Por Rafael Shore
Para Aish Latino
La mejor manera de entender lo que los antisemitas realmente odian es examinar su propia retórica.
Quitando el Elemento Judío del Antisemitismo
Casi sin excepción, las razones del antisemitismo ofrecidas por los diferentes eruditos no tienen nada que ver con el hecho de que los judíos son judíos (por ejemplo, los judíos son ricos o son diferentes).
Estas razones “de-judaízan” efectivamente al antisemitismo, equiparándolo con cualquier otro tipo de odio común. De acuerdo a esta actitud, el Holocausto – el intento más sistemático de exterminar a un pueblo en la historia de la humanidad – no tuvo nada que ver con razones “judías”. Los judíos simplemente estuvieron en el lugar equivocado en el momento equivocado.
En su libro “¿Por Qué los Judíos?” Dennis Prager cita un ejemplo deslumbrante en contra de la idea de que no hay nada judío en el antisemitismo. El 11 de abril de 1944, demostrando una misteriosa sabiduría que superaba por mucho su edad, Ana Frank escribió en su diario:
¿Quién nos hizo a los judíos diferentes de los otros pueblos? ¿Quién ha permitido que suframos tan terriblemente hasta ahora? Es Dios Quien nos ha hecho lo que somos, pero también es Dios Quien nos levantará de nuevo.
Quién sabe – incluso puede ser nuestra religión, de la cual el mundo y todos los pueblos aprenden el bien, y por esa sola razón ahora sufrimos. Nunca podremos ser sólo holandeses, o ingleses, o representantes de ningún otro país. Siempre seguiremos siendo judíos.
Ana Frank aclaró el punto de que los judíos tienen algo especialmente valioso para darle al mundo, y eso es precisamente lo que el mundo ha resentido al perseguir a los judíos. Ana Frank identificó el antisemitismo como un odio del judaísmo, un odio completamente diferente a la intolerancia o el racismo que otros pueblos sufren.
Sorprendentemente, cuando la historia de Ana Frank fue reconstruida por Lillian Hellman en una obra de teatro, sus palabras fueron cambiadas por completo. “¿Por qué son odiados los judíos?” pregunta Ana. “Bueno, un día es un grupo, y al día siguiente otro…”
En el teatro se le hizo creer a las audiencias que los judíos han sido odiados de la misma manera en que otros pueblos han sido odiados. En otras palabras, no hay nada judío en el antisemitismo.
¿Pero qué dicen los antisemitas mismos sobre este tema?
El Honesto Enfoque de Hitler
Los eruditos han hecho consistentes intentos para probar que no hay nada especialmente judío que engendre antisemitismo. Veamos si los comentarios de los famosos “aborrecedores de judíos” revelan lo que encuentran tan criticable.
Un individuo que no utilizó las muchas y encubiertas explicaciones ofrecidas por los eruditos fue Adolf Hitler, el hombre responsable del azote de antisemitismo más devastador en la historia de la humanidad.
Hitler reconoció abiertamente la singularidad de los judíos como pueblo. Hitler se dio cuenta que los judíos nunca pudieron integrarse al resto de la humanidad con éxito y se propuso el objetivo de que nunca lo hicieran.
La forma de antisemitismo de Hitler no fue un medio para un fin, fue un fin en sí mismo. Las Leyes de Núremberg, establecidas en 1935, alienaron y desmantelaron con efectividad a la comunidad judía de Alemania – pero para Hitler, esto no fue suficiente.
A finales de la década del 30 Alemania fue reconstruida y su moral recuperada, pero los ojos de Hitler permanecieron puestos sobre los judíos. Siete años después de que las Leyes de Núremberg habían herido y mutilado a los judíos en cuerpo y alma, se lanzó la Solución Final en la conferencia de Wansee.
En la conferencia de 1942, Hitler vio a los judíos como algo mucho más amenazante que meros chivos expiatorios; la nación judía era su enemigo mortal, por lo que su absoluta destrucción se convirtió en su objetivo.
Hitler veía al Nacional Socialismo como un nuevo orden mundial, una forma de recrear a la humanidad.
¿Cómo ocurriría esta renovación de la humanidad? Hitler declaró:
La batalla por la dominación del mundo será luchada entre nosotros – entre los alemanes y los judíos. Todo lo demás es fachada e ilusión. Detrás de Inglaterra está Israel, y así también detrás de Francia y detrás de Estados Unidos. A pesar de que hayamos sacado a los judíos de Alemania, continúan siendo nuestro enemigo mundial.
¿Por Qué Hitler Apuntó a los Judíos?
Eliminar a los judíos era la clave para la utopía de Hitler. La ambición que lo movilizaba era liberar al mundo de las ataduras de la consciencia y de la moral, alejar al mundo del monoteísmo. Creó su propia religión a partir de una filosofía basada en permitir todos los deseos más básicos del hombre. La “Juventud Hitleriana” cantaba esta canción:
No necesitamos la bondad cristiana.
Nuestro líder es nuestro salvador.
El Papa y el rabino se deben ir.
Seremos paganos otra vez.
La imagen de Hitler del mundo perfecto era un regreso a un estado de existencia salvaje, en donde “el poder tiene la razón”. Hitler dijo:
En un orden natural, las “clases” son personas que se superponen a otras en estratos, en lugar de vivir como vecinos. A este orden volveremos tan pronto como las repercusiones del liberalismo hayan sido removidas.
El único obstáculo serio en el camino de Hitler eran los judíos. Hitler sabía que los judíos eran los que llevaban el mensaje de un único Dios – de que todos los hombres son creados por igual, del amor por el prójimo, de ayudar al pobre y al débil.
Hitler odiaba el mensaje de los judíos porque era diametralmente opuesto a su visión de lo que debía ser el mundo. Él dijo:
“Se refieren a mí como un bárbaro ignorante. Sí, somos bárbaros. Queremos ser bárbaros, es un título honorable para nosotros. Nosotros rejuveneceremos al mundo. Este mundo se acerca a su fin”.
Hitler le dijo a su gente:
La Providencia ha ordenado que yo sea el libertador más grande de la humanidad. Estoy liberando al hombre de las limitaciones de una inteligencia que ha asumido el poder, de las sucias y degradantes auto-mortificaciones de una falsa visión conocida como conciencia y moralidad, y de las demandas de una libertad e independencia personal que sólo unos pocos pueden soportar.
En el Alma de Todo Judío
El único objetivo real de Hitler eran los judíos, porque ellos eran todo lo que se interponía entre él y el éxito. Mientas los judíos sobrevivieran, Hitler no podría triunfar. Los arraigados conceptos judíos de Dios y moralidad habían tomado el control del mundo, y Hitler sabía que sólo una ideología podría prevalecer, la suya o la de los judíos. El mundo no toleraría ambas.
Hitler dijo:
Los Diez mandamientos han perdido su vitalidad. La conciencia es una invención judía, es un defecto, al igual que la circuncisión.
Más aún, Hitler sabía que la amenaza judía a sus ideales estaba en cada judío. Dijo:
Si tan solo un país, por la razón que sea, tolera en él a una familia judía, esa familia se convertirá en el centro de un nuevo alzamiento. Incluso si un pequeño niño judío sobrevive sin ninguna educación judía, sin sinagoga y sin escuela hebrea, [el judaísmo] está en su alma.
El espíritu judío, explicó Hitler, es el producto de la persona judía. Destruir sus lugares sagrados y nada más no sería suficiente. En las palabras de Hitler:
Incluso si nunca hubiese existido una sinagoga, una escuela judía o el Antiguo Testamento, el espíritu judío todavía existiría y ejercería su influencia. Ha estado allí desde el principio, y no hay ningún judío – ni uno solo – que no lo personifique.
El odio de Hitler no nació a partir del entendimiento de lo que es el pueblo judío, sino que creció a partir de sus reacciones ante ese entendimiento. Irónicamente, Hitler tuvo un entendimiento más claro de lo que es el pueblo judío y de lo que ha logrado, que muchos judíos hoy en día.
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