Los Baalei Tekiá del Kotel

Deja un comentario

Kol Nidre

Deja un comentario

https://www.youtube-nocookie.com/v/ar2hyRFAGgw?version=3&hl=es_ES&hd=1

La Canción de Iona

Deja un comentario

Iona y la ballena

Deja un comentario

Iona fue un profeta que vivió en el período del primer Templo. Recibió su primera misión del más famoso de los profetas del primer Templo, Eliahu –debía designar a Iehu como rey en el año 705 AEC. Estos eran tiempos tempestuosos; el pueblo judío estaba atrapado en un patrón de declive espiritual que terminó con la conquista y la expulsión de las Diez Tribus a manos de los asirios en el año 607 AEC, y finalmente con la destrucción de Jerusalem, seguida por 70 años de exilio.
Por ser profeta, Iona sabía mucho mejor de lo que imaginamos lo que sería el inevitable final si no ocurría ninguna transformación.
Después del fracaso de su segunda misión, reprender a Jeroboam el segundo, el sucesor de Iehu, recibió su misión final.
La misión que Dios le dio, fue una que no podía aceptar fácilmente. Fue enviado a la capital de Asiria, Nineve, para alentar a su población a que se arrepintiera. ¡El encargo le parecía tan bizarro! Su propio pueblo estaba cayendo descontroladamente en un abismo que parecía no tener fin, y él fue enviado a salvar a otros – ¡los archienemigos de Israel!
Iona estaba aterrorizado más por el éxito de su misión que por el fracaso. Cómo podría tolerar atestiguar el contraste de los asirios retornando a Dios debido a su profecía, con los judíos resistiéndose obstinadamente a toda oportunidad para su auto-preservación espiritual. Por lo tanto, intentó escapar de su destino.
Iona huyó de Israel por barco para silenciar la voz de la profecía que sólo podía ser escuchada en la Tierra Santa. Pero una tormenta lo forzó a reconocer que uno no puede escapar de Dios. En medio del mar, su nave fue azotada por una tempestad hasta que estuvo a punto de destruirse. Los marineros le rezaron a sus dioses.
Iona se fue a dormir.
Él sabía la verdad. Él era el que se había separado de Dios; no había nada que decir ni nada que rezar.
Su comportamiento apático despertó la curiosidad de los marineros. Él les contó su historia. Él creía en Dios, pero sin embargo estaba huyendo de Él.
Sabiendo que él era la causa de la tormenta, les imploró a los marineros que lo arrojaran por la borda para que pudieran salvarse ellos mismos. Como eran gente decente, se resistieron a esta sugerencia hasta el momento crítico en el que entendieron que en unos pocos segundos todos morirían. En ese momento, escucharon y lo tiraron hacia las turbulentas profundidades. La tormenta menguó inmediatamente. Iona pensó que su historia había terminado.
Pero esto recién había comenzado. Fue tragado por una ballena, y sobrevivió milagrosamente. En los oscuros y fétidos intestinos de la ballena, reconoció lo que nunca había querido ver ni en sus momentos más encumbrados de profecía: el íntimo conocimiento y cuidado de Dios de cada vida y en cada momento. Él era un profeta, y la consciencia de Dios no era una novedad para él. Pero el reconocimiento de las profundidades de la misericordia Divina lo era.
Fue en ese momento que Iona hizo teshuvá – se arrepintió, retornando a Dios y a lo mejor de sí mismo.
Ahora se había dado cuenta de que sin importar lo doloroso que le resultaba el contraste entre los asirios y los judíos, la motivación de Dios sólo podía ser en base a misericordia. Una vez que reconoció esta verdad, pudo abrir las puertas que había cerrado tan resolutamente – las puertas de la plegaria. Ahora estaba listo para la tarea más significativa de su vida.
La ballena lo escupió en las costas de Nineve.
Le dijo a los residentes de Nineve lo que les esperaba: en cuarenta días, o realizaban cambios radicales en sus vidas, o la ciudad sería destruida por la furia de Dios.
Los cambios en Nineve ocurrieron con dramatismo y rapidez. El rey mismo lideró a la gente hacia una reformación total. La destrucción de Nineve fue pospuesta por 40 años.
Todo lo que Iona había temido se hizo realidad. El contraste que lo aterrorizaba era aún más vívido en la realidad que en la profecía. Sólo tenía una petición más: ser salvado de ver la destrucción de su propio pueblo, que sabía que eventualmente ocurriría, y a manos de los asirios. El hecho de que los judíos no tomarían el ejemplo de Nineve sería el acto final de insensibilidad que sellaría su destino. Dios no respondió el pedido de Iona con palabras. Lo respondió con la acción.
Después de que Iona dejó Nineve, fue a los suburbios y se construyó un refugio a la sombra de un árbol kikayón. La sombra del árbol era una fuente de consuelo en su angustia, y lo hizo tomar conciencia de la compasión de Dios. Pero Dios envió un gusano para que se comiera las ramas y matara al árbol.
En respuesta, todos los sentimientos de agonía encerrados salieron expulsados de los labios de Iona. Dios le contestó: “Tú te lamentas por un árbol por el cual no trabajaste… ¿No debería apenarme yo por Nineve, la gran ciudad en la que hay más de ciento veinte mil personas que no distinguen su mano derecha de la izquierda, y por muchas bestias también?”.
En síntesis, lo que Dios le estaba diciendo a Iona es que los defectos de los residentes de Nineve no los convertía en indignos de vida. Cada persona es parte de la ecología espiritual del mundo, y beneficia al mundo tanto como el kikayón benefició a Iona.
El Yalkut Shimoni, el más enciclopédico de los Midrashim (escrito por el Rav Shimón Hadarshán en el siglo trece) nos da un hondo entendimiento del reconocimiento más profundo de Iona en su vida:
En ese momento él se postró y dijo: “Rige tu mundo de acuerdo al atributo de misericordia” como está escrito “Tuya, Dios, es la misericordia y el perdón”.
El mensaje de la profecía de Iona es para cada uno de nosotros. El Gaón de Vilna nos dice que la travesía de Iona es una travesía que todos hacemos. Nacemos con un entendimiento subconsciente del hecho que tenemos una misión. Buscamos escapar, porque nuestra misión a menudo es una que tememos enfrentar.
En el texto de la historia de Iona se nos dice que los lugares que buscó fueron Yafo y Tarshish. Mientras que esos lugares existen realmente y son conocidos como Yafo y Tarsis, el significado literal de los nombres de esas ciudades son “belleza” y “riqueza”.
Nos confortamos a nosotros mismos externamente, escapando del entendimiento interno de nuestra misión buscando riquezas y rodeándonos de belleza. Nuestros cuerpos son comparados al bote de Iona. Afrontamos momentos en la vida en los que la fragilidad de nuestros cuerpos es ineludible, como cuando enfrentamos una enfermedad, o confrontamos momentos de peligro que parecen durar una eternidad hasta que son resueltos.
Los marineros del bote son los talentos y las capacidades que trabajan para nosotros. La ballena es el símbolo de la máxima confrontación, el reconocimiento de que nuestro destino final es la tumba. Para algunos, ese reconocimiento se percibe casi como un refugio bienvenido. Para otros, ¡enfrentarse a la muerte los obliga finalmente a perseguir la vida!
Como le pasó a Iona, nuestro reconocimiento de nuestra propia vulnerabilidad puede llevarnos finalmente a trascender nuestro ego, renunciando a nuestro deseo de controlar los eventos y aceptando finalmente nuestra misión en la vida, sin importar cual sea.
Podemos sufrir las vicisitudes de la vida y reconocer que nosotros mismos hemos causado las tormentas que nos azotan. Podemos avanzar para cumplir con nuestro propósito, pero todavía no nos habremos librado de los conflictos o de la ansiedad hasta que reconozcamos finalmente que, en cada paso del camino, somos abrazados por la compasión Divina.
En ese momento estaremos listos para retornar a Dios.
Y si bien para cada uno de nosotros el camino es único, y no ha sido explorado por nadie más, Iona entendió el comienzo y el final de la travesía que todos hacemos.
Iom Kipur es el día en que cada uno de nosotros puede revivir la travesía de Iona. Avancemos finalmente hacia cualquiera que sea nuestro próximo paso para cumplir la misión para la que fuimos creados. Utilicemos el tiempo para retornar a Dios con amor y alegría.

Fuente Aish Latino
GMAR JATIMÁ TOVA a todos nuestros lectores!!!
Que seamos inscriptos y sellados en el Libro de la Vida!!!

Hábitos para un Iom Kipur Altamente Efectivo

Deja un comentario

por Dina Coopersmith

¿Por qué Rosh Hashaná, el “Día del Juicio”, viene antes de Iom Kipur, el “Día del Perdón”? ¿No deberíamos primero ser perdonados por todos nuestros pecados del pasado, arrepentirnos, convertirnos en personas nuevas y así tener mejores posibilidades de conseguir un buen juicio y un año dulce en Rosh Hashaná?
La respuesta yace en entender correctamente la naturaleza del juicio en Rosh Hashaná. No estamos siendo juzgados por nuestras acciones pasadas, sino por nuestra visión, nuestro plan, y nuestro deseo para el año siguiente. Rosh Hashaná representa nuevamente la creación de la humanidad, momento en el que no había un pasado del que hablar. Basado en lo que realmente queremos en el primer día del año nuevo, se nos brinda el potencial físico y espiritual para el año entrante.
Una vez que tenemos nuestras nuevas ambiciones en claro y nuestros objetivos delineados, estamos listos para enfocarnos en Iom Kipur. Ahora es mucho más fácil enfrentar con entusiasmo la ardua tarea de cambiar y corregir las faltas que evitan que alcancemos los objetivos a los que nos comprometimos en Rosh Hashaná.
El rabino de Novardok contó una historia de un hombre que estaba en un tren. Alguien le mencionó que el tren estaba dirigiéndose en dirección absolutamente opuesta a su destino. El hombre, inmutable, se levantó y se cambió a un asiento que miraba en dirección opuesta. ¡Ahora él estaba mirando hacia su destino!
A eso nos pareceríamos si tuviéramos que cambiar de repente y corregir todos nuestros errores si es que Iom Kipur fuera antes de Rosh Hashaná –podríamos todavía estar en el tren equivocado, en el medio del año pasado con nuestra visión sesgada, con nuestras actitudes desalentadoras y con nuestros errores pasados. Nuestro arrepentimiento sería meramente cosmético.
Es sólo después de Rosh Hashaná, el día para re-conectarnos con nuestros objetivos y con nuestro destino, que nos damos cuenta de quiénes somos realmente y hacia dónde queremos ir. Sólo una vez que sabemos que estamos en el tren correcto, que se dirige hacia el destino deseado, podemos enfrentarnos a Iom Kipur y trabajar en la remoción de los obstáculos que evitan que alcancemos nuestros objetivos.
El Problema del Hábito
Pero tenemos una gran traba para comenzar de nuevo: “Hábito”. Más allá de lo que nos hayamos elevado en Rosh Hashaná por sobre nuestro pasado, y obtenido una visión clara de la vida que tanto deseamos, el día posterior llega inevitablemente y a menudo nos encontramos en el mismo lugar en el que estábamos antes de Rosh Hashaná.
“Así como un automóvil, en el que apagas el motor de repente en el medio de la conducción y el automóvil continúa avanzando en la dirección en la que estaba avanzando, por hábito, aunque el poder motivador fue apagado” (Siftei Jaim I, Rav Jaim Friedlander, página 59).
“Si una persona elige corromperse a sí misma un poquito, termina muy corrupta. Cuando elige el mal aquí abajo [en la Tierra], es conducido en la dirección del mal desde arriba” (Talmud Ioma 39a).
Aparentemente, cuando persistimos en patrones de comportamiento negativos, en realidad estamos creando una cierta realidad espiritual que nos “ayuda” y nos hace continuar en el mal camino que elegimos.
Pareciera que estamos un poco atados. ¿Cómo nos deshacemos de los hábitos a los que nos hemos acostumbrado durante años? ¿Cómo nos libramos de ese “espíritu” que nos obliga a obtener placer al hablar mal de la gente, que desea que continuemos siendo egoístas y perezosos? ¡Toda esa energía que hemos creado con nuestras propias elecciones durante el año pasado nos seduce a continuar los hábitos negativos! No podemos simplemente esperar que se evaporen y desaparezcan. ¿Existe alguna escapatoria?
Rompe el Hábito
La misma cita desalentadora del Talmud mencionada anteriormente nos dice, unas cuantas líneas después, que la modificación del comportamiento se puede realizar de dos formas:
“‘Y te santificarás y serás sagrado’. [Aprendemos de aquí que] si una persona se santifica a sí mismo un poquito, se vuelve muy santificado. Cuando elige el bien abajo [en la Tierra], es ayudado y conducido en una buena dirección desde arriba”.
Podemos combatir el problema del hábito rompiendo con nuestra rutina durante los Diez Días de Teshuvá. Haz cosas que no acostumbras hacer. Levántate media hora antes todos los días. Come comida casher de acuerdo a un estándar más estricto del que comes durante el resto del año. Sólo por una semana, no hables chismes con tus amigos. Estudia un libro de sabiduría por diez minutos al día. Pon en marcha un nuevo hábito positivo.
Al comprometerte a un cambio durante la semana entre Rosh Hashaná y Iom Kipur, no sólo te estás comprometiendo a una pequeña cantidad de cambio, sino que también estás rompiendo con el hábito y agregando toneladas de energía positiva a tu historial que te motivará a ir más allá en la dirección correcta. Pondrás lentamente el auto en posición de “estacionado” y estarás tirando firmemente del freno de mano.
El Truco de “Dios es tu Sombra”
Aquí hay un último truco:
“Rav Huna el hijo de Rav Yeoshúa se enfermó mucho. Rav Papa vio que estaba muriendo y dijo: “Prepárenle ropas para el viaje (mortajas)”. Al final, Rav Huna mejoró. Rav Papa fue a verlo y le preguntó: “¿Qué viste en el mundo venidero?” Rav Huna le contestó: “Vi que la muerte estaba decretada sobre mí pero Dios le dijo al fiscal: ‘Como él no es detallista y deja pasar las cosas, no seas tan estricto con él’”.
Como dice: “’Él porta el pecado y deja pasar las malas acciones’. ¿Para quiénes porta el pecado? Para aquellos que dejan que las malas acciones pasen de largo”. (Talmud, Rosh Hashaná 17a).
Nuestras acciones en este mundo afectan directamente el tipo de respuesta que obtenemos de Dios. Rav Huna fue salvado de la muerte porque era “maavir al midotav” –era tolerante. Como no era estricto con la gente, renunciando a su honor y “dejando pasar” los errores, Dios decidió que Él, a cambio, no sería tan estricto con Rav Huna. Él “dejaría pasar” el decreto aunque fuera merecido.
Si podemos adoptar este método específico, se nos asegura que Dios responderá amablemente cuando imponga nuestro juicio y determine en qué libro sellarnos para el año entrante.
Tratemos de ser pacientes y de dejar pasar. No nos enojemos por un insulto, no seamos susceptibles y sensibles cuando nuestros padres (o suegros) nos critican, no dejes que te domine la ira cuando tus hijos, estudiantes, o colegas no te escuchan inmediatamente (o nunca), no exijas o esperes demasiado de un esposo, compañero o amigo. En general, tranquilízate un poco, y Dios, a cambio, no será tan detallista.
¿Quién sabe? Quizás desarrollaremos nuevos hábitos que nos alentarán a ser menos críticos y a emitir menos juicios, y a ser más amorosos y acogedores durante todo el año.
Fuente: Aish HaTorah