Berlín encendió una hanukkia en el lugar donde Hitler decretó la Solución Final

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Una gran multitud se reunió con antorchas bajo la imponente puerta de Brandenburgo en Berlín el martes pasado para conmemorar y traer luz a una época oscura de Europa por medio de una ceremonia de Jánuca.
“Estamos de pie en el mismo lugar donde Adolf Hitler anunció su plan de aniquilar a los judíos de Europa”, dijo el rabino Yehuda Tiechtel, quien organizó el evento.
“En este mismo lugar, vamos a encender la menorá con funcionarios, dirigentes y embajadores alemanes”, agregó.
En efecto, alrededor de 1.000 personas, incluyendo al embajador de EE.UU. en Alemania, Phillip Murphy, y otros dignatarios asistieron al evento.
Durante el encuentro los estudiantes judíos encendieron simultáneamente velas y antorchas que simbolizaban el triunfo de la luz sobre las tinieblas.
La Puerta de Brandenburgo fue construida por el rey de Prusia Federico Guillermo II en 1788. Cuando los nazis llegaron al poder lo utilizaron para organizar marchas y manifestaciones, incluyendo la asunción de Hitler como canciller en enero de 1933.
Después de la guerra, la puerta estaba en la frontera entre Berlín Oriental y Occidental. También fue donde el entonces presidente de EE.UU. John F. Kennedy pronunció su discurso y donde Ronald Reagan llamó al líder soviético Mijail Gorbachov para que derribase el Muro de Berlín.
Después de la reunificación, la puerta volvió a representar el centro de una ciudad próspera, y a solo unos pasos del museo que recuerda a los judíos asesinados por los nazis en el Holocausto.
Tiechtel dijo que muchos no judíos transeúntes asistieron a la ceremonia por curiosidad.
“Si el propósito de la Menorá es dar la luz sobre las tinieblas, no hay lugar más fuerte para expresar eso que este sitio”, enfatizó.
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Revelan el primer borrador de la carta de Hitler sobre el Holocausto

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Según consta allí, el dictador nazi planificó el genocidio en 1919; en la misiva describe el modo para aniquilar a los judíos
Según consta allí, el dictador nazi planificó el genocidio en 1919; en la misiva describe el modo para aniquilar a los judíos
Foto: AP

NUEVA YORK.- La firma al final de una carta escrita a máquina en páginas que se tornaron amarillentas después de un siglo es inconfundible: Adolfo Hitler, con las últimas letras arrastradas hacia abajo.

La carta está fechada en 1919, décadas antes de la Shoá (el Holocausto). En ella, el entonces soldado alemán de 30 años nacido en Austria plasmó lo que parecen ser sus primeros comentarios sobre la aniquilación de los judíos.

Fue escrita con una máquina de escribir del ejército alemán y ha sido conocida desde hace mucho por especialistas. Es considerada relevante porque demuestra desde cuándo estaba creando sus ideas antisemitas.

El documento fue presentado anteayer por el fundador de una organización judía de derechos humanos que compró el documento original el mes pasado.

Hitler “estableció el estándar de oro para la inhumanidad del hombre hacia el hombre”, dijo el rabino Marvin Hier del Centro Simon Wiesenthal, nombrado en honor a un cazador de nazis.

Hace tres semanas la organización con sede en Los Angeles compró el original por 150.000 dólares de un corredor de antigüedades en California. Antes, la carta había pertenecido a un corredor en Kansas que la adquirió del soldado estadounidense William F. Ziegler.

Al parecer, Ziegler encontró las cuatro páginas escritas a máquina en un archivo nazi cerca de Nüremberg, en Alemania, en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.

“El peligro que representa el judaísmo para nuestro pueblo se expresa en la innegable aversión de grandes secciones de nuestro pueblo”, escribió Hitler en alemán. “La causa de esta aversión surge principalmente del contacto personal y de la impresión personal que dejan los judíos como individuos, que casi siempre es desfavorable”, asegura el genocida en el escrito.

En otro pasaje de la misiva, Hitler dice que un gobierno poderoso podría manejar la “amenaza judía” al negar sus derechos, pero que “su meta final debe ser la remoción inquebrantable de todos los judíos”.

Según consta allí, el dictador nazi planificó el genocidio en 1919; en la misiva describe el modo para aniquilar a los judíos

Foto: AP

Al momento de escribir la carta, Hitler rendía servicio en el ejército alemán y había agitado a las tropas con sus discursos antisemitas. Un superior le pidió que escribiera sus ideas.

El documento, conocido como la carta Gemlich, fue certificado como auténtico en 1988 por el experto en caligrafía Charles Hamilton, que reveló que los “Diarios de Hitler” eran falsos.

Adolf Gemlich creaba propaganda para el ejército alemán y Hitler le escribió la carta tras una sugerencia del capitán Ulrich Mayr, para ayudar a popularizar la idea de que había responsables por la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial.

Hitler se despide “con la más profunda estima”.

El centro planea exhibir la carta en su Museo de la Tolerancia en Los Angeles. “Es un documento fundamental que le pertenece a las generaciones futuras”, advirtió Hier.

Agencias AP y EFE

Berlín 36

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Por Ezequiel Fernández Moores
Para LA NACION
Gretel Bergmann, discriminada por judía, está furiosa. Descubre que Marie Kettelman, que compite con ella para ganar un puesto en el equipo atlético alemán, es un hombre. Marie se disculpa ante Gretel contándole su confusa historia sexual. Le dice que los nazis, a cambio de no enviarla a un hospital psiquiátrico, le sugirieron que prestara “un servicio a la patria”. “Sólo podemos enfrentar esto juntas”, pide Marie a Gretel. Marie se deja vencer y el pacto de amistad entre ambas arruina el deseo de Hitler de que una atleta aria gane la medalla de oro del salto en alto femenino de los Juegos Olímpicos. Es la trama de Berlín 36, uno de los films del Festival de Cine Alemán que concluye hoy en Buenos Aires. “Una historia verdadera”, se presenta el film, que fue estrenado el año pasado en Alemania. Pero historia y verdad no siempre van de la mano. Menos aún cuando el mundo del espectáculo mete la cola.
La historia de Gretel Bergmann es conocida y real. La Alemania nazi debía demostrar que no discriminaba a los atletas judíos para que el Comité Olímpico Internacional (COI) no le quitara la organización de los Juegos de Berlín. Gretel, campeona británica en su exilio, vuelve a Alemania a pedido de su familia, amenazada por los nazis, para competir en la preselección del equipo alemán. Anota un récord de 1,60 metros, suficiente para ganar su puesto en los Juegos. Pero los nazis, alejada ya la amenaza de boicot de los Estados Unidos, la excluyen del equipo alegando una lesión, a sólo dos semanas del inicio de los Juegos. Tan fuerte fue la injusticia que el deporte alemán, 73 años después, pidió disculpas y homologó en 2009 el récord que los nazis habían ocultado en 1936. La cadena HBO elaboró en 2004 un documental. Lo llamó Hitler?s pawn.The Margaret Lambert Story, con narración de la actriz Natalie Portman. Margaret Lambert es el nombre de casada de Gretel, que a los 95 años sigue viviendo en Nueva York, obligada a recordar siempre su historia, aunque ahora con la adaptación impuesta por Hollywood.
También es verdad que el puesto de Gretel en los Juegos fue ocupado por una competidora que terminó siendo hombre. Dora Ratjen (Berlín 36 la llama Marie Kettelman por derechos contractuales) tiene una historia que también es conocida. El verdadero sexo de Ratjen se descubrió en 1938, cuando volvía en tren de Viena, tras coronarse campeona europea. Gretel, entonces, nunca lo supo durante los Juegos, como dice Berlín 36. Recién se enteró de que Dora era un hombre en 1966, leyendo Time Magazine en la sala de espera del dentista. “Me obligaron a hacerlo por el bien y la gloria de Alemania”, dijo Ratjen, según ese artículo de Time. Der Spiegel, la revista más respetada en el periodismo alemán, sospecha que esa declaración, repetida luego en miles de crónicas, fue inventada. Apoyada en documentos oficiales de la época, Der Spiegel sostiene que Ratjen, más que una manipulación nazi, es la historia de un drama privado.
Los Ratjen, una familia humilde con tres hijas en un pueblo cerca de Bremen, anotaron con el nombre de Dora y sexo femenino al bebe nacido el 20 de noviembre de 1918. Tenían sus dudas, pero la partera, acaso confundida por una cicatriz en los genitales, dijo “nena”. Fue vestida como una niña y enviada a escuelas de niñas. Dora advirtió al crecer que su genitalidad no era la de una niña, pero jamás cuestionó la decisión paterna. El film habla de una madre cruel. Der Spiegel dice que fue ignorancia. El film también dice que Dora fue convocada a la preselección del equipo que iría a los Juegos para dejar afuera a Bergmann. Pero Dora ya era campeona de salto en la región de Baja Sajonia. La hubiesen convocado igual. Dora, como muestra Berlín 36, se aseaba en un baño aparte, alejada del resto. “Una chica rara”, decían sus compañeras, que por supuesto se reían del aspecto de varón de Dora. Podrá sonar extraño a ojos de hoy. No 74 años atrás. También tenían aspecto hombruno tres finalistas de los 100 metros femeninos de Berlín 36. “Yo era la única mujer en esa carrera”, se burló Marie Dollinger de sus rivales Helen Stephens, Stanislawa Walasiewicz y Kathe Krauss. Sólo a la hora de su muerte, en 1980 en Cleveland, se descubrió que Walasiewicz, una polaca nacionalizada en los Estados Unidos con el nombre de Stella Walsh, efectivamente era un varón.
¿Y acaso no fue justamente en el mismo estadio olímpico de Berlín donde el año pasado nacieron las suspicacias sobre el sexo de la sudafricana Caster Semenya, autorizada hace sólo meses a seguir compitiendo entre las mujeres?
El nazismo, dice Der Spiegel, abrió en 1938 una causa contra Ratjen, pero la justicia desestimó la acusación de fraude. “Nunca se le dijo que era un hombre.” Documentos de la causa desnudan el drama familiar que provocó la noticia. Dora pasó a llamarse Heinrich, como su padre, jamás habló públicamente de su caso y murió en 2008, a los 89 años. “No es culpable, la obligaron a hacerlo”, dice la verdadera Gretel Bergmann, entrevistada en el cierre del film Berlín 36. Der Spiegel fue a verla para contarle lo que decían los documentos oficiales. Pero Bergmann apoyó la teoría del complot nazi que cuenta el film. Su director, Kaspar Heidelbach, se aferra al testimonio de Bergmann, de 95 años, para validar su historia. “Todo sucedió tal cual, cambiamos tan poco que por eso la presentamos como una historia verdadera”, agrega el productor, Gerhard Schmidt. El film dramatiza también trampas e insultos entre las candidatas nazis y Bergmann. Las atletas cuentan sin embargo que entre ellas siempre hubo gestos de compañerismo. Der Spiegel cita a especialistas como el escritor Volker Kluge y los historiadores Berno Bahro y Jutta Braun que descalifican el film. El “consumo cinematográfico”, dice la revista, inventó un pacto de amistad entre dos atletas para arruinar el deseo de Hitler. Si hubo manipulación, afirma Der Spiegel, no fue nazi, sino de Heidelbach.
Bergmann, que al año siguiente se coronó campeona nacional en los Estados Unidos, ingresó en los Salones de la Fama de Israel y Nueva York y tiene un estadio con su nombre en Alemania, adonde había jurado no volver, aunque finalmente lo hizo en 1999, para recibir nuevos homenajes. El salto en largo de Berlín 36 fue ganado por la húngara Ibolya Csak, paradójicamente de origen judío. La gran figura de Berlín fue el atleta Jesse Owens. Como todos sus compatriotas negros, Owens carecía de derechos básicos en su país, igual que los judíos en la Alemania nazi. Pero Estados Unidos se aferró a los triunfos de Owens para hablar de “humillación” a Hitler. Lo mismo hizo el COI. Precisaron justificar su decisión de ir a competir a la Alemania nazi a pesar de que el antisemitismo ya era público desde mucho antes. “Prohibidos los perros y los judíos”, decían en 1933 carteles en gimnasios y clubes deportivos, antesala del horror. El libro Berlín Games, publicado en 2006 por el inglés Guy Walters, desnuda que el antisemitismo no era patrimonio de la Alemania nazi. “Podemos aprender mucho de Alemania. También nosotros, si queremos preservar nuestras instituciones, tenemos que erradicar el comunismo. También nosotros tenemos que tomar medidas para frenar la caída del patriotismo.” El discurso lo pronunció pocos días después de los Juegos el millonario constructor Avery Brundage, presidente del Comité Olímpico de los Estados Unidos. Brundage fue el principal impulsor de los Juegos de Berlín, los únicos ganados por Alemania en toda su historia, con Hitler y sus cruces gamadas en lo alto del podio. Ernest Lee Jahncke lideró en los Estados Unidos la oposición. Dos días antes de que comenzaran los Juegos de Berlín, el COI lo echó por 49 votos contra 0. A Brundage terminó designándolo presidente.

Adolf Hitler el judío

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“Aquí descansan los restos mortales de ADOLF HITLER. Fallecido el 26 de octubre de 1892 a la edad de 60 años. Rueguen por su alma”, se lee en rumano y hebreo en una tumba del cementerio judío “Filantropía” de Bucarest.

No se frote los ojos, es cierto. La historia de este bucarestino de fe mosaica la cuenta el cronista de la judería rumana Marius Mircu en un libro titulado Filantropía, un cementerio lleno de vida. Sorprendido por esta coincidencia digna del más irreverente humor negro, Mircu rastreó en los archivos y descubrió que nuestro Adolf Hitler de Bucarest tenía un taller y una tienda de sombreros en la calle Real de la capital y era originario de Rumanía.

El sombrerero Adolf Hitler se fue de este mundo antes de que el nazismo se abatiera sobre el continente, pero tener el mismo nombre que el “Führer” perturbaría por décadas la paz de su memoria. En plena II Guerra Mundial, un empleado del cementerio reparó por casualidad en la inscripción de aquella piedra que aparentemente no tenía nada de especial.
Con la Rumanía del Mariscal Ion Antonescu de parte de Alemania en la guerra y en medio de la efervescencia del movimiento fascista legionario, los judíos eran despojados de sus derechos civiles cuando no asesinados en brutales pogromos más o menos organizados u oficiales.
Sirva como ejemplo de los riesgos que corrían los judíos de Bucarest la matanza de la Rebelión legionaria de enero de 1941, cuando decenas de hebreos fueron llevados a un matadero, colgados de los ganchos para los animales y mutilados. En este clima de terror, relata Mircu, el descubrimiento produjo un gran nerviosismo entre los enterados, que se apresuraron a destruir el texto en rumano con el nombre de Hitler.
De llegar a oídos de las autoridades filonazis rumanas, de los legionarios o de la representación alemana en Rumanía bien podrían considerarlo una provocación. Tuvieron que pasar más de cuarenta años para que el recuerdo del Hitler hebreo volviera a ser honrado a la vista de todos.
“La reparación se produjo en 1987, por iniciativa del Jefe Rabino Moses Rozen”, cuenta a EFE el ingeniero judío Iosif Cotnareanu, que trabajó en el equipo que reconstruyó el monumento. “Fue un acto de justicia, porque este hombre no tenía ninguna culpa de tener el nombre que tenía”, recuerda. Cotnareanu llevaba entonces dos años jubilado, y contribuía a la buena salud de la comunidad aportando su experiencia como especialista en trabajos sobre piedra.
“El monumento (funerario) no fue reconstruido exactamente como estaba, sino en otro estilo más habitual en los años 80. Sin embargo se respetó fielmente la inscripción”, dice el ingeniero que coordinó los trabajos. Como casi todos los cientos de miles de judíos que hicieron de las comunidades rumanas unas de las más vibrantes y numerosas del mundo, los herederos del comerciante de la calle Real ya no viven en Rumanía.
Morirían bajo la bota del antisemitismo en la década de 1930 o 1940 o emigrarían a Israel, a EEUU, a Francia o Alemania, Australia, incluso a Hong Kong, porque han llegado a venir de Hong Kong a dejar flores en la tumba, comenta con tristeza un empleado judío del cementerio. Nadie lleva flores hoy a la tumba de Adolf Hitler en el cementerio de la Filantropía, dónde sólo unos cuantos curiosos y algún periodista interrumpen su sueño eterno entre el verde apacible del camposanto.
El sombrerero Adolf Hitler, que como documenta Mircu hizo publicidad de su negocio en un periódico yidish de su época, jamás habría pensado que regresaría a la prensa por razones tan distintas.

Autor: EFE
Fuente: Libertad Digital

Poner a Hitler en Contexto???

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Nauseabundas, antisemitas y racistas”, así ha calificado el gobierno israelí las declaraciones de Oliver Stone en las que atribuía a la “dominación judía de los medios de comunicación” que se preste atención al holocausto. Dijo, además, que los crímenes nazis deben ser puestos “en contexto”.
2010-07-26Imprimir Enviar Corregir Comentar libertad digital
El afamado director de cine Oliver Stone –hagiógrafo del sanguinario Fidel Castro, propagandista de Hugo Chávez y paladín de la izquierda internacional– hacía este domingo unas miserables declaraciones antisemitas en el diario Sunday Times.

Dijo Stone que los crímenes del nazismo había que ponerlos en “su contexto”, que Hitler “fue un Frankenstein pero también un Doctor Dr Frankenstein” porque contó con el apoyo de “los industriales alemanas, los americanos y los británicos”. Según Oliver Stone “Hitler hizo mucho más daño a los rusos que a los judíos” pero esto no se sabe por “la dominación judía de los medios de comunicación, es el mayor lobby en Estados Unidos y trabajan muy duro”, y que “Israel ha ensuciado la política exterior de los Estados Unidos durante años”.

Según informa la Agencia Judía de Noticias, el ministro israelí de Diplomacia Pública, Yuli Edelstein, criticó este lunes, en duros términos a Oliver Stone por sus comentarios “nauseabundos, antisemitas y racistas”.

Para Edelstein, Stone “no sólo muestra su ignorancia, sino que demoniza a los judíos sin razón alguna, retornando a los Protocolos de los Sabios de Sión”, ese libelo antisemita de la Rusia zarista de fines del siglo XIX que los acusaba de conspirar para adueñarse del mundo. “Cuando un hombre de la estatura de Stone habla de esta manera, puede generar olas de antisemitismo y antiisraelismo, que incluso pueden dañar a comunidades y personas judías”, agregó Edelstein.

Stone se reunió con el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, oportunidad en la que afirmó que “Irán no es necesariamente el chico malo; no sabemos la historia completa” ycalificó de “horribles” las sanciones contra Irán.

La lucha por Mein Kampf

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Los derechos de autor del libro “Mein Kampf” no expiraran hasta 2015, pero los historiadores en Munich ya han comenzado a trabajar en una edicion anotada. Ellos estan esperando que quien detenta los derechos, el Estado de Bavaria, permita que la nueva edicion vaya a impresion antes que expiren los derechos.
Han habido largos pedidos periodicos por parte de los historiadores para que “Mein Kampf”, el trabajo seminal de odio y prejuicio de Hitler, sea republicado en aleman. Si una version anotada y academica del polemico libro sale, segun dicen, daria vuelta a los barcos de los neo-nazis una vez que el libro ya no este protegido por derechos de autor.
Ahora esta en preparacion una nueva edicion. De acuerdo a un informe en la radio alemana, el Instituto Munich de Historia Contemporanea esta trabajando en una edicion anotada completa con notas sobre donde se originaron las ideas que Hitler expone en su libro.
Pero el Estado de Bavaria, que mantiene el derecho de autor, dice que no planea permitir que la nueva version este en los mostradores antes que el libro entre al dominio publico.
“El gobierno estatal no esta planeando cambiar el curso”, dijo el gobierno bavaro en una declaracion a una estacion de radio. “Ningun permiso ha sido dado al Instituto de Historia Contemporanea.”
No obstante el presidente del Instituto, Horst Moller dice que el trabajo en la nueva edicion, emprendido por los historiadores Edith Raim y Otmar Plockinger, continuara.
Los derechos de autor de “Mein Kampf” expiran en 2015, 70 años despues de la muerte del autor, como ordena la ley. Este derecho cayo en manos del estado bavaro en 1945, cuando Bavaria tomo los derechos de la principal casa editora del Partido Nazi Eher-Verlag, como parte del programa de desnazificacion de los aliados. Por miedo que el libro pudiera promover a los neonazis, Bavaria no ha permitido que “Mein Kampf” sea publicado en Alemania desde entonces.
Muchas ediciones en distintos idiomas extranjeros han aparecido en el entretiempo. De hecho, Bavaria incluso ha iniciado acciones legales contra algunas de aquellas ediciones en el pasado. El libro no esta prohibido en Alemania, pero solo puede ser vendido para “propositos de investigacion.”
Moller esta preocupado que una vez que los derechos de autor expiren en 2015, los neonazis comiencen inmediatamente a diseminar el trabajo. El dice que una edicion academica podria ayudar a contrarrestar el sensacionalismo que el teme acompañara la republicacion del libro.
Otros academicos no estan tan seguros. “Yo pienso que la idea es absurda”, dice Wolfgang Benz, presidente del Centro para Investigacion de Antisemitismo (Zfa) de Berlin. “Como podes anotar un monologo de 800 paginas exponiendo el punto de vista mundial insano de Hitler? Despues de cada linea tu tendrias que escribir ‘Hitler esta equivocado aqui’ y luego ‘Hitler esta fuera de borda aqui’,y asi.”
Fuente: Extractado de Der Spiegel

“Mi lucha”, de Hitler, es un éxito en Japón

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La vida de un Adolf Hitler de estética manga en la adaptación de “Mein Kampf” (“Mi lucha”) al popular formato de cómic japonés levantó estos días la polémica en la red y disparado, a la vez, las expectativas de ventas de la editorial.
Según Kosuke Maruo, el editor de esta versión, “la intención es que un libro tan famoso como ese sea accesible y que la gente lo lea más fácilmente”, aunque matiza: “No queremos hacer apología de unas ideas que condujeron a una tragedia, sino que cada uno se forme una opinión”.
Maruo admitió que, cuando el diario Asahi se hizo eco del éxito de la adaptación del libro de Hitler, recibieron correos electrónicos pidiendo la retirada del manga, argumentando que no es bueno que se publique esa obra con el formato favorito de los niños.
Desde su publicación el pasado noviembre, las ventas de ese relato autobiográfico de Hitler se dispararon en los primeros seis meses en el mercado y ya superan los 50.000 ejemplares, por encima de las previsiones iniciales de la editorial East Press.
En las páginas de venta on-line de Japón, los internautas se muestran mayoritariamente favorables a su publicación, como quien asegura que “es bueno conocer el hecho para no repetirlo”, mientras otro opina que “no lo habría leído si no fuera ilustrado”.
“Mein Kampf” superó en ventas a otros mangas de la misma colección, como “La metamorfosis” de Franz Kafka o “El mercader de Venecia” de William Shakespeare, aunque no ha alcanzado la popularidad de la obra de otro germano, “El capital”, de Karl Marx, que ha vendido 120.000 ejemplares.
El libro está prohibido en Alemania desde la caída del régimen nazi aunque en 2015 el Ministerio de Finanzas del Estado de Baviera, que retiene los derechos del manifiesto de Hitler, perderá la potestad para evitar su reproducción.
Maruo se ha encargado de compilar la historia de la fundación del Nacionalsocialismo, la llegada de Hitler al poder y el genocidio cometido durante su mandato en un manga de 190 páginas para dar una visión “humana, a pesar de que fue un monstruo”, según asegura.
Con trazos en blanco y negro y una estética muy similar al manga japonés de corte realista, recuerda la transformación del joven Hitler en un líder de masas y un genocida responsable de la muerte de millones de judíos durante una guerra en la que Alemania fue aliado de Japón.
El manga, un formato de gran popularidad en Japón, ha sido desde hace siglos una manera muy extendida de extender la cultura y contar historias a través de viñetas.
Esta no es la primera vez que la obra de Hitler genera debate en Japón, donde desde 1973 existe una edición de bolsillo.
Hace diez años, la Embajada alemana pidió a la editorial de esa traducción de “Mein Kampf” que dejara de publicarla, pero en virtud de la Convención de Berna para la protección de las obras literarias, Japón puede publicar obras extranjeras anteriores a 1970 si no se tradujeron en los primeros diez años de su lanzamiento.
Además, en 2004 se intentaron exhibir acuarelas del dictador alemán en Tokio, algo que generó tanta controversia mundial que obligó a la suspensión del evento.