Egipto se mantiene en vilo ante el deterioro de la salud del ex presidente Hosni Mubarak, que se encuentra en coma, y la incertidumbre sobre el anuncio de los resultados de las elecciones presidenciales.

El país más poblado del mundo árabe conocerá posiblemente el nombre del sucesor de Mubarak, mientras éste se debate en un hospital entre la vida y la muerte.

El islamista Mohamed Mursi, candidato de los Hermanos Musulmanes, y el militar retirado Ahmed Shafiq, último primer ministro de Mubarak, se consagran triunfadores de los comicios ante el silencio de la Comisión Electoral, que decidió aplazar el anuncio de los resultados, previsto para mañana.

La comisión explicó en un comunicado que necesita «más tiempo para examinar las más de 400 impugnaciones presentadas por los candidatos», pero no determinó la fecha en la que se hará público el nombre del futuro presidente.

Los recursos se centran en irregularidades que afectaron el proceso electoral, la principal de ellas que en varios centros de votación no coincide el número de sufragios con el de electores que acudieron a las urnas.

Los Hermanos Musulmanes advertieron de que se puede producir un «peligroso cara a cara entre el pueblo y el Ejército si Shafiq es declarado presidente, lo que sería una obvia señal de golpe military», según declaraciones del portavoz de la Hemandad, Mahmud Gozlan, al diario árabe internacional «Al Sharq al Ausat».

El movimiento independiente «Jueces por Egipto» anunció que, de acuerdo al recuento efectuado por sus miembros en los colegios electorales, el ganador de la segunda vuelta de las presidenciales es Mursi con un margen de casi 900.000 votos.

A pesar de la incertidumbre, los egipcios volvieron a hacer gala de su buen sentido del humor y en la red social Facebook se pueden leer comentarios sobre lo «contentos» que están los seguidores de ambos candidatos porque los dos ganaron.

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