Sucot

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No existe una alegría natural más grande que la de la cosecha. El hombre se esforzó durante todo un año y al fin es
merecedor de recolectar su cosecha y sus frutos. La Torá adjunta a esta alegría, la alegría del precepto. En estos
días, especialmente, abandonamos nuestros hogares fijos por un lugar temporario, para demostrar que toda nuestra vida en este mundo se asemeja a una sucá temporaria y los valores que existen eternamente son aquellos que se vinculan con el espíritu del pueblo de Israel.

Cuáles son los significados de la fiesta de Sucot?

1) La base nacional – la unión del pueblo: la fiesta de Sucot, como el resto de las festividades de peregrinación, tienen una base nacional. El precepto de la sucá (cabaña) nos viene a recordar un pasado en común, cuando el pueblo de Israel estaba en el desierto camino a Eretz Israel. En la fiesta de Sucot el pueblo de Israel subía a Jerusalem, lugar céntrico espiritualmente y de superior importancia, para festejar la fiesta en ese lugar.

Según nuestros sabios las cuatro especies representan los cuatro tipos de clases que existen en el pueblo de Israel.

Etrog – posee sabor y fragancia, representa a los estudiosos de la Torá y los que practican buenas acciones.

Lulav – ramo de palma – tal como su fruto, tiene buen sabor pero carece de aroma, así también existen los hombres que han estudiado pero no practican lo aprendido con perfección.

Hadas – mirto – posee aroma muy agradable pero es insulso, así existen los que poseen perfectas acciones sin que sean muy estudiosos.

Aravá – sauce – es insulso y carece al mismo tiempo de aroma, existen algunos israelitas que no son estudiosos ni tampoco realizan buenas acciones.

Estas cuatro especies se toman juntas para bendecir, tres de ellas se atan – lulav, hadas y aravá – para simbolizar
que el pueblo de Israel solo está completo si todas sus fuerzas se juntan.

2) La alegría: La festividad es llamada por nuestros sabios “época de alegría” (de la misma manera que la festividad de Pesaj es llamada “época de liberación”, y Shavuot – “época del recibimiento de la Torá”). Tres veces somos obligados en la Torá a alegrarnos en la fiesta de Sucot “Y te alegrarás en la festividad”, “Y estarás alegre”, “Y os alegraréis ante vuestro D’s durante siete días”.

Existen varias razones para esta alegría: la alegría de la cosecha, y aquella que viene luego del esfuerzo espiritual realizado durante los “días de arrepentimiento”. En este momento estamos seguros que ha sido bueno nuestro veredicto, y es por eso que estamos alegres. También está la alegría de la peregrinación, la unión y la concentración de todo el pueblo en Jerusalem – “una ciudad que hace a todo el pueblo de Israel amigos”. Esta alegría tenía su punto cúlmine en Simjat Bet Hashoeva en la época que
existía el Templo.

3) La preocupación por los pobres y necesitados: En la festividad de Sucot se enfatiza la idea de igualdad social y cooperación de los diferentes niveles sociales. “Te regocijarás en la celebración tú con tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, el levita, el forastero, el huérfano y la viuda que moraren contigo. (Deuteronomio 16:14). A estas tres personas que poseen riquezas se le agregan otros seis que no poseen. De aquí la costumbre de aumentar la
caridad en vísperas de Sucot, e invitar personas para compartir la festividad.

4) Paz: la festividad de Sucot es época de alegría, pero es también el día de la sentencia. En Sucot son sentenciados (todas las criaturas del mundo) sobre el agua (se fija la cantidad de lluvias que caerán ese ano). En Sucot se sacrifican siete toros uno por cada nación del mundo y estos eran sacrificios para el bienestar y tranquilidad de todos los pueblos de la tierra. En la fiesta de Sucot comenzamos una nueva etapa en la relación
con las otras naciones, y la sucá es llamada “la sucá de la paz”: “y extiende sobre nosotros la sucá de la paz”.

Tu Bishvat: Año Nuevo de los árboles

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En un principio, el Año Nuevo de los árboles simplemente significaba que a los efectos del diezmo de la producción agrícola que se aportaba al Templo, el día 15 de Shvat señalaba el límite entre los frutos de un año y los del otro: todo lo que maduraba antes de esa fecha todavía se consideraba como del año anterior, mientras que lo posterior a ese día, ya entraba en el cálculo de la nueva cosecha.
Todo esto no es sino reflejo de la importancia que desde los tiempos más antiguos, la tradición judía adjudicaba al árbol como creación de Dios y como fuente de innumerables beneficios para el hombre, puesto que nos brinda su fruto, las hojas, su madera, la sombra de su follaje.
Todavía cuando iban por el desierto, al mando de Moisés, la Torá ya indica al pueblo de Israel que “cuando lleguéis al país (prometido por Dios) y plantaréis toda (clase de) árboles frutales…” (Vayicrá – Levítico 19.23).
Y para el caso de una guerra, cuando las necesidades estratégicas del sitio a una ciudad requieren el uso de abundante madera (para construir torres de asalto de la misma altura que las murallas que la defienden), la Torá prohíbe a los hijos de Israel talar los árboles frutales que encuentren a su paso por allí: “¿Acaso el árbol del campo es como el hombre, para sucumbir ante ti en el asedio?” (Deuteronomio 20.19).
Pero esta ley, tal como la cumplían nuestros antepasados y la siguen respetando muchos hasta hoy, lamentablemente no regía para esos muchos ejércitos extranjeros que siglos después llegaron en sucesivas oleadas para conquistar este país: asirios y egipcios, babilonios y persas, griegos y romanos, musulmanes y cruzados, turcos e ingleses.
AI cabo de tantas guerras, y después de que los judíos fueron expulsados de estas tierras, el país quedó completamente devastado. Durante siglos nadie se ocupó de volver a plantar árboles en reemplazo de los que fueron talados o quemados, y así se convirtió en el gran arenal que el pueblo judío encontró aquí cuando, a fines del siglo pasado, comenzó el moderno retorno a Sión, y que tuvo uno de sus puntos culminantes en el año 1948, con la Declaración de la Independencia del Estado de Israel.
Este retorno estuvo íntimamente vinculado con la reforestación del país -ayudada esta vez por todos los adelantos del siglo XX- y es así como grandes zonas del flamante Estado están otra vez cubiertas de verdor.
Son famosos los bosques que planta el Keren Kayemet Le Israel con fondos recogidos entre los judíos de todo el mundo.