Los últimos días de los judíos en la Europa islamizada

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*Por Giulio Meotti
Hace unos pocos días, unos guardias de seguridad recorrían las calles de la ciudad de Roma cerca de una escuela judía, buscando con la ayuda de un detector de metales posibles sistemas de detonación que podrían ser parte de alguna amenazante y potencial carga explosiva. La sinagoga más grande e importante de Roma, una de las más antiguas del mundo, tiene hoy en día el aspecto de una fortaleza militar, con guardias privados y agente de policía por todas partes. También la escuela judía es “zona estéril”, protegida por guardaespaldas y cámaras fotográficas y con las ventanas tapidas con rejas metálicas. Vi cosas parecidas en casas de Hebrón y en escuelas en Sederot, la ciudad israelí bombardeada por el Hamás.
El ataque que tuvo lugar el pasado mes de marzo contra una escuela en Toulouse, que recuerda el atentado en Itamar (en el que un padre y una madre junto con sus tres niños fueron asesinados en sus camas a manos de un comando palestino), encendió un “estallido” de atentados antisemitas por toda Francia. A estar por los servicios de protección de la comunidad judía (Service de Protection de la Communité Juive), más de 90 incidentes antisemitas tuvieron lugar en Francia sólo 10 días después del mencionado ataque, en el que perdieron la vida cuatro personas. En total, se registraron 148 incidentes antisemitas en los meses de marzo y abril. Esto es un desmán antisemita puro y simple, silenciado por los medios de comunicación de Europa.
El antisemitismo está levantando nuevamente la cabeza en Europa Occidental. Durante el Holocausto, fue Europa quien llevó a sus habitantes a las cámaras de gas. Setenta años después, en la Europa evolucionada, poli – cultural y semi – islámica, los judíos se encuentran nuevamente en la mira. Se cree que focos aislados de judíos ortodoxos sobrevivan en las grandes ciudades, pero la vida judía en general no tiene futuro en el continente europeo.
El rabino Adin Shteinzaltz, el más importantes investigador del Talmud en todo el mundo, tuvo ya esa apocalíptica visión: “la comunidad judía en Europa está agonizando.” Todas las encuestas recientes dicen que un tercio de los europeos demuestran niveles muy altos de antisemitismo, y el punto de vista de más de la mitad de los europeos es que el Estado de Israel constituye la “mayor amenaza contra la paz mundial.”
Toda vez que la vida en los barrios de Paría pueda transcurrir cómodamente, la situación de los judíos sólo irá empeorando. Hace unos pocos días casi se lleva a cabo un linchamiento contra unas personas de origen judío en la ciudad de Lyon por parte de un grupo de árabes armados con martillos y que gritaba “sucios judíos”. Ese es el motivo por el cual durante los últimos años se duplicó el número de judíos que emigraron a Israel. Cientos de judíos franceses adquirieron viviendas en Israel, siendo ese su “apoyo seguro”, en el caso en que la situación en Europa empeore. “Judíos de Francia, estáis en peligro, vuestro lugar está en Israel”, decía en unas pancartas desplegadas por israelíes-franceses en un acto que tuvo lugar en Tel Aviv en homenaje a las víctimas del pogrom de Toulouse.
Hace algunos años, el diario británico “Daily Telegraph” publicó un artículo titulado “¿Es esta la última generación de judíos británicos?”. A estar por las amenazantes declaraciones de la cronista londinense Melanie Phillips, la población británica de origen judío “se reducirá a 240.000 almas hasta el año 2020, 180.000 hasta el año 2050 y a 140.000 hasta el año 2080.
El presidente de la comunidad israelita en Austria, Ariel Muzikant, advirtió que también la comunidad judía de Austria está agonizando: “si no se produce un milagro a corto plazo, la comunidad judía de Austria dejará de existir dentro de poco.” En Suecia, un país descrito por el diario “The Guardian” como el “mayor éxito del mundo”, los judíos abandonan las grandes ciudades, tales como Malmö, por motivos de seguridad y para escapar a los ataques antisemitas.
Un sesenta por ciento de los judíos de Holanda está dispuesto a empacar sus pertenencias y abandonar el país de inmediato. El motivo de ello es el ‘boom’ del antisemitismo islámico en Holanda, país conocido por su proverbial multiculturalismo. Benjamin Jacob, el Gran Rabino de Holanda, dijo al Canal Siete que “el futuro del judaísmo holandés se está trasladando a Israel”.
Los judíos se escapan de Amberes, ciudad conocida orgullosamente y en otros tiempos como “la Jerusalén del Norte”. El último otoño, la primera sinagoga de Europa fue la segunda y más antigua desde la última guerra del Weesp en suspender sus plegarias del Sábado por las constantes amenazas contra la seguridad de los feligreses. En Oslo viven más de 1.000 judíos, pero nunca se los ve. Ni siquiera uno de ellos. Los grafiti antisemitas llenan hoy las paredes de los edificios de Marsella, en Nottingham, en París, en Madrid, en Ámsterdam, en Berlín, en Kiev, en Barcelona u en Roma. Cementerios judíos son profanados cotidianamente y los judíos que llevan solideo sobre sus cabezas son atacados en las calles.
En momentos en que muchos prefieren desviar la vista e ignorar estos lamentables hechos, Europa se acerca nuevamente a una nueva y terrible ola de ataque xenófobo contra los judíos que se abatió de nuevo sobre el continente en el precipicio de su vigésimo siglo. Dentro de la privatización d Europa, su transformación en universal y secular, el sionismo se perfila como una causa de antisemitismo, y elementos oficiales en Bruselas consideran a la explosión en la sinagoga de París como una represalia por la invasión israelí a Gaza, cada vez más ministros europeos llaman a los israelíes “los nuevos nazis”, el antisemitismo va desapareciendo de la idiosincrasia general y la “islamofobia” es el nuevo concepto del peor de los racismos.
En la vieja Europa que se alejó de la internacionalización del proletariado a favor del traspaso al patriotismo del Islam, no hay lugar para los judíos. El cosmopolitismo que se asimiló a la cultura árabe de Europa cultiva la fantasía de la expulsión de Israel del Medio Oriente. Pero primero Europa dejará de lado y abandonará a sus judíos de después del Holocausto. Sólo después de la destrucción de Israel, se permitirá a los judíos que recobren su status de apátridas en Francia, Gran Bretaña, Suecia, Alemania. En Varsovia serán capaces hasta de reconstruir el ghetto, y de Bagdad a Haifa se escuchará a lo largo de decenas de miles de kilómetros tan sólo la voz de Al Jazeera.
* Giulio Meotti es un periodista y escritor italiano. Es el autor del libro “El nuevo Holocausto”, libro que trata sobre los judíos víctimas del terrorismo.
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La sumisión de Holanda al Islam

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Retrotrayendo a Holanda, a su oprobioso rol de colaboracionista nazi en la Segunda Guerra Mundial,- en el que hubo honrosas excepciones- el ex Comisario europeo desde 1999 a 2004, Frits Bolkestein, prominente político del partido liberal neerlandés VVD (Partido Popular por la Libertad y la Democracia) actualmente en el poder, en declaraciones hechas al diario parisino Le Monde, exhortó a los judíos a abandonar los Países Bajos, y emigrar a Israel o EE.UU. porque entiende que pueden ser víctimas del antisemitismo que está creciendo de manera exponencial entre los jóvenes musulmanes de origen marroquí, y en virtud que tiene poca confianza en la eficacia de las propuestas del gobierno de su país, para luchar contra la judeofobia. Bolkestein, quien generó una gran polémica con sus declaraciones, al extremo que el Parlamento holandés en La Haya se reunió el martes 7 de diciembre para debatirlas, no hizo más que ratificar expresiones idénticas hechas en ocasión de presentarse el libro Het Herval (El Ocaso) de Manfred Gerstenberg, concerniente a los judíos en los Países Bajos.
A raíz de la expulsión de los judíos de España en 1492, un gran número de éstos emigró a Amsterdam. Si bien Holanda por aquel entonces estaba bajo dominio español, sus autoridades fueron indulgentes con los refugiados de la fe mosaica a quienes en el período de los siglos XIV y XV se les había conminado a elegir entre la muerte o su conversión al cristianismo. Como consecuencia de esa coacción religiosa, proliferaron los llamados marranos, judíos que simulando ser cristianos, continuaron practicando su culto clandestinamente y pasaron en sordina sus tradiciones religiosas a sus hijos. En el siglo XVI, los holandeses lograron su independencia y dejaron de estar bajo la férula de España. Su gobierno, exhibiendo una tolerancia infrecuente en esa época, permitió a los judíos construir una sinagoga donde acudían los sefarditas, descendientes de refugiados españoles y los judíos ashkenazíes, que habían huido de Alemania, Austria, Ucrania y Polonia, donde cientos de miles de ellos, hombres mujeres y niños, fueron masacrados entre el siglo XIII y el siglo XVII. Casi en la postrimería de éste último, en el año 1796, los judíos holandeses que habían prosperado significativamente, obtuvieron plenos derechos como ciudadanos, llegando a ocupar en los comienzos del siglo XX, importantes cargos en la sociedad.
En 1939 había 140.000 judíos que vivían en Holanda. Allí se sentían seguros. Holanda se había declarado neutral durante la Primera Guerra Mundial, y no había duda que lo seguiría siendo en el caso de una nueva contienda. Cuando Alemania atacó Polonia en 1939, tal como se preveía, Holanda reafirmó su neutralidad. Pero el 10 de mayo de 1940, miles de paracaidistas alemanes aterrizaron en suelo holandés. Tanques nazis e infantería les siguieron. En enero de 1941 los germanos habían obligado a todos los judíos a inscribirse en un registro. Pocos días después, 425 jóvenes judíos fueron enviados al campo de concentración alemán de Buchenwald. Esto impulsó a los trabajadores holandeses del puerto a anunciar una huelga general como señal de protesta. Ciudadanos de todas las clases económicas, desde comerciantes en la bolsa hasta pescadores, se unieron a los trabajadores del puerto. Durante tres días las calles y canales permanecieron vacíos. Finalmente las autoridades aplastaron la huelga con la detención de 3500 personas. Al mes siguiente, nazis holandeses atacaban el viejo barrio judío de Amsterdam. A diferencia de su gobierno, y de los nazis vernáculos, muchos vecinos cristianos, arriesgando sus vidas, mostraron su apoyo a los judíos ayudándoles a esconderse. De Holanda y su comportamiento en la Segunda Guerra Mundial, se conoce el conmovedor relato de la infortunada Ana Frank y la solidaridad de la familia que la ocultó. También se escribieron almibaradas historias de la heroica resistencia holandesa, creando un falso mito, ya que el énfasis debería estar puesto en que fue delatada por sus propios vecinos. Los holandeses, como grupo, con la salvedad de un par de miles de personas y células, que actuaban a título independiente, nunca intentaron proteger a los judíos. Asimismo, una serie de empresas despidió a sus empleados judíos antes de que los alemanes dieran la orden para ello. A diferencia de Dinamarca, donde miles de políticos, predicadores, pescadores, conductores de ambulancias, ayudaron a entre 7.300 y 7.800 judíos a huir a Suecia, y murieron durante el Holocausto 116 judíos daneses (1,5% del total), en Holanda fueron asesinados más de 100.000 judíos holandeses, (75% del total).
Las palabras de Frits Bolkestein denotan que algunos sectores de la sociedad holandesa están muy enfermos y optan por aconsejar que se vayan del país los pacíficos judíos, creativos, productivos, respetuosos de la ley e inofensivos y que se queden grupos violentos musulmanes que atacan a los judíos en suelo holandés, desprecian la legislación, costumbres y religión del país, y que matan sin miramientos, como lo hizo Mohammed Bouyeri un holandés de origen marroquí en 2004, que asesinó brutalmente en la vía pública al cineasta Teo Van Gogh , el director del documental “Submission”, (Sumisión) considerado blasfemo por los islamistas. En un vano esfuerzo por detener a los musulmanes que aterrorizan a los judíos que usan kipá, agrediéndolos y escupiéndolos, las autoridades de Amsterdam han ordenado a los agentes de policía recorrer las calles “disfrazados” de judíos.
La sensatez en Holanda, país de origen del filósofo judío Baruj Espinoza, la aportó el líder del Partido por la Libertad, Gert Wilders, quien declaró: “Bolkestein se equivoca completamente: no son los judíos, sino los marroquíes antisemitas quienes deben dejar el país”.

Rubén Kaplan

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