El Estado de Israel reconocerá automáticamente las conversiones hechas en el extranjero

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El Ministerio del Interior anunció que reconocerá a la mayoría de las conversiones ortodoxas llevadas a cabo en países extranjeros cuando considere las inmigraciones basadas en la Ley de Retorno, sin consultar al Jefe del Rabinato.

El Ministerio del Interior anunció este martes que la mayoría de las conversiones ortodoxas llevadas a cabo en el exterior serán reconocidas por el gobierno cuando se considere la inmigración basada en la Ley de Retorno sin el requerimiento de la aprobación del Jefe de Rabinato.
Algunos rabinos ortodoxos se han quejado de que el Jefe de Rabinato se rehúsa a reconocer sus conversiones. ITIM (por sus siglas en inglés), el Centro de Información de Vida Judía, archivó una petición con la Alta Corte de Justicia sobre el tema el mes pasado.
Hace aproximadamente tres meses, el Comité de Inmigración, Absorción y Diáspora de la Knesset (parlamento israelí) mantuvo una discusión sobre el tema durante la cual el jefe sefaradí rabino Shlomo Amar dijo que había armado una comisión para revisar las conversiones norteamericanas.
El martes, el Ministerio de Población Interior, Inmigración y Autoridad de Fronteras anunció que había aceptado la conclusión del comité de que en solo unos pocos casos donde hay dudas sobre el rabino conversor el Jefe de Rabinato será llamado para que aconseje al ministerio.
El ministerio dijo que en la mayoría de los casos la Agencia Judía decidirá si el rabino conversor de la comunidad es en realidad ortodoxo además de entre representación legal de la conversión en Israel.
El director del instituto ITIM, el rabino Shaul Farber aceptó la decisión, pero agregó: “El hecho de que no haya un criterio claro para lo que es una comunidad reconocida por Israel, y no autoridad clara que decida sobre conversiones en el extranjero es cuestionable y permite que el Jefe del Rabinato rechace a algunas de las comunidades ortodoxas”.

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Fui católico, agnóstico y ahora soy judío…

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Carlos Escudé está en Israel y espera. Es una espera tan larga como espiritual y trascendente. La más trascendente, quizás. Hasta hace pocos meses no esperaba —o no le importaba—, pero ahora sí. A los 60 años, este doctor en ciencias políticas, alumno de Yale y Oxford, experto en relaciones internacionales, abandonó toda una vida de férrea educación católica, que devino en una madurez agnóstica, para convertirse al judaísmo. Se circuncidó, tomó el nombre de Najmán ben Abraham Avinu y, aunque es un judío conservador, luce una barba que sería la envidia del más ortodoxo, pero que no es de ahora sino de casi toda la vida. Ahora puede disfrutar de la religiosidad a sus anchas, dice. Ya no cree —nunca creyó, en realidad— que Jesús sea el Mesías de la paz que anunciaron las antiguas profecías. Al Mesías ahora lo espera.

Es sábado. El calor seco bajo el sol de la capital del Estado de Israel se siente en la piel. Escudé llega de caminar por la Ciudad Sagrada, y del otro lado del teléfono suena exultante. Viajó para inaugurar la Sección Latinoamericana del 15º Congreso Mundial de Ciencias Judaicas, que se hace cada cuatro años en la Universidad Hebrea de Jerusalem, y si bien ya conocía la Tierra Prometida, es la primera vez que pisa Jerusalem como judío.

Controvertido y ecléctico, capaz de pararse en medio de un bar porteño en el que trasmiten un partido de fútbol para lanzar un provocador grito de “God save the Queen” sólo para fastidiar a la afición futbolera presente, o de ponerse a recitar por televisión a Shakespeare en un inglés “so british”, Escudé habla de su cambio de ideas, su postura ante Israel, del álgebra detrás de su conversión. Y de los miedos de mamá.

– ¿Se cansó de ser católico?
– Nací católico: me bautizaron, tomé la Comunión y la Confirmación y me casé por iglesia. Pero siempre tuve una pelea interna muy fuerte con el catolicismo porque me obligaba a creen cosas en las que no podía creer. No creo que el Mesías haya pasado por este mundo porque ninguna de las profecías bíblicas que lo describen se cumplió. Después es álgebra: cristianismo menos idea de que el Mesías no pasó por acá, es igual a judaísmo.

– Católico, agnóstico, judío… ¿Cómo tomó la decisión?
– Fue un proceso largo. En un momento se produjo un hecho en mi vida que no puedo hacer público y me decidí. Tenía ganas de ser religioso por primera, pero sólo podía serlo en el contexto de una religión que no me impusiera una teología maximalista, sino un credo minimalista. Para ser judío sólo hay creer que hay un Dios creador. El judaísmo no estipula la salvación por la fe. Uno, en todo caso, se redime por sus obras. No podía ser religioso sintiéndome obligado a ser intelectualmente deshonesto, creyendo que el pan se convierte en carne y el vino en sangre. Además, nunca pude aceptar la idea sacramental que el sacerdote es un intermediario entre Dios y el hombre, que tiene el poder de absolver o no. El rabino no es intermediario, sino un maestro.

– ¿Era tan fuerte la necesidad de vivir esa religiosidad?
– Sí, desde siempre, pero sólo encontré trabas. En mi temprana juventud intenté fervientemente ser católico, hasta tuve una época de comunión diaria. Mis compañeros de facultad se acuerdan de esa época, son los únicos, por suerte (risas). Tengo una tendencia religiosa fuerte desde siempre. Pero soy librepensador. Participé en el programa “Creencias”, del canal Infinito, que se hizo en 2006, pero que todavía pasan. Ahí cumplía el rol del agnóstico, porque así me sentía. Daniel Goldman, que luego sería mi rabino, me cuenta que me vio cuando me exasperé y le arrebaté la Biblia al pastor que estaba a mi lado al grito de: “Dios no cabe en este librito”. Goldman dice que luego de esa escena pensó: “Éste es el único que cree en Dios”.

– ¿Cómo tomó su esposa su conversión?
– Muy bien. Ella es católica, pero me acompañó a todas las clases del curso de conversión. No se convirtió pero estuvo al tanto de todo. A veces me acompaña al templo.

– ¿Alguien de su entorno se opuso?
– Alguien a quien admiro y respeto estuvo enojadísimo conmigo. Nunca logré entenderlo, no pudo verbalizar lo que le pasaba de manera racional. Pero seguimos siendo amigos… Bueno, en realidad, mi mamá tampoco se lo tomó bien en un primer momento, no quería que me convirtiera, pero también ya se le pasó. Es muy agnóstica, pero en el fondo creo que le incomodaba socialmente que su hijo se hiciera judío.

– ¿Socialmente? ¿Por qué?
– Y… ¡qué sé yo! No sé, no sé. Ella tiene su círculo de amigas, juegan al bridge y son todas católicas. Me imagino que dar explicaciones sobre una decisión tan poco común la incomodaba.

– ¿Qué disfruta de la liturgia judía?
– Cantarle alabanzas a Dios, y rezarle a un solo dios y nada más. Y cantar. Aunque el Sabbath dura el doble que la misa católica, no es nada aburrido. Uno canta y da rienda suelta a sus impulsos místicos naturales.

– Uno de los dilemas de la religión judía es que los hijos de los judíos abandonan el credo de sus padres, con cifras que llegan hasta el 50 por ciento en la Argentina. El historiador Harold Bloom dijo que pensaba que el judaísmo iba a terminar, como religión, en un siglo. Marx pensaba igual. Y a partir de 1948 hay un Estado judío por primera vez desde los tiempos de los macabeos, hace casi 2.000 años. La “ciencia” pronostica el fin, pero el milagro siempre se repite desde 586 Antes de la Era Común (cuando se destruyó Jerusalén). Por algo será…

– ¿La Argentina es un país antisemita?
– No particularmente. Muchos de mis amigos se enojan por esto que digo, pero lo cierto es que somos un país cuyo presidente en 2007 y cuya presidenta en 2008 hablaron ante las Naciones Unidas y denunciaron a Irán por los atentados contra la AMIA. Frente a gestos como ésos yo no puedo ser un opositor acérrimo a este Gobierno. Pero siempre hubo antisemitismo. En la clase alta tradicional es respetable ser antisemita. Es así. Y hasta la Segunda Guerra pasaba lo mismo en los EE UU. e Inglaterra, pero aprendieron. Acá ese aprendizaje nunca se dio.
– Es importante entender que las politicas estatales a veces no van de la mano de la formación y educación de las masas. El antisemitismo en la Argentina existe, pero no por eso su Gobierno es Antisemita

– ¿Israel tiene que aceptar la existencia de un Estado palestino?
– Yo aspiro a que haya un Estado palestino, y creo que es lo que piensa la mayoría de los israelies. Pero es cierto que no existe porque en 1947, cuando la ONU decidió que la Palestina británica tenía que ser dividida en un Estado palestino judío y uno árabe, los árabes no lo aceptaron. Luego vinieron problemas cada vez más graves, pero el pecado de origen es árabe.

– ¿Las últimas medidas de Benyamin Netanyahu, como impulsar la evacuación de palestinos del este de Jerusalem, representan otro obstáculo para el proceso de paz en Medio Oriente que impulsa Barack Obama?
– Ni Obama ni Netanyahu contribuyen a la paz. Netanyahu es un intransigente y Obama es un iluso que no comprende que los palestinos no se conformarán con nada menos que la destrucción de Israel. La política de Obama para Medio Oriente ya fracasó. Sus advertencias huecas no funcionan, ni con Israel, ni con los palestinos, ni con Irán.

– El sábado hubo un atentado contra gays en Tel Aviv. Y algunos acusan de inspiración ideológica a sectores de la derecha para quienes la homosexualidad es aberrante. ¿Cuál es su posición, como judío, en este tema?
– Como ciudadano, estoy a favor de los derechos gay. Religiosamente, no tengo posición tomada. La Torá condena al varón que se acuesta con otro varón como si fuera una mujer, pero… ¡la homosexualidad es otra cosa! ¡Nunca es como con una mujer!

– ¿Se siente inseguro en Israel ?
– No, nada que ver. Hace un rato regresé de caminar por la Ciudad Vieja , de rezar por primera vez como judío en el Muro de los Lamentos. Jerusalem está hermosa y yo, encantado, obnubilado. Sólo mi mamá se preocupa, porque estoy en un país que ve como peligroso. Ella sí tiene un poco de miedo a los atentados. Pero es mi mamá…