El viejo continente siempre intolerante

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By JAMES KIRCHICK
Praga
“La noche oscura del fascismo esta siempre descendendiendo en los Estados Unidos y sin embargo, aterriza solo en en Europa.” Asi dijo Tom Wolfe en 1965, y asi es hoy en día.
Varios comentaristas han argumentado recientemente que la oposición de muchos norteamericanos a un centro islámico propuesto a dos cuadras de las ruinas del World Trade Center representa intolerancia religiosa profunda y paranoia. Pero si algun lugar está plagado de creciente intolerancia, no es América sino Europa, el continente cuyo bienestar de los estados y pacifismo son tan admirados por los liberales norteamericanos.
El año pasado, casi el 60% de los suizos votaron a favor de prohibir la construcción de minaretes -todos los minaretes, en todas partes, no sólo cerca de los sitios de los ataques terroristas de la historia universal cometidos por musulmanes radicales.
En Bélgica, la cámara baja del parlamento aprobó una prohibición burka este año que ahora espera la aprobación del Senado. En Francia, esta prohibición se convirtió en ley del país la semana pasada, después de haber sido confirmada por el máximo tribunal del país. Aunque hay razones legítimas para estas prohibiciones, algún apoyo para ellas sin dudas surge de la intolerancia contra los musulmanes.
En los últimos años los partidos de extrema derecha y anti-inmigrantes lo han hecho alarmantemente bien en toda Europa. En Suecia, los demócratas nacionalistas de Suecia entraron al Parlamento el mes pasado por primera vez desde la fundación del partido en 1988. En el Reino Unido, el Partido Nacional Britanico de extrema derecha ganó casi tres veces más votos (563.000) en las elecciones parlamentarias de este año que en 2005, el año pasado ganó dos escaños en el Parlamento Europeo.
En Austria, el Partido de la Libertad, anteriormente dirigido por Joerg Haider, que tenia cosas buenas para decir de los nazis -obtuvo el 17,5% de los votos en 2008. En Francia, el partido Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen, que puso en duda la existencia de las cámaras de gas nazis, antes de admitir que fueron un “detalle” de la Segunda Guerra Mundial, quedó en segundo lugar en las elecciones presidenciales de 2002, ganando un lugar en una segunda vuelta con el entonces presidente Jacques Chirac.
Y ahora la extrema derecha puede estar creciendo de nuevo en Alemania, donde las leyes restrictivas de discurso y los umbrales parlamentarios la han mantenidofuera del Bundestag. Encuestas recientes citadas por la Agencia de Prensa Alemana estiman el apoyo para un partido anti-musulmán en un 20%, lo que sería suficiente para entrar en el Parlamento.
“La caída de los escaños parlamentarios en manos de extremistas representa la mayor reorganización de la política europea desde la desaparición del comunismo”, escribió Denis MacShane recientemente en la revista Newsweek. El Sr. MacShane es miembro del Laborismo del Parlamento británico que se desempeñó como ministro de estado para Europa.
Los europeos desconfían no sólo de los inmigrantes musulmanes, sino de los judios, casi exterminados en el continente hace 60 años. Una reciente encuesta de Pew Global Actitudes encontró que casi el 50% de los españoles disponen de una “muy” o “algo desfavorable” opinión de los judios. Las cifras son un 25% para los alemanes, 20% para los franceses y 10% para los ingleses. Este antisemitismo fue subrayado por la afirmación reciente del Comisario de Comercio de la Unión Europea, Karel De Gucht, que “no es fácil tener, siquiera con los judios moderados, un debate racional sobre lo que realmente está sucediendo en Oriente Medio.”
Así que cuando los liberales norteamericanos critican a sus contrapartes conservadores como intolerantes buscando imponer el fascismo en los EE.UU. (habiendo fallado en hacerlo durante dos mandatos de la administración Bush), ellos ignoran esa parte del Occidente, donde la nostalgia genuina por el fascismo perdura.
Cualquiera que haya viajado por toda Europa sabe que su imagen como un ejemplo de progresismo, y diversidad étnica y religiosa, es una invención de la mente liberal americana.
Los liberales norteamericanos que ignoran la intolerancia europea mientras consideran la oposición a la mezquita en el Ground Zero inexcusable traen a la mente la burlona sugerencia del dramaturgo comunista aleman Bertolt Brecht: “¿No sería más fácil en ese caso que el gobierno disuelva al pueblo y elija otro?”
Durante el debate por la mezquita, la vasta mayoria de los americanos se mostraron siendo capaces de desacuerdo respetuoso. Son los europeos nuevamente, a cuyos impulsos mas oscuros debemos temer.

El Sr. Kirchick es escritor general en Radio Europa Libre / Radio Libertad con sede en Praga, y editor colaborador de la Nueva República.
Fuente: The Wall Street Journal

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Tolerancia unidireccional

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Por Jorge Marirrodriga
para Guysen International News

Si es que estaba cantado. Las voces tolerantes del mundo se han alzado contra el voto suizo de prohibir edificar nuevos minaretes (ojo, que no nuevas mezquitas) en su territorio.
Voces tan autorizadas en cuestiones de tolerancia como el Gran Mufti de El Cairo, Ali Gooma, o el jefe de los musulmanes de Indonesia, o el presidente de la “República Musulmana Rusa de Chechenia” Razmán Kadirov, o el Consejo Superior de Ulemas de Marruecos, han salido al paso de la decisión de los suizos con palabras como “insulto”, “intolerancia” o “desprecio”. Como nunca puede faltar el apoyo del políticamente correcto, el ministro de Exteriores francés, Bernard Kouchner, ha puesto de su parte y se ha declarado “escandalizado”. Es curioso, porque a Kouchner no le escandaliza, en cambio, que en Francia se prohíba el velo islámico en las escuelas. Qué cosas hacen (y dicen) los franceses.

El minarete suizo
Con Suiza pasa como con algunas personas. Es la demostración de que si tienes dinero puedes hacer lo que pete independientemente de lo que digan los demás y encima quedar como el colmo del refinamiento. Es como la vida misma.
Por ejemplo, puedes quedarte con el dinero y los bienes depositados por millones de personas asesinadas quienes confiaron en tí en la (vana) esperanza de que alguien les sobreviviera. Y cuando te pillan puedes poner cara de póker en plan, “oiga ¿me está llamando ladrón?” y negociar una devolución parcial de lo que te dejaron en casa.
Puedes negarte a participar de las reuniones de comunidades de vecinos. Puedes albergar una sede de Naciones Unidas pero pasar de pertenecer a ese club de pobretones. Sus resoluciones están para que las cumplan otros, como Israel. También puedes declinar la invitación que te hacen los más ricos del barrio (la Unión Europea). Estos son nuevos ricos y no son tan refinados como tú.
Puedes negar a las mujeres el derecho a voto en algunas de tus demarcaciones territoriales y conceder el derecho de residencia sólo a los más ricos de los ricos, que siempre son más pobres que tú.
Pero Suiza ha cometido un grave error. Por votación ha declarado que está hasta los cataplines de los minaretes que les están construyendo los inmigrantes de religión musulmana. Si hubieran votado tirar los campanarios de las iglesias no habría pasado nada, pero ahora se van a tener que enfrentar al peor de los enemigos que tiene Europa dentro de ella misma: la corrección política con el islamismo.
Te vas a enterar, Suiza, de lo que vale un minarete.

El diario de Mahmoud (I)
Querido diario.
En Occidente no me quieren. Eso no me importa. Lo peor es que no quieren creerse mis amenazas. Ojalá todos fueran como Hugo Chávez a quien no entiendo ni palabra y me descoyunta cuando me abraza, pero pronuncia la palabra “gringo” y le brilla un odio en los ojillos…
Estoy triste. Los occidentales no me han dado el Nobel de la Paz y se lo dan al líder del Gran Satán ¡que encima es un negro! A mi me montan el pollo porque quiero la bomba atómica pero el tal Obama ya la tiene, y no una, sino miles. Y está metido hasta el cuello en guerras. Encima tiene la desfachatez de luchar esas guerras con sus propios soldados. No como yo, que pago a los chicos de Hamas y Hizbullah. Y con todo eso, le dan el premio al negro y a mí no.
Anoche estuve con el Líder Supremo de la Revolución. A solas hablamos en alemán. Yo le llamo mein führer y él se pone muy contento. “Estás triste, Mahmoud”, me dijo “¿Qué te pasa? ¿Sufres por no haber borrado del mapa a la entidad sionista? ¿Quieres que te amañemos otras elecciones? ¿Ejecutamos a unos cuantos homosexuales?” Yo le abrí mi corazón. Él sonrío y me dijo: “Alégrate, que en 24 horas arreglamos eso”.

27-11-2009 Agencia Efe Copenhague. El Gobierno noruego ha protestado por la decisión de las autoridades iraníes de confiscar a la abogada iraní Shirin Ebadi la medalla y el diploma con que fue galardonada en 2003 al recibir el premio Nobel de la Paz de ese año. “Es la primera vez que las autoridades de un país confiscan el Nobel de la Paz. La medalla y el diploma de Ebadi han sido sustraídos con otras pertenencias de su caja fuerte bancaria. Estamos sorprendidos y no comprendemos un acto así”, señaló en un comunicado el ministro de Asuntos Exteriores, Jonas Gahr Støre.

Terror
Ayer un servidor sufrió un baño de realidad cuando durante una ponencia fue recriminado por exigir que en todas las culturas la Declaración Universal de los Derechos del Hombre fuera la línea roja que jamás traspasara ninguna sociedad en el mundo. “Usted apoya el choque de civilizaciones”, subrayó un asistente que en teoría iba a preguntar pero en la práctica ejercía de francotirador. Porque, señores, resulta que los Derechos Humanos deben ser respetados por Europa, Estados Unidos e Israel, pero cuando los demás no lo hacen se trata de una “diferencia cultural” y decir lo contrario es convertirse en discípulo de Huntington.
Y así en nuestra querida Europa todo es relativo; las dictaduras, la alegalidad, el caudillismo y el terrorismo, palabra esta última que a fuerza de repetirse ha perdido sentido. Para todos menos para quienes lo sufren, claro. Porque para vivir bajo el terror no es necesario que te maten.
Un ejemplo. Cuando el jefe del Ejército israelí declaró en el parlamento que todo el territorio de Israel está a tiro de los cohetes “artesanales” de Hamás, en muchos medios europeos la noticia ni fue mencionada. ¿Qué daño pueden causar? En fin, este blog tiene algunos lectores en Ashdod y Sderot que sin duda, darían respuestas contundentes a esa pregunta. Pero no sólo se trata de matar o causar daños materiales (que lo hacen) sino de sembrar el terror. A Hamás le basta colocar en Tel Aviv uno de esos cohetes cargado con un par de kilos de talco y el terror está servido.
Israel es el único país occidental que tiene un plan de protección masiva de su población civil. Los demás no lo necesitan desde el final de la II Guerra Mundial. Israel va a volver a repartir máscaras antigas (ya lo tuvo que hacer en el 90/91) y va a proseguir con los simulacros que involucran a todos los ciudadanos. En Europa se habla de la amenaza nuclear iraní para desestimarla. Pero no se habla de la otra amenaza iraní que ya se cierne sobre Israel. Y no es necesario que muera nadie. Lo dicho, bastan polvos de talco.
El autor, preparado para asumir las diferencias culturales.

El tren de La Meca
La gira por Oriente Medio de Zapatero terminó con el habitual besamanos al rey de Arabia Saudí. España quiere colocarle a su majestad el tren de alta velocidad entre Medina, Yeda y La Meca. Un proyecto millonario tras el que andan también franceses, chinos y alemanes, entre otros. Todo por la Alianza de Civilizaciones y el negocio, claro.
Un servidor está seguro de que si finalmente España se lleva el proyecto, en ese tren a La Meca hombres y mujeres viajarán juntos y que en la compañía que lo haga funcionar trabajarán el mismo número de hombres y mujeres siguiendo la ley de Paridad impulsada por el propio Zapatero. Porque Arabia Saudí es un país igualitario, democrático donde reinan la libertad de expresión y los derechos humanos, no como Israel país al que el PSOE, el partido que dirige el señor Zapatero, acusa desde su página oficial de construir el muro del apartheid.
El tren saudí, sin duda, va a ser un espejo de libertades ¿verdad que si, José Luis?

En la Liga Árabe estamos tan a gustito…
La cabra tira al monte. José Luis Rodríguez Zapatero ha dado sobradas muestras desde que se estrenó como primer ministro (muestras de las que hay abundante documentación fotográfica) de que a él los encuentros internacionales, especialmente los de la UE o los de la OTAN, no le hacen sentirse cómodo. En las cumbres con los latinoamericanos también se le nota algo envarado. Menos mal que ayer tuvo ocasión de expresarse a su anchas donde se sabe querido y apreciado. Y se le notaba. En la sede de la Liga Árabe en El Cairo.
El principal financiador, con el dinero de los contribuyentes, de la Alianza de Civilizaciones, repitió un mantra que ha calado en Occidente y sobre el que nadie ya levanta la mano y dice: “¡Oiga, que la cuestión no es así!”. Y ese mantra está recogido en una frase pronunciada por Zapatero en el citado organismo exportador de democracia: hay que avanzar en el proceso de paz para tener en un tiempo razonable un Estado Palestino y un Israel seguro.
Es una obviedad, pero de vez en cuando habría que recordar que el establecimiento de un Estado palestino no es per se garantía de seguridad para nadie (ni para los mismos palestinos normales y corrientes). Que precisamente el territorio palestino totalmente desocupado por Israel se ha convertido, en vez de en el embrión de un Estado, en una base desde la que se amenaza y ataca la vida de los israelíes y se violan los derechos humanos de la propia población palestina a manos del grupo gobernante.
¿No dice el mismo Zapatero sobre ETA que se puede hablar de todo pero que antes tiene que cesar la violencia? ¿Y por qué los demás tienen que negociar mientras les caen los cohetes, les secuestran a los militares y les amenazan con borrarles del mapa? Estado palestino y paz definitiva no son necesariamente sinónimos. Un detalle.

Los dialogantes
No viene mal recordar de vez en cuando aquello de que ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio.
El presidente brasileño Luiz Inacio Lula Da Silva, ha dado un caluroso recibimiento al iraní Ahmadinejah, quien no sólo ha amenazado con destruir Israel sino que ya se ha cobrado la vida de ciudadanos israelíes por medio de sus empleados de Hizbullah y Hamás. “No se construye la paz necesaria en Medio Oriente si no se conversa con todas las fuerzas, políticas y religiosas, las que quieren paz y que se oponen a ella”, ha dicho Lula. Yo le admiro y le entiendo, pero joder presidente, ¿A que no dialoga usted con Marcos Camacho, alias Marcola, jefe del cartel del narcotráfico Primer Comando de la Capital? No. Marcola, se encuentra encerrado en una cárcel del Estado de Sao Paulo (y muy bien encerrado), porque si lo sueltan pone Brasil patas arriba.
Veamos más “dialogantes”, como el famoso Cuarteto.
Estados Unidos, a quienes considera una amenaza, los ejecuta, los condena a cadena perpetua o los mete en Guantánamo (y ojo que Obama todavía no lo ha cerrado)
Rusia deja Chechenia como un solar y si hay que invadir Georgia, se invade y ya está.
En la Unión Europea, Alemania, por ejemplo, terminó con la Bader Meinhof porque curiosamente sus militantes comenzaron a suicidarse en la cárcel. En Reino Unido al IRA sus huelgas de hambre no le sirvieron para nada hasta que no abandonó las armas y Francia dialogó con Greenpeace hundiendo el Rainbow Warrior cuando éste trataba de impedir una prueba nuclear que Paris consideraba vital.
Y la ONU dialoga, sí, salvo para condenar a Israel: Ahí se acabó el buen rollo.
En España somos unos dialogantes. Dialogamos con ETA, los piratas de Somalia, los hermanos Castro y cualquiera que ponga en duda lo que es un Estado de Derecho. Nosotros no vemos la paja en el ojo ajeno, pero es porque lo nuestro es ir a ciegas. Por cierto en horas Zapatero visitará al rey de Arabia Saudí, otro dialogante