Casi una semana después de que el Mar Muerto no pudiera entrar en la lista de ganadores de las Nuevas 7 Maravillas, el gabinete de Israel rechazó un proyecto que proveería su rehabilitación y protección en una votación de ocho contra siete ayer.
“El gobierno ha elegido pararse del lado de las empresas y no ha podido salvaguardar al Mar Muerto”, dijo Amit Bracha, director de la Unión de Defensa de Medio Ambiente de Israel (Adam Teva V’Din), cuyo grupo fue responsable de escribir el proyecto.
Aunque estuvo formulado por miembros de este grupo, la iniciativa en cuestión había sido en principio entregada a la Knesset (parlamento israelí) por Dov Henin (de Hadash), quien dijo que el plan propuesto era “histórico” y juntaba el apoyo oficial del ministro de Protección de medio Ambiente, Gilad Erdan; del ministro de Turismo, Stas Meseznikov; y otros 11 miembros del parlamento. Dentro de los principales puntos se encuentran provisiones para preservar al Mar Muerto y sus recursos naturales, mantener las aguas para futuras generaciones, desviar los bajos niveles de agua en la región noreste y crear un nuevo sistema de manejo que proveería cantidades razonables de extracción de minerales mientras protegería la biodiversidad, según el texto.
“Gracias a la incisividad del ministro de protección ambiental, que elevó una apelación contra la decisión del gobierno, el proyecto propuesto será discutido nuevamente en dos semanas, y esperamos que quienes eligieron hoy aliarse con las fábricas en vez de implementar acciones reales que salven al Mar Muerto cambien su posición”, dijo Bracha en una declaración.
El proyecto incluye medidas específicas para darle al ministro de protección ambiental más control sobre el manejo de la región del lago, así también como establecer un plan nacional para reinstalar algo del agua perdida de la base noreste a través del Río Jordano Bajo, una cantidad que sería determinada según la situación de las aguas de Israel, según Adam Teva V’Din.
Mientras tanto, la ley limitaría el desarrollo de infraestructura en las áreas protegidas de la región del Mar Muerto, como Ein Gedi, e impondría un impuesto anual a la compañía Dead SeaWorks por cualquier operación conducida en la base noreste y tendría el poder de imponer nuevas regulaciones de medio ambiente en una renovación del acuerdo con la empresa.