La semana pasada Evo Morales dejó claras las causas de las dos grandes desgracias de la humanidad: la homosexualidad y la calvicie. Lo hizo durante la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y la Madre Tierra, que se celebró en Bolivia. Como me sorprende que estos días casi nadie se haya referido a esa noticia, explicaré que Morales (presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, no lo olvidemos) dijo que los hombres se vuelven calvos porque comen transgénicos y, lo que es peor, en cuanto comen pollos con hormonas, cruzan la calle a toda pastilla hacia la acera de enfrente. De las mujeres no dijo nada.
Que quede claro que, siendo como son meritorios sus hallazgos, no es Morales el único líder mundial que –a pesar de las horas de trabajo y dedicación que comporta un cargo de la envergadura del suyo– dedica tiempo a investigar para darnos las claves del mundo que nos rodea. En Irán, y en los países vecinos, religión y política se entremezclan como muchos apostólicos romanos quisieran aquí. Por eso, cuando un alto cargo religioso iraní habla, está hablando el Estado (uséase: la fe, la ley y los latigazos o las lapidaciones, si necesarios fueran o fuesen). El alto cargo religioso que ahora ha hablado es un hojatoleslam, palabra que según los diccionarios significa “alta autoridad del islam”, un título de cágate lorito que se da a los clérigos chiitas duodecimanos (y no puedo escribir chiitas sin acordarme de María Barranco). Bueno, a lo que íbamos: el caso es que hace unos días el hojatoleslam Kazem Sedighi se quejó de que, a pesar de la rectitud de la ley islámica, que –como debe ser– obliga a las mujeres a ir cubiertas de pies a cabeza, muchas chicas en Teherán visten de forma indecorosa –de forma indecorosa desde el punto de vista del hojatoleslam, claro está–, lo cual tiene consecuencias sísmicas (y no voy de metáfora). Dice exactamente Sedighi: “Al no vestir de forma pudorosa, muchas mujeres llevan a los hombres jóvenes por el mal camino, corrompen su castidad y esparcen el adulterio entre la gente, y eso, en consecuencia, incrementa la cantidad de terremotos”. Tal cual. Según detalla el hojatoleslam, los casi nueve millones de habitantes de Teherán se encuentran en grave peligro por el terremoto que se producirá por culpa de las guarrindongas que se escaquean del chador para vestir como aquí vestían hace un siglo las mujeres de setenta años.

De momento, gracias a Morales ya sé qué provoca la homosexualidad (los pollos) y la calvicie (los transgénicos), y gracias a Sedighi ya sé el porqué de los temblores de tierra (la lascivia ambiental). Ardo en ascuas por saber qué gran líder nos explicará cualquier día de estos qué terrible perversión capitalista es la culpable de las erupciones volcánicas, de Óscar Jaenada y de la trombosis hemorroidal.

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