Lo secular como continuidad de lo religioso

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Por: Darío Sztajnszrajber

A contrapelo de las lecturas habituales en torno a la secularización, este fenómeno puede ser también interpelado desde la idea de continuidad de lo religioso y no tanto desde la ruptura generada por las instituciones humanas. Así, “secularizar” apuntaría más a los modos en que categorías religiosas que se pretenden excluidas del mundo moderno, siguen ejerciendo su dominio conceptual. La premisa propuesta por el autor pasa por entender que la dimensión de la creencia tiene que ver con lo que permanece abierto, en estado de pregunta.
El fenómeno de la secularización puede ser interpretada de dos maneras diferentes. Se suele hablar de secularización como el proceso por el cual se va desplazando la autoridad del discurso religioso basado en el acto revelatorio, hacia la producción de sentido y orden por parte de las instituciones humanas. Secular es un término que proviene de la palabra siglo, lo que sucede en el siglo, como opuesto a lo que sucede en el “cielo”, por fuera de los siglos terrenales. Así, lo secular fue siendo cada ve más sinónimo de racional, como opuesto a lo eclesiástico. Secularizar la salud, por ejemplo, pasó a significar independizar la medicina de todo rasgo religioso dogmático y circunscribirla solo al arbitrio de la ciencia.
Donde más se propagó el término fue en la constitución de los estados nacionales modernos, esto es, en la política. ¿Debía o no debía la Iglesia seguir teniendo poder frente a las nuevas formas de organización de los estados nacionales? La secularización del Estado se convirtió en una bandera de la lucha contra la institución religiosa.
La Modernidad pudo ser definida en ese contexto, como secularización, ya que implicó en tanto nueva imagen del mundo, la construcción de un sentido que nada tuvo que ver con las tradiciones anteriores. Es más, la misma idea de modernidad era una idea que se peleaba con el concepto de tradición. Si tradición remite a lo transmitido –algo típico en las instituciones religiosas- lo moderno al contrario, se lleva mejor con la idea de novedad y ruptura, esto es, con la puesta en el ser de algo radicalmente nuevo. Si el pasado está basado en el respeto a la autoridad, al dogma y a la fe, el futuro está estructurado desde la investigación, la crítica y la razón: otra vez religión y ciencia como dos modelos antagónicos. La idea de una Modernidad que rompe con el pasado y se construye hacia el futuro es la idea arquetípica de una modernidad triunfante. ¿Pero es así o se puede pensar todo esto de otro modo?
Hay otro modo de pensar la cuestión de la secularización que es más a través de la idea de continuidad y no tanto desde la ruptura. Obviamente no se trataría de una continuidad literal, sino de una continuidad donde ciertos elementos permanecen presentes mientras otras se transforman. Una resignificación o reinterpretación de los mismos textos, problemas, ordenamientos. Si venimos habituados a pensar lo secular como lo opuesto a lo religioso, según esta segunda lectura, se trataría de entender lo secular como lo religioso pero reformulado a los nuevos tiempos, donde algunos elementos desaparecen aunque los fundamentales permanecen pero sin exponerse. Por ejemplo, ya no sería la ciencia un paradigma del saber opuesto al religioso, sino que podríamos encontrar cómo en la ciencia moderna perviven cuestiones religiosas. O del mismo modo, podríamos encontrar en el origen del capitalismo una clara presencia de motivos cristianos –según el famoso análisis de Weber-, o incluso toda la ética secular y racional no sería otra cosa que las formas en que la ética bíblica se nos presenta como si ya no tuviera nada que ver con su proveniencia religiosa. Carl Schmitt sostenía que todos los conceptos de la política moderna no son más que categorías teológicas secularizadas. Está claro que aquí “secularizar” apunta más a los modos en que antiguas categorías religiosas que se las pretende ya excluidas del mundo moderno, continúan presentes ejerciendo su dominio conceptual.
Es muy visible esta lectura de la secularización en la pervivencia de ritos seculares que mantienen en realidad su base en una impronta religiosa, desde el matrimonio hasta el festejo de Navidad. Es evidente que no se necesita creer en los dogmas de la Iglesia católica ni cumplir con la normativa judía para celebrar Navidad o Pesaj. Se celebra otra cosa: el amor en el caso de la Navidad, la libertad en el caso de Pesaj. Estos valores trascienden cualquier sistema de creencia, aunque la tradición indique cuáles son las formas de organizar el festejo. Del mismo modo el rito del matrimonio religioso, por fuera del civil, sólo tendría sentido en un marco normativo, y sin embargo muchos se casan en una Iglesia más allá de su observancia religiosa.
Si así fuera, habría que reformular todo el planteo de base y con Vattimo entender a la Modernidad como una resignificación del cristianismo, o peor, como un hecho interno del cristianismo. Para Vattimo el cristianismo ya lleva en sus fuentes sagradas una clara vocación secular, ya que toda la historia que le da origen –la historia de Jesús- no es más que un llamado al abandono de la violencia: Jesús es amor; Jesús se pelea contra el poder normativo; toda la Biblia es un “texto” a ser interpretado; Dios mismo en su segunda persona es verbo, o sea, palabra, o sea interpretación; Dios decide renunciar a sus atributos para hacerse hombre. El carácter abierto de sus textos generó una primacía de la Iglesia que no quiso despegarse de una metafísica natural desde la cual sentenciaba toda normativa; pero para Vattimo en la medida en que se relean los textos retornando a otros de sus sentidos posibles, también será posible visualizar los modos en que la cultura moderna fue prosiguiendo con el espíritu cristiano. La conclusión sería que hay una vocación cristiana hacia el amor y la libertad en la cultura moderna que responde también a sus fuentes originarias tanto como aquella más dogmática de la Iglesia.
Pero si el mundo secular es la continuación del mundo cristiano, si la razón –según la expresión de Rousseau- es la “diosa razón” y hasta si toda la producción científica podría en el marco de la acción justificatoria previa de un paradigma que excede la prueba empírica y la argumentación racional, ¿no seríamos entonces todavía religiosos?
Sí, pero la clave está en diferenciar, como en todo, aquello que emancipa a lo humano de aquello que lo condena. La religiosidad puede favorecer tanto al ejercicio de nuestra libertad como del poder y el sometimiento más absoluto.
De alguna manera, el retorno de lo religioso en nuestros tiempos supone repensar la relación entre fe y razón. Martin Buber diferenciaba dos modos de la fe, donde si por un lado hay una fe en cierta trascendencia, por otro lado hay una fe que se expresa mejor en la noción de confianza y que no implica ninguna cuestión sobrenatural. Hay una confianza básica en todo aquello que nos rodea, en la creencia fundada pero también infundada en que las cosas funcionan. Incluso si nuestro entendimiento puede demostrar las razones de cualquier entidad, sin embargo hay un primer sentido que escapa a lo racional y que implica cierto acto de fe, de donación de confianza. Resulta medio raro plantearlo de este modo, pero aún cuando observamos algo –cualquier cosa- con la vista, estamos confiando en que los ojos funcionan y que nos brindan un conocimiento fiable. Del mismo modo confiamos en nuestros padres cuando somos niños o en las verdades que aprendemos en la escuela. Y del mismo modo podemos afirmar que toda la producción de saber de una época responde a ciertos principios fundantes que no necesariamente se basan en los mismos criterios de justificación. O sea, no es la vista la que me justifica que mi vista vea, ¿pero entonces por qué pensar que nuestra razón se justifica a si misma? ¿No hay algo previo? ¿No hay, en definitiva, una donación de confianza a los criterios que dan sentido a las cosas? ¿No estoy primero confiando en la razón, los sentidos, Dios, o lo que sea para después aceptar sus códigos? ¿Y esa confianza en qué se basa, cómo se justifica a sí misma? ¿O habría que aceptar que en el fondo, no hay fondo?
Este segundo modo de la fe tal vez nos abra otra manera de relacionarnos con lo religioso, por fuera del paradigma de lo que Heidegger llama la metafísica de la presencia. Esto es, por fuera de la idea de una verdad objetiva y estable. Tal vez de lo que se trate es de desligar lo religioso de lo verdadero, y entender que la dimensión de la creencia justamente tiene que ver con lo que permanece abierto, en estado de pregunta. Si hubiera verdad, ¿para qué creer? ¿No es la creencia aquello en que todavía no puedo creer? ¿Pero entonces de qué hablamos cuando hablamos de creencia? ¿Qué es creer?
Vattimo cuenta que una vez un amigo lo llamó por teléfono y le preguntó si aun creía en Dios. Lo pensó y finalmente le respondió: “Creo que creo”. Tal vez mucho de lo religioso hoy día se juegue en el desplazamiento de este segundo “creer” al primero. Nada es definitivo…

‘Nazificación de Israel’, Antisemitismo soviético y antisionismo de izquierda.

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Extraído de מילים
Por Jaume Bertrán
Hace un año y medio, en Noviembre del 2010, tuve la ocasión de asistir a la presentación del festival Internacional de cine  ‘Memorimage’ en la ciudad de Reus (Tarragona). La película que abría la programación y centraba mi interés era ‘A Film Unfinished‘ de la directora israelí Yael Hersonski, cuya trama se centraba en el análisis de un documental de la propaganda nazi sobre el Gueto de Varsovia. El momento más tenso se produjo al final del acto, durante el turno de preguntas y respuestas, cuando uno de los asistentes del público le preguntó con sorna y cinismo a Yael si también pensaba grabar una película sobre los ‘guetos’ palestinos de Gaza. Ante semejante demonización de Israel y banalización del Holocausto no espere ni a escuchar la respuesta de la joven directora israelí, me fui del acto con un cabreo considerable.
Esta anécdota personal a modo de introducción es sólo un ejemplo de la popularidad que ha adquirido en los últimos años la ‘nazificación’ de Israel y la comparación de los palestinos de Gaza y Cisjordania con las víctimas judías del Holocausto entre la opinión pública europea, especialmente a partir del estallido de la conocida como ‘II Intifada Palestina’ en Septiembre del 2000. En este sentido, podríamos recordar las declaraciones de todo un Premio Nobel de Literatura como José Saramago en las que comparaba la ciudad palestina de Ramallah con Auschwitz o con el Gueto de Varsovia, el populismo anti-israelí de la alcaldesa Susana León Gordillo de Ciempozuelos (Madrid) con su decisión de cambiar los actos en recuerdo del Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto (27 de Enero) por una comemoración del supuesto ‘genocidio palestino’ en el año 2007, las pancartas de los manifestantes seudo pacifistas en las que se compara a Israel con los nazis y se denuncia un supuesto genocidio del pueblo palestino a manos del Tsahal, o las pintadas visibles en muchos campus universitarios españoles en las que se equipara la Estrella de David a la esvástica nazi.
Pintada visible en el campus universitario de Cartuja durante varios meses del año 2009 en la que se equipara la Estrella de David judía con la esvástica nazi.
Aunque de entrada pueda parecer sorprendente, el hecho de que la ‘nazificación’ de Israel sea especialmente popular en círculos de izquierda tiene su lógica ya que estos colectivos se han limitado a una aceptación acrítica de este líbelo antisemita y anti-israelí de la propaganda soviética. De hecho,  es conocida la vieja fobia doctrinal de los marxistas rusos hacía el Sionismo y hacía cualquier otro movimiento que pusiera énfasis en la particularidad o nacionalidad del pueblo judío, como los socialistas del Bund, desde antes incluso de la revolución de Octubre del 1917. En este sentido, el profesor Joan B. Culla cita oportunamente las declaraciones del dirigente comunista Georgii Plekhanov, que describió a los bundistas, defensores de una autonomía cultural judía en una futura Rúsia socialista sin base territorial pero basada en la cultura Yiddish, como “sionistas que tienen miedo a marearse“.
Con estos precedentes, a ningún lector debería sorprenderle que el antisemitismo fuera una constante en la política del novel estado soviético, aunque con altibajos, sin llegar a alcanzar la centralidad que alcanzó en el discurso político nazi en la Alemania del Tercer Reich y negado sistemáticamente por los dirigentes de Moscú gracias al disfraz del antisionismo. En efecto, en la propaganda soviética el movimiento Sionista era convenientemente presentado como un movimiento nacionalista, elitista, burgués y por tanto contrario a los intereses de la clase obrera tanto gentil como judía. El propio Lenin, el padre de la Revolución de Octubre de 1917, llegó a decir que la idea de una nación judía era reaccionaria:
“La idea de un pueblo judío separado es reaccionaria políticamente e insostenible científicamente”. (la situación del Bund en el partido, 1903).
Así, la judeofobia disfrazada de antisionismo existente durante las purgas de Stalin en los años 20-30 volvió a resurgir con fuerza tras el paréntesis de la II Guerra Mundial, a finales de los años 40 e inicios de los 50, al calor de la consolidación de la dictadura estalinista tanto a nivel interno como internacional durante los primeros años de la Guerra Fría. Unos ejemplos de la vuelta al negro pasado antisemita son la disolución del Comité Antifascista Judío y el asesinato de su director, el dramaturgo Solomon Mijoels, en 1948; la campaña antisemita orquestada en Checoslovaquía con la condena y ejecución de Rudolf Slansky y de otros 14 miembros de la dirección del Partido Comunista de ese país (once de ellos judíos); o los planes de deportación de los hebreos soviéticos a Siberia tras el conocido como ‘Complot de las Batas Blancas‘ dirigido supuestamente por el ‘Sionismo internacional’ contra Stalin en 1953.
Al calor de estas oleadas antisemitas en su política interna, de un enfriamiento de las relacines diplomáticas con el gobierno laborista de Ben Gurion y de un paulatino acercamiento a las dictaduras nacionalistas árabes de Egipto y Siria en su polítca exterior, durante los últimos años de la dictadura Estalinista y el mandato de su sucesor, Nikhita Khruschev (1953-1954), la propaganda soviética recuperó la vieja idea de la conspiración judía mundial de los protócolos de los Sabios de Sión e insistió en presentar a todo judío como un espía o un agente participante en una conspiración judeo-sionista mundial en contra de la URSS y en beneficio del capitalismo, del imperialismo estadounidense, del Sionismo y del Estado de Israel. Estas ideas fueron activamente difundidas en los medios de comunicación o en las obras de propagandistas como Trofim Kichko, conocido como el Alfred Rosenberg soviético. Sus dos obras antisemitas más conocidas son ‘Judaism Bez Prikas‘ (Judaísmo sin barniz), publicada por la Academia de Ciencias de Kiev en 1963, y ‘Sionismo y Judaísmo‘ publicada también por dicha academia en 1968. En ambos panfletos, escritos en lengua ucraniana, Kichko escribe perlas antisemitas dignas del antisemitismo Nazi. He aquí un ejemplo:
“In humiliating working people, the Talmud at the same time glorifies persons of wealth; in downgrading agriculture, it praises trade and usury.
According to the Talmud, even the prophet Moses made a fortune through trade machinations which he practiced by speculating with community property. “Moses grew rich by selling pieces of sapphire which broke off during the cutting of the stones for the Ten Commandments,” says the Talmud.
The Talmud morally corrupts people, instilling in them the spirit of commerce and extortion. An example of practitioners of extortion are the priests themselves, the teachers of the law—the rabbis, who supervise adherence to the religious prescriptions which permit common people “to be cleaned like fish.
A finales de los años sesenta y la primera mitad de los años setenta, en el contexto de las Guerras de los Seis Dias (Junio de 1967) y del Yom Kippur (Octubre del 1973), la conjunción entre marxismo clásico, las teorías del anti-imperialismo leninista y el tercermundismo influido por el Panarabismo de Nasser, el movimiento de los No Alineados, la Guerra del Vietnam y la independencia de Argelia, consolidó la idea de la conspiración judeo-sionista mundial de la propaganda soviética en la mayor parte de las corrientes de la izquierda europea y occidental. En efecto, entre los universitarios y la intelectualidad progresista nacida del Mayo del 1968 hizo fortuna la idea de un Israel belicista, expansionista y tentáculo del imperialismo estadounidense en Oriente Medio frente a una visión de los aliados de la URSS (La OLP y las dictaduras nacionalistas árabes de Egipto, Siria e Iraq) como potencias revolucionarias y en vanguardia de la lucha antiimperialista por los derechos de los pueblos oprimidos del Tercer Mundo. A partir de ese momento -y parafraseando al profesor Joan B. Culla- junto al poster o la camiseta del Che Guevara irrumpió con fuerza como prenda reivindicativa de muchos jóvenes de izquierda el Kefieh o pañuelo palestino.

El che Guevara y la iconografía palestina: dos símbolos de la confluencia en la izquierda del marxismo, el antiimperialismo leninista y el tercermundismo desde finales de los años sesenta.
Si hasta ese momento la propanda antisionista soviética se había limitado a copiar los mitos de la vieja judeofobia tradicional zarista (especialmente la idea de conspiración judía mundial) pero adaptándola a los nuevos tiempos, a inicios de los años setenta, los dirigentes de Moscú dieron un paso más en la legitimación del odio y pusieron su granito de arena en la creación de un nuevo mito antisemita: la conspiración judeo-nazi durante la II Guerra Mundial con la finalidad de llevar a los kibbutzim de palestina a los judíos europeos útiles y deshacerse de los inútiles, de los ancianos, de los niños o de los que no mostraban simpatia con el Sionismo. En conclusión, si los sionistas colaboraron con los Nazis durante la II Guerra Mundial en el exterminio de su propio pueblo, el Sionismo es el heredero del Nazismo y, por tanto, es un movimiento ideológicamente racista y fascista, comparable por ejemplo a la Suráfrica del Apartheid.
 Este nuevo libelo, al igual que el resto de la propaganda antisemita camuflada de antisionismo, encontró un ámplio eco en los medios de comunicación y en las publicaciones oficiales soviéticas y de los satélites de Moscú.  Sirva de ejemplo el siguiente fragmento de un ensayo de Anatoly Kudof sobre Sionismo y Nazismo, publicado en Enero de 1971 en la revista moscovita ‘Literaturnaia Rossia‘, donde se recogen unas supuestas declaraciones del Presidente del Movimiento Sionista, Jaim Weizmann, a los miembros de la Comisión Peel en 1937:
 ”¿Saben ustedes [se pregunta retóricamente Kudof en imaginario diálogo con sus lectores] lo que este idealista [Jaim Weizmann] le contestó a la Real Comisión Británica cuando le preguntaron sobre la posibilidad de enviar seis millones de judíos de Europa Occidental a Palestina para salvarlos del terror nazi? Lean atentamente este credo de los sionistas: ¡No! ¡Que perezcan los viejos. Son polvo, el polvo económico y moral del gran mundo .
 La Nazificación del Sionismo tenía un doble objetivo: en clave interna soviética justificar ante la población las medidas represivas del Kremlin contra los judíos y en política internacional convertir a Israel en un paria internacional. Y estuvieron a punto de conseguirlo: el día 10 de Noviembre de 1975, gracias al voto de los países del mundo árabe-islámico, de los países del bloque socialista y de algunos países africanos del bloque de los no alineados, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por 72 votos a favor, 35 en contra y 32 abstanciones (entre ellas, la de España), la resolución 3379 que consideraba la “ideología sionista como una forma de racismo y de discriminación racial“. Como acertadamente indica el profesor Joan B. Culla, el objetivo de la misma no era la crítica a la política de un determinado gobierno israelí sino deslegitimar de raíz las bases doctrinales del Sionismo y de la existencia de Israel. No es casualidad que dicha resolución siguiera vigente hasta los últimos estertores de la Guerra Fría, hasta mediados de Diciembre de 1991, cuando fue anulada con la aprobación de otra resolución, la 4686, en la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Los aparatos de propaganda soviéticos impulsaron la rápida difusión de este libelo (y del resto de su propaganda antisionista) en los países árabes con un notable éxito. De hecho, dos décadas después del fin de la Guerra Fría y de la desintegración de la URSS, los mitos de la Nazificación de Israel y de la conspiración judeo-nazi, unidos a una postura banalizadora o abiertamientamente negacionista de la Shoah, siguen teniendo una gran influencia en la opinión pública de esos países y han inspirado concursos de dibujos, canciones, congresos negacionistas (como el organizado por el presidente Mahmoud Ahmadineyad en Diciembre del 2006), tesis doctorales como la de Mahmoud Abbas, centenares de artículos, caricaturas de prensa o contenidos de programas de radio-televisión como este de Al-Aqsa TV, canal televisivo vinculado al Hamas:
Volviendo nuevamente a Europa, tras la Guerra del Yom Kippur (octubre de 1973) y la crisis del económica provocada por el boicot de los países árabes, la visión pro palestina del conflicto asumida por la izquierda también es aceptada en muy buena medida por la diplomacia europea -con Francia a la cabeza- especialmente a partir de la celebración de la Primera Cumbre del Diálogo Euro-Árabe en Rabat en 1974. En pocos años, años, la OLP ganó respetabilidad entre la opinión pública occidental y su presidente, Yassir Arafat, fue recibido con honores de jefe de estado por líderes europeos como el Primer Ministro austriaco Bruno Kreisky, el presidente del gobierno español Adolfo Suárez o su colega francés, el Presidente François Mitterrand. Sin embargo, pienso que estos factores por si solos no explican la popularidad que ha conseguido en estos últimos años la ‘Nazificación’ de Israel en nuestra opinión pública e incluso en nuestra prensa, revistas y medios de comunicación en general.  Me da la impresión de que detrás de esta idea de presentar como los ‘nuevos nazis’ a los supervivientes del Holocausto y sus descendientes israelíes se esconde una tentativa -quizás inconsciente- de exorcizar la culpa europea por el antisemitismo y el Holocausto. En palabras de la periodista Pilar Rahola:
“Con su adscripción maniquea y acrítica al victimario palestino, Europa se exorciza de su propia culpa, la niega hasta hacerla desaparecer. Ya no se trata de ser indiferente como recriminaba Broch. Ahora se trata de ser el dedo acusador, linda manera de dejar de ser culpable…”

Ahmadinejad ya está acabado???

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Meir Javedanfar, analista de Medio Oriente, le aseguró a Infobae América que la relación Irán-Venezuela se debilita. Además, evaluó el rol de Teherán en la represión siria y advirtió sobre el poder de Ali Khamenei

El experto, de origen israelí pero criado en Irán, explicó por qué las sanciones económicas siguen siendo la mejor herramienta para debilitar al gobierno iraní y sus ambiciones nucleares. “Son un peligro existencial, algo que no pueden ignorar”, señaló.

Advirtió que una guerra civil en Siria abriría las puertas para un ataque iraní contra Israel. “¿Quién lo va a parar si no hay Estado responsable?”, se preguntó.

– ¿Qué puede esperarse de la nueva promesa iraní de discutir su plan nuclear?

Es difícil de prever la posición que tendrá Irán. Lo que sabemos es que está bajo presiones muy fuertes y podemos esperar que responda las preguntas de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). Pero antes que todo, si quiere demostrar que es serio, debe detener el enriquecimiento de uranio en la planta de Fordo, donde lo están haciendo al nivel del 20 por ciento. No estamos hablando de una solución, sino que sería un primer paso muy positivo.

– Hay informaciones que advierten sobre la posibilidad de que Irán construya una bomba nuclear pronto. ¿En ese contexto siguen siendo útiles las sanciones diplomáticas y económicas?

No están cerca de construir una bomba. Irán ni siquiera está trabajando en ella ahora. Según reportes de la inteligencia estadounidense y de la israelí, está construyendo materiales e infraestructura que algún día podrían ser usados para fabricarla.

– ¿Entonces las disposiciones contra Irán aún pueden generar resultados positivos?

Claro. Esto recién empezó, hay que tener un poco de paciencia. Hay que tener una estrategia triple. Una es aislar al gobierno iraní con las sanciones, como está sucediendo ahora. Otra es conversar con las autoridades iraníes; es importante dejar abierta la puerta de la solución pacífica. Y por último hay que acercarse al pueblo iraní; esa es una inversión que la comunidad internacional tiene que hacer porque eso va a debilitar la posición de los extremistas.

– ¿Cómo debería ser ese acercamiento?

A través de un intercambio con los profesores iraníes, obligando al régimen a respetar los derechos humanos, apoyar a quienes están encarcelados por sus ideas políticas. Es importante dialogar con el pueblo, se deben crear organizaciones para ello y mostrarles que Israel no está contra ellos sino contra las autoridades de Irán.

– Si Israel finalmente atacara a Irán, ¿qué escenario se debería esperar en Medio Oriente?

El de una región muy inestable. Este jueves salió un reportaje en el que se afirma que un ataque lo va a demorar sólo seis meses. Creo que hay demasiada atención puesta sobre la opción militar cuando Irán puede vivir sin su programa nuclear pero no puede hacerlo sin su economía. Las sanciones son un peligro existencial para el régimen iraní, es algo que no pueden ignorar.

– El aumento de la presencia iraní en otros países de Medio Oriente ¿forma parte de una eventual estrategia ofensiva o responde a otras políticas de Mahmoud Ahmadinejad?

Para el gobierno iraní es una inquietud que ataquen su plan nuclear, pero es una preocupación mucho más grande lo que sucede en Siria, por eso está creciendo su nivel de apoyo a Bashar Al Assad. Si cae el régimen sirio, va a ser muy difícil proveer de armas a Hezbollah y eso debilitará militarmente a Irán. Los aviones iraníes no pueden aterrizar en Beirut, sí pueden hacerlo en Damasco y por tierra también, hasta Líbano. Por eso está apoyando al gobierno sirio a pesar de que eso constituye un daño terrible para la posición iraní en Medio Oriente, porque la región puede ver, sin ninguna ayuda de Israel o de los Estados Unidos, que Irán está con los que abusan los derechos humanos.

– Ahmadinejad quedó debilitado tras las elecciones legislativas y comienzan a sentirse las consecuencias de las sanciones en la economía interna, ¿eso puede llevarlo a que emprenda demostraciones de poder?

Él no haría eso y tampoco tiene el poder para hacerlo. Ahmadinejad ya está acabado. Es un desperdicio de tiempo analizar lo que pueda hacer porque es débil. No hay que desperdiciar tanto tiempo en él. Lo más importante es el líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei.

– Usted había asegurado que la enfermedad de Hugo Chávez debilitaría la presencia iraní en América Latina, ¿cree que la gira que realizó a fines del año pasado Ahmadinejad en la región fue para buscar un “reemplazante” del mandatario venezolano?

Podemos ver que los vuelos entre Irán y Venezuela ya desaparecieron. Chávez le pidió al presidente iraní que cancele 290 millones de dólares de deuda y no lo hizo. Hay relaciones entre ambos porque Irán tiene grupos especiales en territorio venezolano, pero el nivel de relación no es lo que era antes. Y si se va el mandatario venezolano, van a ser más los problemas.

– ¿Y esa relación no puede ser buscada en otro lado? ¿En Cuba, Nicaragua o Ecuador, por ejemplo?

Nadie puede ofrecerle a Ahmadinejad lo que le ofrece Chávez. Esto es la oportunidad económica. Irán necesita dinero, no puede vivir de los abrazos de Hugo Chávez. La cantidad de fondos que tiene Venezuela por su petróleo ningún otro país de la región lo tiene.

– ¿Ahmadinejad construyó ante el mundo una imagen de líder más fuerte de lo que realmente es?

Siempre fue débil e inseguro y para compensar ese complejo que tiene por haber sido elegido solamente por el apoyo de Khamenei, siempre está intentando dar una imagen más temeraria de lo que es. Él quiere tener una imagen como la de la esfinge en Egipto, de alguien poderoso. Pero la verdad es que no es nada más que una imagen.

– Muchos analistas coinciden en que la intervención militar en Siria no se va a concretar y que va a producirse una guerra civil, ¿cuál es su opinión al respecto?

Es posible que lo que sucedió en Líbano en los años 80 pase en Siria en 2012. Por tanto, tenemos que estar preocupados. Hoy el Gobierno está violando los derechos humanos de los sunitas, los está asesinando. Algún día podemos llega a ver matanzas de alauitas. Y si llega a suceder, Irán no va a perder la oportunidad de estar involucrado, porque puede usar el caos para atacar a Israel desde el territorio sirio. ¿Quién lo va a parar si no hay Estado responsable? Creo que entre las opciones factibles, lo menos malo que podría pasar si cae Al Assad es tener un gobierno de los Hermanos Musulmanes que por lo menos sea estable. Nos gustaría más un Estado secular, pero no lo veo posible. Caos es el peor escenario para Israel y Medio Oriente.

– ¿Cómo analiza el rol de Rusia y de China, que están apoyando a Siria desde el Consejo de seguridad de la ONU?

Creo que los dos países están cometiendo un error histórico que les costará mucho. Si cae Al Assad van a perder, especialmente los rusos, mucha de su influencia en Medio Oriente. Deben presionar más al régimen sirio.

Extraído de Diario Infobae.com

Goebbels con internet

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¿Qué habría hecho Goebbels, el feroz evangelista del nazismo, si hubiera dispuesto de televisiones por satélite e internet? ¿Es decir, cuánta más eficacia en su propaganda violenta habría conseguido? Sin duda la capacidad planetaria de las autopistas de la comunicación habría sido una imponente herramienta para Goebbels, el hombre que esculpió para la historia la idea de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Su imperio de falsedades y populismo descarnado fueron la base del asesinato masivo de millones de judíos. Y también el fundamento de la seducción que el nazismo produjo en millones de alemanes.

Pero Goebbels no vivió en la era de internet y, aunque su eficacia fue letal, aún habría sido mayor si hubiera dominado los nuevos medios de comunicación. Quizás habría conseguido a miles de papanatas por el mundo, seducidos por su verbo atroz. El de Goebbels o el de cualquiera de los dictadores que hundieron al siglo XX en sus abismos más oscuros, entre ellos, por supuesto, el otro gran asesino de la historia reciente, Josef Stalin. Por supuesto internet presenta la otra cara de la moneda, y su uso por parte de las víctimas también es una gran vía de escape y, a veces, incluso una herramienta definitiva. Ahí están los blogs de disidentes cubanos o iraníes, o la Facebook Revolution de las primaveras árabes, aunque fueran una llamita de libertad que está languideciendo peligrosamente. Pero a pesar de la fuerza libertaria de estas nuevas y formas de comunicación, también son la herramienta más poderosa que ha tenido nunca la ignorancia, la intolerancia y la opresión.

Bien lo sabe Ahmadineyad, que acaba de inaugurar una televisión por satélite en castellano para poder vehicular su propaganda a los 500 millones de hispanohablantes. Hispan TV se llama el engendro y ha sido bautizado por los padrinos de la Internacional tragicómica, los llamados bolivarianos, sin permiso de Bolívar. Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia aplaudieron los primeros pasos del chiismo integrista en la lengua de Cervantes y así hicieron su enésimo homenaje a la diosa de la estupidez. Ya he escrito en otras ocasiones del esperpento ideológico que puede llevar a conciliar a las pseudorevoluciones chavistas con el fundamentalismo islámico, pero la extrema izquierda, iqual que la extrema derecha, siempre tiende al esperpento. Y no olvidemos que el islamismo y los bolivarianos se encuentran en el mismo odio a los valores de la libertad. De la manita, pues, de estos aprendices de brujo, el chiismo violento intenta instalarse en el imaginario hispano, especialmente en el sudamericano, donde ha encontrado tierra abonada para su germen. De hecho, es el lugar donde más está http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20120202/54248230616/pilar-rahola-goebbels-con-internet.htmlproyectando su siniestra sombra. Lo peor no es que el totalitarismo puede potenciar su propaganda con impunidad. Lo peor es que probablemente no nos importa.

http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20120202/54248230616/pilar-rahola-goebbels-con-internet.html

Fronteras

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Está lejos y en este momento hace frío. Hablan otra lengua, usan otro alfabeto. Leen y escriben de derecha a izquierda. Están en guerra, aunque no parezca. Son expeditivos a primera mirada y –si se quiere– hasta cortantes. Pero pueden ser inmensamente cálidos. Viven en medio de parajes recargados por milenios de significados cambiantes que sin embargo son reiterativos.

De regreso aquí tras una larga década, las transformaciones que percibo son clamorosas, pero la continuidad de muchos sentidos se resiste a ser quebrada. Vuelvo a Israel y hago esfuerzos por mirar sin demasiadas concesiones a los sentimientos. Pero, de nuevo, disciplino también mi autoimpuesta impavidez profesional para no aplastar enfermizamente mis emociones.

Desde mis primeras incursiones en aquel Israel soleado de 1985 hasta este 2011 cruzado por la amenaza real de un Irán nuclear y bélico, ha transcurrido un cuarto de siglo durante el cual esta nación geográficamente breve peleó guerras y sufrió, como no podría ser de otra manera, el impacto empobrecedor que provoca en toda sociedad el trepidante taladro de los tambores de guerra. En el poder, sólo queda de la generación fundadora el casi octogenario Shimon Peres, al que vi aquí, en la conferencia realizada en Herzlía sobre paz y seguridad en Israel, un acontecimiento impresionante que congrega centenares de estudiosos y tomadores de decisiones de todo el mundo. Podría ser desmentido si es que hubo algún connacional encubierto, ¡pero qué sensación agridulce patrullar tamaño evento como único argentino y latinoamericano en la muchedumbre!

Lo que sobrecoge de Israel es su inmensa y vigorosa vitalidad. Muchas hipótesis pueden avanzarse, en procura de entender sus colosales logros en ciencia, tecnología y calidad de vida con consignas simplistas (el vital apoyo norteamericano, el desplazamiento de las poblaciones árabes). Pero los estribillos no sirven para nada, las consignas sólo son un pasaporte a la esterilidad. Israel puede deberles mucho a diversos factores “exógenos”, pero sus logros excluyentemente propios son abrumadores. Llegué a la conclusión de que ni siquiera importan; antes bien, lo que me seduce sin eufemismos son las maneras, los modos; en resumen, la forma y la arquitectura con la que este pueblo vive su compleja, fornida y a menudo atormentada existencia.

En el Parlamento israelí (la Knésset), hay fascistas judíos y fundamentalistas islámicos. Comunistas árabes y trogloditas hebreos. País que vive en un contexto de inmensa diversidad de opiniones, hay ciertamente una derecha agresiva y odiosa; pero también baluartes de libre pensamiento e irreductibles trincheras de sensibilidad y sofisticación contemporánea. Cuando desembarco cada noche en mi habitación de hotel junto al Mediterráneo, exhausto tras una larguísima jornada, la televisión me ofrece le ametralladora visual de la región en la que se halla Israel, con su sucesión interminable de muertos, balas, represión, gritos y manifestaciones multitudinarias de gente airada y vociferante, frontalmente atacada por fuerzas represivas que disparan sin tartamudear. Es posible que la (audazmente bautizada) “Primavera árabe” genere algún día en el futuro una vida mejor para esas desgraciadas naciones plagadas por dictaduras y autoritarismos eternos, pero ésa es –apenas– una conjetura optimista.

¿Pobreza, exclusión, desigualdades en Israel? Claro, y mucho, qué duda cabe. Cuando el año pasado centenares de miles de personas ocuparon las calles de Tel Aviv para pedir justicia social, educación más accesible y vivienda, lo que el gobierno de Netanyahu (bien de derecha) hizo fue escuchar, prestar atención y preparar soluciones. Quienes gobiernan este país son hoy una coalición bastante desagradable de neoliberales ordinarios, nacionalistas densos y religiosos tradicionalistas, pero las masas se manifestaron en paz y se hicieron escuchar. Nadie las reprimió. Y los cambios se precipitarán, porque ésta es una democracia vibrante. No conozco otro país en el mundo donde haya más libertad de expresión y prensa que éste.

Los críticos judíos de Israel deploran (con razón) la inexistencia del matrimonio civil, pero en ningún país del mundo hay más igualdad de derechos para los homosexuales que en éste, incluidas las legendarias Fuerzas de Defensa de Israel (Tsáhal), donde nadie pregunta nada sobre lo que se hace en la cama, ni nadie debe contar lo que hace con su vida afectiva. En éste, como en otros sentidos, percibo en este Israel de 2012 una sociedad intensamente contemporánea, porque hasta la religiosidad intolerante de su influyente minoría ortodoxa es en todo el mundo un rasgo de los tiempos que vivimos. Pero, a diferencia de las monarquías, satrapías y teocracias prevalecientes en toda la región, Israel es un mosaico en todo sentido, un entretejido donde prevalecen la tolerancia y el debate, que es incendiario y muy obsesivo, lo admito, pero es un debate al fin.

Los periodistas queremos ver, no sólo que nos cuenten. El otro día conseguí que, en una especie de misión especial, me llevaran hasta la frontera con el Líbano, ocupada del lado árabe por Hizballah –así se escribe, no Hezbolá, porque quiere decir el Partido de Dios, Hizb (partido) y Allah (dios). Ahí estuve, acompañado por la policía de fronteras, un mediodía ventoso, frío, húmedo e inclemente, en las alturas de Metula, a menos de 200 metros de la zona libanesa ocupada por esa milicia. Hay que estar ahí, advertir la cercanía, palpar el peligro, respirar los riesgos. Luego, maravillado por la belleza infinita del Lago Tiberíades (el bíblico mar de Galilea), comprendí que Israel afronta su peripecia como un fenomenal desafío existencial. Cada mañana es, para ellos, como un trémulo nacimiento.

*Desde Herzlía, Israel.

Autor: Pepe Eliaschev

Fuente: Perfil.com

Difusion: www.porisrael.org

¿Es posible una nueva Shoá?

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Autor: Dr. Guido Maisuls, Buenos Aires

Me embarga una sensación de repudio al triste episodio de que uno de los periódicos argentinos que fue modelo en la lucha por los Derechos Humanos en los recientes, complejos y dramáticos tiempos de la historia argentina haya permitido la publicación en sus paginas de una tira cómica donde se banaliza y se burla grotescamente de la terrible tragedia producida por la barbarie nazi.
Hoy también cabe mi enérgico repudio, a la lamentable reedición en Alemania del libro “Mi lucha” (“Mein Kampf”) de Adolf Hitler, prohibido desde 1945 cuando fue aprobada la ley que impide divulgar ideas nazis. Esto significa una espantosa puerta abierta a la previsible y múltiple reedición de este libelo de odio a lo largo y ancho del sufriente planeta.
Aclaro para evitar falsas interpretaciones que la palabra repudio que viene del latín “repudium”, significa lisa y llanamente el rechazo condenable o acto de repulsión a todo aquello que nos causa vergüenza e indignación.
Sabemos que la discriminación abre inexorablemente, las compuertas del odio y la violencia hacia el otro ser humano a quien se pretende considerar como inferior ya sea por supuestos motivos raciales, religiosos, de sexo, de clases sociales e ideológicas.
Está realmente comprobado que los pobres no son pobres porque no les guste trabajar, que las minorías étnicas y religiosas enriquecen la diversidad social, que las diversas ideologías hacen en un todo a la pluralidad y democracia y que las mujeres maltratadas no hacen nada significativo para merecer la violencia recibida.
Es natural y saludable que todo grupo humano pretenda incluirse socialmente en condiciones dignas e igualitarias y nadie puede disfrutar del hecho de ser arrojado por otros a la marginalidad a menos que esté muy enfermo de sado-masoquismo.
Yo soy un testigo generacional de las discriminaciones y los genocidios, a fines de 1890 llegaron a la Argentina los Maisuls, dejando atrás los pogromos y las persecuciones que diezmaban a las poblaciones judías de Europa Oriental, separándose por la distancia y el desarraigo de muchos parientes y amigos que decidieron permanecer en su originaria ciudad de Minsk, Bielorrusia.
Minsk en 1926 tenía una población judía de 53.686 personas, el 28 de junio de 1941 cuando se produce la ocupación de la ciudad por los nazis esa cifra había crecido hasta 80.000 personas, llegando a ser más de la tercera parte de la población total. Cuando Minsk fue liberado por las tropas soviéticas, el 3 de julio de 1944, sólo unos pocos judíos permanecían aún vivos. Ningún pariente nuestro sobrevivió.
El genocidio armenio significó la deportación forzosa y masacre de un millón y medio a dos millones de civiles inocentes, durante el gobierno de los Jóvenes Turcos en el Imperio otomano durante la Primera Guerra Mundial. Este trágico acontecimiento ha quedado históricamente impune y negado por los actuales gobiernos turcos y gran parte de la comunidad internacional.
El genocidio ruso en Chechenia también ha quedado impune. El ejército ruso ha exterminado alrededor de 100.000 chechenios, uno de cada diez civiles, ante la permisividad y connivencia del mundo occidental. Los líderes que se dicen defensores de la paz y de los derechos humanos, no tienen ningún reproche hacia los herederos del KGB, hacia los Vladimir Putin y sucesores, que ejecutaron en Chechenia uno de los mayores genocidios de los últimos tiempos, mirando hacia
otro lado y recibiéndolos con gran pompa en las cumbres internacionales.
Desde hace pocos años en Darfur, la región al oeste de Sudán, se ha perpetrado otro tremendo genocidio, ante la indiferencia generalizada de la opinión pública y los líderes de Occidente y la habitual y previsible impotencia de la ONU. En el último dato oficial de 2007 se considera que el número de muertes por el conflicto se aproxima a las 750.000 víctimas del hambre y la masacre. Para los líderes del mundo, las víctimas del genocidio (negros y pobres) han pasado simplemente al anónimo y silencioso rincón universal del olvido.
Y la más imponente tragedia en la historia de la humanidad fue la Segunda Guerra Mundial con sus más de cincuenta millones de muertos en todo el mundo, incluidos seis millones de judíos, 800.000 gitanos, millones de prisioneros de guerra y víctimas civiles, presos políticos, homosexuales, discapacitados físicos o psíquicos, delincuentes comunes, etc.
“¿Cómo explicar, tantos años después, con tantos esfuerzos hechos para rescatar, desarrollar, difundir la memoria de un incremento de actos antisemitas? ¿Cómo explicar este incremento después de la Shoá misma? ¿Que catástrofe será necesaria para erradicar el antisemitismo?
“Frecuentemente pienso que hemos fracasado. Si en 1945 alguien nos hubiera dicho que todavía veríamos guerras por motivos religiosos en casi todo continente […] no lo habríamos creído”.
Estas preguntas y reflexiones son de Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz, escritor y sobreviviente de los campos de concentración nazis, un hombre que ha dedicado toda su vida a escribir y a investigar sobre los horrores del genocidio nazi para evitar que se repita nuevamente.
La psicóloga y escritora Diana Wang responde así: “La pregunta de Elie Wiesel es también desgarradora porque todo sobreviviente después de lo que ha vivido, emergió con la idea de que esto fue definitivo, ahora sí el mundo cambiará, al ver el grado al que se ha podido llegar, será el momento de una encrucijada que tomará otro giro, más humano, más ético. Y, como todos sabemos, eso no pasó”
Jean Paul Sartre nos dice: “Pero me niego a llamar opinión a una doctrina que apunta expresamente a determinadas personas y que tiende a suprimirles sus derechos o a exterminarlas… El antisemitismo no entra en la categoría de pensamientos protegidos por el derecho de libre opinión”.
Escribe Jack Fuchs en “La naturaleza de las guerras”: “Ni Auschwitz, ni Maidanek, ni Hiroshima, ni los Juicios de Nuremberg sirvieron de ejemplo o de advertencia para los años que siguieron. Basta con leer los periódicos para comprobarlo. En los últimos sesenta años se han seguido cometiendo innumerables atrocidades alrededor del planeta, violaciones a los derechos humanos, crímenes de todo tipo, justificados por argumentos insostenibles de toda índole, que confirman la crueldad del ser humano contra sus semejantes”.
La ONU, a través de la Resolución 60/7 declara al 27 de enero como “Día Internacional del Holocausto”: “a los Estados Miembros a que elaboren programas educativos que inculquen a las futuras generaciones las enseñanzas del Holocausto con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro…rechaza toda negación, ya sea parcial o total, del Holocausto como hecho histórico”.
¿“El mundo civilizado tendrá la voluntad, el deber y la capacidad para prevenir otros genocidios futuros?” “En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”. George Orwell.

El odio a EE UU coloca a la izquierda al lado de regímenes fascistas

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Si a un izquierdista o a un progresista latinoamericano le preguntaran qué opina de un jefe de Estado que en su país llegó al poder a través de un escandaloso fraude electoral, que el régimen político que lo sustenta es una teocracia, que el año pasado ejecutó a 552 disidentes políticos y religiosos, que las cárceles están atestadas de presos, que niega el Holocausto y promueve un ataque nuclear contra Israel, inmediatamente respondería que se trata de un régimen fascista y que correspondería movilizarse para aislarlo internacionalmente. ¿Como a Pinochet? Como a Pinochet o como a Hitler.
Sin embargo, por esos singulares contrastes culturales del siglo XXI, el señor Mahmoud Ahmadinejad ha llegado a América latina donde fue agasajado por los gobiernos de Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Cuba, es decir por regímenes que dicen ser antiimperialistas y algunos no vacilan en autocalificarse de izquierdistas. El líder iraní, por lo tanto, inició su quinta visita a América Latina, y los gobiernos de los mencionados países lo recibieron con bombos y platillos en nombre de la liberación nacional de los pueblos oprimidos y la lucha común contra el imperialismo yanqui.
A Chávez, Correa, Ortega y los hermanos Castro les resultó indiferente que el gobierno de Irán haya promovido en 1994 el atentado terrorista contra la AMIA en la ciudad de Buenos Aires. Es más, es muy probable que en su intimidad lo hayan considerado una medida justa o, por lo menos, una medida destinada a castigar al sionismo internacional.
Que siete ciudadanos iraníes tengan pedido de captura por parte del gobierno argentino e Interpol, a ilustres caballeros como Chávez y Ortega no les dice absolutamente nada. Y tal como se presentan los hechos, habrá que ver si al actual gobierno argentino le dice algo, porque si bien en los foros internacionales se ha reclamado por la extradición de los terroristas iraníes, no deja de llamar la atención que los gobiernos latinoamericanos que más se identifican con Ahmadinejad, sean al mismo tiempo aliados regionales del régimen de los Kirchner.
El odio a los Estados Unidos une a regímenes que invocan diferentes fuentes ideológicas de legitimidad. Entre una teocracia y un régimen latinoamericano de izquierda hubo en un tiempo serias diferencias, hoy superadas en nombre de un enemigo común. La ceguera de la izquierda en estos temas es proverbial. Considerar a los Estados Unidos enemigo de la humanidad y establecer alianzas políticas sobre la base de ese alineamiento ha colocado a la izquierda al lado de regímenes fascistas y autoritarios. Por ese camino la izquierda cava su propía tumba y marcha hacia su bancarrota política e ideológica.
Marx y los principales teóricos del socialismo en el siglo XIX siempre distinguieron en los regímenes capitalistas la relación existente entre lo opresivo y lo liberador, entre la explotación y la modernización. No se está en contra de Estados Unidos o Europa a cualquier precio y en nombre de cualquier causa. Quienes así piensan, en 1939 hubieran terminado al lado de Hitler y Mussolini, alianza que -dicho sea de paso- en más de un caso llegó a tentar a algunos dirigentes comunistas y cuya máxima expresión -cuya deplorable expresión- fue el acuerdo firmado por Hitler y Stalin, acuerdo que el dictador ruso respetó al pie de la letra a pesar de todas las advertencias hechas por sus colaboradores, hasta el día en que se levantó con la noticia de que los soldados alemanes marchaban hacia Moscú a paso de ganso.
El socialismo como ideal, como construcción teórica, como práctica social, siempre se imaginó como la superación del capitalismo, la superación dialéctica, como se decía entonces, y no la regresión a sistemas políticos bárbaros y oscurantistas. No percibir esas diferencias, esos matices o esa complejidad de la historia, ha conducido al extravío a sectores importantes de la izquierda. Renunciar a los ideales democráticos y republicanos en nombre de la supuesta eficacia de la revolución, ha sido la coartada que ha legitimado a las dictaduras totalitarias en su momento y a los regímenes fascistas y fundamentalistas en la actualidad. Lo que hoy está sucediendo con Ahmadinejad confirma esa orientación.
Habría que preguntarse, de
todos modos, si los gobiernos de Correa, Chávez y Ortega son de izquierda o responden a los ideales clásicos de la izquierda. El mismo interrogante correspondería plantearse con respecto a Cuba. Las disquisiciones sobre este tema exceden las posibilidades de esta nota, pero si admitimos provisoriamente que estos gobiernos intentan presentarse ante el mundo como antiimperialistas y esa presentación suele ser aceptada por un amplio espectro de la izquierda, queda abierto el debate acerca de la relación “carnal” de estos gobiernos con una teocracia que siempre ha considerado a Marx y a los marxistas como la encarnación de Satanás.
En términos prácticos, la pregunta que corresponde hacerse es acerca de los motivos de la visita de Ahmadinejad a América latina. ¿Una amenaza a Estados Unidos después de su retirada de Irak y de sus costosos esfuerzos para hallar una solución aceptable en Afganistán? ¿Un signo de debilidad de un régimen cada vez más aislado? ¿Una estrategia destinada a intervenir en los conflictos de América latina? ¿Una promesa de Chávez y Correa de facilitarle uranio para continuar con sus ambiciones nucleares?
No es sencillo responder a estos interrogantes. Irán, en estos momentos, está a punto de ser sancionado por las grandes potencias debido a su empecinamiento en avanzar con su programa nuclear. Las respuesta a esta acechanza ha sido la de incrementar el control militar sobre el estrecho de Ormuz por donde pasa más del treinta y cinco por ciento del petróleo mundial. Las políticas de Irán han generado recelos no sólo en Europa y Estados Unidos, sino también en el mundo árabe. Su principal adversario en este terreno es Arabia Saudita, que también ha amenazado con construir su propia bomba atómica ya que, según sus dirigentes, su seguridad como nación estaría puesta en tela de juicio si Irán avanza con sus ambiciones nucleares y su estrategia de promover bandas terroristas.
De todos modos, a nadie se le escapa que el enemigo principal de Irán, es Israel. Las amenazas de Ahmadinejad contra este Estado han sido públicas y constituyen el único caso en el mundo donde una autoridad política amenaza a otro Estado con aniquilarlo. Insisto en este concepto: no hay antecedentes en el siglo veinte de una amenaza de este tipo. Sistemas dictatoriales y guerreristas fueron combatidos en diferentes épocas, pero en todos los casos siempre quedó en claro que lo que se combatía era un gobierno y nunca se puso en duda la legitimidad de la nación.
Alemania -por ejemplo- durante la Segunda Guerra Mundial fue bombardeada sin misericordia en 1945, pero hasta los enemigos más encarnizados siempre distinguieron entre el régimen nazi y el pueblo alemán, una distinción más teórica que práctica, pero que dejaba abierta hacia el futuro la promesa de la reconstrucción de Alemania, nunca su desaparición.
Algo parecido ocurrió con Japón o Italia.
Pues bien, esa chance no la tiene Israel. A Ahmadinejad en particular -no es el único- le da lo mismo que gobiernen laboristas, conservadores, religiosos o la izquierda, porque el objetivo en cualquier caso es destruir a Israel y, como se dijera en su momento, “arrojar a los judíos al mar”. Esta promesa de exterminio comporta lisa y llanamente un proyecto de genocidio, pero este “detalle“ no parece preocupar a los líderes latinoamericanos de “izquierda” para quienes Israel es el portaaviones del imperialismo yanqui en Medio Oriente.
Para Irán, la guerra contra el sionismo excede las fronteras de Medio Oriente. El atentado terrorista a la AMIA se incluye en esa lógica de dar la batalla en todas partes.
Los actuales gobiernos anfitriones de Ahmadinejad no ignoran esta estrategia y es muy probable -como ya lo dijera- que en su intimidad la aplaudan. No puede decirse lo mismo -en principio- de los gobiernos de Brasil y la Argentina, pero en nuestro caso sería interesante una señal más firme al respecto, porque después de todo Chávez, Correa. Ortega y los Castro han dicho ser amigos de los Kirchner. ¿La amistad incluye algún gesto respecto del régimen iraní que no vaciló en matar a casi un centenar de argentinos?

Por Rogelio Alaniz, periodista y redactor del periódico y sitio web El Litoral de Santa Fe, Argentina. Además tiene su propio sitio: rogelioalaniz.com.ar
Para: Diario Aurora

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