Jugadores de la selección alemana visitaron Auschwitz previo a la Eurocopa en Polonia

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Una delegación de la Federación Alemana de Fútbol y que incluyó a jugadores de la selección que participará en la Eurocopa 2012, visitó hoy el campo de concentración nazi de Auschwitz en Polonia. 
Un día después del amistoso ganado por los alemanes por 2-0 ante Israel en Leipzig, los germanos rindieron homenaje a las víctimas del Holocausto. 
De esta manera se ha inaugurado la serie de visitas al campo de concentración de Auschwitz que varias selecciones participantes en la Eurocopa realizarán en los próximos días.
Entre los representantes del fútbol alemán estuvieron el DT Joachim Löw, el mánager del equipo Olivier Bierhoff, así como el capitán Philipp Lahm y los jugadores de origen polaco Miroslav Klose y Lukas Podolski. 
Todos ellos pasaron bajo la puerta con la tristemente célebre inscripción “Arbeit Macht Frei”(“El Trabajo los hará libres”). 
Además visitaron, bajo la lluvia, el muro de los fusilados, la cámara de gas y el horno crematorio.
Después se desplazaron al campo de Birkenau, situado a tres kilómetros y uno de los grandes centros de exterminio durante el nazismo. 
Los alemanes depositaron un ramo de flores, en señal de recuerdo y respeto, a los pies de un memorial dedicado a las víctimas. “Con esta visita a Auschwitz hemos querido hacer un gesto, es un capítulo oscuro de la historia alemana que no puede caer ni en el olvido ni repetirse”, declaró Bierhoff.

Auschwitz nunca fue liberado

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Por Jack Fuchs*

Para la narración de la historia –los historiadores usan aquí mayúsculas que evito– sesenta años es nada más que un parpadeo del tiempo, para un hombre es casi todo su tiempo. De modo que un hombre, aunque sólo sea por una mínima razón de perspectiva, no habla como historiador o como filósofo, por más que el filósofo o el historiador no sean más que un hombre.

Hace sesenta años que la historiografía, y casi la entera totalidad de la literatura que se ocupó de pensar el campo de concentración como objeto, viene diciendo que el 27 de enero de 1945 Auschwitz fue liberado. Yo mismo usé esa terminología. Pero liberar supone una acción voluntaria, una decisión política, militar, una forma de intervención específica y concreta. Y no fue eso lo que ocurrió en Auschwitz. Auschwitz, del ’41 al ’45 fue ignorado por los aliados. Los campeones de la libertad, de la democracia y el progreso humano, los líderes del antinazismo estaban ocupados en asuntos de más vasto alcance: se trataba de ganar la guerra. De conquistar hegemonía política, económica y militar en ese escenario europeo devastado por la misma lógica de la guerra. Y en la guerra, como se sabe, las personas no cuentan, no tienen valor.
Los aviones aliados sobrevolaron los campos desde 1944: jamás bombardearon una sola cámara de gas, los hornos crematorios jamás fueron concebidos como objetivos militares de guerra. Bombardearon Munich, pero no bombardearon Dachau, que está al lado, o Slesia, un verdadero objetivo militar porque allí se concentraba parte de la industria alemana de guerra, pero no bombardearon Auschwitz, a muy pocos kilómetros de distancia.
Habría que decir: hace sesenta años que Auschwitz no fue liberado. Hace sesenta años que el Ejército Rojo encontró huellas de las víctimas, barracas vacías, montañas de zapatos, de pelo humano, de anteojos, de juguetes que habían estado en manos de los niños, cadáveres sin enterrar. El general soviético Petrenko cuenta en sus memorias (Antes y después de Auschwitz) que él “liberó” el campo, pero reconoce que hasta un día antes, hasta el 26 de enero, no tenía información acerca de su existencia y que, en realidad, se dirigía a localidades cercanas cumpliendo el plan de reconquistar zonas ocupadas. Sin embargo, durante 1941 las primeras víctimas del gas en Auschwitz fueron oficiales y soldados del Ejército Rojo, fue con prisioneros soviéticos con quienes se puso a prueba el funcionamiento maquinal de las cámaras y la incineración en los crematorios. De modo que el ejército de la revolución proletaria sabía muy bien qué era Auschwitz. ¿Cómo podía pasar inadvertido que desde el otoño de 1941 hasta noviembre del ‘44 Auschwitz había producido un millón seiscientas mil víctimas? ¿Cómo se pudo mantener ocultos los trenes con carga humana, que salían de París, de Roma, de Budapest, de Praga, de Berlín, de Viena, de Amsterdam y llegaban por la mañana con miles de personas vivas que unas horas después, más bien durante la noche, quedaban convertidas en ceniza? No, no fue ningún secreto. No podía serlo. Porque los grandes movimientos de transporte, la enorme energía desplegada en esa máquina de muerte era enteramente visible.
Los gobiernos aliados sabían muy bien lo que pasaba. Lo mismo en el frente inglés-americano que en el frente soviético. Los ingleses se atribuyen haber “liberado” Bergen Belsen y los norteamericanos, Dachau. Pero tampoco fue así. Los ingleses y los americanos encontraron los campos. Antes de que el ejército soviético llegara a Auschwitz, los alemanes habían huido llevándose con ellos a los prisioneros en lo que se conoce como la Marcha de la Muerte, camino de Alemania. El comandante de Auschwitz, Rudolph Hoss, fue apresado en Alemania, enviado a Polonia, juzgado y colgado frente a una de las barracas de Auschwitz en 1947.
En el ’45 yo estaba en Dachau, providencialmente me habían llevado ahí desde Auschwitz, y ningún soldado americano vino a rescatarme, los alemanes nos metieron en un tren que después abandonaron a mitad de camino; literalmente, a mí me encontraron en el cobertizo de una casa de campo en Baviera. Cuando terminó la guerra me gustaba decir que los aliados me habían liberado de Dachau. La juventud es más épica. Tardé años en comprender que no había sido así. No hubo ninguna intención de terminar con los campos. Los sobrevivientes fuimos encontrados en la ruta de los distintos ejércitos, mientras cumplían el único objetivo que se habían propuesto: derrotar a Alemania. La prioridad, la única finalidad, diría, fue la de derrotar al nazismo, y nunca la de rescatar a las víctimas. Los aliados permitieron que durante toda la guerra la matanza se ejecutara sin obstáculos.
Hoy, escribo esta nota y me es difícil retroceder en el tiempo y verme en el planeta Auschwitz (digo planeta irónicamente, para evocar la idea de que la tierra, los hombres, no podrían dar forma a una máquina semejante de muerte, pero sin embargo fue en la tierra y son los hombres), donde los SS eran dioses siniestros que decidían sobre la vida y la muerte a cada momento.
Henry Ibsen dijo que la mayoría no siempre tiene razón. Las Naciones Unidas, todas las organizaciones que preparan actos para la ocasión, la mayor parte de la prensa mundial hablan en estos días de la “Liberación” de Auschwitz, para mí se trata de una ironía de mal gusto, no puedo pensarlo de otro modo, quizá se trata sólo de una imprecisión en el lenguaje, quizá las cosas van más rápido que el lenguaje, pero no creo en esta interpretación, las palabras siguen hablando y a su modo dan cuenta siempre, fatalmente, de la verdad que ponen a cada momento en juego: las palabras y la verdad de lo que dicen y ensombrecen. Yo pregunto (me gustaría escribir como Zola: yo acuso, pero me reservo esa gravedad y ese entusiasmo ya un poco anacrónicos), ahora, 60 años más tarde, señores: ¿por qué los campos nunca fueron liberados? Y más, pregunto: ¿es la misma persona, soy el mismo, que hace 60 años, hasta unos meses antes, caminaba, si puede llamarse a eso caminar, entre los pabellones?
En la entrada de Auschwitz hay una placa escrita en 19 lenguas (hasta 1991 ese texto no figuraba ni en idish ni en hebreo), pretende dar testimonio universal de la tragedia, como cuando el turista se pasea por Le Marais, en París y lee “aquí vivió Victor Hugo”, el turista se detiene, se estremece, dice “Ah, la casa de Victor Hugo”, y después sigue, hay muchas otras cosas para ver, se hace tarde y quiere volver a su cuarto de hotel, sacarse los zapatos y tomar una ducha.

* Intelectual, pedagogo y escritor. Sobreviviente de Auschwitz.

La lección que aprendí en Auschwitz

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El Primer Ministro británico, Gordon Brown, comparte el profundo impacto que le causó la visita a un campo de exterminio nazi
“No hay palabras para expresar la oscuridad y la desolación de Auschwitz. He leído mucho acerca de la Shoah, he visto muchas películas y documentales y tuve el privilegio excepcional de hablar con sobrevivientes y educadores. Pensaba que estaba listo para la visita, pero ahora me doy cuenta de que ni lo estaba ni podría haberlo estado, porque la imaginación nos prepara relacionando lo que estamos por enfrentar con alguna experiencia anterior.
Sin embargo, nunca antes me había encontrado frente a una montaña de cabellos humanos. Nunca había tocado las paredes de las cámaras de gas que seres humanos habían arañado, presos del terror y la desesperación. Nunca había visto en el lugar de ejecución una enorme pila de zapatos de miles de niños que caminaron, uno por uno, hacia su horrible fin. Nunca había tenido ante mis ojos, como entonces, la maleta de una criatura de tres años, una huérfana que fue a la muerte sin madre ni padre que la confortaran.
Lo que observé en el campo de exterminio fue una terrible denuncia, no solo de la absoluta maldad de los perpetradores, sino también de la ceguera moral de aquellos que se desentendieron. Tengo ahora una nueva comprensión de la importancia de la memoria y de que la distancia que nos separa del Holocausto, tanto en el tiempo como en el espacio, no amengua sino que aumenta nuestra obligación de recordar y resistir. Además, he aprendido una lección todavía más profunda. Aun cuando caminaba por el Valle de las Sombras de la Muerte, el pueblo judío estaba decidido a continuar siendo una luz para las naciones. Los prisioneros de Auschwitz no dejaron de orar, ni de observar las festividades, ni de cumplir con las mitzvot (preceptos). Compartieron el poco pan que tenían, dividiendo la nada al infinito hasta donde les fue posible. Lo sucedido en Auschwitz es una historia tanto de coraje como de crueldad, que muestra cómo un pueblo puede conservar la capacidad de seguir siendo humano aun en lugares inhumanos. Vienen a mi memoria las palabras del rabino que no había estado jamás en un campo, y a quien le preguntaron por qué había hecho tanto por la educación del Holocausto, no siendo él mismo un sobreviviente. Respondió que sí era un sobreviviente, que todos lo somos, no solo los judíos sino también la humanidad entera, por haber encontrado la esperanza de poder sobreponernos a nuestra hora más oscura. A esto se refería ElieWiesel cuando expresó: “Porque recuerdo, desespero, pero porque recuerdo, tengo el deber de superar la desesperanza”.
Por estas razones, en el Día del Recuerdo del Holocausto y en Yom Hashoah (el Día del Holocausto y el Heroismo), no debemos olvidar y, sobre todo, necesitamos perpetuar la memoria de aquellos que no sobrevivieron, enseñando a nuestros niños que ellos nacieron dotados de libre albedrío. Es esta facultad de escoger la que contiene dentro de sí no solo el poder de cometer atrocidades, sino también el de ser justos. Esto es lo que los nazis trataron de destruir, pero es lo que diferencia a la especie humana de todas las otras criaturas. Por ello, la verdadera lección que recibí de Auschwitz es simple y es profundamente judía: honramos a los muertos celebrando la vida y derrotamos al odio eligiendo la esperanza.”

Fuente: http://www.amizadeconisrael.org

Roban el letrero de Auschwitz

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El lema “el trabajo nos hace libres” en alemán coronaba la entrada del campo de concentración de Auschwitz.
El letrero de metal con la inscripción “Arbeit Macht Frei” (“El trabajo nos hace libres”) que colgaba a la entrada del campo de concentración de Auschwitz fue robado este viernes. El Memorial del Holocausto en Israel lo consideró una “declaración de guerra”.
Este campo nazi en el sur de Polonia, que presenció la muerte de más de un millón de personas -el 90% judíos- durante la Segunda Guerra Mundial, es ahora un museo.
Un miembro del museo de Auschwitz, Jarek Mensfelt, le dijo a la BBC que el robo constituía una profanación al lugar donde murieron cientos de miles de judíos, gitanos y otros pueblos perseguidos por los nazis.
Este hecho constituye una verdadera declaración de guerra, cometido por individuos cuya identidad desconocemos, aunque supongo que se trata de neonazis animados por el odio contra los extranjeros

Avner Shalev, presidente del Memorial del Holocausto de Jerusalén
La inscripción en fierro forjado no era difícil de desenganchar desde lo alto de los portones, pero se requería cierto conocimiento técnico para llevar a cabo el cometido. Según Mensfelt se trató de un operativo deliberado y organizado.
El vocero aseguró que el letrero es fácil de reconocer y que por ello sería difícil de vender. Una réplica, construida en los talleres del museo, cuelga ahora de la entrada del antiguo campo de concentración.
La policía no sabe quién realizó el robo, pero dice tener algunas teorías que desea mantener en reserva.
Los guardias aseguran que el letrero desapareció entre las 3:30 y las 5 de la mañana.
“Acto abominable”
El gobierno de Israel condenó el hecho a través de su ministro de Desarrollo Regional, Sylvan Shalom, quien aseguró que se trata de un “acto abominable que remite a la profanación” y que resulta “un nuevo testimonio del odio y la violencia contra los judíos”.
Primera vez
Esta es la primera vez que el letrero, realizado por prisioneros polacos, es robado desde que fue colocado en 1940.
En tanto, el presidente de Memorial del Holocausto, Avner Shalev, aseguró que el “hecho constituye una verdadera declaración de guerra, cometido por individuos cuya identidad desconocemos, aunque supongo que se trata de neonazis animados por el odio contra los extranjeros”.
La sustracción de la inscripción se produce sólo días después de que el gobierno alemán prometiera US$86 millones para un fondo destinado a preservar el campo.
Más de un millón de personas visitan el museo de Auschwitz cada año.

De Varsovia al kibutz, tras sobrevivir a Auschwitz

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Con 84 años, Havka Raban aún transmite en un kibutz la fortaleza de antaño, la que le hizo convertirse en partisana y luchar contra los nazis durante la II Guerra Mundial y le permitió sobrevivir a Auschwitz.
Menuda, con el pelo corto, teñido de rubio, y el rostro maquillado, la anciana vive en Israel desde 1949 y junto a otros sobrevivientes de Holocausto fundó el kibutz “La casa de los combatientes de los guetos” (Lojamei Haguetaot), situado en el norte, a 17 kilómetros de la frontera con el Líbano.
Raban vivía en Varsovia, era la menor de tres hermanos de una familia acomodada; el 1 de septiembre de 1939, su vida cambió.
“Tenía 15 años cuando los bombarderos nazis comenzaron a sobrevolar mi casa. A los 16 me integré en la resistencia dentro del gueto”, recuerda.
Raban perteneció a los grupos juveniles de resistencia, que en su comienzo se limitaban a realizar seminarios clandestinos para los más jóvenes, donde, asegura, que debatían temas de interés social, “pero la vida dentro del gueto cambió mi forma de pensar y actuar”.
“Al comienzo fui instructora de jóvenes, ese trabajo me dio fuerzas para seguir viviendo, posteriormente necesité implicarme más y me convertí en partisana”.
Havka Raban dice que en su casa se hablaba polaco y que su aspecto físico era el de una polaca. “Por esta razón me convertí en mensajera. Podría pasar por polaca sin problema”, reitera.
Un abrigo tres tallas mayor le permitía esconder los documentos que debía transportar de un lugar a otro.
Esta judía se movía sin dificultad gracias a una identidad falsa, aunque la anciana recuerda que le resultaba complicado la duplicidad de identidades: “era difícil psicológicamente”.
En 1942 un grupo de partisanos ataca, en el centro de Cracovia, a un grupo de miembros de las SS, que se encontraban en un café.
“Yo no había acudido, no me dejaron por ser mujer. Me quedé en el escondite y al rato de regresar fuimos detenidos, alguien nos había delatado”.
Raban fue juzgada y la trasladaron a Awschwitz, donde le cortaron el pelo, y le tatuaron un número en el brazo izquierdo.
De aquellos días en el campo de concentración recuerda especialmente el olor a carne quemada y la visión de las chimeneas de los crematorios: “echando fuego constantemente”.
La anciana reconoce que sobrevivió gracias a la suerte, ya que “no se podía hacer nada especial”.
Antes de concluir la guerra, Raban fue canjeada por soldados alemanes. El intercambio se realizó en Suecia a través de la Cruz Roja Internacional.
Al finalizar la II Guerra Mundial, Raban regresó a Polonia en busca de su familia. Sólo su madre había sobrevivido “gracias a la ayuda de una familia católica polaca”, recuerda.
La búsqueda no se centró exclusivamente en los suyos, se extendió también a los compañeros partisanos con quienes habían trabajado en gueto de Varsovia.
Varios habían sobrevivido y juntos se trasladaron a Israel, donde fueron recibidos como héroes.
La voluntad por el trabajo en común se había forjado en el gueto y en Israel la volverían a ejercer.
Por esta razón fundan el kibutz “La casa de los combatientes de los guetos”, varias hectáreas de terreno situadas a 5 kilómetros del mar, donde los supervivientes comenzaron a echar raíces.
Para este grupo de supervivientes, el kibutz no lo era todo. Decidieron fundar un museo, donde se almacenaran todos los documentos, objetos y cualquier utensilio relacionado con el Holocausto. Tenía como finalidad el recuerdo del horror, para no volver a sufrirlo.
En el museo se pueden ver diversos objetos que pertenecieron a los judíos, pero el que llama más la atención es la garita donde se juzgó al miembro de las SS, Adolf Eichmann, en Jerusalén.
Raban asistió al juicio, pero sus compañeros Tzivia e Itzjak Zukerman declararon como testigos en el juicio contra el encargado de la logística de “los trenes de la muerte”, que trasladaban judíos a los campos de concentración.

Eichmann que fue juzgado en la Biblioteca Pública de Jerusalén, habilitada para la ocasión, fue condenado a muerte, y según Raban el archivo, del ahora museo, fue la base de la información para el juicio.

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El primer ministro, Biniamín Netanyahu, recibió en Berlín, en la última etapa de su gira europea, los planos originales del antiguo campo de exterminio nazi de Auschwitz.
Netanyahu recibió los originales del también conocido como campo central, ubicado a 60 kilómetros de la ciudad polaca de Cracovia, datados de 1941 y 1942, del director del popular diario alemán “Bild”, Kai Diekmann.
Se trata de documentos que muestran, en palabras del presidente del Museo del Holocausto de Yad Vashem, Avner Schalev, la “gélida y sistemática maquinaria del horror nazi”.
Entre otras dependencias, los planos muestran las rampas a las cámaras de gas, el trazado de la vía férrea que cruzaba el portalón de acceso al campo, así como un crematorio.
El grupo Springer, al que pertenece “Bild”, adquirió esos documentos en 2008 y los expuso al público en febrero de este año.

El Archivo Federal certificó la autenticidad de los planos, los únicos hasta ahora hallados en Alemania, y el propósito en que queden expuestos en Yad Vashem, ubicado en Har Hazikarón, en el extremo oeste de Jerusalén, junto con otros documentos relativos al que fuera el mayor campo de exterminio nazi, donde se estima que fueron asesinados un millón de presos, la mayoría judíos.

Netanyahu recibió los planos en un acto al que acudió acompañado de Yossi Peled, sobreviviente de Auschwitz y miembro de su gabinete, y fue la parte más emotiva de su visita a Berlín.

El primer ministro desmintió haber llegado con Estados Unidos a un acuerdo para congelar la ampliación de los asentamientos en Cisjordania, al decir que son “rumores que no tienen base”, y se limitó a decir que se hacen “esfuerzos por eliminar discrepancias”.

Medios británicos e israelíes habían afirmado que Netanyahu habría accedido a detener durante nueve meses la construcción de asentamientos en Cisjordania, aunque no en Jerusalén Este, que Israel considera como parte de su capital legítima.

El jefe del Gobierno cerró su visita a Alemania en la Casa Museo de la Conferencia de Wannsee, el lugar junto al hermoso lago a las puertas de Berlín, donde, en 1942, Hitler trazó su plan para el exterminio de los judíos europeos.