron prestamistas en muchas sociedades y supuestamente “exprimieron” a sus compatriotas no judíos.
En realidad, la verdad es lo opuesto. Los judíos fueron forzados a convertirse en prestamistas precisamente por las severas limitaciones de empleo que las tendencias antisemitas les impusieron. Las leyes antisemitas hicieron imposible que los judíos fueran propietarios de tierra, que asistieran a universidades o que ingresaran a otra ocupación normal. El dinero era el único bien con el que tenían permitido tratar, por lo que, al no tener otra opción, se convirtieron en prestamistas.
Entonces, vemos que los judíos no fueron odiados por ser prestamistas, sino que fueron prestamistas porque eran odiados.
Judíos poderosos o judíos débiles, judíos ricos o judíos pobres, todos han sido odiados por igual.
Obviamente, la razón económica para el antisemitismo es, en realidad, una excusa.
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