por Dr. Daniel Eisenberg
para Aish Latino

El primer trasplante de rostro exitoso se hizo recientemente en Francia. Una mujer había perdido su nariz, labios, y mentón después de haber sido atacada por su perro. Las heridas la dejaron deformada, haciéndole prácticamente imposible interactuar con los demás. Los músculos, vasos sanguíneos, nervios y otros tejidos fueron trasplantados de un donante con muerte cerebral para realizar una cara “híbrida” que no se parecía ni a la del donante ni a la original del receptor.
Esta cirugía hizo historia, agregando nuevas preguntas a la lista usual de asuntos éticos. A diferencia de un transplante de riñón, hígado, pulmón, u otros órganos vitales, que son procedimientos que salvan vidas, el transplante de rostro trae la discusión a la esfera de la cirugía plástica.
Desde la perspectiva judía, el trasplante de rostro genera dos tipos de preguntas. Están las preguntas técnicas referentes al trasplante y un grupo más fundamental referente al enfoque del judaísmo sobre la vanidad y la cirugía plástica.
Dejemos de lado los asuntos éticos para otro día y formulemos la pregunta fundamental: ¿Qué tan lejos puede ir un individuo para mejorar su apariencia? Claramente, una cirugía de trasplante de rostro no es por vanidad, pero igualmente debemos preguntar si la cirugía plástica cosmética de rutina está permitida en lo absoluto. ¿Cuáles son los puntos a analizar para alguien que contempla la cirugía plástica?

Cirugía Cosmética Versus Cirugía Reconstructiva
La cirugía plástica puede ser dividida en cirugía cosmética y cirugía reconstructiva. La cosmética se realiza para el mejoramiento de la apariencia física de la persona (como rinoplastia, liposucción, o aumento de busto). La reconstructiva se realiza para corregir un defecto, ya sea congénito (de nacimiento) o adquirido (por ejemplo, producto de un accidente). Estas dos indicaciones pueden superponerse y no es necesariamente una línea definida lo que separa deformidad de apariencia normal. Como ha sido repetido a menudo, la belleza depende del observador.
El judaísmo considera la sensación subjetiva del individuo muy seriamente cuando una persona se siente no atractiva. ¿Y qué hay sobre un defecto cosmético que sólo es percibido por uno mismo, uno que no es ni un defecto congénito ni el producto de un accidente? ¿Cuánta importancia le da el judaísmo a la autoestima y a la vergüenza?

La Historia de la Cirugía Plástica
Las descripciones más antiguas de cirugía plástica son de textos sánscritos de hace 2600 años y de papiros egipcios. ¡Estos documentos describen reconstrucciones de nariz, oídos y labios usando trasplantes de tejidos e injertos de piel! Sin embargo, el término “cirugía plástica” para describir cirugía reconstructiva no fue introducido sino hasta 1818 (1).
A pesar de la larga historia de la cirugía plástica, no se escribieron respuestas sobre cirugía realizada con fines cosméticos hasta la segunda mitad del siglo 20. Esto no es sorprendente, ya que antes de mediados del siglo 19, todas las cirugías estaban limitadas por la incapacidad de aminorar adecuadamente el dolor de la cirugía misma y el alto miedo a la mortandad en cirugías en general.
Todo esto cambió con los importantes avances en la segunda mitad del siglo 19. En base al trabajo de Ignaz Philipp Semmelweis (que argumentó que el lavado de manos podía disminuir las infecciones en los hospitales), y de Louis Pasteur (que demostró que las bacterias causan las infecciones), Joseph Lister introdujo el concepto de la cirugía antiséptica a finales del siglo 19, disminuyendo significativamente el riesgo de infecciones quirúrgicas. El éter, la primera forma de anestesia general, fue utilizado públicamente por primera vez el 16 de octubre de 1846, en un quirófano del Hospital General de Massachusetts, comenzando la era de la anestesia moderna (2). Con estas dos innovaciones vinieron rápidos avances en técnicas quirúrgicas, y avances tanto en cirugía reconstructiva como en cirugía cosmética, particularmente entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

Las Primeras Responsas
A medida que la cirugía plástica se desarrollaba y las opciones para las mejoras cosméticas aumentaban, comenzaban las discusiones halájicas formales. En 1961, el Rabino Immanuel Jakobovits, considerado por muchos el padre de la ética médica judía (3), se dirigió a la Sociedad Americana de Cirugía Plástica Facial en un simposio titulado “Visiones religiosas sobre la Cirugía Cosmética” (4). El Rabino Jakobovits, que luego se transformó en el Gran Rabino de Gran Bretaña, discutió los parámetros de la cirugía plástica desde la perspectiva de la ley judía.
Después de explicar que aún no se había escrito ninguna responsa sobre el asunto, él lidió con la pregunta de si uno puede someterse a una cirugía plástica con el propósito de mejorar su apariencia física. Así como describe elocuentemente el Rabino Jakobovits en su trabajo clásico “Éticas Médicas Judías” (5):
El problema tenía cuatro aristas: las implicancias teológicas de “mejorar” el trabajo de Dios; los riesgos vitales en cualquier tipo de operación; la objeción judía a cualquier mutilación del cuerpo; y la censura ética de la vanidad humana, especialmente entre hombres.
Él concluyó (6) definitivamente que la cirugía plástica para una mejora estética es una forma de arrogancia y vanidad (particularmente para los hombres) y está prohibida a menos que el paciente cumpla ciertos criterios. Más tarde él escribió como parte de una visión general del enfoque judío en la medicina:
Estos casos podrían ser permitidos, siempre y cuando el peligro sea mínimo; 1) si la operación está indicada médicamente, o por razones sicológicas serias; 2) si la corrección de la deformidad permitirá facilitar o mantener un matrimonio feliz; o 3) si va a permitirle a una persona desempeñar un rol constructivo en la sociedad y obtener un ingreso económico decente (7).
Las cuatro preocupaciones éticas del Rabino Jakobovits siguieron siendo los puntos clave para toda responsa y elucidación futura, de esta manera los poskim posteriores las han abordado de diferentes maneras.

Preocupaciones Éticas
La primera objeción potencial práctica a la cirugía plástica es la obligación de la Torá de cuidar la vida, lo que podría limitar los riesgos quirúrgicos que uno puede aceptar como parte de una cirugía plástica. Además de los peligros asociados con una cirugía en general, la anestesia, particularmente la anestesia general, presenta un riesgo muy pequeño pero real de muerte o discapacidad.
Más allá de la obligación general de la Torá de cuidar la vida, está la prohibición particular de mutilarse a uno mismo. De la misma manera en que uno no puede lastimar a otra persona, uno no se puede lastimar a uno mismo. La prohibición de lastimar a otra persona es llamada javalá y es derivada directamente del versículo bíblico (8) que advierte a la corte no darle al criminal convicto más latigazos que los que se le ordena por ley. Se interpreta del verso que si la corte no debe atacar al criminal sin justificación, seguramente un individuo tampoco puede dañar a su semejante.
El Talmud (9) discute si esta prohibición aplica a dañarse a uno mismo, y concluye que “uno que se daña a si mismo, aunque está prohibido, no paga daños. Pero si alguien lo daña a él, paga daños”. Dañarse a uno mismo sin una razón válida es llamado jovel beatzmó. Esta proscripción tiene, de todos modos, limitaciones. Nosotros sólo tenemos prohibido causarnos daño innecesario a nosotros mismos. La pregunta clave es qué es considerado necesario.
El riesgo y dañarse a uno mismo no son las únicas cuestiones. También hay consideraciones filosóficas. Dios es el artesano y moldeador más grande de seres humanos, forma a cada persona exactamente como debe ser. ¿Acaso nuestra “remodelación” de nosotros mismos es un insulto a Su juicio?, es decir, ¿el mandato divino de sanar y de utilizar tratamientos médicos para combatir las enfermedades se extiende a la cirugía plástica, o no?
El cuarto asunto aplica predominantemente a los hombres. La Torá ordena que un hombre no debe vestir ropas de mujer, y que una mujer no debe vestir ropas de hombre. Esta prohibición se extiende más allá de simplemente ropas, incluye también acciones y actividades que son características de uno de los dos sexos. Por ejemplo, en la mayoría de las situaciones, un hombre no se puede teñir su pelo con el propósito de mejorar su apariencia dado que esto es considerado una práctica femenina. ¿Es también la cirugía plástica considerada una práctica “femenina”?

Una Variedad de Enfoques
En 1964 se le preguntó a los Rabinos Mordejai Yaakov Breish, Menasheh Klein, y Moshé Feinstein sobre leyes en cuestiones de cirugía cosmética para la mejora de la apariencia.
El Rabino Mordejai Yaakov Breish, autor de Jelkas Yaakov, y posek (autoridad en ley judía) prominente en Suiza, discutió los asuntos de riesgo y javalá (daño auto-inducido) cuando se le preguntó si una mujer podía someterse a cirugía cosmética para enderezar y disminuir el tamaño de su nariz para mejorar sus posibilidades de conseguir un marido adecuado (10).
Él utilizó un fallo previo del Rabino Abraham de Sojajev, el autor de Avnei Nezer del siglo 19, como punto de partida para su discusión de por qué está permitido entrar en cirugía u otras situaciones peligrosas, incluso cuando no es absolutamente necesario. El Avnei Nezer (11) le había prohibido a un niño someterse a una cirugía para enderezar una pierna torcida debido al riesgo de la operación. El Rabino Breish señaló muchas objeciones a este fallo.
Mientras que un doctor practique de manera aceptable, es una mitzvá para el médico tratar lesiones, aun si no son enfermedades que presentan riesgo vital, aunque pueda dañar o matar pacientes inadvertidamente (12). Esta es la naturaleza del mandamiento de sanar. Adicionalmente, el Talmud permitió la donación de sangre como un mecanismo de curación preventiva, aun cuando se sabía que de alguna manera era peligroso. También podemos ver claramente que uno no tiene prohibido ponerse voluntariamente en una situación peligrosa dado que no se les prohíbe a las mujeres tener hijos (13).
El Rabino Breish también señaló que la población general se somete a cirugía para el tratamiento de situaciones que no atentan contra la vida con una tasa de complicación muy baja. Por lo tanto, él invoca el concepto de Shomer Pasaim Hashem (14), que Dios vigila lo simple, para defender cirugías de bajo riesgo. Él falla que desde la perspectiva del riesgo, uno puede someterse a cirugía plástica ya que es una de las actividades que la población encuentra aceptablemente segura. Para apoyar su argumento de que uno puede dañarse a uno mismo (independientemente de cualquier riesgo asociado) para el tratamiento de enfermedades que no atentan contra la vida, él trae dos pruebas. El Código de Ley Judía (15) advierte a un niño a no quitar una espina, causar un derramamiento de sangre, o amputar un miembro de un padre, aun por razones médicas, para no transgredir (innecesariamente) la pena capital de lastimar a un padre. El Rabino Moshé Isserles, en su comentario al Código de Ley Judía, declara que un niño solamente debería abstenerse si hay otra persona presente que pueda ayudar al padre, y de lo contrario, el niño debería hasta amputar el miembro si el padre está sufriendo dolor. Parece claro que la prohibición es solamente de dañar al padre propio, ¡pero el concepto de causar un derramamiento de sangre o la amputación meramente por el dolor, a pesar del trauma involucrado, no parece ser problemática!
La segunda prueba es fundamental para nuestra discusión sobre cirugía plástica, y particularmente sobre la cirugía cosmética. El Talmud (16) declara que un hombre puede quitar costras de su cuerpo para aliviar dolor, pero no para mejorar su apariencia (17). A primera vista, esto parece excluir la posibilidad de cirugía plástica. Sin embargo, Tosafot (18), comentando sobre esta declaración, promulga un concepto que demuestra un entendimiento muy sensible de la naturaleza humana y de la psicología. Él escribe: “Si el dolor que sufre es que tiene vergüenza de caminar entre la gente, entonces está permitido, porque no existe dolor más grande que éste”. Tosafot reconoce que no hay sufrimiento más grande que el dolor psicológico y que es muy difícil juzgar el grado de sufrimiento que está experimentando una persona como resultado de un defecto percibido por uno mismo.
Citando al dolor psicológico asociado con la incapacidad de encontrar un esposo, el Rabino Breish falló que la mujer podía someterse a cirugía cosmética.
El mismo año, se le preguntó al Rabino Moshé Feinstein (1895-1986) la misma pregunta. Su respuesta examinó primero los parámetros de javalá. Él señala que en Mishné Torá (19), Maimónides describe claramente javalá como herida con maldad. El Rabino Feinstein trae varios ejemplos de heridas con la intención de dañar que la literatura judía religiosa encuentra aceptables (20). Su fallo final permite la cirugía cuando es por el bien del paciente, incluso si no están enfermos y no se trata de una enfermedad. Como resultado, él le permitió a la mujer someterse a cirugía cosmética dado que era para su beneficio y no estaba siendo realizada para dañarla.
También en 1964, el Rabino Menasheh Klein, autor de Mishné Halajot, trató con la pregunta de la permisibilidad de cirugía cosmética para corregir varias imperfecciones faciales que afectan la apariencia de una mujer, como por ejemplo una nariz desproporcionada que dificulta su búsqueda de pareja y que la hace sentir muy fea (21). El Rabino Klein utiliza un enfoque ingenioso para evaluar la pregunta. Él señala que hay un amplio precedente médico para mejorar la apariencia en las citas que data de los tiempos del Talmud.
La Mishná (22) discute el caso de un hombre que desposa a una mujer con la condición de que ella no tenga ningún defecto (mum), siendo que “mum” se define como cualquier defecto que pueda prohibirle a un cohen (sacerdote judío) servir en el Templo. Tosafot (23) declara que si la mujer corrigió su defecto con un médico antes del compromiso, el matrimonio es válido. Dado que muchos de los defectos que podrían aplicar al cohen incluyen imperfecciones cosméticas (24) y Tosafot permite que estos defectos sean corregidos por un médico, el Rabino Klein declara que parece que un hombre o una mujer pueden ir a un doctor para corregir un defecto cosmético solamente para mejorar su apariencia. El Rabino Klein rechaza el argumento de que la cirugía plástica conlleva cualquier peligro basado en la información que recibió de los médicos.
En una segunda respuesta (25), impresa inmediatamente después de la recién discutida, el Rabino Klein discute el tema de la cirugía plástica en los hombres con respecto a la prohibición de un hombre de realizar actos femeninos. Él reitera su fallo previo y agrega que los procedimientos cosméticos (menores) están prohibidos para el hombre si están hechos con fines estrictamente estéticos, pero que la prohibición no aplica si el defecto le causa al hombre suficiente vergüenza como para que él esquive la interacción social. El Rabino Klein señala sabiamente que tal distinción requiere una gran cantidad de honestidad intelectual.
En 1967, el Rabino Itzjak Yaakov Weiss (1902-1989), jefe de la corte rabínica Edá Jaredit en Jerusalem y autor de Minjat Itzjak, trató brevemente con el asunto de javalá y el riesgo con respecto a la cirugía plástica (26). Él adopta el mismo enfoque para la auto-flagelación que el Rabino Feinstein, argumentando que la prohibición de javalá sólo aplica cuando la herida es causada con la intención de dañar o degradar. Él siente que la cirugía cosmética podría estar permitida si no fuese por el riesgo de la cirugía, que él estima de seria consideración. Él se refiere a una de sus responsas anteriores (27), la cual fue dirigida a su suegro, el Rabino Breish, en la cual él prohíbe la cirugía para condiciones que no presentan un riesgo de vida. Mientras que admite que la línea de razonamiento del Rabino Breish tiene validez, él no está de acuerdo, argumentando que la permisión del Código de Ley Judía de amputar un miembro es solamente en situaciones con riesgo de vida. Él también está de acuerdo con el Rabino Breish en que la gente que desea cirugía plástica puede estar enferma, pero declara que no están en peligro, y por lo tanto duda si permitir las cirugías plásticas innecesarias o no, terminando su respuesta de 1967 diciendo que la cuestión requiere un estudio más profundo.
A pesar del apoyo generalmente fuerte entre los expertos halájicos para la permisibilidad de cirugía reconstructiva para defectos congénitos y heridas traumáticas, una opinión que disiente se postula con respecto a cirugías cosméticas con el mero fin de mejorar la apariencia de uno mismo.

Yo Soy El Señor, Tu Sanador
Hay una tensión inherente en el judaísmo con respecto a los fundamentos psicológicos del mandato de sanar. Mientras que la Torá claramente le da poder al médico para tratar la enfermedad, hay controversia con respecto a qué tan lejos se extiende la permisión. Mientras que la mayoría de los comentaristas bíblicos y los eruditos de la ley judía interpretan que la Torá otorga una licencia muy amplia para sanar, hay consenso en que el paciente debe estar enfermo para permitir al médico que lo trate, particularmente si el tratamiento es peligroso o requiere lastimar al paciente durante el proceso de curación.
Este es una de las mayores preocupaciones que presentó el Rabino Eliezer Yehuda Waldenberg, autor de Tzitz Eliezer, un set de respuestas de varios volúmenes, muchas de las cuales tratan con asuntos médicos. Primero, el Rabino Waldenberg (29) se opone a realizar cirugía a alguien que no está enfermo ni siente dolor (30). Él argumenta que estas actividades están fuera de los límites del mandamiento de sanar para los médicos (dado que él cuestiona si la cirugía cosmética está verdaderamente incluida en la categoría de sanar). Él más adelante afirma que el paciente no tiene derecho a pedirle al médico que lo hiera para propósitos de meramente mejorar la belleza. El Rabino Waldenberg entonces da el argumento teológico de que como el más grande artesano, Dios crea a cada persona a Su imagen, exactamente como él o ella deberían ser, sin nada extra ni algo faltante. Por lo tanto, él propone que la cirugía cosmética que no es por dolor o verdadera enfermedad es una afrenta a Dios y está prohibida.

Un Argumento Final
El último posek importante que se manifestó al respecto, dio una opinión que sirve como conclusión para nuestra discusión de varios enfoques de autoridades legales judías sobre la cirugía plástica. El Dr. Abraham (31) reporta la opinión del Rabino Shlomo Zalman Auerbach (1910-1995), el gran posek israelí, en la pregunta de una persona cuyo brazo o dedo ha sido amputado traumáticamente.
En respuesta a aquellos quienes prohíben la cirugía plástica, el Rabino Auerbach discutió la pregunta para el caso en que el miembro amputado podría ser reunido al cuerpo por medio de una cirugía con anestesia general, aun si el paciente ya había sido tratado y su vida ya no corría riesgo. Él falló que la cirugía podría ciertamente ser permitida en un día de semana “dado que la cirugía no sería considerada una herida sino una reparación y el tratamiento para salvar el miembro. ¿Por qué entonces debería estar prohibido para alguien someterse a cirugía plástica para verse normal?” en una respuesta publicada (33), el Rabino Auerbach escribe:
Si la cirugía plástica es realizada para prevenir sufrimiento y vergüenza causada por un defecto en su imagen (por ejemplo una nariz que es muy anormal) podría permitirse basado en el Tosafot y en la Guemará, dado que el propósito es remover un defecto. De todos modos si la única razón es por belleza, esto no está permitido.
El Rabino Auerbach resume el consenso de la mayoría de los expertos legales al fallar que la cirugía plástica para permitir que alguien se vea normal, y más importante, para permitir que se vean normales a sí mismos, está permitida. Es sólo cuando la cirugía es realizada meramente por vanidad que los rabinos tienen serias reservas. Sin embargo, es claro que la cirugía verdaderamente reconstructiva y también la cirugía por una apariencia anormal no es un asunto de vanidad. Este era claramente el caso con el trasplante de rostro que discutimos al comienzo.
Esto nos deja con un mensaje humano muy potente. Siempre debemos considerar las prisiones auto-construidas en las que algunos de nuestros amigos viven. Tanto si es la tortura de sentirse feos o el sentimiento de desesperanza de un amigo/a soltero/a que está perdiendo esperanza de que alguna vez tendrá un esposo/a y familia, siempre debemos buscar formas de aliviar su dolor.

Notas Al Pie:

1 http://www.emedicine.com/plastic/topic433.htm
2 http://www.etherdome.org/Our_Stor/Our_Stor.html
3 El rabino Jakobovits está considerado por muchos como el padre de la ética judía en medicina moderna como un área especializada de estudio, debido a la publicación en 1959 de su tesis doctoral en forma de libro, titulada “Ética Médica Judía”. Por primera vez, la amplitud de las actitudes judías hacia asuntos médicos cruciales estaba disponible para el público en general y los trabajadores de la salud en inglés legible. Como lo describe el Dr. Fred Rosner:

El libro ahora clásico del rabino Jakobovits es el primer tratado complete sobre el tema de Ética Médica Judía. Rastreando el desarrollo de la visión de problemas médico morales del judaísmo y de otras religiones desde la antigüedad hasta el día de hoy, el libro está profusamente anotado con referencias a las fuentes originales en literatura religiosa, médica, legal e histórica. El libro contiene discusiones de temas clásicos en la ética médica judía como el aborto, la inseminación artificial, el control de la natalidad, la eutanasia, las autopsias, la eugenesia, la esterilización, tratamiento de pacientes en Shabat, y más. Además, muchos capítulos están dedicados al médico en la ley judía religiosa (sus estudios y privilegios, sus licencias responsabilidades legales, sus honorarios profesionales y la admisión de su evidencia. El libro está apropiadamente subtitulado “Un estudio comparativo e histórico de la actitud judía religiosa ante la medicina y su práctica. IMAJ 2001; 3:304

En 1981, el rabino Jakobovits fue nombrado caballero por la reina Elizabeth por su vida de dedicación.
4 Publicado en The Eye, Ear, Nose and Throat Monthly, Nueva York, febrero/marzo de 1962
5 Jakobovits, Immanuel, Jewish Medical Ethics: A Comparative and Historical Study of the Jewish Religious Attitude to Medicine and its Practice, segunda edición, Bloch Publishing Company, Nueva York, 1975, página 284.
6 Jakobovits, Immanuel, Noam 6:273 (Abreviado en el Séfer Assia 1:222-223).
7 Jakobovits, Immanuel, “Medicine and Judaism: an overview,” Assia (inglés) noviembre de 1980; 7(3-4):57-78.
8 Deuteronomio 25:3
9 Baba Kama 91b
10 Jelkas Yaakov, Joshen Mishpat 31
11 Avnei Nezer Ioré Deá 321
12 Najmánides, Torat HaAdam, Inián HaSakaná. Ver también Beis Yosef, Ioré Deá 241
13 La Torá no obliga a las mujeres a tener hijos.
14 Salmos 116:6
15 Shulján Aruj, Ioré Deá 241:3
16 Shabat 50b
17 Rashi comenta que el que un hombre se quite costras por motives estéticos es un comportamiento femenino.
18 Ibídem. Frase de apertura “bishvil”. Los autores del comentario Tosafot son un grupo de los más grandes comentaristas talmúdicos medievales.
19 Mishné Torá, Leyes de Lesiones y Daños (Jovel Umazik) 5:1
20 Los cuatro ejemplos listados por el Rabino Feinstein son:

a. En el libro de Reyes I 20:35-36, un hombre es castigado por rehusarse a pegarle a un profeta. Una discusión del evento también es registrada en Sanedrín 89.
b. Baba Kama 91b describe que el Rabino Jisda se levantaba su ropa cuando caminaba a través de arbustos espinosos para que sus piernas se rayen, pero que su ropa no se dañe. Él razonó que sus piernas se repararían a sí mismas, pero sus ropas no.
c. En Sanedrín 84b se discute la permisión de causar derramamiento de sangren el propio padre si es necesario basándose en la mitzvá: “Veahavtá lereaja camoja” (“Ama a tu prójimo como a ti mismo”). El Rabino Feinstein explica que aprendemos que uno puede causar una herida a su amigo si es que es del tipo de herida que una persona quisiera que se le haga a ella misma, por ejemplo la donación de sangre. El Talmud ni siquiera implica que la donación de sangre es halájicamente problemática, solamente que uno debe ser cuidadoso cuando se lo hace a un padre. La lesión como parte del tratamiento médico está permitida y es considerada solamente javalá cuando la intención es lastimar o avergonzar a alguien.
d. La Mishná en Bejorot 45a discutes sobre uno que remueve un dedo extra de su mano sin ningún indicio de que esa cirugía está prohibida.
21 Mishné Halajot 4:246
22 Ketubot 72b
23 Ketubot 74
24 Bejorot y Mishné Torá, Beit Hamikdash, 8
25 Mishné Halajot 4:247
26 Minjat Yitzchak 6:105
27 Minjat Yitzchak 1:28
28 Éxodo 15:26
29 Respuesta Tzitz Eliezer, 11:41
30 Ver Respuesta Tzitz Eliezer, 12:43 en donde el rabino Waldenberg falla que la cirugía verdaderamente opcional nunca está permitida.
31 Nishmat Abraham, Ioré Deá, página 62, Mesorah Publications (versión en inglés)
32 “En Shabat o Iom Tov esto no estaría permitido porque solamente hay riesgo para el miembro, y para esto uno no podría dejar de lado la ley de la Torá.” Ibídem.
33 Minjat Shlomo Tiniana 86:3 citado en Nishmat Abraham, ibídem.