50 años del juicio a Eichmann

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Hace 50 años comenzaba en Israel el juicio contra el criminal de guerra nazi Adolf Eichmann, responsable de organizar el asesinato de millones de judíos.

El fiscal jefe Gideon Hausner no pudo dormir durante toda la noche previa a la apertura del proceso más importante de su vida. Hasta el último momento estaba puliendo el texto de su alegato inaugural. “No estoy solo aquí. Junto conmigo levantan su acusación seis millones (de muertos)”, le espetó al criminal de guerra nazi Adolf Eichmann cuando se inició el juicio, el 11 de abril de 1961.
El pasaporte que Eichmann usó en Argentina.El pasaporte que Eichmann usó en Argentina.Hausner calificó a Eichmann como un hombre que decidió sobre la vida y la muerte de los judíos, un nuevo modelo de asesino que realiza su sangriento trabajo sentado en el escritorio. “Descolgaba el teléfono y los trenes se ponían en marcha rumbo a los campos de exterminio”.
Una mirada retrospectiva: siete agentes israelíes capturaron el 11 de mayo de 1960 en Buenos Aires al ex jefe de la llamada sección de judíos de la Oficina Principal de Seguridad del Estado, Adolf Eichmann. Al teniente coronel de la SS nazi también se le llamaba el “transportista de la muerte”. Durante la época nazi, Eichmann organizó la deportación de millones de judíos a los campos de exterminio alemanes.
Aun hoy el ex agente Avraham Shalom se acuerda de cada detalle de la detención. El aviso decisivo vino de Fritz Bauer, ex fiscal general del estado alemán de Hesse, dice Shalom, que hoy tiene 83 años. “Él nos dio todos los datos: el tamaño del sombrero, el número de calzado, los retratos con uniforme”.

“Yo soy Adolf Eichmann”
Al final, la oreja izquierda de Eichmann lo traicionó. “La oreja izquierda es como una huella dactilar (…). Con una cámara oculta tomamos una foto de la oreja izquierda”, relata Shalom. Luego, la oreja izquierda grabada en secreto en Buenos Aires fue cotejada con las viejas fotos. “Y entonces lo supimos: es nuestro hombre”.
Foto sin fecha de Eichmann con uniforme de la SS.Foto sin fecha de Eichmann con uniforme de la SS.El ex agente recuerda que después de su detención, Eichmann contestó “con una rigurosa minuciosidad alemana” todas las preguntas.
“Y al final le preguntamos: ‘Y tú, ¿cómo te llamas’? Y él respondió: Ricardo Klement. Y nosotros le contestamos: ‘No, no, no. ¿Cuál es tu verdadero nombre’? Y entonces respondió: Adolf Eichmann”. Luego, el ex dirigente nazi, secuestrado y sedado, fue llevado en avión de Argentina a Israel en una operación del servicio secreto.
El ex policía israelí Miki Resh, hoy de 82 años, fue uno de los aproximadamente 20 agentes de la unidad especial “Brigada 06” encargados de preparar el juicio del siglo en Israel. “Nuestra labor era absolutamente secreta. Nos prohibieron decir dónde estábamos.
Existía el temor de que ex miembros de la SS, que pululaban en toda Europa, intentasen sacar a Eichmann de Israel. Nadie podía saber dónde estábamos y qué hacíamos”, cuenta el ex policía. “Hallamos muchos documentos firmados por Eichmann. Eso nos ayudó mucho”.
En vista de la enorme cantidad de documentos probatorios, Hausner, el fiscal jefe, ya estaba seguro antes de que comenzara el juicio de que “habría bastado una mínima parte para condenarlo diez veces”. Sin embargo, la idea era convertrir el juicio en una lección para la generación joven en Israel y en todo el mundo. “Los pueblos deben saber que la intención era exterminar a todo un pueblo”, apuntó Hausner.

“Escuchar a los testigos ya es una tortura”
El 11 de abril de 1961 comenzó el juicio en la “Casa del Pueblo” en Jerusalén. Pese a todas las críticas, Israel se veía a sí mismo como instancia moral autorizada y obligada a procesar a Eichmann en el propio país, no en el extranjero.
Hausner citó a más de 110 testigos. “A diferencia de los juicios de Núremberg, en este juicio los protagonistas eran los testigos, para que el mundo pudiera conocer de primera mano lo que había ocurrido”, explica Tami Hausner-Raveh al definir la estrategia de su padre, fallecido en 1990. No se puede entender a Israel sin entender el Holocausto, subraya.
El testigo más joven fue Avraham Aviel, entonces de 32 años. Aviel relató su experiencia como único superviviente del Holocausto, cuando tenía 14 años, entre los 1.000 habitantes del poblado polaco de Dowgaliszuk.
Aviel, que hoy tiene 82 años, repite medio siglo después su testimonio ante el tribunal: “Vi cómo llegaba una familia tras otra, que tenían que desvestirse al borde de la fosa, ya que en sus bolsillos podría haber oro u otras cosas, y que luego fueron asesinadas a tiros”.
Hasta el día de hoy Aviel describe su suerte como un milagro, porque el pelotón de fusilamiento no se dio cuenta de que, tras despedirse brevemente de su madre, salió corriendo y se escondió en la cuneta de una calle.
Un testigo tras otro daba cuenta de torturas, angustias mortales, disparos en las rodillas, cámaras de gas, fosas comunes, el exterminio de poblados enteros pero también de actos de rebelión y resistencia. “Escuchar es una tortura”, apuntó el fiscal jefe. Una y otra vez se desmayaron espectadores.

Pena capital y ejecución
Eichmann, que entonces tenía 55 años, estaba sentado dentro de una cabina de cristal a prueba de balas. La estrategia del bien dispuesto ejecutor de la “solución final” era sencilla: sus jefes habían descargado en él toda la responsabilidad; él mismo era una víctima; solo era un oficial que cumplía órdenes, lo que estaba obligado a hacer ya que había hecho el juramento de la bandera y estaba sujeto al derecho de guerra. “Yo solo fui una tuerquita diminuta”, se defendió Eichmann ante la montaña de documentos incriminatorios.
El proceso duró más de cuatro meses, hasta el 14 de agosto. El 15 de diciembre de 1961, el tribunal condenó a Eichmann a la pena capital por crímenes contra el pueblo judío y contra la humanidad, y por crímenes de guerra. El comisario de Hitler para la cuestión judía fue ahorcado el 31 de mayo de 1962. Hasta el día de hoy, Eichmann es la única persona en los casi 63 años de historia de Israel que fue ejecutada tras haber sido condena a muerte.
La hija del fiscal jefe recuerda que una superviviente del Holocausto, que vivía en la misma casa, había increpado a su padre antes de comenzar el juicio acusándolo de haber abierto con violencia viejas heridas. “Al término del proceso”, rememora Tami Hausner-Raveh, “la mujer fue hasta Hausner y le dijo ‘gracias'”.

dpa
Editor: Pablo Kummetz


En ocasion del 50º aniversario del inicio del juicio a Eichmann, los Archivos del Estado y Yad Vashem subieron a YouTube las filmaciones del juicio. El material puede ser visto en: http://www.youtube.com/user/EichmannTrialEN#p/a, y contiene mas de 200 horas de sesiones del juicio y una recopilacion de testimonios. El canal es un emprendimiento conjunto entre Yad Vashem y los Archivos Estatales de Israel.

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Así fue capturado Eichmann…

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Eichmann, durante el juicio en Jerusalén en 1962
Para evitar el culto de futuros neonazis, sus cenizas fueron dispersadas en el Mediterráneo
Así fue capturado Eichmann, el único nazi ajusticiado en Israel
10 Mayo 10 – Jerusalén – Elías L.Benarroch/Efe
Tres años de cacería acabaron el 11 de mayo de 1960 en la captura por el Mosad de Adolf Eichmann, que hace medio siglo se convirtió en el único nazi ajusticiado en Israel por el asesinato de seis millones de judíos durante el Holocausto.

Cincuenta años después del episodio que entonces más conmocionó a la sociedad israelí, uno de sus captores, Rafi Eitan, asegura que la elección de Eichmann para que sirviera de símbolo de la persecución por la justicia del horror nazi fue una “mera casualidad”.

“Isser (Harel, entonces jefe del Mosad) ya tenía la idea hecha. Dijo que teníamos que juzgar en Israel a uno de los líderes nazis, y no importaba quién fuera”, recuerda Eitan, que era jefe de la Unidad Conjunta de Operaciones de los servicios secretos israelíes y fue enviado a Buenos Aires para capturarlo.

Eran los primeros años de vida del Estado judío, creado en 1948, y juzgar a alguno de los responsables del genocidio representaba no sólo un acto de justicia, sino también una forma de decir al mundo que, legalmente, Israel se veía responsable de todos los judíos, independientemente de donde vivieran.

“Harel salía de las reuniones con (el primer ministro David) Ben Gurión y preguntaba: ¿A quién podemos traer? ¿A Brunner? ¿Mueller? ¿Mengele? ¿Bormann? ¿Eichmann? !Dime a quién!”, rememora Eitan, de 84 años, en una entrevista con el diario Haaretz.

Por aquel entonces uno de los altos mandos del espionaje israelí y después, entre 2006 y 2009, ministro para Asuntos de los Jubilados, Eitan fue puesto al mando de la operación de la captura en marzo de 1960, y eligió a siete personas -de un grupo de 250 a su disposición- para trabajar exclusivamente en el caso.

La elección de Eichmann, encargado del transporte de millones de judíos desde los guetos hacia los campos de concentración y de exterminio, fue realmente fortuita y, según distintos testimonios, hasta fruto de no pocas presiones.

Gracias a las actividades de grupos voluntarios judíos dedicados a la caza de nazis, desde 1954 habían fluido a Israel informaciones acerca de que el oficial de las SS vivía en Buenos Aires bajo el nombre de Ricardo Klement y trabajaba para una compañía de agua.

La información no despertó la curiosidad de los servicios secretos israelíes -ocupados por ese entonces con un serio problema estratégico regional-, pero entre 1957 y 1959 la insistencia de un fiscal judío del estado alemán de Hesse, Fritz Bauer, consiguió que finalmente el Mosad enviara a sus agentes a capturar a Eichmann.

Yaakov Gat, uno de los siete miembros del comando, está convencido de que sólo una persona pudo haber obligado al jefe del Mosad a reabrir el caso después de haberlo rechazado en al menos dos ocasiones por considerar que las pruebas no eran sólidas.

“Sólo una persona como Ben Gurión podía forzar a Harel a que reanudara la investigación. Es verdad que Bauer era el que presionó, pero en mi opinión la comunidad judía estadounidense presionó a Ben Gurión para que Israel tomara venganza en nombre de todo el pueblo judío“, explica el octogenario agente al Haaretz.

Los detalles de la operación que condujo a la captura y posterior traslado de Eichmann a Israel -en medio de una gran polémica con Argentina porque fue sacado de ese país en un avión oficial del ministro israelí de Exteriores, Abba Eban- aparecieron en numerosos libros y fueron llevados al cine.

“La casa en la calle Garibaldi (1975)”, escrito por el entonces jefe del Mosad, se convirtió con el tiempo en uno de los clásicos mundiales del espionaje, mientras que “Eichmann en mis manos (1990)”, de Peter Z. Malkin, otro de los miembros del comando que le capturó, expone los contradictorios sentimientos de un judío hacia un dirigente nazi tan sólo quince años después del Holocausto.

Después de un desgarrador juicio ante un tribunal que le condenó a la pena capital por crímenes contra la humanidad, el ex oficial de las SS fue ahorcado el 1 de junio de 1962 y sus restos incinerados.

Para evitar el culto de futuros neonazis, sus cenizas fueron dispersadas en el Mar Mediterráneo por un barco de la Armada israelí en presencia de algunos supervivientes del Holocausto, fuera de las aguas jurisdiccionales de Israel.

Pasarían veinticuatro años hasta que otro nazi, John Demjanjuk, se sentó en el banquillo de los acusados en Israel como el presunto “Iván el Terrible” de Treblinka, aunque fue absuelto por la Corte Suprema tras haber sido condenado a la horca por una instancia inferior.