Los Rothschild: historia de una mítica dinastía

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El apellido Rothschild es, aun hoy en día, sinónimo de riqueza, y efectivamente en su tiempo de mayor auge esa familia adquirió patrimonio e influencia a una escala que solo los reyes habían disfrutado en otras épocas. En la historia judía, por otra parte, la saga de los Rothschild no fue solo de éxitos asombrosos en una época en que apenas comenzaba la emancipación, sino un símbolo de orgullo por lo que podía lograrse con talento y constancia. Este año se cumplen dos siglos del fallecimiento del fundador de la dinastía, oportunidad apropiada para una breve crónica
Las primeras generaciones
Mayer Amschel Rothschild (1744-1812) fue un comerciante que nació en la Judengasse (“Calle Judía”) del gueto de Frankfurt, principado de Hesse, en lo que más tarde sería Alemania; su apellido puede trazarse hasta el siglo XVI, y proviene del escudo rojo que había sobre la puerta de la casa familiar.
Mayer era cambista y comerciante de antigüedades. Así conoció al príncipe elector Wilhelm I de Hesse, de quien llegó a ser asesor y confidente. Más tarde, con la apertura del comercio a los judíos, pudo extender sus negocios a los textiles y eso lo relacionó con Inglaterra, que entonces se había constituido en el centro del ramo y que sería la capital de las finanzas mundiales durante todo el siglo XIX.
En 1797 envió a su hijo Nathan a Manchester, centro de la revolución industrial, para encargarse del negocio familiar. Nathan vendía las manufacturas de algodón en Europa sin pasar por intermediarios, y para ello ofrecía crédito, lo que le dio pie para pasar al mundo de las finanzas.
En 1803 Nathan se trasladó a Londres. Inglaterra se encontraba en plena guerra contra Napoleón; para ese momento, la fortuna familiar había crecido tanto que la casa Rothschild se constituyó en la principal financista del gobierno británico.
Otros tres hijos de Amschel Rothschild se radicaron en diferentes ciudades de Europa para crear “sucursales” de la casa: James en París (1811), Salomón en Viena (1816) y Karl en Nápoles (1821), mientras que Mayer, el mayor, permaneció en la sede de Frankfurt a raíz de la muerte del patriarca en 1812.
Después de las guerras napoleónicas se de­sa­rrolló un nuevo tipo de comercio mundial, basado en el crédito y los valores; en este nuevo mundo los Rothschild pusieron las bases de la banca privada multinacional. Financiaron la construcción de los primeros ferrocarriles de Francia y Austria, así como la del Canal de Suez. Prestaron servicios de representación a Bélgica, a varios principados alemanes, a los gobiernos de Nápoles, Cerdeña y Sicilia, e incluso a los Estados Pontificios, además de las familias reales Borbón, Orleáns y Bonaparte.
Por sus aportes financieros y de servicios los cinco hermanos recibieron títulos nobiliarios, tanto en Inglaterra como por parte del emperador austríaco, algo extraordinario tratándose de judíos, que además practicaban abiertamente su fe; debe señalarse que muchos judíos que aspiraban a ascender en la escala social accedían a la conversión como salida a las limitaciones legales y los prejuicios.
Como dato curioso puede mencionarse que, para disponer de información para sus negocios con la mayor rapidez posible, los Rothschild hicieron uso de un novedoso servicio de palomas mensajeras creado en 1848 por el también judío Israel Beer Josaphat. Este germanizó su nombre por el de Paul Julius Reuter, y cuando su empresa pasó a usar el telégrafo —la “alta tecnología” de aquella época—, se convirtió en la primera agencia internacional de noticias, hoy conocida como Reuters.
La tercera generación
El barón Lionel de Rothschild (1808-1879), hijo de Nathan, marcó la entrada de la familia en la política: en 1847 fue electo por el voto popular como parlamentario de la “City” de Londres a la Cámara de los Comunes; sin embargo, no pudo asumir porque el juramento obligaba a decir que ejercería el cargo “de acuerdo con la verdadera fe de un cristiano”. Lionel fue electo otras cuatro veces sucesivas, pero se negó a hacer ese juramento, y la Cámara de los Lores rechazaba la posibilidad de modificar el texto.
Finalmente, en 1858 se aprobó la propuesta de que se pudiera sustituir la frase de acuerdo con la religión del incumbente. Lionel se juramentó sobre un ejemplar del Antiguo Testamento, con la cabeza cubierta y pidiendo “la ayuda de Adoshem”, esta última palabra en hebreo. Ello marcó la abolición de una de las últimas restricciones legales a los judíos en el Imperio Británico. Su hijo Nathaniel se convertiría a su vez, tres décadas más tarde, en el primer judío en incorporarse a la Cámara de los Lores.
A pesar de ocupar estos importantes cargos, según el historiador Paul Johnson, los Rothschild “detestaban usar impropiamente su poder financiero o que se les sorprendiera ejerciendo ese poder (…) Como entidad colectiva, los Rothschild siempre favorecieron la paz, como cabría esperar; individualmente, las filiales tendieron a apoyar los objetivos políticos de sus respectivos países, lo cual también era natural. En Gran Bretaña, donde habían acumulado más poder, rara vez o nunca lo usaron para presionar al gobierno (…) En momentos de duda sobre los asuntos extranjeros, su costumbre fue preguntar al gobierno lo que los ministros esperaban de la firma”. Johnson califica su influencia como un “benéfico poder”, que llegó a un punto culminante en la época del primer ministro Benjamín Disraeli, quien era judío converso.
En un episodio que le ganó gran respeto, Lionel de Rothschild rechazó la concesión de un préstamo de 100 millones de libras esterlinas a la casa real de Rusia, a causa de los brutales ataques antisemitas que estaba instigando el régimen zarista, aunque ese empréstito le habría significado una ganancia de dos millones de libras a la empresa.
En apoyo a Israel
El barón Edmond de Rothschild, de París (1845-1934), fue el más entusiasta patrocinante del sionismo en la familia: dio auxilio al movimiento Jovevéi Zion cuando estaba en condiciones precarias, para el desarrollo del poblado de Rishon Letzion (“El Primero de Sión”); adquirió extensos terrenos de propietarios otomanos para establecer a los pioneros, fundó varias empresas que generaron empleo, e incluso envió expertos que asesoraran la industria vinícola y varias ramas de la agricultura. En la historia de Israel se le llama Hanadiv hayadúa (“el benefactor conocido”), y una de las principales avenidas de Tel Aviv lleva su nombre.
Por otra parte, la familia Rothschild fue una de las principales benefactoras de la Alianza Israelita Universal, institución que promovió la educación judía en numerosos paí­ses, sobre todo en el norte de África. Y no puede dejar de mencionarse que James de Rothschild aportó fondos para la construcción del actual edificio de la Knesset en Jerusalén.
Por otra parte, un miembro lejano de la familia pereció en el Holocausto: Robert Rothschild, joven industrial propietario de una fábrica de tractores en Francia, no solo fue despojado por los nazis cuando ocuparon el país, sino que la empresa alemana Krupp gestionó su envío a Auschwitz para poder “legalizar” la trasferencia de la propiedad. Esta fue una de las causas por las que Alfried Krupp, entonces jefe del famoso consorcio del acero que utilizó a miles de esclavos judíos, fue condenado a prisión en los Juicios de Núremberg, aunque poco después fue “perdonado” por las autoridades norteamericanas.
Con el auge de las leyendas antisemitas promovidas por el libelo Los protocolos de los sabios de Sión, y sobre todo para el nazismo, la familia Rothschild se había convertido en el arquetipo de los judíos poderosos que supuestamente traman el dominio del mundo a través de prácticas predatorias. Paradójicamente, fueron los alemanes Krupp quienes realmente se acercaron a ese papel.
Tradición que sobrevive
En la actualidad la fortuna de la familia está dividida entre un número creciente de descendientes, y su influencia en el mundo de las finanzas y la industria es mucho menor que antaño, destacando más bien sus actividades culturales y de beneficencia.
Desde el siglo XIX los Rothschild han sido famosos por su mecenazgo; en un tiempo poseyeron una de las mayores colecciones privadas de arte del mundo, y según Frederic Morton, biógrafo de la familia, una parte significativa de las obras existentes en numerosos museos de todo el mundo son donaciones de los Rothschild; con frecuencia, siguiendo su costumbre de discreción, estas obras han sido legadas en forma anónima.
FUENTES
Gidal, Nachum (1998). Jews in Germany – From Roman times to the Weimar Republic. Colonia: Könemann.
Johnson, Paul (2004). La historia de los judíos. Barcelona: Vergara Editores.
Keller, Werner (1969). Historia del pueblo judío. Barcelona: Ediciones Omega.
Manchester, William (1968). The arms of Krupp. Boston: Little, Brown and Company.
Wurmbrandt, Max y Roth, Cecil (1987). El pueblo judío – Cuatro mil años de historia. Tel Aviv: Editorial Aurora.
Wikipedia.org.
Sami Rozenbaum
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Bayern Múnich: Un club judío y antinazi

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El equipo más laureado del fútbol alemán tuvo una importante presencia judía en sus primeros años. Con el nazismo, se vio muy afectado aunque resistió a la cooptación del régimen. Pero estos antecedentes fueron omitidos en la historia del club, que ochenta años después parece querer recuperarlos. Sobre el tema escribió el periodista Raphael Honigstein, quien publicó en The Guardian un artículo sobre las raíces ocultas del Bayern Munich.

Honigstein registra que el Bayern fue fundado en el bohemio barrio de Schwabing y fue un club con una importante presencia judía. Dos de los 17 firmantes del acta fundacional de 1900 eran judíos. Y varios jugadores y dirigentes de sus primeros años eran de origen hebreo, por lo que el Bayern era llamado “el club de los judíos”. Entonces llegó la era del nazismo, lo que afectó gravemente a la institución. El régimen hostigó al club y pretendió su cooptación, pero este se resistió.

Estos antecedentes fueron olvidados en la posguerra, lo que sumado al éxito que tuvo el equipo en las décadas del 60 y 70 dejó en un segundo plano estos episodios. En el 2011 esta historia fue recuperada en la obra “Der FC Bayern Juden und seine” (FC Bayern y sus Judíos) de Dietrich Schulze-Marmeling. Y como escribe Honigstein, “el club abraza su historia antinazi después de ochenta años de silencio”.

Kurt Landauer, de origen judío, es el principal personaje de esta historia. Fue presidente del club por tres periodos y consiguió el primer título del equipo en 1932. Pero meses más tarde Hitler tomó el poder y Landauer tuvo que dimitir junto con otros miembros del club. Landauer huyó a Suiza después de pasar 33 días en el campo de concentración de Dachau.Ante la situación, el Bayern Munich se resistió a la cooptación por el nazismo y vivió varios incidentes de desafío. En 1934, por ejemplo, sus jugadores resultaron involucrados en una pelea con los ‘camisas pardas’, la milicia nazi.

Pero el mayor episodio tuvo lugar en Zurich en 1943. Después de un partido amistoso contra la selección nacional suiza, los jugadores del Bayern se alinearon para saludar al exiliado Landauer, presente en las gradas, lo que no gustó a la Gestapo, que amenazó con que el gesto tendría consecuencias.

Luego de finalizada la guerra, Landauer regresó a Munich y fue nuevamente nombrado presidente del club para completar su tercer mandato, entre 1947 y 1951. Pero su legado se perdió en las memorias del club. Según Schulze-Marmeling, el autor de ‘Bayern y sus Judíos’, se borraron los rastros de Landauer para evitar polémicas raciales y políticas.

Muchos años después hubo una ola de libros académicos y artículos periodísticos con interés renovado en la era de Landauer, pero la dirigencia del Bayern no estuvo segura de cómo reaccionar.

El gerente general del Bayern, Uli Hoeness, evadió a un periodista inquisitivo con el pretexto de que “no estaba vivo en ese momento”, y el directivo Fritz Scherer más tarde admitió que el club no quiso hacer hincapié en sus raíces judías “por temor a reacciones negativas”.

Schulze-Marmeling sospecha que el actual interés comercial en Asia también pudo haber sido la razón por la cual el Bayern trató de restar importancia a su herencia judía, dado el conflicto árabe-israelí.

Sin embargo, la actitud del club ha cambiado notablemente en los últimos años, según registra Honigstein en el Guardian. Hinchas del club han celebrado a Landauer, y Rummenigge, insignia y vicepresidente de la institución, lo ha reconocido como “el padre” de la era moderna del Bayern.

El club también donó parte del dinero que permitió al club judío TSV Múnich Maccabi construir un campo con el nombre de Landauer en el 2010. El terreno fue inaugurado con un partido amistoso contra un equipo de estrellas del Bayern.

Además, la era Landauer tendrá un lugar de honor en el museo del equipo. “He estado en el club durante muchos años, pero tenía muy poca idea acerca de todas estas historias increíbles”, dijo Hans-Peter Renner, directivo del museo. “Ha sido profundamente conmovedor aprender acerca de todas estas personas y las cosas que hicieron para el club”.

Otro guiño político del Bayern ocurrió cuando aceptó jugar un partido amistoso con el FC St. Pauli de Hamburgo en el 2002. El St. Pauli, que habitualmente juega en la segunda división alemana, es un equipo estatutariamente antifascista y cuya peculiaridad merece una página aparte.

En esa ocasión, el Bayern Munich, entonces campeón mundial de clubes, visitó la casa del St. Pauli, que emprendía una campaña de apoyo para sobrevivir a una grave crisis económica. Sorpresivamente, el triunfo fue para los del barrio rojo de Hamburgo, que se adjudicaron el título de “vencedor del campeón mundial de clubes”.

Pero más allá del resultado, lo importante fue la mano solidaria que brindó el poderoso Bayern a su “amigo” antifascista. Ahora sabemos que su gesto tuvo también una fuerte raíz histórica.

Humor turco? : " Turquía sospecha que un pájaro migratorio es espía de Israel"

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Las autoridades turcas creen que han hallado un pájaro que Israel utiliza con propósitos de espionaje, según señala la prensa de ese país.
De acuerdo con el periódico Haber Turk, una investigación fue lanzada hace varios años, luego que un granjero descubriera un Meros Apiaster – conocido comúnmente como abejaruco europeo – muerto en su campo con un anillo que decía “Israel” en una de sus patas.
La colocación de anillos o brazaletes en los pájaros es una práctica común en la ornitología y tiene como objeto ayudar a los científicos a rastrear las rutas migratorias de las aves. Pero el pájaro tenía unas “alas inusualmente largas”, lo que sumado al anillo de identificación aumentó las sospechas de que al ave le hubiera sido “implantado un dispositivo de vigilancia” y que hubiera arribado a Turquía para una misión de espionaje.
El pájaro fue remitido al Ministerio de Agricultura, que a su vez lo transfirió a los servicios secretos de Ankara.
Yoav Pearlman del Centro de Seguimiento de Aves explicó que el norte de Israel alberga a una gran población de abejarucos europeos, y que muchos de ellos se detienen en el territorio nacional durante la migración que incluye Turquía, sur de Europa y Rusia.
“Las autoridades turcas pueden dormir tranquilas – no es un espía”, dijo Pearlman.
Oficiales de la Sociedad Vida Salvaje de Israel señalan que no es la primera vez que aves israelíes descansan en países árabes o musulmanes durante su migración y son “detenidos” por supuesto espionaje.
En enero de 2011, Arabia Saudita anunció el “arresto” de una cigüeña con un anillo israelí.
La cigüeña que llevaba un transmisor GPS con el nombre de la Universidad de Tel Aviv fue condenada por ser parte de un “complot de espionaje sionista”.

Odessa

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Por Rab. Daniel Goldman
Para Página/12

Como es costumbre, los judíos insistimos en que todas las palabras, sean en el idioma que sean, provienen del idish o del hebreo. Y no hay vocablo más judío que Odessa. Odessa parece dicho en un idioma semita. Y fue así que las primeras siete familias que se establecieron en esa ciudad, hacia finales del siglo XVIII, decían que Odessa infaliblemente proviene del hebreo y significa “todavía me elevaré” (od -esá).

Esta ciudad vigorosa, con mezcla arquitectónica rusa, holandesa, irlandesa y hasta con callejuelas de estilo español, fue uno de los grandes centros judíos de la Europa oriental. Reconocida en un inicio como un páramo donde los judíos no irían a ser perseguidos como en otros lugares, esta ciudad fue cuna de ciertas libertades, hasta llegar a ser uno de los pocos espacios donde la sometida comunidad pudo tener los mismos derechos que el resto de la ciudadanía. Es difícil imaginar hoy día el número de restricciones y regulaciones que fueron impuestas a cada judío durante el imperio ruso. Pero, sin embargo, la bella Odessa les concedió el privilegio de sentirse libres. Cuentan las crónicas antiguas que morar allí era como “percibir el cielo en la Tierra”.

Ciudad que pasó por varias metamorfosis, se le atribuye su última refundación a un español: el conde José de Ribas, en 1794 (no pude encontrar sus antecedentes judíos, pero con un poco de paciencia ya lo voy a hacer). No es de extrañar que cien años después de su refundación, un tercio de su población era judía. Y aquí pudieron ser capaces de participar de un mundo un poco mayor. Salir de los pequeños poblados y convertirse en ciudadano de Odessa era la fórmula del éxito y el suceso. Un joven judío podía comenzar a recibir educación en las principales instituciones de la ciudad, aprender el ruso y añadir dos o tres lenguas europeas más. Odessa albergaba ingenieros judíos, profesores, médicos, músicos arquitectos, propietarios de inmuebles, de restaurantes y cafeterías. El gran escritor Isaac Babel, nacido en la ciudad y asesinado por orden de Stalin, autor de Caballería roja, Cuentos de Odessa y algunas otras perlas, llamaba a su comarca con dos nombres: “la estrella del exilio” y “la puerta de Sión”.

En Odessa pueden encontrarse símbolos judíos en cada rincón. Caminando por el Boulevard Marítimo vale la pena mirar debajo de los pies. Las tapas de las alcantarillas poseen un escudo con la sigla “Trud” en letras hebreas. Son las iniciales de la Sociedad de Artesanos Judíos, quienes fabricaron dichas ruedas. Esta organización fundada en 1864 por el rabino de Odessa, el elocuente Dr. Schwabacher, con el objeto de formar a chicos y jóvenes en el arte del metal, llegó a fabricar el monumento más preciado que el poeta Alexander Pushkin posee en la ciudad y que se puede admirar hasta hoy día en uno de los céntricos parques. El padre de la poesía hebrea moderna, Jaim Najman Bialik, enseñaba allí. El pensador Ajad Haam impartía conferencias en sus círculos filosóficos; el celebre cuentista Itzjok Leibush Peretz escribía en sus distinguidos cafés; el reconocido historiador Simon Dubnow investigaba en sus archivos y el mayor dramaturgo en idish, el venerado Sholem Aleijem, estrenaba sus obras en el teatro de la ciudad.

Pero tarde o temprano, llegó un momento en que los pogromos de manera simple y cruel marcaron que el judío era un extranjero no deseado en el lugar. Los documentos registran la salida del puerto de Odessa con barcos que llegaron hasta ésta y otras latitudes.

Una historia oral relata que un tal Kitzlov, egresado de la Alta Casa de Estudios Rabínicos de los Sabios de Odessa, conocido como el Rabí Pelirrojo, quien habitaba en una litera del barco Fénix que había partido del puerto de San Petersburgo y que hacía parada en Odessa (lugar en el que embarcó el tal Kitzlov), entabló relación con una familia húngara que subió en el puerto de Dunaujvaros. Estos húngaros que se revelaron como gitanos poseían la habilidad en la lectura de las manos. Saraima, la mujer gitana, de bellos ojos –según cuentan los pasajeros– tomando firmemente la palma del maestro, le predijo al rabino, quien descendería en Montevideo, que del otro lado del río le nacería un nieto y que sería consejero como el José del libro de Génesis, pero marxista. El rabino no le creyó porque respetando las leyes del Talmud, del que era versado, recordó que toda predicción resulta de índole pagana.

No se supo más de esta noble mujer que, según dicen, descendió en el puerto de Santos, Brasil. Tampoco se supo de la suerte del Rabi Kitzlov. Habrá cambiado su apellido o, por ahí, las autoridades de la Aduana lo anotaron cambiando la impronunciable “tz” por “c” o la “v” corta final por “f”, cosa que era muy común entre los inmigrantes. Y a pesar de que a algunos cronistas de la época del ’20 (según lo que referencian en sus notas sutilmente prejuiciosas a los ojos de este lector), les llamaba la atención la presencia de estos hombres barbados con sombrero de ala ancha caminando por las calles, del encuentro marítimo de Kitzlov y Saraima nació la costumbre que se transformó en tradición: que los rabinos permitan dejarse leer las manos por muchachas gitanas, esperando que alguna les exprese que su nieto será como José, el ministro.

Una última observación: lamentablemente muchos nietos de rabinos fueron asesinados y desaparecidos durante la dictadura militar en nuestro país. Uno de ellos es Mauricio, quien era nieto del líder espiritual de la colonia Carlos Casares en la provincia de Buenos Aires, que fue secuestrado y vilmente torturado por su condición judía, en el centro clandestino El Vesubio, a los 18 años. Mauricio, de bendita memoria, forma parte de los 1300 desaparecidos judíos. Su padre, mi amigo el Dr. Marcos Weinstein, médico psicoanalista, fundó la Asociación de Familiares de Desaparecidos Judíos en la Argentina. Y como la Sociedad de Artesanos de Odessa, este noble grupo lucha de manera denodada y paciente para que la memoria pueda instalarse a través de la Justicia y la verdad pueda quedar acuñada eternamente como el sello en el metal.

Grandes Hermanos?

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La semana próxima, los participantes de los programas televisivos “Gran Hermano” de la Argentina y “Haaj Hagadol” de Israel votarán para elegir un jugador del otro país que tendrá la oportunidad de ingresar a su casa y compartir la vivencia con ellos por una semana, según informó hoy, jueves, el diario israelí Maariv.
Esta experiencia se realizó con éxito el año pasado, entre los ciclos israelí y español, y las afortunadas fueron Jackie Menajem y Lydia Navarro, respectivamente.
Según consignó el rotativo israelí, uno de los disparadores de la iniciativa podría haber sido el deseo de Avivit bar Zohar, quien contó en la “habitación del hermano” (en la Argentina llamada “el confesionario”) que le encantan las telenovelas y sueña con volar al exterior en intercambio por uno de los participantes de otro país, entre los cuales mencionó la Argentina.
En tanto, desde la producción de “Haaj Hagadol” se informó: “Recibimos una carta de ‘Gran Hermano’ Argentina, la estamos evaluando y si es viable, lo haremos con gusto”.
La modalidad sería la siguiente: los participantes de cada país verán los documentos de identidad de sus pares de la otra nación y votarán a quién albergar por siete días.
El diario israelí destacó que en “Gran Hermano” Argentina “hay participantes provocadoras: una de ellas hizo topless durante una transmisión en vivo”.
“Si alguien así es elegida, será interesante ver cómo es recibida en la casa israelí”, planteó Maariv.

Una argentina se convirtió en la mujer más vieja en hacer aliá

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Una mujer nacida en Argentina se convirtió en las últimas horas en la judía más vieja que hizo aliá en los últimos años.

Con 97 años, María Bertha Holskon fue noticia en los medios israelíes al convertirse en la persona más veterana en emigrar al territorio hebreo.
De acuerdo a lo consignado por el portal de noticias Ynet, Holskon nació en 1917 en el pueblo de Mauricio Hirsch, en el distrito bonaerense de Carlos Casares.
Justamente en esa región se instaló una de las primeras colonias judías que se formó en la Argentina y el pueblo debe su nombre a Moritz von Hirsch auf Gereuth, castellanizado como Mauricio Hirsch y más conocido cómo Barón Hirsch, un empresario y filántropo judeo-alemán que fue un importante benefactor de la región.
Lo cierto es que Holskon no sólo quedará en la historia como la mujer más longeva en hacer aliá sino que además trascendió en Mauricio Hirsch al haber sido elegida en su adolescencia como reina de belleza del pueblo.
Unos años más tarde, Holskon se mudó a Buenos Aires donde vivió hasta que decidió hacer aliá.
Su hija menor Dalia influyó en su decisión de dar el paso de viajar a Israel, ya que la mujer ya había hecho aliá y actualmente vive en Kfar Saba, donde también se instalará María Bertha para pasar el resto de su vida.
La abuela tiene dos hijas, siete nietos, cinco bisnietos y tres más en camino.
Según cuenta quienes la recibieron en el aeropuerto de Tel Aviv, entre sus pertenencias, la mujer llevaba sus cartas de amor que escribió para el hombre que más tarde se convirtió en su marido y fotos de su familia de los días vividos en la Argentina.
¿Y cuál es su secreto para una larga vida?, le peguntaron al arribar a Israel. “Amar a las personas y hacer que te amen incondicionalmente. Dar sin esperar nada a cambio, nunca dejar de hacer ejercicio, sonreír mucho y ofrecer ayuda a cualquier persona que me necesite”, dijo con gran sencillez María Bertha al llegar a casa.

Más de 800 mil israelíes podrán elegir su fecha de cumpleaños

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Más de 800.000 israelíes podrán elegir a partir de hoy el día que quieren celebrar su cumpleaños en un proceso aprobado por el Ministerio del Interior y que trata de resolver un antiguo problema en el registro civil.
La curiosa iniciativa, impulsada por el ministro del Interior, el ultra-ortodoxo Eli Yishai, permitirá a más del 10 por ciento de la población elegir el día en el que nacieron, después de décadas en las que en su carné de identidad aparecía 00.00 en el día y mes de nacimiento.
“Durante años y años llegaron a Israel todo tipo de inmigrantes sin ningún tipo de papeles”, explica el ministro, razón por la que no se les registró dato alguno en la entrada de “fecha de nacimiento”.
Se trata en su mayoría de inmigrantes de países árabes que llegaron a Israel a finales de la década de los cuarenta y principios
de los cincuenta, así como de etíopes llegados desde los setenta.
Debido a que no disponían de certificado de nacimiento, el Estado judío les adjudicó el año en el que dijeron haber nacido, pero no la fecha exacta.
Los más atrevidos y voluntariosos recurrían a los tribunales para que un juez certificara “por testimonio” la fecha de nacimiento, pero los altos costes del proceso y la falta de datos no ayudaban demasiado.
“Mi madre dice que nací un mes antes de que muriera nuestro burro. Mi padre un año después de que muriera la abuela. Cuando les pregunto la fecha de cuándo ocurrieron ambos hechos me dicen que no saben”, escribe el periodista de origen etíope Dani Adino, uno de los afectados.
Y debido a que la inmensa mayoría de ellos no sabe realmente la fecha, las autoridades han dispuesto que podrán escoger una al azar en el año que ya tienen adjudicado en el carné. EFE

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