Ser judío: ¿genética o identidad?

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Yo me pregunto: ¿Quiénes somos? ¿Cómo nos vemos? ¿Cómo nos gustaría qué nos vean? Todos poseemos padres y maestros, una cultura y una sociedad en la cuales estamos inmersos y sabemos que para definir nuestra identidad, cada uno de nosotros somos absolutamente responsables de ser quién somos y de como somos y hacia donde vamos.
Dijo Steve Jobs: “Tu tiempo es limitado, de modo que no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto.” Esta semana he quedado realmente sorprendido al leer que genetistas israelíes del Centro Médico Sheba de Tel Hashomer han descubierto raíces genéticas sefardíes en un grupo de indios del oeste del Estado de Colorado, en EEUU luego de realizar análisis computerizados de diferentes muestras de individuos cuyos antepasados habían emigrado desde México unos doscientos años antes.
El lejano pasado logró proyectarse hasta un laboratorio de investigación genética del presente donde un grupo de científicos dirigidos por Mark Jobling de la Universidad de Leicester de Inglaterra y Francesc Calafell de la Universidad de Pompeu Fabra de Barcelona, estudiaron los cromosomas Y (que se trasmiten de padres a hijos) de judíos sefaradíes de diferentes lugares del mundo y los compararon con los cromosomas “Y” de 1.140 personas que viven hoy en España y Portugal.
El fundamento del estudio del cromosoma Y – que es transmitido prácticamente sin cambio alguno de padres a hijos – es investigar los datos genéticos de diferentes grupos humanos y hacer comparaciones para ver si existen relaciones genéticas entre ellos.
Las conclusiones fueron realmente sorprendentes pues nos informan que el 19,8% de la población ibérica tiene raíces judías sefaradíes o sea que más de 10 millones de españoles y portugueses son descendientes de aquellos judíos. Las conversiones forzadas y las inhumanas persecuciones de la inquisición no lograron borrar la herencia genética de los forzados que permanece hoy viva en la sociedades ibéricas y sigue trasmitiéndole indefectiblemente de padres a hijos.
Las pruebas están a la vista, un quinto de la población de España y Portugal tiene ancestros de anusim y conversos, aquellos que lograron sobrevivir a las trecientas mil victimas judías que la inquisición asesinó, dejaron sus huellas para que se revelen hoy.
El legado genético y humano de nuestros hermanos ha llegado hasta nuestros días y se prepara para irrumpir en una gran revolución cultural que modelara el futuro de nuestra humanidad.
Gene study shows Spain’s Jewish and Muslim ancestry – International Herald Tribune Nuestro pueblo judío sufrió a través de la historia grandes y dolorosos exilios, expulsiones, genocidios, persecuciones y discriminaciones, injustas acusaciones, conversiones forzadas y asimilaciones obligadas y nuestra gente resistió como pudo: luchando de frente, huyendo, escondiéndose, adaptándose, mimetizándose con el medio, nadando contra la corriente y a veces a favor de ella, el objetivo fue siempre sobrevivir como persona y como judío, aferrándose a uno de nuestros mas sagrados principios: nuestro amor a la vida.
Esto trajo como consecuencia que hoy, alrededor del mundo, aparezcamos con diferentes apariencias, con diversos idiomas, con distintos colores de piel, con costumbres multifacéticas, incluso con aspectos muy difícil de identificarnos como tales, por esto hoy el judaísmo es multiétnico y pluralista pero compartiendo un origen y un gran destino en común.
Desde los albores de la civilización hemos sido como un impetuoso y arrollador río caudaloso que arrancando desde las primeras vertientes de agua pura y cristalina en nuestra formación como nación ha recorrido grandes distancias históricas.
Se ha detenido en numerosas embalses y represas y luego ha continuado su persistente marcha hacia nuestro gran destino final, restablecernos y realizarnos definitivamente como pueblo en nuestro hogar nacional y así convivir armónicamente en el seno de las naciones del mundo, aportando de lo nuestro lo más valioso que tenemos y poniéndolo al servicio de toda la humanidad.
Nuestro caudalosos río viene viajando impetuoso y nada ni nadie lo puede frenar ni hacerle cambiar de rumbo, ni nuestros dirigentes mas mediocres y de corta visión, ni nuestros enemigos mas crueles y acérrimos, sus afluentes están colmados de todos aquellos que son y somos los auténticos propietarios de la tierra de Israel.
Somos los descendientes de las tribus perdidas, los Anusim, los hijos de los judíos perdidos en todas las asimilaciones forzadas, persecuciones y genocidios a los que nos vimos expuestos, los gentiles que quieren subirse al tren y que desean sinceramente ser judíos y por supuesto a nosotros, los judíos oficiales y con papeles. Son sus pasajeros los “Anusim”, “los forzados” en hebreo.
Un judío que ha sido forzado a abandonar el judaísmo en contra de su voluntad, y quien hace todo lo que está en su poder para continuar practicando sus principios bajo la condición de coerción.
Se cree que unos sesenta millones de los habitantes de Latino América son descendientes de esos primeros judíos secretos, de aquellos que llegaron buscando nuevos lugares para vivir en paz alrededor de su fe, son millones de personas que se vieron condenadas a no saber sus verdaderas raíces e identidad.
En España es imposible dar cifras sobre los Anusim, porque continúan escondidos, pero las personas que se reclaman descendientes de judíos son varios miles.
“En todas partes, en las 52 provincias españolas, hay judíos secretos, pero España sigue siendo un país muy antisemita y todavía no nos sentimos seguros”.
Los Hijos de Menashé, cerca de un millón de personas, que viven actualmente en el noreste indio y son una de las diez tribus perdidas. Conocidos en Israel como los “Bené Menashé” (Hijos de Menashé), se trata de una tribu de entre 750.000 y 1,2 millones personas y que están asentadas en las regiones de Mizoram y Manipur, en el noreste indio, junto a la frontera con Myanmar (antigua Birmania). Sólo unos 6.000 ó 7.000 son por el momento judíos, ya que el resto se convirtió al cristianismo con la colonización británica de esa región.
Los Judíos de Uganda. La Comunidad Abayudaya – (El pueblo de Iehudá), ubicada entre terrenos accidentados y los valles de Uganda Oriental vive una Comunidad de 500 ugandeses negros que practican el judaísmo. Todo esto lo vienen realizando desde hace generaciones y sus sinagogas, generalmente hechas de chozas de barro, se hallan situadas en cuatro pueblos diferentes en las afueras de una ciudad llamada Mbale.
Los Judíos-Lemba: Hay unos 40.000 Lemba sudafricanos que se consideran a sí mismos como judíos descendientes de los Falasha. Estos Lemba practican la circuncisión, guardan un día de descanso semanal y evitan comer carne de cerdo e hipopótamo, todo ello considerado por ellos como parte de su herencia cultural judía.
Un equipo de genetistas ha encontrado que un porcentaje anormal de hombres Lemba llevan en su cromosoma masculino un juego de sucesiones de ADN que es distintivo de los cohanim, los sacerdotes judíos considerados descendientes de Aaron. Su portavoz, Ahmadiel ben Iehuda, afirma que los ‘nigro spirituals’, las baladas acerca de Sión y del río Jordán que cantaban los esclavos africanos en EEUU prueban sus raíces hebreas.
La tribu Telugu vive en el sur de Nigeria. En las primeras décadas del siglo XIX se convirtieron al cristianismo.
En 1981 cincuenta familias de la tribu empezaron a estudiar judaísmo y hebreo, y se declararon descendientes de la tribu de Efraín. Se trata de unas 400 familias que viven en Nigeria. Según su tradición vinieron de Marruecos, y dicen descender de la tribu de Efraín.
La tribu Pashtun, con 40 millones de personas, habitan en Pakistán y Afganistán. Son musulmanes, pero tienen costumbres similares a las de los judíos: descansan los sábados, prenden velas los viernes, usan una indumentaria parecida al talit, rezan en dirección a Jerusalén y no se cortan el pelo de los costados de la cabeza.
Cientos de familias en Colombia decidieron entregarse por completo al judaísmo sin tener lazos históricos con el mismo y menos de ascendencia, condiciones indispensables para ser llamado judío.
Son personas comunes y corrientes que después de haber sido parte de otras religiones tienen como meta convertirse en judíos y vivir en Israel, la tierra prometida.
Mientras los judíos etíopes se adaptan lenta pero decididamente a la sociedad israelí no se puede abandonar a cerca de los 10.000 “Falash Mura” – cuyos ancestros judíos fueron obligados a convertirse al cristianismo desde finales del siglo XIX – que aún esperan la oportunidad para poder e emigrar a su tierra y reunirse con sus hermanos.
¿Tenemos el derecho y la autoridad moral de desviar de nuestro gran torrente a todos estos legítimos herederos de nuestra tierra? ¿Impedirles formar parte del gran reencuentro de las diásporas? Todos nosotros tenemos el derecho y el deber de poder ser herederos de la tierra de Israel y de continuar viajando hasta el final de la historia, hacia la desembocadura de nuestro caudaloso río en el ancho y profundo Océano del Futuro.
Dr. Guido Maisuls Buenos Aires, Argentina.


Rabinos conservadores y reformistas serán reconocidos oficialmente

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Los rabinos de las comunidades conservadoras y reformistas serán reconocidos oficialmente por el Estado de Israel y gozarán de los mismos fondos que los rabinos ortodoxos nombrados por el Gran Rabinato.
El anuncio presentado por la oficina del Fiscal del Estado ante la Corte Suprema con respecto a la petición sobre la igualdad de la financiación de rabinos no ortodoxos, afirmó que los desacuerdos entre el movimiento reformista y el Estado llegaron a su fin cuando acordaron definir a los líderes espirituales como «los rabinos no ortodoxos de las comunidades» y no sólo «líderes de la comunidad».
La decisión del fiscal general desató una guerra intra-religiosa y política, sobre el pago de los salarios de los rabinos no ortodoxos elegidos para dirigir consejos regionales y kibutzim.
Cuando se presentó la petición, el tribunal envió a ambas partes a la mediación. El Estado, que al principio se oponía a las demandas del movimiento reformista, estuvo de acuerdo en ofrecer financiación desde hace varios años, pero el movimiento se negó a retirar la petición debido a los desacuerdos sobre la definición de sus rabinos.
Ahora, con el Estado anunciando su acuerdo con los nombramientos, la intervención del tribunal se ha convertido en innecesaria y se dispone a aprobar la resolución.
En respuesta, el Director Ejecutivo del Movimiento de Israel para el Judaísmo Progresista, el Rabino Guilad Kariv, dijo: «El acuerdo del Estado para apoyar las actividades de los rabinos reformistas en los consejos regionales, fuera de un claro reconocimiento de su condición de rabinos, es un avance importante en los esfuerzos para promover la libertad de religión en Israel y constituye una verdadera satisfacción para cientos de miles de israelíes».
«Este es un primer, pero significativo, paso en el camino hacia la igualdad entre todas las corrientes del judaísmo en Israel y esperamos que el Estado sea cuidadoso en la aplicación de su compromiso con la Corte en su totalidad, y que pueda dar lugar a movimientos adicionales, poniendo fin a la profunda discriminación hacia las corrientes no ortodoxas del judaísmo en Israel», agregó.
Por su parte el sentimiento de los diferentes sectores de la comunidad religiosa ortodoxa difirieron con el resto. Los políticos ortodoxos cuestionaron la autoridad del Estado a decidir quién puede ser llamado rabino, a la vez que condenaron la nueva realidad como un ataque a los valores judíos del Estado.
El presidente del partido nacionalista-religioso Habait Hayehudí (La Casa Judía), el diputado Daniel Herschkowitz, dijo que se reuniría con el primer ministro, Binyamín Netanyahu, «para explicarle la gravedad de la cuestión».
“No es posible que las decisiones relativas a la identidad judía del Estado deban ser entregadas a los asesores jurídicos y funcionarios burocráticos», dijo Herschkowitz. «Al igual que estas personas no son capaces de decidir quién puede y no puede obtener un grado académico, tampoco son capaces de decidir qué es apropiado para tener una calificación rabínica».
El diputado Moshé Gafni, del partido Judaísmo de la Torá, puso la mira en el ordenamiento jurídico, y así como los judíos no ortodoxos, preguntó cómo no hay dinero disponible para los «payasos reformistas y conservadores, para quienes el judaísmo es una burla».
«Este sistema legal, que ya ha intentado hacer daño a aquellos que estudian la Torá, está tratando así de dañar la infraestructura judía del Estado», agregó Gafni.
El diputado de Shas, Nissim Zeev, decaró que la Corte Suprema y el Fiscal General no tienen la autoridad para designar como rabinos a «personas que falsifican la Torá. Este es el comienzo de la destrucción del pueblo judío en la Tierra de Israel».
Del otro lado de la mesa, el parlamentario Nitzán Horowitz de Meretz, presidente del lobby de la Knéset por el pluralismo, calificó la decisión como «un paso de gran importancia en la lucha por el pluralismo y la libertad de cultos».
«El judaísmo en Israel ha sido secuestrado durante muchos años por los grupos extremistas que lo utilizan como un instrumento político y como una fuente de clientelismo sin fin. Ha llegado el momento de reconocer todas las corrientes del judaísmo, y liberar la religión de los políticos ultraortodoxos», aseveró.
Maya Leibovich, rabino de la comunidad reformista Mevasseret Zion, continuó en esta línea, diciendo que la situación ideal sería «una completa separación entre religión y Estado», posición que también Horowitz defiende.
«El Estado debe apoyar a los rabinos, independientemente de su corriente, y así cada uno puede elegir sus propios rabinos, sus propias sinagogas y escuelas, como sucede en EE.UU. y en el resto de la diáspora – dijo Leibovich – Pero hasta que esto suceda, no es razonable ni democrático que sólo los rabinos ortodoxos se financien las arcas del Estado».
Leibovich agregó que «el progreso de los diferentes movimientos judíos, están ahorrando que miles de israelíes se desconecten completamente de la religión y el judaísmo, y que el mayor peligro para el carácter judío del Estado era la coerción religiosa».
“Mucha gente no quiere ir a la sinagoga o participar en la vida judía, ya que se han distanciado por el establecimiento ortodoxo. Pero las personas seculares quieren un hogar espiritual y ver la posibilidad de un judaísmo progresista», añadió.

Lo secular como continuidad de lo religioso

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Por: Darío Sztajnszrajber

A contrapelo de las lecturas habituales en torno a la secularización, este fenómeno puede ser también interpelado desde la idea de continuidad de lo religioso y no tanto desde la ruptura generada por las instituciones humanas. Así, “secularizar” apuntaría más a los modos en que categorías religiosas que se pretenden excluidas del mundo moderno, siguen ejerciendo su dominio conceptual. La premisa propuesta por el autor pasa por entender que la dimensión de la creencia tiene que ver con lo que permanece abierto, en estado de pregunta.
El fenómeno de la secularización puede ser interpretada de dos maneras diferentes. Se suele hablar de secularización como el proceso por el cual se va desplazando la autoridad del discurso religioso basado en el acto revelatorio, hacia la producción de sentido y orden por parte de las instituciones humanas. Secular es un término que proviene de la palabra siglo, lo que sucede en el siglo, como opuesto a lo que sucede en el “cielo”, por fuera de los siglos terrenales. Así, lo secular fue siendo cada ve más sinónimo de racional, como opuesto a lo eclesiástico. Secularizar la salud, por ejemplo, pasó a significar independizar la medicina de todo rasgo religioso dogmático y circunscribirla solo al arbitrio de la ciencia.
Donde más se propagó el término fue en la constitución de los estados nacionales modernos, esto es, en la política. ¿Debía o no debía la Iglesia seguir teniendo poder frente a las nuevas formas de organización de los estados nacionales? La secularización del Estado se convirtió en una bandera de la lucha contra la institución religiosa.
La Modernidad pudo ser definida en ese contexto, como secularización, ya que implicó en tanto nueva imagen del mundo, la construcción de un sentido que nada tuvo que ver con las tradiciones anteriores. Es más, la misma idea de modernidad era una idea que se peleaba con el concepto de tradición. Si tradición remite a lo transmitido –algo típico en las instituciones religiosas- lo moderno al contrario, se lleva mejor con la idea de novedad y ruptura, esto es, con la puesta en el ser de algo radicalmente nuevo. Si el pasado está basado en el respeto a la autoridad, al dogma y a la fe, el futuro está estructurado desde la investigación, la crítica y la razón: otra vez religión y ciencia como dos modelos antagónicos. La idea de una Modernidad que rompe con el pasado y se construye hacia el futuro es la idea arquetípica de una modernidad triunfante. ¿Pero es así o se puede pensar todo esto de otro modo?
Hay otro modo de pensar la cuestión de la secularización que es más a través de la idea de continuidad y no tanto desde la ruptura. Obviamente no se trataría de una continuidad literal, sino de una continuidad donde ciertos elementos permanecen presentes mientras otras se transforman. Una resignificación o reinterpretación de los mismos textos, problemas, ordenamientos. Si venimos habituados a pensar lo secular como lo opuesto a lo religioso, según esta segunda lectura, se trataría de entender lo secular como lo religioso pero reformulado a los nuevos tiempos, donde algunos elementos desaparecen aunque los fundamentales permanecen pero sin exponerse. Por ejemplo, ya no sería la ciencia un paradigma del saber opuesto al religioso, sino que podríamos encontrar cómo en la ciencia moderna perviven cuestiones religiosas. O del mismo modo, podríamos encontrar en el origen del capitalismo una clara presencia de motivos cristianos –según el famoso análisis de Weber-, o incluso toda la ética secular y racional no sería otra cosa que las formas en que la ética bíblica se nos presenta como si ya no tuviera nada que ver con su proveniencia religiosa. Carl Schmitt sostenía que todos los conceptos de la política moderna no son más que categorías teológicas secularizadas. Está claro que aquí “secularizar” apunta más a los modos en que antiguas categorías religiosas que se las pretende ya excluidas del mundo moderno, continúan presentes ejerciendo su dominio conceptual.
Es muy visible esta lectura de la secularización en la pervivencia de ritos seculares que mantienen en realidad su base en una impronta religiosa, desde el matrimonio hasta el festejo de Navidad. Es evidente que no se necesita creer en los dogmas de la Iglesia católica ni cumplir con la normativa judía para celebrar Navidad o Pesaj. Se celebra otra cosa: el amor en el caso de la Navidad, la libertad en el caso de Pesaj. Estos valores trascienden cualquier sistema de creencia, aunque la tradición indique cuáles son las formas de organizar el festejo. Del mismo modo el rito del matrimonio religioso, por fuera del civil, sólo tendría sentido en un marco normativo, y sin embargo muchos se casan en una Iglesia más allá de su observancia religiosa.
Si así fuera, habría que reformular todo el planteo de base y con Vattimo entender a la Modernidad como una resignificación del cristianismo, o peor, como un hecho interno del cristianismo. Para Vattimo el cristianismo ya lleva en sus fuentes sagradas una clara vocación secular, ya que toda la historia que le da origen –la historia de Jesús- no es más que un llamado al abandono de la violencia: Jesús es amor; Jesús se pelea contra el poder normativo; toda la Biblia es un “texto” a ser interpretado; Dios mismo en su segunda persona es verbo, o sea, palabra, o sea interpretación; Dios decide renunciar a sus atributos para hacerse hombre. El carácter abierto de sus textos generó una primacía de la Iglesia que no quiso despegarse de una metafísica natural desde la cual sentenciaba toda normativa; pero para Vattimo en la medida en que se relean los textos retornando a otros de sus sentidos posibles, también será posible visualizar los modos en que la cultura moderna fue prosiguiendo con el espíritu cristiano. La conclusión sería que hay una vocación cristiana hacia el amor y la libertad en la cultura moderna que responde también a sus fuentes originarias tanto como aquella más dogmática de la Iglesia.
Pero si el mundo secular es la continuación del mundo cristiano, si la razón –según la expresión de Rousseau- es la “diosa razón” y hasta si toda la producción científica podría en el marco de la acción justificatoria previa de un paradigma que excede la prueba empírica y la argumentación racional, ¿no seríamos entonces todavía religiosos?
Sí, pero la clave está en diferenciar, como en todo, aquello que emancipa a lo humano de aquello que lo condena. La religiosidad puede favorecer tanto al ejercicio de nuestra libertad como del poder y el sometimiento más absoluto.
De alguna manera, el retorno de lo religioso en nuestros tiempos supone repensar la relación entre fe y razón. Martin Buber diferenciaba dos modos de la fe, donde si por un lado hay una fe en cierta trascendencia, por otro lado hay una fe que se expresa mejor en la noción de confianza y que no implica ninguna cuestión sobrenatural. Hay una confianza básica en todo aquello que nos rodea, en la creencia fundada pero también infundada en que las cosas funcionan. Incluso si nuestro entendimiento puede demostrar las razones de cualquier entidad, sin embargo hay un primer sentido que escapa a lo racional y que implica cierto acto de fe, de donación de confianza. Resulta medio raro plantearlo de este modo, pero aún cuando observamos algo –cualquier cosa- con la vista, estamos confiando en que los ojos funcionan y que nos brindan un conocimiento fiable. Del mismo modo confiamos en nuestros padres cuando somos niños o en las verdades que aprendemos en la escuela. Y del mismo modo podemos afirmar que toda la producción de saber de una época responde a ciertos principios fundantes que no necesariamente se basan en los mismos criterios de justificación. O sea, no es la vista la que me justifica que mi vista vea, ¿pero entonces por qué pensar que nuestra razón se justifica a si misma? ¿No hay algo previo? ¿No hay, en definitiva, una donación de confianza a los criterios que dan sentido a las cosas? ¿No estoy primero confiando en la razón, los sentidos, Dios, o lo que sea para después aceptar sus códigos? ¿Y esa confianza en qué se basa, cómo se justifica a sí misma? ¿O habría que aceptar que en el fondo, no hay fondo?
Este segundo modo de la fe tal vez nos abra otra manera de relacionarnos con lo religioso, por fuera del paradigma de lo que Heidegger llama la metafísica de la presencia. Esto es, por fuera de la idea de una verdad objetiva y estable. Tal vez de lo que se trate es de desligar lo religioso de lo verdadero, y entender que la dimensión de la creencia justamente tiene que ver con lo que permanece abierto, en estado de pregunta. Si hubiera verdad, ¿para qué creer? ¿No es la creencia aquello en que todavía no puedo creer? ¿Pero entonces de qué hablamos cuando hablamos de creencia? ¿Qué es creer?
Vattimo cuenta que una vez un amigo lo llamó por teléfono y le preguntó si aun creía en Dios. Lo pensó y finalmente le respondió: “Creo que creo”. Tal vez mucho de lo religioso hoy día se juegue en el desplazamiento de este segundo “creer” al primero. Nada es definitivo…

¿Qué es un judio ?

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El Profesor George Friedman, notable sociólogo e historiador francés: ‘El pueblo Judío tiene una historia no como la de otros pueblos. En cierta ocasión escribí que los judíos son un accidente histórico. Algo que no se adapta a la comprensión admisible de la Historia.’

El escritor, ensayista y poeta alemán judío convertido a otra religión, Heinrich Heine (1797-1856) en los postreros días de su vida volvió al Judaísmo. Dijo: ‘Pueblos se elevaron y desaparecieron; Estados florecieron y marchitaron, revoluciones conmovieron la superficie de la Tierra; y ellos, los Judíos estaban encorvados sobre libros, y no notaron las tormentas del tiempo, que pasaron sobre sus cabezas sin conmoverlos’.

El filósofo físico y matemático Frances Blaise Pascal (1623-1662): ‘Encuentro en una esquina del mundo un pueblo especial, segregado de todos los pueblos sobre la Tierra, el más antiguo de todos. Un pueblo cuyos orígenes preceden muchos siglos de historia de los más antiguos que hay…El hecho de la existencia de ese pueblo me maravilla, y me parece que debe ser analizado, aunque…no tenga explicación…’

El escritor Americano Mark Twain (1856-1904): Los egipcios, los babilonios y los persas ascendieron y cubrieron el mundo con bullicio, grandiosidad y excelencia hasta que se apagó su iluminación, y se hundieron, se desmembraron y desaparecieron del planeta. Los griegos y los romanos siguieron en sus huellas, conmovieron al mundo en tormenta y se esfumaron. Otros pueblos aparecieron, subieron a la cumbre con una antorcha en la mano, por el tiempo que el combustible duro, pero al final se quemó del todo y ahora están reposando en la oscuridad, o se han perdido en las páginas de los anales del pasado. El judío los vio a todos, los derrotó a todos y hoy es lo que fue desde el alba de las civilizaciones; y no muestra señales de hundimiento, ni desgaste de vejez; no se le nota ninguna decadencia en sus creaciones y su claridad no se ha apagado. Todos son mortales menos los judíos. Todas las fuerzas pasan, pero el persiste. ¿Cuál es el secreto de su triunfo?

Arnold Josheph Toynbee (1889-1975) Uno de los mayores historiadores del siglo XX examina en su libro ‘A study of History’ la subida y caída de 21 civilizaciones: 1 La Egipcia, 2 La Hindú, 3 La China antigua, 4 La Creta, 5 La Sumeria, 6 La Maya, 7 La Siria, 8 La Hindú antigua, 9 La Hitita, 10 La Helénica, 11 La Árabe precursora, 12 La Persa, 13 La Hinduista, 14 La Mexicana (Azteca), 15 La Yucatana (Maya), 16 La Babilónica, 17 La Proveslava Rusa (Cristiana Ortodoxa Griega), 18 La Cristiana Ortodoxa fuera de Rusia, 19 Las civilizaciones del Lejano Oriente, en Japón y Corea, 20 Las culturas del Lejano Oriente fuera de Japón, 21 La Civilización Occidental, pero…la preservación de la identidad nacional por parte de una nación sin independencia política, sin un idioma hablado común, nación que no está concentrada sino dispersa en todos las direcciones de la veleta, enfrente a persecuciones tremendas y permanentes-esa es una manifestación carente de racionalidad, frente a la cual todos los historiadores se quedan con la boca abierta Esa nación es la judía.

El filósofo, novelista y dramaturgo francés Jean-Paul Sartre: ‘Yo no puedo juzgar al pueblo Judío según las reglas aceptables de la historia humana. El pueblo Judío es algo más allá del tiempo.’

El filosofo Ruso Nikolai (Alexandrovitch) Berdyaev: ‘Cuando traté de verificar el método materialista histórico según los modelos de los destinos de los pueblos, los métodos se estrellaron contra la muralla judía, cuya estrella parece carecer de cualquier medida de entendimiento. Según el criterio materialista y positivista, tendría esa nación que haber desaparecido hace mucho tiempo. Su existencia es un hecho misterioso y sorprendente, lo que atestigua que la existencia de esa nación (Judía) está dirigida por una orden poderosa dada en la antigüedad.’

El escritor Americano Herman Wouk (1914): ‘Ese pueblo (el Judío) se sobrepuso a una lista impresionante de tragedias y aniquilaciones que de acuerdo a las leyes naturales no hubieron podido soportar. Esa supervivencia eterna, contraria a la lógica histórica es la cosa más admirable que se haya visto, y demanda explicación, a pesar que su supervivencia, por si solo, ya es extremadamente maravillosa.

Alexander Solzhenitsyn en dos volumenes ‘Dvesti let Vmeste,’ or ‘Two hundred years together.’ (200 años juntos)(2003). El primero de los dos volúmenes está dedicado a la historia de los Judíos en Rusia desde la tercera partición de Polonia en 1795 cuando Rusia incorporó un millón de ciudadanos judíos. Cubre los años entre 1795 y 1916. Dice: ‘La conservación del Pueblo Judío durante más de dos mil años en la Diáspora, despierta estupefacción y respeto. El papel de la pequeña pero dinámica nación Judía en la vasta y extensa historia del mundo e s indiscutiblemente poderosa, persistente y notable. Incluida la historia de Rusia. Pero sigue siendo un misterio histórico para todos nosotros. También para los judíos. Esta extraña misión de ninguna manera les proporciona felicidad .’ (M.V.: Aquí tengo que contradecir a Solzhenitsyn: La razón que los Judíos no demuestren alegría por sobrevivir es que el pueblo Judío nunca se paró a pensar, o mirar hacia atrás para preguntarse: ¿Cómo ha sido posible, por qué estamos aquí? Para el judío ‘estar aquí’ está sobreentendido. No hay ninguna razón por la cual el pueblo Judío tenga que pensar porqué existe. El pueblo Judío lee el ‘Génesis’ por lo menos una vez al año, y en él encuentra que Dios mismo lo escogió para conservarlo y perpetuarlo aquí en la Tierra…siempre y cuando conserve su Torah. Todo el resto de los argumentos, suposiciones y conjeturas son irrelevantes… El pueblo Judío ha pasado por XXXIII siglos de existencia, y observa a otros pueblos pasajeros desde una posición enclavada en el futuro infinito…’)

Que es un Judío? Esta pregunta no es tan extraña como parece.

Veamos qué clase de criatura peculiar representa el judío, sobre quien todos los gobernantes y todas las naciones, ya sea en conjunto o por separado, han cometido abuso y dado tormento, lo han oprimido y perseguido, pisoteado y masacrado, quemado en la hoguera y ahorcado…y a pesar de todo ello todavía sigue vivo
Que es un judío, que nunca ha permitido ser descarriado por todas las posesiones mundanas que sus opresores y perseguidores le han constantemente ofrecido para que cambiara su creencia y abandonara su propia religión judía?
El judío es ese ser sagrado que ha bajado el fuego eterno de los cielos y a través de el ha iluminado el mundo entero. El judío constituye la cuna, el manantial y la fuente de religión que todos los demás pueblos han extraído sus creencias y religiones.
El judío es el pionero de la civilización. La ignorancia fue condenada en la ‘Antigua Palestina’ mucho más de lo que es hoy en día en la Europa civilizada. Además, en aquellos días de salvajismo y barbarie, cuando ni la vida ni la muerte de nadie tenía el mas mínimo valor, Rabi Akiva no se abstuvo de expresarse abiertamente en contra de la pena de muerte, una práctica que en la actualidad es reconocida como una forma de castigo altamente civilizada.
El judío representa el emblema de la tolerancia civil y religiosa. ‘Ama al extranjero y al residente temporario, ordeno Moisés, porque vosotros habéis sido extranjeros en la tierra de Egipto.’
Y esto fue expresado en aquellos tiempos remotos y salvajes cuando la ambición principal de las razas y de las Naciones consistía en abatirse y oprimirse unos a otros. En cuanto a la tolerancia religiosa, la fe judía no solo dista mucho del espíritu misionero de convertir a pueblos a otras creencias, sino que, por el contrario, el Talmud ordena a los Rabinos informar y explicar a todos aquellos que voluntariamente vienen a aceptar la religión judía acerca de todas las dificultades que encierra su aceptación, y recalcar a los supuestos prosélitos que los justos de todas las naciones tienen su parte en la inmortalidad. Ni siquiera los moralistas de nuestros días pueden jactarse de una tolerancia religiosa enaltecida e ideal de este tipo.
El judío representa el emblema de la Eternidad. El es a quien ni la masacre ni la tortura durante miles de años pudo destruir, él es quien ni el fuego ni la espada ni la Inquisición pudo borrar de la faz de la Tierra.
Él es quien fue el primero en presentar los oráculos de Dios, él es quien durante tanto tiempo ha sido el guardián de la Profecía, y es quien la ha transmitido al resto del mundo.
Una nación semejante no puede ser destruida. El judío es eterno como es la Eternidad misma.

Publicado en el periódico ‘El Mundo Judio’

El Judaísmo no es blanco o negro

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Aborto, una perspectiva judía

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Por: Uriel Romano

Más artículos del autor: http://guemaradeldia.blogspot.com/

Si alguna vez le preguntan “que opina el judaísmo de tal o cual tema”, la respuesta debe ser: “el judaísmo no opina, son los judíos los que dan su opinión”.

Aquí yo como judío argentino doy mi opinión. El judaísmo se presenta con una multiplicidad de voces que son recogidas especialmente en el Talmud el cual constituye una guardería de interpretaciones de la Biblia. En la Argentina estamos discutiendo por estas fechas la despenalización del aborto lo cual nos da el puntapié para plantear algunas posiciones del aborto basadas en las fuentes tradicionales.

El término hebreo que se utiliza para hablar del aborto es äôìä (hapalá) que proviene del verbo caer. El aborto[1] es la caída de una vida potencial. El judaísmo sacraliza la vida humana induciendo que se pueden violar todas las leyes concernientes al Shabat para salvar una vida. Por otro lugar es importante destacar la importancia que le da la tradición de Israel a la procreación. El traer vida al mundo y poblar la tierra es, según el Sefer Hajinuj, el primer precepto que le es comandado al ser humano.
En la Torá (el Pentateuco) hay 2 referencias al aborto, una explicita y otra implícita. Comencemos con la implícita. En Génesis 9:6 se dice: “El que derrame sangre de hombre, su sangre será derramada por hombre; porque a imagen de D-s él hizo al hombre.” Aquí se hace referencia a uno de los porque de la sacralidad de una vida, de cualquier vida. La vida es sagrada porque fuimos creados a imagen de D-s, quien termina con una vida atenta contra Su suprema creación. Rabi Ishmael (Talmud Sanedrín 57b) interpreta que este versículo habla en relación a quien daña a un feto, que es la sangre que hay dentro del hombre (Shofej dam haadam baadam).
La segunda referencia, como dijimos, es directa. En Exodo 21:22-23 se dice: Cuando algunos hombres peleen y hieran a una mujer encinta y ésta aborte sin mayor daño, el culpable será multado de acuerdo con lo que le imponga el marido de la mujer y según lo que establezcan los jueces. Pero si ocurre un daño mayor, entonces pagará vida por vida. Rashí[2] comenta en relación a esto que cuando se dice “sin más daño” esto hace referencia a que la mujer no muera a la hora de abortar por lo cual la perdida del feto se lo considera simplemente como un golpe, una lastimadura, por lo cual el atacante debe retribuir económicamente y no con su vida, como hubiese sido en el caso de que el feto fuera considerado una vida humana. Iosef Caro, gran legislador judío del siglo XV, legisla que terminar con un feto es considerado un daño y no un asesinato[3].
Hasta acá podemos observar que un aborto significa una perdida, una perdida de un futuro potencial, más no significa, a los ojos de cualquier codificador judío un feticidio. El feto no es considerado una vida humana, un bar kaiama, recién a los 30 días de salir del vientre materno el bebe es considerado una vida autónoma. Durante los meses de gestación el feto es, según la mayoría de las opiniones talmúdicas, una muslo de la madre, una de sus extremidades. El término que utiliza el Talmud (Julin 58a) es ubar ierej imo que es el equivalente a pars viscerum matris, lo que hace referencia a que el feto no tiene una existencia autónoma y que es parte intrínseca del cuerpo de la madre hasta el momento que rompe matriz. De esta noción deducen los sabios talmúdicos (Iebamot 7a) que una mujer que se convierte al judaísmo estando embarazada, el niño al nacer no tiene que convertirse ya que el mismo era una parte suya al momento de la conversión.
Profundicemos algunos conceptos. Desde que se forma el cigoto hasta los 40 días de existencia el mismo es considerado meramente agua, maia bealma hi, dice el texto talmúdico (Iebamot 69b). Ni siquiera es un feto, es agua, un mero liquido, todavía no es siquiera una extensión del cuerpo de su madre. Los sabios también dictaminan que, curiosamente, se considera a una mujer embarazada desde los 3 meses de la gestación. Esto lo hacen por una analogía con Génesis 38:24. Hasta ese momento no decimos que una mujer esta embarazada, de allí en más, aunque no se le note el “bulto” así afirmamos (Nida 8b).
La Mishná, texto fundante del Talmud, canonizada en el siglo III nos trae la primer referencia explicita a una legislación sobre el aborto. “A una madre que le es duro tener a su hijo se le golpea el vientre y se lo saca órgano por órgano para que viva la madre. Si sale la mayor parte del cuerpo (cabeza) no acostumbramos a hacer esto porque no reemplazamos una vida por otra.” (Mishná Oholot 7:6) El principio fundante de la posibilidad del aborto es por motivos terapéuticos. Si el feto pone en peligro a la vida de la madre este puede ser terminado para que la madre pueda vivir. Si se considerara que el feto es una vida per se este razonamiento no tendría sentido ya que dijimos que si el mismo sale del cuerpo de su madre ya no podemos poner la vida de la madre antes que la de él porque no reemplazamos una vida por otra (ein dojin nefesh mipnei nefesh). Los legisladores judíos[4] codifican que el feto es considerado un rodef, un perseguidor. El feto que amenaza la vida de la madre debe ser terminado, y ya no es una posibilidad sino una obligación hacerlo. Se lo considera una agresión que debe ser interrumpida para evitar la perdida de una vida humana.
La razón principal para realizarse un aborto es entonces que el feto ponga en peligro la vida de la madre. Comúnmente se entendía que esto era solo si la dañaba físicamente más desde el siglo XVI varios rabinos han entendido también las violencia desde la perspectiva psicológica y espiritual. Si el feto pone en peligro la salud mental de la madre o la daña psicológicamente de tal manera que no puede continuar su vida se puede, también, terminar con el mismo. Más allá de esta razón son pocos los motivos por los cuales los sabios permiten terminar con un embarazo. Una rara excepción es el Rabino Elieze Waldenberg que permite terminar con un feto “defectuoso” que al nacer sufrirá en demasía por alguna enfermedad genetica, o inevitablemente morirá, y esto también les traerá perjuicios a sus padres. Su posición es igual muy criticada por otros sabios.
Estas son las principales fuentes que se utilizan los sabios judíos de cada generación para codificar e instruir a su grey en relación al aborto. Vale la pena recalcar que el judaísmo no dictamina de manera general, ante cada situación se deben presentar ante un rabino que con la jurisprudencia, sus conocimientos y tratando de captar la voluntad divina dictaminará en cada caso. Luego de haber repasado un poco la literatura me atreveré a dar una lectura personal. Hoy en día se esta discutiendo no si el aborto esta “bien” o esta “mal”, hoy se esta discutiendo si se debe penalizar o no a quienes lo practican. De entrada que debemos insistir en que el aborto tiene que ser una acción extrema ante una situación. No es un recurso que deba usarse a la ligera, pero es una herramienta que existe y se practica. La cuestión es si las mujeres más carenciadas seguirán muriendo por practicarse los abortos de manera clandestina o podrán hacerlo de una manera segura. Hay una realidad en el mundo y tal como plateaban los sabios talmúdicos debemos hacerle frente a ella.
Seguir criminalizando el aborto es seguir permitiendo que miles de mujeres mueran anualmente por el simple hecho de haber nacido al margen de la sociedad. Debemos recomponer nuestra sociedad en base a la educación sexual para evitar así los trágicos procesos que deben vivir las familias, y especialmente las mujeres, que deciden abortar. El aborto es la terminación de un proyecto de vida, no de una vida. El aborto es una solución en última instancia para evitar mayores traumas físicos y psicológicos a las madres y a las familias. Todos tenemos derecho a vivir, la madre tiene derecho a vivir su vida y a decidir sobre su cuerpo y el bebe al nacer tiene derecho a vivir. Pero ¿Qué vida tendrá un pequeño/a que no fue buscado? ¿Qué vida tendrá un producto de una violación? ¿Qué vida tendrá un pequeño que sus padres no tienen los recursos para alimentarlo o vestirlo? ¿Qué vida tendrá una madre de apenas 14 años? ¿Qué vida es una vida basada en traumas y dolores? La vida es lo que comienza cuando dejamos de sobrevivir. La vida es la posibilidad de soñar, de crecer, de dar, de aprender y de amar.
El judaísmo debe darnos una cosmovisión de vida, un lugar desde donde poder mirar a nuestra sociedad, a nuestro semejante y encontrarnos con ellos. El judaísmo debe servirle a los judíos para definirse y debe servirle a la sociedad como una herramienta más para interpretarse a sí misma. Las instituciones religiosas NO deben inmiscuirse en materias Estatales. Si una religión no desea que sus correligionarios aborten que lo prediquen en sus templos o Iglesias mas no en la arena publica. Pueden dar su opinión pero no deben intentar coartar las libertades individuales de hombres y mujeres que seguramente no comulgan con sus doctrinas. Recordemos que aquí en la tierra nadie es el guardián de D-s, nuestros pensamientos no son los suyos, Sus caminos son insondables ergo no podemos abrogarnos la autoridad de imponer Su supuesta “voluntad” a otros. Aquí, vos y yo, estamos pensando en relación al aborto. Allá afuera mujeres mueren porque se lo practican en lugares clandestinos. Démosle una posibilidad a la vida, apoyemos la iniciativa a favor de la despenalización del aborto.

@urielromano

[1] La RAE lo define como: Interrupción del embarazo por causas naturales o deliberadamente provocadas. Puede constituir eventualmente un delito.
[2] Comentarista judío del siglo XI
[3] Shuljan Aruj. Joshen Mishpat 423:1
[4] Iosef Caró en el Shuljan Aruj, Joshen Mishpat 425:2 y Maimonides en su codigo sobre leyes de asesinos 1:9.

Shema Israel – 2 de Abril de 1982 Guerra de Malvinas

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Cuatro de abril del año 1982. El avión Lockneed C-130B Hércules de las fuerzas Aéreas Argentinas partió de su base en el aeropuerto de Comodoro Rivadavia. En su interior más de ciento cincuenta soldados.

Los asientos del avión habían sido quitados para aumentar su capacidad. Los soldados, acurrucados en el piso de la nave permanecían en silencio mientras que el comandante a bordo dirigió unas palabras a la tripulación, las instrucciones de vuelo se transmitían en forma precisa sin embargo su voz lo delataba, se lo escuchaba tenso, nervioso.
Debían atravesar el Océano Atlántico hacia el sur, hacia las Islas Malvinas. Volarían al ras del suelo y de esa manera lograrían esquivar los radares enemigos. Si los descubren serán derribados. Una falla en los cálculos los sumergiría en la inmensidad de las aguas. Los soldados escucharon con atención. Sin mirarse, sin hablar, recordando a sus familiares. Esperando despertarse de esta pesadilla, Marcelo era uno de ellos, un muchacho judío, del barrio de “Once”.
Pone su mano en su bolsillo y extrae de él un pequeño libro, un Sefer Tehilim. Comienza a rezar, ningún soldado presta atención a este hombre que tenía un libro en sus manos, meneaba su cuerpo de atrás para adelante y recitaba la oración. No le importaba lo que le digan. Había vencido su vergüenza.
A ningún soldado le importaba, a ninguno menos a uno. Desde la otra punta del avión Marcelo es observado por Claudio, él era un chico judío del barrio de Avellaneda. No era observante pero hacia siete años le habían festejado su Bar Mitzva por orden de su abuela. A sus padres les daba lo mismo pero por ella lo mandaron a lo de un rabino para que le enseñara la bendición en fonética. Recordaba que había visto a unos viejitos en el templo moverse de la misma manera que aquél soldado. Recordaba que ellos también tenían en sus manos un libro y lo leían en voz alta.
Unas lágrimas empezaron a salir de los ojos de Claudio y empezó a pensar, ¿Cuánto tiempo me queda por vivir? ¿Volveré a ver a mi familia? Comenzó a arrastrarse por el piso del avión. Debía llegar al lugar donde se encontraba aquel judío, debía pedirle algo. Al llegar al lado de Marcelo, le comenzó a hablar pero no le contestaba, no tenía tiempo para perder, y pensó ¿Quién es este muchacho que viene a interrumpir justo ahora? Claudio no se dio por vencido, lo tomo a Marcelo del brazo y le suplico: “Por favor escúchame” Marcelo levantó la vista y le dijo: “No tengo tiempo para vos”. Por favor, le contestó Claudio, yo también soy judío, ayudame. “¿Que necesitas?” contestó Marcelo. “Enseñame a rezar, a decir algo. Tengo que hablar con Dios. Pedirle que me salve, que me permita volver con mi familia” le dijo Claudio.
A Marcelo se le iluminó el rostro. Ésta era su oportunidad, ayudar a un hermano. A lo mejor gracias a esta obra de bien, se le concederá la salvación “Tenemos poco tiempo”, Exclamó Marcelo. “prestá atención, te voy a enseñar la frase que ha acompañado a los judíos durante todos los tiempos, repetí conmigo: Shema Israel Hashem Elokenu Hashem Ehad.” Claudio repitió y memorizó.
“Shema Israel Hashem Elokenu Hashem Ehad” en lo que restó del viaje hasta el puerto Argentino repitió una y otra vez esta preciosa frase. El avión aterrizó en tierra firme. Llegaron sanos y salvos. A Marcelo lo destinaron en Puerto Argentino. A Claudio a la bahía de San Carlos. Se despidieron con un abrazo. Repitieron a coro “Shema Israel Hashem Elokenu Hashem Ehad”.
El 20 de mayo en la bahía de San Carlos fue un día rutinario. Los soldados se dedicaron en vigilar la zona y a descansar. Al final del día se enteraron que iban a atacar el Puerto Argentino. De repente Claudio se empezó a preocupar por Marcelo ya que el estaba ahí. Al día siguiente se enteran que era una trampa, y que iban a atacar en la bahía de San Carlos, los agarraron de sorpresa y los soldados ingleses empezaron a ir por todos lados en búsqueda de los argentinos, pero en ese momento, Claudio estaba solo y de repente ve a un soldado enemigo frente a él apuntándolo con una metralleta, y Claudio en un último grito de dolor exclamo: “Shema Israel Hashem Elokenu Hashem Ehad.” Abrió los ojos para ver su última mirada de la tierra y encontró que el soldado ingles había quedado en su lugar, con lagrimas en los ojos y le contesto: “Baruj Shem Kebod Maljuto Leolam Vaed”. “¡Lets go!, ¡Escapate!”. Claudio se fue corriendo, y a lo lejos alcanzó a escuchar los lamentos de sus compañeros de combate. Por la noche el seguía corriendo por los campos. Hasta que pudo encontrar el camino hacia el Puerto Argentino. Ahí volvió a ver a su amigo Marcelo, junto a él lucho hasta el final. Aprovecho todo su tiempo libre para estudiar Torá con su amigo.
La guerra terminó, Claudio volvió a su hogar, pero nada volvió a ser como era antes, había tomado una decisión, volver al judaísmo. En su primera oportunidad, viajó a Israel, ingresó a la Yeshiba, estudió y profundizó todo sobre sus orígenes. Ahí descubrió otras enseñanzas sobre el Shema Israel. Este poema que acompaña al pueblo judío durante más de tres mil años. Estas palabras que lo salvaron de una muerte segura, estas frases que lo ayudaron a reencontrarse con su historia y tradiciones.

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