La lucha por Mein Kampf

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Los derechos de autor del libro “Mein Kampf” no expiraran hasta 2015, pero los historiadores en Munich ya han comenzado a trabajar en una edicion anotada. Ellos estan esperando que quien detenta los derechos, el Estado de Bavaria, permita que la nueva edicion vaya a impresion antes que expiren los derechos.
Han habido largos pedidos periodicos por parte de los historiadores para que “Mein Kampf”, el trabajo seminal de odio y prejuicio de Hitler, sea republicado en aleman. Si una version anotada y academica del polemico libro sale, segun dicen, daria vuelta a los barcos de los neo-nazis una vez que el libro ya no este protegido por derechos de autor.
Ahora esta en preparacion una nueva edicion. De acuerdo a un informe en la radio alemana, el Instituto Munich de Historia Contemporanea esta trabajando en una edicion anotada completa con notas sobre donde se originaron las ideas que Hitler expone en su libro.
Pero el Estado de Bavaria, que mantiene el derecho de autor, dice que no planea permitir que la nueva version este en los mostradores antes que el libro entre al dominio publico.
“El gobierno estatal no esta planeando cambiar el curso”, dijo el gobierno bavaro en una declaracion a una estacion de radio. “Ningun permiso ha sido dado al Instituto de Historia Contemporanea.”
No obstante el presidente del Instituto, Horst Moller dice que el trabajo en la nueva edicion, emprendido por los historiadores Edith Raim y Otmar Plockinger, continuara.
Los derechos de autor de “Mein Kampf” expiran en 2015, 70 años despues de la muerte del autor, como ordena la ley. Este derecho cayo en manos del estado bavaro en 1945, cuando Bavaria tomo los derechos de la principal casa editora del Partido Nazi Eher-Verlag, como parte del programa de desnazificacion de los aliados. Por miedo que el libro pudiera promover a los neonazis, Bavaria no ha permitido que “Mein Kampf” sea publicado en Alemania desde entonces.
Muchas ediciones en distintos idiomas extranjeros han aparecido en el entretiempo. De hecho, Bavaria incluso ha iniciado acciones legales contra algunas de aquellas ediciones en el pasado. El libro no esta prohibido en Alemania, pero solo puede ser vendido para “propositos de investigacion.”
Moller esta preocupado que una vez que los derechos de autor expiren en 2015, los neonazis comiencen inmediatamente a diseminar el trabajo. El dice que una edicion academica podria ayudar a contrarrestar el sensacionalismo que el teme acompañara la republicacion del libro.
Otros academicos no estan tan seguros. “Yo pienso que la idea es absurda”, dice Wolfgang Benz, presidente del Centro para Investigacion de Antisemitismo (Zfa) de Berlin. “Como podes anotar un monologo de 800 paginas exponiendo el punto de vista mundial insano de Hitler? Despues de cada linea tu tendrias que escribir ‘Hitler esta equivocado aqui’ y luego ‘Hitler esta fuera de borda aqui’,y asi.”
Fuente: Extractado de Der Spiegel

Una mentira que se resiste a morir

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Por Juan Forn

Hay dos libros que nunca faltan en los kioscos de revistas del subte porteño y que hacen que uno repare de golpe en el aire viciado que se respira ahí abajo: uno es Mi lucha, el otro es Los Protocolos de los Sabios de Sión. Esta semana tuve que ir a Buenos Aires a ayudar a mi madre con unos trámites y, en uno de mis traslados subterráneos por la ciudad, purgué el malhumor encarando a uno de esos kiosqueros para preguntarle si todavía quedaban imbéciles que compraban esos libros. Parece que sí, especialmente los Protocolos: “Será porque es más cortito, y sale más barato”, me contestó el kiosquero sin que se le moviese un pelo. También podría haber citado al epónimo autor de Mi lucha, quien escribió en su epónimo libro: “El hecho de que se insista tanto en probar la falsedad de Los Protocolos de los Sabios de Sión es prueba incuestionable de su autenticidad”. Notable razonamiento, teniendo en cuenta que, cuando Hitler leyó los Protocolos, ya estaba completamente demostrado su origen espurio. Pero ésa es, según la jurista Hadassa Ben-Itto (quien dejó su puesto en la Corte Suprema israelí a los setenta años para dedicarse a escribir el libro definitivo sobre el tema), la característica emblemática de los Protocolos: son “la mentira que se resiste a morir”.
La primera noticia de los Protocolos data de 1903, cuando aparece por entregas en un periódico ruso llamado La Bandera. Pero la versión que ha perdurado, traducida a casi todos los idiomas de Occidente, se debe a un santón llamado Serguei Alexandrovich Nilus, que aspiraba a convertirse en el sucesor de Rasputín. Nilus incluye los Protocolos como apéndice de su libro El Advenimiento del Anticristo y el Dominio de Satán en la Tierra. Allí anuncia que han llegado hasta sus manos las actas de un plan secreto para dominar al mundo, “urdido por los jefes del pueblo judío durante los siglos de su dispersión y presentado por Theodor Hertzl al Congreso Sionista reunido por él en Basilea en 1897”. El zar Nicolás queda tan impresionado con la manera en que Nilus revela quiénes “manejan los hilos del mal en el mundo”, que ordena que se lean fragmentos de los Protocolos en los oficios religiosos de las 368 iglesias de Moscú. Pero es otro el motivo que potenciará su difusión: un ejemplar del libro de Nilus es el único volumen que la zarina Alexandra pudo poner a salvo antes de ser ejecutada por los bolcheviques. Presintiendo su inevitable fin, la zarina dibujó en su cubierta el símbolo de la gracia divina (una cruz gamada, más conocida como esvástica) y partió a enfrentar su destino.
Así fue como los Protocolos se convirtieron en el libro de cabecera del Ejército Blanco: una edición popular, con la cruz gamada en la cubierta, se repartió entre la tropa y se leía cada noche en voz alta en todos sus campamentos. Los nobles rusos en el exilio colaboraron a su manera: realizaron también ellos su propia edición, una en Berlín y otra en París, pero traducida al alemán y al francés, y la distribuían a manera de propina entre taxistas, botones de hotel y camareros. Europa necesitaba saber que la revolución bolchevique era un paso más de la conjura judía por conquistar el mundo. Así llegamos al año 1921, momento en que Alfred Rosenberg introduce a Hitler en la lectura de los Protocolos, mientras que, desde Londres, The Times revela al mundo que los Protocolos son un burdo plagio de un panfleto antimonárquico francés llamado Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, escrito por un tal Maurice Joly en 1864 desde su exilio en Suiza. Originales de ambos en posesión del Museo Británico demuestran inequívocamente que el texto ruso repite casi al pie de la letra la argumentación del original francés, pero adjudicando a los judíos los argumentos con que Maquiavelo demostraba a Montesquieu por qué el mal vencería siempre al bien.
El Times debía la revelación a su corresponsal en Estambul, Phillip Graves, quien a su vez la había recibido de un ex miembro de la Ojrana (la policía secreta zarista), devenido oficial del Ejército Blanco y varado en Turquía luego de la desbandada de las tropas fieles al zar. A través de este informante irrumpe en escena el verdadero artífice de los Protocolos de los Sabios de Sión: el temible Piotr Ivanovich Rachkovsky. Cuenta Danilo Kis en un extraordinario relato sobre los Protocolos, incluido en su Enciclopedia de los Muertos, que Rachkovsky había desarrollado desde sus días de estudiante un auténtico don para los anónimos injuriantes, que le ganó un lugar entre los conspiradores nihilistas de Petersburgo. Apresado por la policía zarista, no tuvo empacho en entregar a sus compañeros a cambio de un puesto en la filial de la Ojrana en París. En 1895 logró coronar su carrera con el puesto de jefe de la Policía Secreta Imperial en el Exterior, al desbaratar una organización clandestina que fabricaba bombas en un taller de los suburbios de París. Sesenta y tres terroristas fueron expulsados de Francia y enviados a Siberia por esa causa. Los deportados llevaban años bajo tierra cuando se supo que aquel taller estaba alquilado a nombre de Rachkovsky y que gran parte de los atentados anarquistas realizados por esos años en París habían sido ordenados por él, “para arrastrar a Francia hacia la duda y estimular una alianza santa de Europa con el zar en la lucha contra el judío”.
Poco después, cuando cayó en sus manos un ejemplar del librito de Joly y sus informantes le avisaron que Hertzl organizaba el primer congreso sionista en Basilea, Rachkovsky fraguó los Protocolos y se los envió anónimamente a Nilus a Rusia. El resto es historia. Aquella obra maestra de la calumnia se extendió por el mundo a la velocidad de las plagas. Para cuando Hitler llegó al poder, en 1933, la editorial alemana Der Hammer celebraba con un cóctel la venta del ejemplar número doscientos mil de los Protocolos. Su traducción al inglés alcanzó los cien mil ejemplares en 1925, gracias al apoyo público que le dio Henry Ford con su libro El judío internacional. Cifra similar alcanzó la traducción italiana realizada por Preziosi y también la francesa, apadrinada con un prólogo de monseñor Junius titulado “Quién horada los cimientos de la humanidad” (de esa versión francesa proviene la primera traducción a nuestro idioma).
Vale la pena señalar que la explosión internacional de los Protocolos no ocurrió antes sino después de que el Times hiciera público su origen espurio y que se hubieran publicado tres libros puntillosamente documentados confirmando esa revelación (Los Protocolos Falsificados de Sión, de Simon Wolf, La Historia de una Mentira, de Herman Bernstein y Los Protocolos Críticamente Iluminados, de Benjamin Segel). Pero, como dijo la venerable Hadassa Ben-Itto cuando publicó su titánico trabajo, luego de cumplir ochenta años: “Quizás equivocamos el camino, y hubiera sido más eficaz revelar la falsedad de los Protocolos a través de los pasquines de la época, anónimamente. Es triste reconocerlo, pero el antídoto contra ciertos venenos sólo puede obtenerse del veneno mismo”.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-138865-2010-01-22.html

“Mi lucha”, de Hitler, es un éxito en Japón

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La vida de un Adolf Hitler de estética manga en la adaptación de “Mein Kampf” (“Mi lucha”) al popular formato de cómic japonés levantó estos días la polémica en la red y disparado, a la vez, las expectativas de ventas de la editorial.
Según Kosuke Maruo, el editor de esta versión, “la intención es que un libro tan famoso como ese sea accesible y que la gente lo lea más fácilmente”, aunque matiza: “No queremos hacer apología de unas ideas que condujeron a una tragedia, sino que cada uno se forme una opinión”.
Maruo admitió que, cuando el diario Asahi se hizo eco del éxito de la adaptación del libro de Hitler, recibieron correos electrónicos pidiendo la retirada del manga, argumentando que no es bueno que se publique esa obra con el formato favorito de los niños.
Desde su publicación el pasado noviembre, las ventas de ese relato autobiográfico de Hitler se dispararon en los primeros seis meses en el mercado y ya superan los 50.000 ejemplares, por encima de las previsiones iniciales de la editorial East Press.
En las páginas de venta on-line de Japón, los internautas se muestran mayoritariamente favorables a su publicación, como quien asegura que “es bueno conocer el hecho para no repetirlo”, mientras otro opina que “no lo habría leído si no fuera ilustrado”.
“Mein Kampf” superó en ventas a otros mangas de la misma colección, como “La metamorfosis” de Franz Kafka o “El mercader de Venecia” de William Shakespeare, aunque no ha alcanzado la popularidad de la obra de otro germano, “El capital”, de Karl Marx, que ha vendido 120.000 ejemplares.
El libro está prohibido en Alemania desde la caída del régimen nazi aunque en 2015 el Ministerio de Finanzas del Estado de Baviera, que retiene los derechos del manifiesto de Hitler, perderá la potestad para evitar su reproducción.
Maruo se ha encargado de compilar la historia de la fundación del Nacionalsocialismo, la llegada de Hitler al poder y el genocidio cometido durante su mandato en un manga de 190 páginas para dar una visión “humana, a pesar de que fue un monstruo”, según asegura.
Con trazos en blanco y negro y una estética muy similar al manga japonés de corte realista, recuerda la transformación del joven Hitler en un líder de masas y un genocida responsable de la muerte de millones de judíos durante una guerra en la que Alemania fue aliado de Japón.
El manga, un formato de gran popularidad en Japón, ha sido desde hace siglos una manera muy extendida de extender la cultura y contar historias a través de viñetas.
Esta no es la primera vez que la obra de Hitler genera debate en Japón, donde desde 1973 existe una edición de bolsillo.
Hace diez años, la Embajada alemana pidió a la editorial de esa traducción de “Mein Kampf” que dejara de publicarla, pero en virtud de la Convención de Berna para la protección de las obras literarias, Japón puede publicar obras extranjeras anteriores a 1970 si no se tradujeron en los primeros diez años de su lanzamiento.
Además, en 2004 se intentaron exhibir acuarelas del dictador alemán en Tokio, algo que generó tanta controversia mundial que obligó a la suspensión del evento.