Hezbollah levantó una base en Cuba

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Informe de un diario italiano afirma que : “Hezbollah levantó una base en Cuba, destinada a ampliar sus acciones terroristas y promover un atentado contra un objetivo israelí en Sudamérica, como venganza por la eliminación de Imad Mughniyah”.
La noticia fue difundida por el “ Corriere de la Sera”. Un grupo de tres activistas de la organización, pertenecientes a su brazo armado internacional, ya aterrizaron en Cuba con el propósito de crear una nueva célula terrorista, conformada por 23 combatientes, elegidos por Talal Hamiyah, uno de los dirigentes de Hezbollah destinado a la acción secreta de la organización. “Hamiyah, con permiso del Secretario General de la organización, Hasan Nasrallah decidió abrir una base en Cuba según el programa conocido con el nombre de “Carpeta del Caribe”, al que le destinaron un inflado presupuesto por un total de un millón de dólares”, dice el periódico italiano.
El cronista de asuntos de Inteligencia destaca que, Hezbollah, actúa desde hace largo tiempo en los países sudamericanos, en especial, en Paraguay, Brasil y Venezuela.

Fuente: Departamento de Información

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Raúl Castro celebró Janucá con la comunidad judía

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El presidente cubano, Raúl Castro, defendió la “permanente discrepancia de todas las ideas”, porque de ahí salen “las mejores soluciones” y animó a los cubanos a expresarlas sin preocupación en el debate popular iniciado sobre los ajustes económicos emprendidos en el país.

En un acto con la comunidad judía en La Habana transmitido por la televisión estatal, el general Castro pidió que, en ese debate, los cubanos no tengan “ninguna preocupación de hacer, producir o manifestar las discrepancias que consideren oportunas”.

“Eso es lo que pensamos defender: la permanente discrepancia de todas las ideas que, según mi modesta experiencia, es donde salen las mejores soluciones”, subrayó.

El presidente de Cuba hizo estas consideraciones al participar en la celebración de la Janucá o “Fiesta de las Luminarias” en el Patronato de la Casa de la Comunidad Hebrea de Cuba, ubicado en La Habana, y donde pronunció un breve discurso tocado con la tradicional “kipá” judía.

Raúl Castro se declaró satisfecho porque “el tren empieza a caminar” al referirse al debate sobre el plan de reformas económicas, una discusión que en su fase popular comenzó el 1 de diciembre y se prolongará durante tres meses de cara al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC, partido único) que tendrá lugar en la segunda quincena de abril.

En ese Congreso, el primero que el PCC celebra desde 1997, se debatirá de forma monográfica el plan de “actualización” del modelo económico socialista con el que Cuba pretende superar la grave crisis que arrastra desde hace años.

En su encuentro con la comunidad judía de Cuba, el presidente Castro encendió la primera vela del Janucá, en un acto donde también se rememoró la participación del líder cubano Fidel Castro en la fiesta del Janucá del 20 de diciembre de 1998.

En su discurso, el general Raúl Castro también rememoró episodios históricos de la Revolución cubana como el desembarco del yate “Granma” e hizo alusión a su edad, mencionando que el año que viene cumplirá 80 años y que se encuentra bien de salud. EFE

Heroés cubanos

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Cinco pilotos cubanos transportaron en dos años a Israel a unos 150.000 refugiados judíos en Irak, Irán, India y Yemen, tras la fundación del Estado hebreo en 1948, en un hecho que ha permanecido “inédito durante 60 años”, afirmó este domingo un historiador cubano. “Cinco pilotos de la desaparecida compañía Aerovías Cubanas Internacionales S.A.” transportaron a Israel entre 1951 y 1952 a “cerca de 150.000 judíos”, entre ellos ‘‘unos 115.000 refugiados procedentes de Irak” y “25.000 de Irán”, contó al diario Juventud Rebelde el historiador de la Aviación Rolando Marrón.

También a “algunos centenares de la India y de Yemen”, añadió Marrón, según quien ese “complejo plan” ha “permanecido inédito durante 60 años”.

El historiador explicó que a partir de 1948 comenzaron a llegar a Israel “grandes núcleos de emigrantes desde Europa”, pero “la situación de los judíos en los países árabes era difícil por las históricas confrontaciones”.

Ante la negativa de “los gobiernos árabes a aceptar una migración de judíos por tierra” y la imposibilidad de hacerlo por mar -Egipto bloqueaba el Canal de Suez-, las autoridades de Tel Aviv planearon “una de las emigraciones en masa por avión más grande que recuerda la historia”, enfatizó Marrón.

El traslado fue confiado a la compañía Intercontinental Aérea de Cuba S.A. debido a los “fuertes vínculos de amistad” que unían entonces a “un importante personaje de la misión comercial de Israel en Nueva York” con un empresario cubano, que también era piloto aviador.

“A fines de 1952 decreció considerablemente en Israel el tráfico de inmigrantes judíos” y los cinco pilotos cubanos regresaron a Cuba a comienzos de 1953, puntualizó Marrón.

Fuente: AFP

Extraído de Yad be Yad

Castro a Ahmadinejad: Deje de negar el Holocausto

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Israel y el pueblo judío encontraron un defensor poco probable en Fidel Castro, el dictador retirado de Cuba, el martes, cuando salió enérgicamente contra la negacion del Holocausto del presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, y apoyo el derecho de Israel a existir. En una inusual entrevista con el periodista judío-americano Jeffrey Goldberg, de The Atlantic, el enfermo lider de 84 años de edad, dijo que simpatizaba con los judios quienes han sufrido repetidas persecuciones a lo largo de la historia. “Los Judios han vivido una existencia que es mucho más difícil que la nuestra”, dijo Castro. “No hay nada que pueda compararse con el Holocausto”. Cuando Goldberg le pregunto si podía retransmitir el mensaje a Ahmadinejad, quien ha negado el Holocausto y pidió que Israel sea borrado del mapa, fue citado diciendo: “Digo esto para que usted pueda comunicarlo.” Castro también habló largamente sobre su primera experiencia con el antisemitismo como un joven creciendo en la Cuba catolica. “Yo recuerdo cuando era niño – hace mucho tiempo – cuando tenía cinco o seis años y vivía en el campo”, dijo, “y me acuerdo del Viernes Santo. Cuál era la atmósfera que un niño respiraba? ‘¡Estate tranquilo, Dios está muerto “. Dios moria cada año entre el jueves y el sábado de la Semana Santa, y dejaba una profunda impresión en todos. Qué pasó? Ellos dirian, `Los judios mataron a Dios.’ Ellos culparon a los judios de matar a Dios! Te das cuenta esto?”Y añadió: “Bueno, yo no sabía qué era un judio. Sabía de un pájaro que era llamado “Judio”, y así que para mí los judios eran aquellos pajaros. Estas aves tenían narices grandes. Yo ni siquiera sabia por que eran llamados asi. Eso es lo que recuerdo. Asi de ignorante era toda la poblacion.”Castro habló a Goldberg porque él escribió recientemente un artículo sobre las perspectivas de Israel lanzando un ataque contra Irán. Temiendo una crisis regional en el Medio Oriente, el líder pidio a Israel y los EE.UU. retirarse de Irán respecto a su programa nuclear. “Este problema no se va a resolver, porque los iraníes no van a ceder frente a las amenazas”, dijo. “Esa es mi opinión.” En 2006 Castro se vio obligado a retirarse después de 47 años en el poder debido a la mala salud. Desde entonces, el líder famoso por sus largos discursos ha mantenido un perfil relativamente bajo. Su apoyo al derecho de Israel a existir y la crítica a la negación del Holocausto por parte de Irán es de extrañar dado su status de icono en el movimiento de izquierda en América Latina que se ha aliado con la República Islámica.Fuente: The Jerusalem Post

En la Tierra de Fidel

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Por Julián Schvindlerman
Para Comunidades

Mi viaje a Cuba comienza una semana antes de mi partida. Aterrizaré previamente en Guadalajara y Guatemala para dictar conferencias, y continuaré posteriormente hacia Caracas, Lima y Curaçao con el mismo fin. Pero es La Habana la ciudad que mas demanda mi atención. Adentrarse en territorio comunista exige tomar una serie de decisiones desde Buenos Aires: necesito llevar mi laptop, ¿pero qué si me la retienen en la aduana? Quisiera obsequiar un ejemplar de mi libro “Tierras por Paz, Tierras por Guerra” a la comunidad judía, ¿pero no será considerado material político por las autoridades? Debo llevar tarjetas personales, ¿pero acaso no figura mi sitio oficial allí? Abandono aquello que pueda meterme en líos. Dejo mi laptop y mi libro en la Argentina, subo a mi cuenta de email online todo el material que puedo y que deberé dejar atrás antes de ingresar a Cuba, y me embarco hacia Centroamérica.
En el avión que me lleva desde México hacia la isla advierto, con preocupación, que llevo conmigo artículos de la prensa norteamericana que he ido tomando durante mi gira. Me deshago del material “político”. Aún restan dos notas que me hacen dudar. Una, del Wall Street Journal, relata que el compositor ruso Rimsky-Korsakov estimuló a sus alumnos judíos a escribir música que reflejara su propia identidad. La otra, de Commentary, aborda la relación de Louis Armstrong con los judíos; su primera corneta la compró con dinero prestado de una familia judía que lo empleaba. ¿Habrá algo contrarevolucionario aquí? Quizás exageradamente, las abandono en la escala en Cancún. Estoy leyendo una nota de tapa de la revista Newsweek en la cual un periodista estadounidense-iraní narra su ordalía en la temida prisión de Evin. Cuenta como su interrogador le apretaba una oreja como si exprimiese un limón y daba consejos de supervivencia en las cárceles de Irán. ¿Por qué leo esto en ruta a una dictadura? La revista quedará en el asiento para un futuro pasajero.
Arribo a Cuba antes de la medianoche. Indico al oficial de inmigración que mi visa ya ha sido tramitada; minutos más tarde me trae el papel que autoriza mi ingreso al país. No me hacen una sola pregunta: ni motivo del viaje, ni días planeados de la estadía, ni de donde provengo, etc. Veo el sello de ingreso en mi pasaporte y me adentro hacia la sala de retiro de equipajes. Cruzo un control de seguridad, y me dirijo hacia una fila para la revisión de las valijas. Una joven oficial me hace una seña, quedo apartado del resto. “Bienvenido a Cuba” me dice mientras me hace un gesto de que puedo pasar sin revisión alguna. Todo duró unos cuantos minutos. Me consideré afortunado; colegas me habían contado de los largos interrogatorios a los que habían sido sometidos. Solamente días después, una vez que haya partido de Cuba, entenderé que mi visita a la isla estaba oficialmente pre-autorizada.
Llego al hotel y hago el check-in. Es tarde ya pero necesito un poco de aire fresco. Camino hacia el malecón que linda con el Mar del Caribe. El alumbrado público no es óptimo, pero una luna blanquísima lo ilumina todo. Hay mucha gente en la calle. Unos taxistas me ofrecen un viaje, un hombre de apodo oriental me ofrece mujeres. Ya frente al mar, un anciano que ha estado tocando su bello saxo a un grupo de jóvenes se aproxima, inicia conversación educada y me ofrece una serenata.
Por la mañana, La Habana se despliega ante mí en todo su esplendor. Vista desde la amplia ventana de la suite ejecutiva del piso veinte del hotel Meliá Cohíba (adoro ese nombre) luce como si todavía estuviera aterrizando. Me conmueve la hospitalidad de la comunidad y la generosidad de la B´nai B´rith internacional. Veo circular automóviles coloridos de los años cincuenta sobrepasados por otros más modernos y unas motos-taxi amarillas que remiten a Tailandia. Durante mi estadía cumpliré con el ritual turístico: fumaré un purito en el malecón, tomaré un mojito en el histórico hotel El Nacional y sacaré una fotografía al retrato del Ché en la Plaza de las Armas. Todo muy clisé, y todo muy precioso.
Llego al edificio de la comunidad judía en la Habana al mediodía. Me reciben con una calidez y una expectativa abrumadoras. Me muestran su muy digna biblioteca, rica en literatura judía, a la que con gusto entrego los libros que he llevado en obsequio: dos novelas de Isaac Bashevis Singer y una crónica de la Shoá. Dicto una conferencia sobre la vida y la obra de Elie Wiesel que es escuchada con suma atención por una nutrida y participativa audiencia. Detrás de mí cuelgan las banderas de Cuba y de Israel. No puedo evitar ceder a la tentación de deslizar una frase suya que espero les sirva de apoyo: “Cuando sea que hombres y mujeres son perseguidos por su raza, religión o puntos de vista políticos, ese lugar debe -en ese momento- convertirse en el centro del universo”. No me atrevo a ir más lejos, se supone que no puedo abordar temas políticos. En todos los países visitados expongo sobre la incursión iraní en Latinoamérica, más no en Cuba. Aquí hablo de literatura judía exclusivamente. Me aplauden de pie. Me siento honrado por las cortesías y respetos de esta comunidad fascinante. Converso informalmente con sus miembros. Nadie criticará al gobierno o a Fidel, e incluso algunos lo defenderán. Al menos varios de sus líderes pueden viajar al extranjero y las instalaciones comunitarias se ven en muy buen estado. Un hombre se presenta como el hijo de uno de los fundadores del Partido Comunista cubano y me dice que Israel es un estado terrorista (por algún motivo no me sorprende que la educación comunista derive en una apreciación de este tipo). Claramente este individuo es una excepción: la comunidad luce pro-israelí y muy orgullosa de su judaísmo.
Para lo que resta de la tarde, mis anfitriones me ofrecen un tour por la ciudad. Aprecio la gentileza. Recorremos la Habana Antigua: el clásico restaurante La Bodeguita, el hotel donde Ernst Hemingway se hospedó, locales de oferta autóctona. En una tienda compro veinticinco dólares de tabaco cubano. Cuando caigo en la cuenta de que acabo de gastar en tabaco el equivalente a un mes de salario promedio de un trabajador local me siento avergonzando por mi insensibilidad. La sublimo culpando al régimen que ha hecho una revolución proclamando la igualdad social y ha terminado creando una sociedad clasista con brechas escandalosas en la distribución del ingreso entre la elite gobernante y la masa popular. Por la noche ceno con el atento jazán argentino de la comunidad, mientras un grupo canta sonoramente coplas cubanas que nos impiden conversar. Amanezco a mi último día en la isla. Camino nuevamente por el malecón hasta llegar a la Oficina de Intereses de los Estados Unidos. Frente a ella ha sido erigida una gigante estructura con un cartel que anuncia “¡Patria o muerte, venceremos!”. Continúo mi camino hasta el imponente hotel El Nacional, antaño cuartel general de la revolución. Un cartel cuelga de una de sus ventanas: “Viva la Patria” dice con el trasfondo de un soldado y la bandera cubana. Una de sus tiendas está dedicada el Ché en todas sus variedades: remeras, calcomanías y demás merchandising. De repente, oigo la voz de Hugo Chávez. Al volverme, veo su imagen en el televisor. Es domingo, día del programa bolivariano “Aló Presidente”.
Me quedan unas pocas horas en La Habana y aún no he visitado la Plaza de la Revolución ni la universidad. Opto por un poco de relax burgués: la piscina del hotel es demasiado tentadora. Siento culpa capitalista; así es Cuba. Sigo teniendo suerte: en el taxi al aeropuerto paso justo al lado de la impresionante Plaza de la Revolución con su homenaje a José Martí, Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara. En la vía pública no se ven retratos de Fidel. “Así él ha querido”, me explica el taxista, “aún está con vida”. En el aeropuerto descubro que para mi vuelo hacia Caracas he sido ubicado en primera clase; esta es una tierra de contrastes. El aeropuerto esta atestado de gente y es bullicioso. Vislumbro una disquería. Elijo despedirme de Cuba oyendo el tributo de Carlos Puebla al Ché: “Hasta Siempre”.

Comunidad Judía Cubana

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Por JOAN GARÍ .- En efecto, en pleno Vedado, en La Habana, encontramos a Salomón, sorpresivamente, en la fastuosa sinagoga de la calle I & 13, conocida como El Patronato. Allí pasa las tardes y le cuenta su historia a quien quiera oírla, la historia de uno de los 1.500 judíos que quedan en Cuba. Son el resto de una minoría que antes de la revolución llegó a ser muy poderosa y que aún ahora, a pesar de lo exiguo de su número, constituye una presencia sólida e insospechada en el país de los hermanos Castro.

“El antisemitismo no existe en Cuba”, afirma el presidente de una sinagoga de la capital

Gonte Leiderman es asquenazí y nació en Besarabia en 1924. Su familia recaló en Cuba en los años treinta. En aquella época, había importantes restricciones migratorias en la frontera estadounidense, así que muchos judíos europeos que hubieran preferido penetrar en el estuario del Hudson se quedaban en el Caribe. A principios de siglo, igualmente, se había producido la llegada de un importante contingente de sefardíes, procedentes de Turquía, donde coincidieron con hebreos llegados de Estados Unidos, en algunos casos veteranos de la guerra hispano-cubano-norteamericana.

Ellos fundaron, en 1906, la United Hebrew Congregation y adquirieron los terrenos para construir en Guanabacoa, en las afueras de La Habana, un cementerio. No sería hasta 1951, sin embargo, cuando el arquitecto Aquiles Capablanca diseñaría la moderna sinagoga del Patronato, emblema de la comunidad hebrea habanera y ahora elegantemente remodelada gracias a la ayuda internacional.
Además del Patronato, hay otras dos sinagogas en La Habana, dos más en el resto del país una en Camagüey y otra en Santiago y otra más en proyecto en Santa Clara. Habida cuenta de lo reducido de la comunidad judía cubana, es de notar su auge actual, en consonancia con la explosiva religiosidad que caracteriza al país.
La única empresa privada de todo el país es la carnicería kosher de La Habana Vieja

Sin relaciones con Israel
El caso hebreo, sin embargo, es especial, puesto que el Estado cubano rompió relaciones con Israel en los años setenta. Pero el trato de las autoridades, lejos de delatar resquemores ideológicos, es absolutamente exquisito, como recalca con orgullo Adela Dworin, presidenta del Patronato. Más contundente se muestra Salomón Susisarfati, presidente de la sinagoga de La Habana Vieja.
Susisarfati es un hombre recto y suspicaz, que exhibe enseguida su condición de militante del Partido Comunista y luego, proyectando una mirada de autoridad, asegura con aplomo que eso demuestra perfectamente que “en Cuba no existe el antisemitismo”. Para certificar este extremo, añade con satisfacción que la única empresa privada existente en todo el país es la carnicería kosher de La Habana Vieja.

Susisarfati es profesor de oratoria en la Escuela Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas y de la Escuela Superior Ñico López, y acaba de publicar la antología de aforismos Diccionario de pensamientos de Fidel Castro. Su sinagoga es ortodoxa: los hombres y las mujeres están separados, a diferencia del Patronato, que es un templo conservativo, en el que no hay segregación por sexo.

Una cultura de moda
En este último centro, bajo la dirección de Adela Dworin, 70 niños asisten a clases los domingos para aprender hebreo (entre semana, acuden a la escuela pública). Como de pasada, la señora Dworin explica que el aprendizaje del hebreo es obviamente el resultado de la política lingüística del Estado de Israel. Ella habla yidis y Salomón Gonte Leiderman también, pero en toda Cuba no habrá más de una docena de judíos que lo sepan. Es el idioma de los abuelos y en su postergación hay algo de la displicente indiferencia de Mihail Sebastian, en Desde hace dos mil años, un clásico de la literatura judía europea de entreguerras, ante los libros en esa “jerga” del viajante Abraham Sulitzer
Que la cultura hebrea está de moda en Cuba parece certificarlo, irónicamente, el taxista que nos lleva a Guanabacoa. Su nombre es Fernando Reina y afirma que admira profundamente a los judíos. De hecho, sospecha que tiene ancestros de esa cultura, porque a su padre le pusieron de nombre Jacobo, que es asegura “un apelativo que se usaba en Cuba para los judíos o para los que no tenían ninguna religión”.
En una ciudad de cementerios exuberantes como el de Colón, el de Guanabacoa es un lugar plácido y modesto, aunque periódicamente lamido por los ciclones. El encargado, Augusto Arias Alarcón, es como el taxista otro cubano admirador de lo semita. Tomamos las fotos pertinentes, volvemos al centro. En la sinagoga de La Habana Vieja, volvemos a encontrar a Salomón Gonte Leiderman. El judío más viejo de Cuba masculla su sorpresa y exhibe orgulloso, en el ojal, un pin de Obama. Luego, sonríe tristemente

Señalan restricciones a la libertad religiosa en Cuba y Venezuela

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El Gobierno de Estados Unidos señaló que la libertad religiosa es “ampliamente respetada” en América Latina, “excepto” en Cuba, según su informe sobre Libertad Religiosa, que incluye también a Venezuela entre los países que ponen trabas a la libertad de culto.

El Departamento de Estado analiza anualmente la situación mundial respecto a la persecución y la discriminación por motivos religiosos, así como las iniciativas y leyes desarrolladas para promover el respeto confesional en el mundo.

En su informe correspondiente a 2009, Cuba y Venezuela se encuentran entre el grupo de países en los que se ha detectado “restricciones y abusos” a la libertad religiosa, en el que también están, entre otros, Irán, China, Irak, Corea del Norte, Pakistán y Sudán.

EE.UU. señala que en Cuba la Constitución reconoce el derecho de los ciudadanos a profesar y practicar en el marco del “respeto a la ley”, pero el Gobierno “sigue imponiendo” restricciones a la libertad de religión.

El Gobierno cubano, además, mantiene el “estricto control” de la construcción de nuevos edificios con propósitos religiosos y no permite la instalación de escuelas privadas, incluidas escuelas religiosas.

En Cuba todos los grupos religiosos deben registrarse obligatoriamente en el ministerio de Justicia y deben pedir permiso al partido comunista para realizar ceremonias fuera de su centro religioso.

En el caso de Venezuela, su Constitución recoge la libertad religiosa siempre y cuando “no se viole la moralidad, la decencia y el orden público”.

El informe señala, además, los numerosos incidentes contra la comunidad judía, como las pintadas antisemitas, injurias, viñetas políticas y otros comentarios que han denunciado los líderes judíos, así como el ataque a la sinagoga Tiferet Israel el pasado enero.

El Gobierno estadounidense señala los esfuerzos del Ejecutivo venezolano para impedir que los grupos religiosos lleguen a determinadas áreas geográficas, sociales y políticas, y en concreto, las dificultades que tienen algunos misioneros extranjeros para acceder a las zonas indígenas.

Fuente: Aurora Digital