Por Richard Rabkin

Usar kipá no es una decisión fácil. Es una decisión muy personal, pero debe ser una decisión propia y no influenciada por el mundo.
Si estamos decididos a usarla, no debemos temerle a lo que opinen los demás…
Aquí la historia de un jovén que sufrio el mismo debate:
La primera vez que usé una kipá fuera de la sinagoga en Canadá, estaba petrificado. Acababa de regresar de Israel, donde me empece a interesar en el judaismo y aprendi ciertas cosas que me resultaron muy interesantes.
Deje de ver la kipa o el talit como cosa de rabinos y me parecieron tener un mensaje universalista muy profundo y muy respetable.
En fin, en Israel las kipot son casi tan comunes como los teléfonos celulares. Pero cuando volví a Vancouver, no tenía el coraje para comenzar a usar kipá.
Mis razones eran varias: No tenía el coraje de enfrentarme a las preguntas de mis amigos y mi familia. No quería que víeran como el raro, el ortodoxo y no tenía el valor de ser un “judío modelo” y que todas mis acciones sean juzgadas por el hecho de estar usando una kipá. Simplemente no creía que la kipá me convirtiera en mejor o peor persona, no tenía la valentía para declarar todo lo que implica usar una kipá.
Sin embargo, mi primer Shabat en Vancouver, me informaron que uno no puede cargar nada en Shabat. ¡Eso significaba que después de la sinagoga no podía colocar mi kipá en mi bolsillo! ¿Qué iba a hacer? ¡Tenía que caminar hasta mi casa! ¿Qué pensaría la gente de mí? No tenía muchas opciones.
Pensé en correr a toda velocidad hasta mi casa, así la gente vería solamente una silueta felina pasar volando al lado de ellos, lo cual no les daría mucho tiempo para darse cuenta de mi cabeza cubierta. Pero me di cuenta que no soy para nada felino, y que probablemente podría correr más o menos una cuadra antes de caer al suelo con convulsiones. Así que decidí enfrentar la situación y caminar hasta mi hogar usando kipá.
Durante aquella vuelta a casa, debo haberme visto como un paciente mental fugitivo con un serio caso de paranoia. Cuando alguien pasaba a mi lado pensaba para mí mismo, “¿Qué estás mirando? ¿Acaso estás viendo mi kipá? ¿Cuál es tu problema? ¿Acaso nunca habías visto a un judío antes? ¡CERDO ANTISEMITA!”
De hecho, las personas que caminaban hacia mi probablemente pensaban para si mismas, “Este hombre que se está acercando a mi parece un drogadicto. Espero que no me golpee”. Con el paso de los meses y años me sentí cada vez más cómodo usando mi kipá y comencé a utilizarla casi todo el tiempo.
Pero cuando apliqué para unas pasantías de verano en firmas de abogados en Vancouver no utilicé mi kipá para las entrevistas. “¿Quién va a contratarme si estoy usando una kipá?” Me pregunté. A pesar del hecho de que Canadá es probablemente el país con más diversidad cultural y tolerancia en el mundo, yo aún no estaba preparado.
Pero descubrí que existían problemas por no usar la kipá en el trabajo.
Mi primer día en la firma, me llevaron a almorzar a “El Camarón Rojo”.
Ya que mis compañeros de trabajo no tenían razón para pensar que yo era diferente, mi primer día en la firma, me llevaron a almorzar a “El Camarón Rojo”.
Mientras que todos mis compañeros ordenaban diferentes tipos de mariscos prohibidos para mí, yo quería preguntar si el chef podría prepararme un plato especial – como tal vez, agua asada con un acompañamiento de agua sazonada con agua. En cambio, terminé pidiendo una ensalada, pero sabía que aun así estaba comprometiendo mis estándares de cashrut.De ahí en adelante, sólo colaciones en bolsa para mí.
Debido a razones profesionales y espirituales, decidí mudarme a Toronto. Con mis dificultades previas respecto a la kipá todavía presentes, decidí acudir a las entrevistas en Toronto usando una kipá.
Mi primera entrevista fue en una firma de abogados en el centro, yo estaba realmente interesado. Entré en el ascensor, el cual me tenía que llevar hasta el piso 45, un poco nervioso con el asunto de la kipá pero armándome de valor.
Vi a otro hombre en el ascensor llevando una kipá también. Me sentí inmediatamente aliviado. Comenzamos a platicar y le conté en qué firma de abogados me iba a entrevistar. “Ah, esa es una gran firma”, dijo él. “Felicitaciones por conseguir una entrevista ahí”. Hizo una pausa por un segundo y luego continuó, “debo advertirte. He escuchado que ahí no les gusta mucho que la gente use kipá para ir a trabajar”.
Miré para ambos lados como si se fuera a activar la “alarma de alerta de kipá”. Mi corazón se hundió en lo más profundo de mi estómago. No estoy seguro si fue por escuchar la mala noticia o porque el ascensor llegó de forma abrupta al piso 45. Salí cautelosamente y miré para ambos lados como si se fuera a activar la “alarma de alerta de kipá”. Me volví hacia el hombre en el ascensor y le agradecí por la advertencia.“No hay problema”, me dijo mientras salía del ascensor también.
Que debía hacer? traicionar mi forma de ser, mi forma de pensar, para agradarles a esos abogados o vivir segun mis convicciones y si a ellos no les agradaba y no me respetaban entonces mejor no trabajar para ese buffet.
Definitivamente no podía seguir escondiendo quien era y debía mostrarme tal cual soy.
Entonces escuche: “Buenos días Sr. Rothstein”, le dijo la recepcionista a mi amigo del ascensor. El hombre del ascensor – un socio de esta firma – me guiñó el ojo y se rió. “Buena suerte en la entrevista. Pasa a mi oficina cuando termines”.
Mi entrevista salió bien y pude ver que mi jefe me estaba provando, si yo era capaz de traicionarme a mi mismo por un simple trabajo, entonces él jamas podria confiar en mí, siempre sabría que en cualquier momento podría clavarle la daga por la espalda.
Por suerte mi decisión de usar kipá ya estaba dando frutos.
La firma respeto que observara el Shabat, si trabajaba a deshora para cumplir con las tareas, e también me quería invitar a cenar, pero ofrecieron hacerlo donde pudiera cumplir con la cashrut. No tuve que dar explicaciones, mi kipá lo hizo por mí.
Una vez que me puse la kipá, ellos sabían exactamente mi posición. También fue un símbolo para mí, que me ayudó a entender cómo mis pensamientos y sentimientos internos “religiosos” tenían que verse reflejados en mis acciones externas.
Podrás pensar que yo estaba demasiado neurótico acerca del dilema de la kipá. Pero la verdad es que una vez que uno se pone una kipá, está haciendo una declaración. Para mí, es una declaración a mí mismo y a los demás acerca de mi compromiso con el judaísmo y el pueblo judío. Luego de sentirme más seguro con mi propia identidad judía, finalmente tuve el coraje para hacerlo.

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