Esta expresión pertenece a Idith Zertal, filósofa israelí nacida en un kibutz y autora de un libro imprescindible, que se titula ‘La Nación y la muerte. La Shoá en el discurso y la política de Israel’ (Editorial Gredos). Esta mujer de 66 años, discípula de Hannah Arendt, critica a quienes han devaluado el Holocausto hasta convertirlo en un proyectil político y retórico para cualquier cosa. “Calderilla para zanjar sus rifirrafes políticos”, lo denomina en la entrevista que publicó ayer La Vanguardia y donde puede encontrarse también la expresión que encabeza estas líneas.
Ahí están, en este grupo, quienes buscan infames simetrías históricas en las que se identifica a Israel con el nazismo y a los palestinos con los judíos; pero también, incluso con mayor vergüenza, quienes hacen lo contrario como identificar a Arafat o Ahmadinejad con Hitler y utilizan a las víctimas del nazismo para camuflar al actual militarismo israelí y al extremismo xenófobo de los colonos. La señora Zertal es una ciudadana inteligente, civilizada y sobre todo compasiva, cuya obra intelectual constituye un timbre de orgullo para Israel y sus instituciones universitarias y para sus conciudadanos, aunque algunos no lo aprecien así.
Estas líneas son sobre todo para recomendar calurosamente la lectura de su libro, que aparece ahora en castellano después de su traducción al catalán nada menos que hace cuatro años, por parte de un espléndido y recóndito editor de Mallorca llamado Lleonard Muntaner.
Uno de los atractivos de la edición castellana es el prólogo que ha escrito justo ahora el historiador y ex ministro de Exteriores de Israel, Shlomo Ben Ami. “Israel necesita dominar la memoria en vez de convertirse en su rehén”, escribe Ben Ami. “La presión obsesiva de la memoria de la Shoá corre el riesgo de convertirse en base ideológica de una sociedad de víctimas con inmunidad moral en su confrontación con el mundo árabe, y con el mundo en general”, añade.
Y con otra cita más, de ésas que hablan por sí solas y parecen pensadas para los últimos acontecimientos y debates, doy por terminada mi incitación a la lectura de Zertal. Es de su mismo libro: “Israel se ha transformado en un lugar crepuscular donde la Shoá ya no representa un acontecimiento del pasado, heterogéneo y complejo, sino una eventualidad permanente y una ideología comodín, aplicable a todas las circunstancias. A través de Auschwitz –que se ha convertido en la principal referencia de Israel ante un mundo definido como antisemita y hostil— Israel se dota de un aura de sacralidad, la de la víctima final, y se muestra impermeable a la crítica y al diálogo racional con el resto de la comunidad internacional”. Hay que decir, que probablemente uno de los últimos políticos israelíes que intentó con gran coraje, desgraciadamente sin éxito, salir de este laberinto de la memoria de la muerte fue el prologuista del libro.

Fuente: http://blogs.elpais.com/lluis_bassets/2010/03/esclavos-del-holocausto.html#more

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