Estudio de hebreo en la Franja de Gaza

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Dicen que la lengua relata la cultura, que ayuda a comprender al enemigo para la próxima batalla y, también, le extiende la mano. Este ultimo no queda claro en qué sentido, pero si confiamos en el informe de la Agencia de Noticas Palestina Ma´an, el gobierno de Hamas anexaría, el próximo año, el estudio de la lengua hebrea a su programa de estudios en las escuelas de la Franja.
Desde el Ministerio de Educación en Gaza dijeron que en la cartera evalúan agregar el hebreo como una de las posibilidades de elección en los estudios de lenguas extranjeras en las escuelas. En el propio ministerio se realizaron reuniones con expertos de lengua hebrea que estudian el tema. Dijeron que es probable que, en el futuro, también el turco sea una de las lenguas de elección que se les habilitará a los alumnos en Gaza. Si se acepta la decisión de incorporar el hebreo como materia, los alumnos de la Franja podrán estudiar el hebreo en 8° y 9° año. El sistema pedagógico palestino permite en el presente a los alumnos, el estudio de dos idiomas en sus programas a elección entre las posibilidades existentes. El hebreo nunca formó parte del currículo, siquiera como opción.
La nueva propuesta provocó incomodidad en el Ministerio de Educación en Ramallah donde no les agradó escuchar que, sus colegas en Gaza, decidieron unilateralmente el cambio de programa pedagógico. Se destacó que, los debates se realizan en el marco de la división palestina entre la organización Fatah que gobierna Cisjordania y Hamas que controla la Franja de Gaza. Los funcionarios en la Autoridad Palestina dijeron que el Ministerio de Educación del gobierno de Hamas debería deliberar con la Autoridad y llegar a un acuerdo sobre el programa de estudios.
En los últimos años el programa de estudios tanto en la Franja como en la Autoridad permaneció igual, a pesar de las divisiones. “Debe haber una tendencia única con respecto a los temas pedagógicos”, afirmando que no hay oposición de principios al estudio del hebreo en las escuelas, pero el tema – por ahora – no fue propuesto.
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Historia de la resurrección de la lengua hebrea

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En los comienzos de nuestra era la lengua más hablada en Palestina era el arameo, lengua que comparte con el hebreo su adscripción semítica. La lengua de cultura era el griego, la lengua del imperio y de los ejércitos de ocupación era el latín y el hebreo era ya únicamente, desde hacía por lo menos un siglo, la lengua litúrgica y de los libros sagrados del judaísmo. Sólo las élites religiosas, rabínicas, leían, escribían y hablaban entonces el hebreo.
El arameo fue la lengua hablada por el pueblo judío hasta que fue sustituido paulatinamente por el árabe a raíz de la invasión árabe del siglo VI. Entre los años 70 y 135 d.C. se produjo un éxodo masivo de judíos para otras tierras, la conocida diáspora judía. En este exilio cada comunidad judía adoptó la lengua del país de acogida, en Europa, en Asia y en el norte de África, olvidando el arameo y conservando el hebreo, como siempre, como lengua litúrgica.
El hebreo litúrgico empleado en la religión por los judíos generó una serie de “lenguas mixtas” caracterizadas por el uso de un mínimo porcentaje de términos judíos incrustados en las lenguas de acogida. Así, podemos hablar hoy del judío-tamazight, del judío-turco, del judío-georgiano, etc. Los “judíos” más hablados fueron el idish (del alemán jüdisch, judío) y el djudezmo (conocido en Israel como ladino).
El idish es la lengua de los judíos ashkenazitas de toda la Europa Central. Tiene estructura germánica y un 70% de léxico alemán, 15% eslavo y sólo un 5% de léxico hebreo. Antes de la Segunda Guerra Mundial hablaban idish en Europa central unos once millones de personas. El djudezmo es el judío de los sefarditas, que llegó a ser hablado a comienzos del siglo XX por dos millones de personas en países de las riberas mediterráneas. Hoy se calcula que tendrá 150.000 usuarios.
En Palestina se utiliza el árabe y restos de arameo (aún hoy se habla arameo en algunas villas de los aledaños de Damasco).
En la diáspora cada una de las lenguas de acogida tiene incrustaciones léxicas hebreas. El pueblo judío no habló el hebreo durante casi dos milenios. El hebreo no estaba vivo; sin embargo, tampoco se podría decir que estaba muerto ya que seguía siendo la lengua litúrgica y vehicular entre rabinos y comerciantes.
A finales del siglo XVIII en Alemania hubo intentos de restaurar el hebreo, pero éste tenía un léxico muy limitado, arcaico y circunscrito a la vida religiosa, nada apto para la vida moderna y las ciencias. Si el sueño era volver a tener una patria en Eretz Israel, no sería viable si cada grupo de judíos hablaba la lengua de su país de acogida; se debía tener una lengua y la única de todos los judíos había sido milenariamente el hebreo.
En el año 1880 un grupo de idealistas judíos nacionalistas, sionistas, vuelve a Eretz Israel, a Palestina. Entre ellos viaja el lituano Eliezer Ben Yehuda, quien acomete la enorme labor de reelaborar el hebreo modernizando la gramática, simplificándola, dotándola de mayor versatilidad y adaptabilidad para su utilización en nuevos usos, cogiendo préstamos del árabe, del arameo y de las “lenguas judías”, creando neologismos, etc. En 1890 Ben Yehudá creó el embrión de lo que con los años sería, en 1940, la Academia de la Lengua Hebrea. Ben Yehuda inventó una lengua hablada, el neo-hebreo, a partir de una lengua secular únicamente escrita, el hebreo de los libros sagrados.
Entre 1891 y 1903 llegaron a Palestina unos 30.000 judíos de diversos orígenes y lenguas. En 1898 Ben Yehuda funda una red de escuelas destinadas a enseñar hebreo a los recién llegados, y así, en 1915, nacieron los primeros judíos criados desde la cuna en hebreo desde hacía 2.000 años.
Como la mayoría de los judíos retornados eran ashkenazitas, el neo-hebreo tuvo una fuerte competencia con el alemán y con el idish en este primer tercio del siglo XX, pues si la mayoría de los inmigrantes hablaban estas variedades germánicas era innecesario “forzar” por todos los medios el aprendizaje de una nueva lengua.
Ben Yehuda consiguió en 1918 que los británicos declararan al hebreo tercera lengua oficial de Palestina junto al árabe y el inglés, de manera que el hebreo se introdujo en las escuelas, en la administración y en el poder político. Después de la Segunda Guerra Mundial los propios judíos germanófonos o que utilizaban el idish aprendieron voluntariamente el hebreo y renunciaron a lenguas ligadas a la barbarie nazi.
Para obtener la nacionalidad israelí hacía falta demostrar conocimiento del hebreo. El Estado de Israel invierte enormes cantidades de dinero en “hebraizar” lingüísticamente toda esa marea de judíos de la diáspora que vuelven hablando inglés, ruso, polaco, húngaro, djudezmo, árabe, tamazight, turco, persa, amárico, tigriña, italiano, serbocroata, griego. etc.
La resistencia a la integración lingüística proviene fundamentalmente de hablantes de lenguas “superiores”, entendamos inglés y ruso. Dado que el inglés es, de facto, no de uure, lengua co-oficial en Israel y un altísimo porcentaje de israelíes también habla inglés, hay muchos judíos norteamericanos que pueden prescindir de aprender hebreo a no ser que vivan en comunidades o villas con judíos de otros orígenes. Con los rusófonos (rusos, ucranianos y bielorrusos) pasa algo semejante, de manera que por ejemplo en muchos canales de televisión subtitulan en ruso lo emitido en hebreo. Los rusófonos son alrededor del millón de personas, viven en comunidades aisladas, son poco religiosos y tienen una cultura de momento bastante alejada de la población media.
Aun siendo de hecho la única lengua oficial, el hebreo está obligado a competir constantemente en casa con estas dos lenguas citadas, pero esto forma parte ya de la propia y rica dinámica interna de la sociedad israelí, con sus fobias, contradicciones, riquezas y pluralidades.
El ejemplo del hebreo es el mejor ejemplo de como con firme voluntad y con un Estado propio una lengua puede resucitar: de apenas unos cientos de neo hablantes a casi seis millones de personas, y esto sólo en cien años.

Autor: Por Breogán Cohen (*Socio lingüista en la Universidade de Vigo (Galicia) y socio de la Asociación de Amistad Galicia Israel) (AGAI).

El Idioma Hebreo

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El hebreo es una lengua semítica de la familia afroasiática hablada por cinco millones de personas en Israel (95%) y por otros dos o tres millones en comunidades judías repartidas por el mundo, lo que da un total de ocho millones de hablantes. En Israel es, junto con el árabe, una de las dos lenguas oficiales del país y es hablada por la mayoría de su población.
Al margen de la Biblia, el más antiguo texto escrito con alfabeto hebreo data del siglo IX a. C. A esta época pertenece la estela de Moab, escrita en dialecto cananeo-moabita, en la cual Mesha, rey de Moab, describe sus triunfos contra Omrí, el rey de Israel. Guarda gran paralelismo con el 2º libro de los Reyes, capítulo 3.
En la estela de Tel Dan, escrita en hebreo a mediados del siglo VIII a. C., conmemora las victorias del rey sirio Hazael sobre Joram, hijo de Acab, rey de Israel, y sobre Ocozías hijo de Joram rey de Judá, de la dinastía de David. Es la mención escrita más antigua respecto a esta dinastía.
El hebreo dejó de hablarse alrededor del siglo I a. C., aunque siguió utilizándose en la literatura y, sobre todo, en la liturgia y con propósitos académicos. En Palestina fue sustituido como lengua hablada principalmente por el arameo. En cuanto a la diáspora judía, sus lenguas comunes han sido históricamente sobre todo dos: el yidish entre los judíos llamados ashkenazíes (centro y este de Europa) y el ladino o judeoespañol entre los llamados sefardíes (cuenca mediterránea).
El hebreo como lengua hablada fue recuperado por el sionismo a finales del siglo XIX, gracias al trabajo de, entre otros, Eliezer Ben Yehuda, para servir de lengua nacional al futuro Estado judío.
Fuentes
Aunque la Biblia es la principal fuente para el hebreo clásico, la misma lengua se usa en varias inscripciones. Entre las mejor conocidas están las del calendario Gezer (siglo X a. C.), una lista de meses definidos por el trabajo agrícola característico realizado en ellos (aunque cabe que este texto no fuera escrito por un israelita); las inscripciones Kuntillet ‘Ajrud y Khirbe el-Qom (de finales del siglo IX o principios del VIII a. C.), que mencionan a Yahveh y a su Asherah; los Ostraka de Samaria (siglo VIII a. C.) recoge pagos de vino, aceite, etc.; la inscripción del túnel Siloam (finales del siglo VIII a. C.), encontrada en el túnel construido por Ezequías bajo la ciudad de David para llevar agua del manantial de Gihon hasta la Reserva de Siloam; los Ostraka de Lachish (principios del siglo VI a. C.) con mensajes militares antes de la invasión babilónica; y los ostraca Arad (del mismo periodo) recogiendo las provisiones suministradas a los soldados. La Piedra Moabita (ca. 830 a. C.), en la que el rey Mesha de Moab se jacta de sus victorias sobre los israelitas, está en un lenguaje casi idéntico al hebreo bíblico.

Filiación Lingüistica
Dentro del grupo noroccidental de lenguas semíticas, el hebreo pertenece a la familia cananea, que incluye al fenicio, moabita y amonita (algunos incluyen al ugarítico). La otra gran familia de la lengua semítica noroccidental es la aramea.
La palabra hebreo (‘ivrît) no es usada en la lengua hasta el periodo helenístico, pero se puede leer acerca de “la lengua de Caná” en Isaías 19.18; y en 2Reyes 18.26,28 (= Isa. 36.11,13; 2Crón. 32.18) y Nehemías 13.24; los jerosolimitanos hablan yehûdît, esto es, “judeo” (más tarde “judío”).
Con certeza, la similitud entre el hebreo bíblico y el fenicio, y algunas palabras cananeas que aparecen en las cartas de Amarna desde el siglo XIV a. C., muestra que la lengua de los israelitas no difería mucho, después de todo, de la de los cananeos. Algunos han inferido de las comunes características del hebreo y el cananeo, y de las palabras “un arameo errante fue mi padre” (Deut. 26.5), que los antecesores de los israelitas hablaban arameo y que adoptaron de los cananeos la lengua más tarde conocida como hebreo.
Es dudoso, sin embargo, si Deuteronomio 26.5 pretende transmitir información sobre historia lingüística, y las afinidades del hebreo con lo que fue hablado por los cananeos pueden ser explicadas sobre la hipótesis de que los israelitas y sus antecesores ya hablaban una lengua fuertemente relacionada con la de los cananeos.

Aspectos dialectales históricos
Hubo diferencias dialectales entre los israelitas. Jueces 12:5-6 recoge que los fugitivos efraimitas eran incapaces de decir “*shibboleth” y en cambio decían “sibboleth” y por eso delataban su origen a sus enemigos gileaditas.
La Biblia hebrea fue transmitida por la gente en Judá, pero restos de otro dialecto -presumiblemente septentrional- han sido preservados en la Biblia. La Canción de Debora (Jueces 12), que parece ser de origen septentrional, usa el masculino plural acabado en -în en el v.10 y la partícula relativa sa- en el v.7, donde el dialecto de Judá habría usado -îm y ‘aser, respectivamente.
Hubo otras diferencias entre el hebreo del norte y del sur, como en la segunda persona del singular femenino del pronombre y en el sufijo pronominal. Un relato como el de 2Reyes 4 (en el que el profeta del norte Elisha aparece) ha retenido también algo de su dialecto septentrional. Luego, algunas inscripciones septentrionales muestran diferencias dialectales. Por ejemplo, la palabra de la Biblia hebrea para casa es bayit, pero las inscripciones norteñas tienen bt, que refleja probablemente una pronunciación [bet], y “año” es st en contraste con el sureño snh. El libro de Oseas contiene muchas dificultades lingüísticas y textuales, y algunas de ellas puede quizá ser explicadas como resultado del dialecto norteño del profeta.

Evolución histórica
El dintel Shebna de la tumba de un mayordomo real que se encuentra en Siloam se remonta al siglo VII a. C.El hebreo cambió con el paso del tiempo. La lengua del libro de las Crónicas, por ejemplo, es diferente del de Reyes. El arameo se convirtió en la lengua dominante en la región Siro-Palestina e influyó al hebreo y, finalmente, lo desplazó en algunas áreas. Nehemías 13.24 se queja de que algunos niños de matrimonios mixtos ya no podrían hablar la lengua de Judá sino que hablaban “la lengua de Ashdod”. Es posible que esto se refiera no a un vestigio de la lengua filistea (aunque esto es algo que no debe ser descartado) sino al arameo.
La lengua del Eclesiastés difiere marcadamente de la de los textos del preexilio, y las peculiaridades lingüísticas de la Canción de Salomón son con frecuencia atribuidas a una fecha tardía. Alguna gente, sin embargo, podría todavía escribir en el estilo primitivo, como se puede ver en el juicio de Jesús ben Sira, escrito alrededor del 180 a. C. y en el parcial escrito de Qumrán. Con todo, tales ensayos de composición en hebreo clásico fueron intentos de arcaización. El prólogo a la traducción griega de Sirach también contiene el uso primitivo del término hebreo para la lengua del antiguo Israel.
La escritura rabínica de los primeros siglos de la era común usa una forma del hebreo que es usualmente conocida como hebreo misnaico (de la colección de tratados legales conocida como Misná, de ca. 200). Fue entonces generalmente creído que esta lengua nunca había sido usada por la gente común sino que fue una lengua erudita creada bajo la influencia del arameo. Ahora es generalmente reconocido que los rabís no confeccionaron una lengua erudita sino que usaron una forma del hebreo que se desarrolló en los últimos siglos a.C. Esta conclusión emerge desde un estudio de la naturaleza de la lengua y de las referencias en los textos rabínicos hasta su uso por la gente ordinaria, y este uso vernáculo sin duda deja entrever su presencia en el trasfondo de los rollos Copper de Qumrán y en algunas cartas de la Segunda Revuelta Judía (132-135).
Aunque el hebreo se usó en Judá en el primer siglo como vernáculo, el arameo y el griego fueron también hablados, y hay evidencias de que el arameo fue dominante en el norte de Galilea. Jesús vino de Galilea, y probablemente habló arameo. Algunas de sus palabras citadas en los Evangelios están en arameo, aunque algunas (tales como “*abba” y “ephphatta”) puedan ser tanto hebreo como arameo. No es improbable que también hablase hebreo, especialmente en sus visitas a Judea. Algunos estudios (ver enlaces exteriores) indican que lo más probable es que Jesús hablara hebreo con “acento de Galilea”.
Varios versículos en el Nuevo Testamento parecen a primera vista referirse a la lengua hebrea, y la palabra griega traducida como “Hebreo” (hebraisti) se refiere a esa lengua en Apocalipsis 9.11; 10.16. Pero son también usadas del arameo palabras como Gabbatha en Golgotha en Juan 19.13,17, y ello probablemente denota una lengua semítica (como distinta del griego) hablada por los judíos, incluyendo tanto el hebreo como el arameo, antes que refiriéndose al hebreo en distinción del arameo. Igualmente, la expresión aramea Akeldema se dice en Hechos 1.19 en “su lengua”, esto es, la lengua de la gente de Jerusalén.
Algún tiempo después de la Segunda Revuelta Judía, el hebreo murió como lengua vernácula en Palestina, probablemente a finales del siglo II o en el III. Continuó, sin embargo, siendo usado por lo judíos como una lengua religiosa, erudita y literaria, y fue también hablado en ciertas circunstancias. Fue revivida como vernáculo sólo a finales del siglo XIX, y hoy es la lengua viva del estado de Israel.

Caracterización
La lengua hebrea se escribe de derecha a izquierda con un alfabeto de veintidós letras. Originalmente, denotaban sólo consonantes, pero w, y y h han sido también usadas para representar ciertas vocales largas y vocales al final de palabra (w = /u/; y = /i/; h = /a/, /o/ y /e/; w y y fueron usadas más tarde para /o/ y /e/, respectivamente) hasta, al menos, el siglo X a. C. y w y y en el interior de palabra hasta el siglo IX. Estas consonantes auxiliares escritas para denotar vocales se emplean también en otras lenguas semíticas, y se denomina matres lectionis.
En textos procedentes de Qumrán y en escritos tardíos, las letras se usaron con más profusión para representar vocales. El sistema completo de representación de vocales, añadiendo puntos a las consonantes, se desarrolló mucho más tarde, entre el siglo V y X d. C.
El actual sistema de vocalización reproduce, entonces, la pronunciación corriente de unos mil años después del final del periodo bíblico, aunque sin duda está basado en las primeras tradiciones de lectura de la Biblia.

Comparativa con el idioma español
La coincidencias entre el español y el hebreo antiguo son escasas, mientras que las existentes entre el español y el hebreo moderno son más numerosas. La razón de esto es que la lengua antigua tenía una exigua influencia de la lenguas origen del español, el latín y el griego, mientras que el hebreo moderno ha adoptado numerosos préstamos de ambos idiomas. Además, la adopción por el Estado de Israel de la norma de pronunciación sefardí (frente a la ashkenazí) supuso que la pronunciación moderna del hebreo sea casi igual a la de los judíos expulsados de España en 1492, y naturalmente próxima a la del español. Un ejemplo de ambas similitudes serían los nombres hebreos de numerosas ciencias: ביולוגיה (biologuia), גאוגרפיה (gueografia), היסטוריה (historia) etc.
Entre las coincidencias está la presencia de dos géneros gramaticales, masculino y femenino, así como la relativa libertad del orden sintáctico en las frases.
Entre las diferencias entre el hebreo (junto con otras lenguas semíticas) y el español están la presencia en el primero de las consonantes guturales ayin y het; las consonantes enfáticas tet, tsadik y kuf (tipos de /t/, /s/ y /k/); la sibilante sin (probablemente, la misma que hay en dialectos sur-arábigos modernos) junto con samej (/s/) y sin (/s/). En el hebreo moderno, sin embargo, tales consonantes se pronuncian con sonidos exactamente iguales que en el español de España: – ayin no se pronuncia – het como j /x/ – tet como t /t/ – tsadik como ts /ts/ – kuf como j, c, q /k/ – sin como s /s/ – samej como s /s/
Otras diferencias son el uso de la forma dual para ciertas formas de algunos nombres que incluyen parejas (ej. ojos, orejas, pies); el hecho de que muchas palabras deriven de raíces de tres consonantes; y un sistema verbal en el que el uso de ciertas vocales y consonantes denota diferencias en el significado (ej. katab “él escribió”; niktab “eso fue escrito”; hiktîb “él hizo escribir”) y en el que hay dos formas, las llamadas perfecto e imperfecto, que fueron usadas en los últimos tiempos para denotar el pasado y el futuro, pero que habían sido empleadas en los primeros tiempos de forma que es todavía discutida.
Por último, las escasas similitudes semánticas entre ambas lenguas se deben, además de a la influencia latina y griega sobre el hebreo moderno, a la influencia del árabe sobre el español, que introdujo palabras semíticas similares en algunos casos al hebreo: לימון limón (limón). Existen además préstamos directos del hebreo bíblico al español, como ‘aleluya’, ‘amén’ o ‘mesías’, así como gran cantidad de nombres de pila como Juan, José, María, Jesús, Ana, Manuel…