LUCY ARISH El zoo del siglo XXI
Por Sal Emergui Tel Aviv

Esta atractiva periodista siempre llevará una etiqueta: ser la primera árabe en presentar las noticias en el ‘prime time’ de Israel. Ocurrió hace tres años. Lucy Arish conquistó las pantallas como presentadora del Canal 10. Hoy, como reportera de la cadena pública, lucha para ser menos conocida que sus entrevistados. Con corazón israelí o palestino, está claro que no tiene pelos en la lengua. Sea en árabe o en hebreo.
Se siente orgullosa de su origen árabe y su nacionalidad israelí. De su familia musulmana y su educación judía. Pero no cae bien a todos:
“La derecha israelí no me quiere por mis ideas de izquierdas y los árabes me critican por mis pensamientos israelíes y mi apariencia”.
“Ser árabe con un hebreo perfecto y sin acento me da la ventaja de ser invisible en ambos lados. Un día, hablando de actualidad, un taxista me dijo: ‘Hay que matar a los árabes’. Cuando le comenté que yo era árabe, no se lo podía creer”,
cuenta esta ‘agente doble’.
Arish creció en Dimona, ciudad aislada en el desierto del Neguev.
“Mi fuerte temperamento es el de una árabe educada entre judíos marroquíes”, bromea. “En la escuela celebraba las festividades judías y con mi familia, las musulmanas. Mi madre siempre me decía: ‘No te olvides de que eres árabe, diferente’. Cuando mis amigas experimentaron su primer beso, me quedé triste porque mis padres me lo prohibían. Y muy celosa de la libertad de mis amigas judías”, recuerda al diario ‘Haaretz’.
A los 18 años perdió la inocencia al irse a vivir sola a Jerusalén. En Tel Aviv ganó la fama. “El Canal 10 buscaba presentadores de informativos. En las pruebas era pesimista porque estaba rodeada de rubias muy preparadas”, confiesa. Demostró, sin embargo, que la cámara también se enamora de las morenas. Según su ex jefe, Gilad Adin, “ser árabe le ayudó, pero fue elegida por su gran talento y soltura”. Ella añade:
“No soy la pobre árabe que siempre se queja. ¿Hasta cuándo puede quejarse uno? Estoy muy bien en Israel pese a la discriminación hacia los árabes”.
En Ramala, una multitud rodeó en una ocasión el micrófono israelí de Arish. Para los palestinos, era una israelí que hablaba muy bien árabe. Para los israelíes que la veían en la televisión, una palestina que hablaba muy bien hebreo.
“Tras un atentado dije en antena ‘terrorista’ y se montó un escándalo. Recibí llamadas. ‘¡No te olvides de dónde vienes!’, me gritaron”, dice antes de criticar al sector árabe. “Estamos tan preocupados por el tema palestino que nos olvidamos de la situación de la mujer, los asesinatos de honor o los homosexuales que no pueden salir del armario. Decimos que no hay sexo antes del matrimonio o violencia doméstica, pero no es cierto”.
A sus 28 solteros años, su reloj es más social que biológico. Su familia presiona para que su príncipe azul sea musulmán.
“Aquí cuesta encontrar un buen musulmán culto y de buena posición. Cuesta también estar con una chica dominante”, admite.
“Uno que estaba interesado me preguntó si era virgen. ¿Qué pregunta es esa? Si no lo soy, le serviré de entretenimiento, y si lo soy, para el casamiento”, se indigna. La madre estaba tan preocupada con su soltería que acudió a un jeque: “Vino a casa y esparció algo contra el mal fario. Pero olía tan mal que le dije a mi madre: ‘Ahora sí es imposible que venga un chico’
”.

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/2010/01/18/internacional/1263790142.html

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