Tolerancia unidireccional

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Por Jorge Marirrodriga
para Guysen International News

Si es que estaba cantado. Las voces tolerantes del mundo se han alzado contra el voto suizo de prohibir edificar nuevos minaretes (ojo, que no nuevas mezquitas) en su territorio.
Voces tan autorizadas en cuestiones de tolerancia como el Gran Mufti de El Cairo, Ali Gooma, o el jefe de los musulmanes de Indonesia, o el presidente de la “República Musulmana Rusa de Chechenia” Razmán Kadirov, o el Consejo Superior de Ulemas de Marruecos, han salido al paso de la decisión de los suizos con palabras como “insulto”, “intolerancia” o “desprecio”. Como nunca puede faltar el apoyo del políticamente correcto, el ministro de Exteriores francés, Bernard Kouchner, ha puesto de su parte y se ha declarado “escandalizado”. Es curioso, porque a Kouchner no le escandaliza, en cambio, que en Francia se prohíba el velo islámico en las escuelas. Qué cosas hacen (y dicen) los franceses.

El minarete suizo
Con Suiza pasa como con algunas personas. Es la demostración de que si tienes dinero puedes hacer lo que pete independientemente de lo que digan los demás y encima quedar como el colmo del refinamiento. Es como la vida misma.
Por ejemplo, puedes quedarte con el dinero y los bienes depositados por millones de personas asesinadas quienes confiaron en tí en la (vana) esperanza de que alguien les sobreviviera. Y cuando te pillan puedes poner cara de póker en plan, “oiga ¿me está llamando ladrón?” y negociar una devolución parcial de lo que te dejaron en casa.
Puedes negarte a participar de las reuniones de comunidades de vecinos. Puedes albergar una sede de Naciones Unidas pero pasar de pertenecer a ese club de pobretones. Sus resoluciones están para que las cumplan otros, como Israel. También puedes declinar la invitación que te hacen los más ricos del barrio (la Unión Europea). Estos son nuevos ricos y no son tan refinados como tú.
Puedes negar a las mujeres el derecho a voto en algunas de tus demarcaciones territoriales y conceder el derecho de residencia sólo a los más ricos de los ricos, que siempre son más pobres que tú.
Pero Suiza ha cometido un grave error. Por votación ha declarado que está hasta los cataplines de los minaretes que les están construyendo los inmigrantes de religión musulmana. Si hubieran votado tirar los campanarios de las iglesias no habría pasado nada, pero ahora se van a tener que enfrentar al peor de los enemigos que tiene Europa dentro de ella misma: la corrección política con el islamismo.
Te vas a enterar, Suiza, de lo que vale un minarete.

El diario de Mahmoud (I)
Querido diario.
En Occidente no me quieren. Eso no me importa. Lo peor es que no quieren creerse mis amenazas. Ojalá todos fueran como Hugo Chávez a quien no entiendo ni palabra y me descoyunta cuando me abraza, pero pronuncia la palabra “gringo” y le brilla un odio en los ojillos…
Estoy triste. Los occidentales no me han dado el Nobel de la Paz y se lo dan al líder del Gran Satán ¡que encima es un negro! A mi me montan el pollo porque quiero la bomba atómica pero el tal Obama ya la tiene, y no una, sino miles. Y está metido hasta el cuello en guerras. Encima tiene la desfachatez de luchar esas guerras con sus propios soldados. No como yo, que pago a los chicos de Hamas y Hizbullah. Y con todo eso, le dan el premio al negro y a mí no.
Anoche estuve con el Líder Supremo de la Revolución. A solas hablamos en alemán. Yo le llamo mein führer y él se pone muy contento. “Estás triste, Mahmoud”, me dijo “¿Qué te pasa? ¿Sufres por no haber borrado del mapa a la entidad sionista? ¿Quieres que te amañemos otras elecciones? ¿Ejecutamos a unos cuantos homosexuales?” Yo le abrí mi corazón. Él sonrío y me dijo: “Alégrate, que en 24 horas arreglamos eso”.

27-11-2009 Agencia Efe Copenhague. El Gobierno noruego ha protestado por la decisión de las autoridades iraníes de confiscar a la abogada iraní Shirin Ebadi la medalla y el diploma con que fue galardonada en 2003 al recibir el premio Nobel de la Paz de ese año. “Es la primera vez que las autoridades de un país confiscan el Nobel de la Paz. La medalla y el diploma de Ebadi han sido sustraídos con otras pertenencias de su caja fuerte bancaria. Estamos sorprendidos y no comprendemos un acto así”, señaló en un comunicado el ministro de Asuntos Exteriores, Jonas Gahr Støre.

Terror
Ayer un servidor sufrió un baño de realidad cuando durante una ponencia fue recriminado por exigir que en todas las culturas la Declaración Universal de los Derechos del Hombre fuera la línea roja que jamás traspasara ninguna sociedad en el mundo. “Usted apoya el choque de civilizaciones”, subrayó un asistente que en teoría iba a preguntar pero en la práctica ejercía de francotirador. Porque, señores, resulta que los Derechos Humanos deben ser respetados por Europa, Estados Unidos e Israel, pero cuando los demás no lo hacen se trata de una “diferencia cultural” y decir lo contrario es convertirse en discípulo de Huntington.
Y así en nuestra querida Europa todo es relativo; las dictaduras, la alegalidad, el caudillismo y el terrorismo, palabra esta última que a fuerza de repetirse ha perdido sentido. Para todos menos para quienes lo sufren, claro. Porque para vivir bajo el terror no es necesario que te maten.
Un ejemplo. Cuando el jefe del Ejército israelí declaró en el parlamento que todo el territorio de Israel está a tiro de los cohetes “artesanales” de Hamás, en muchos medios europeos la noticia ni fue mencionada. ¿Qué daño pueden causar? En fin, este blog tiene algunos lectores en Ashdod y Sderot que sin duda, darían respuestas contundentes a esa pregunta. Pero no sólo se trata de matar o causar daños materiales (que lo hacen) sino de sembrar el terror. A Hamás le basta colocar en Tel Aviv uno de esos cohetes cargado con un par de kilos de talco y el terror está servido.
Israel es el único país occidental que tiene un plan de protección masiva de su población civil. Los demás no lo necesitan desde el final de la II Guerra Mundial. Israel va a volver a repartir máscaras antigas (ya lo tuvo que hacer en el 90/91) y va a proseguir con los simulacros que involucran a todos los ciudadanos. En Europa se habla de la amenaza nuclear iraní para desestimarla. Pero no se habla de la otra amenaza iraní que ya se cierne sobre Israel. Y no es necesario que muera nadie. Lo dicho, bastan polvos de talco.
El autor, preparado para asumir las diferencias culturales.

El tren de La Meca
La gira por Oriente Medio de Zapatero terminó con el habitual besamanos al rey de Arabia Saudí. España quiere colocarle a su majestad el tren de alta velocidad entre Medina, Yeda y La Meca. Un proyecto millonario tras el que andan también franceses, chinos y alemanes, entre otros. Todo por la Alianza de Civilizaciones y el negocio, claro.
Un servidor está seguro de que si finalmente España se lleva el proyecto, en ese tren a La Meca hombres y mujeres viajarán juntos y que en la compañía que lo haga funcionar trabajarán el mismo número de hombres y mujeres siguiendo la ley de Paridad impulsada por el propio Zapatero. Porque Arabia Saudí es un país igualitario, democrático donde reinan la libertad de expresión y los derechos humanos, no como Israel país al que el PSOE, el partido que dirige el señor Zapatero, acusa desde su página oficial de construir el muro del apartheid.
El tren saudí, sin duda, va a ser un espejo de libertades ¿verdad que si, José Luis?

En la Liga Árabe estamos tan a gustito…
La cabra tira al monte. José Luis Rodríguez Zapatero ha dado sobradas muestras desde que se estrenó como primer ministro (muestras de las que hay abundante documentación fotográfica) de que a él los encuentros internacionales, especialmente los de la UE o los de la OTAN, no le hacen sentirse cómodo. En las cumbres con los latinoamericanos también se le nota algo envarado. Menos mal que ayer tuvo ocasión de expresarse a su anchas donde se sabe querido y apreciado. Y se le notaba. En la sede de la Liga Árabe en El Cairo.
El principal financiador, con el dinero de los contribuyentes, de la Alianza de Civilizaciones, repitió un mantra que ha calado en Occidente y sobre el que nadie ya levanta la mano y dice: “¡Oiga, que la cuestión no es así!”. Y ese mantra está recogido en una frase pronunciada por Zapatero en el citado organismo exportador de democracia: hay que avanzar en el proceso de paz para tener en un tiempo razonable un Estado Palestino y un Israel seguro.
Es una obviedad, pero de vez en cuando habría que recordar que el establecimiento de un Estado palestino no es per se garantía de seguridad para nadie (ni para los mismos palestinos normales y corrientes). Que precisamente el territorio palestino totalmente desocupado por Israel se ha convertido, en vez de en el embrión de un Estado, en una base desde la que se amenaza y ataca la vida de los israelíes y se violan los derechos humanos de la propia población palestina a manos del grupo gobernante.
¿No dice el mismo Zapatero sobre ETA que se puede hablar de todo pero que antes tiene que cesar la violencia? ¿Y por qué los demás tienen que negociar mientras les caen los cohetes, les secuestran a los militares y les amenazan con borrarles del mapa? Estado palestino y paz definitiva no son necesariamente sinónimos. Un detalle.

Los dialogantes
No viene mal recordar de vez en cuando aquello de que ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio.
El presidente brasileño Luiz Inacio Lula Da Silva, ha dado un caluroso recibimiento al iraní Ahmadinejah, quien no sólo ha amenazado con destruir Israel sino que ya se ha cobrado la vida de ciudadanos israelíes por medio de sus empleados de Hizbullah y Hamás. “No se construye la paz necesaria en Medio Oriente si no se conversa con todas las fuerzas, políticas y religiosas, las que quieren paz y que se oponen a ella”, ha dicho Lula. Yo le admiro y le entiendo, pero joder presidente, ¿A que no dialoga usted con Marcos Camacho, alias Marcola, jefe del cartel del narcotráfico Primer Comando de la Capital? No. Marcola, se encuentra encerrado en una cárcel del Estado de Sao Paulo (y muy bien encerrado), porque si lo sueltan pone Brasil patas arriba.
Veamos más “dialogantes”, como el famoso Cuarteto.
Estados Unidos, a quienes considera una amenaza, los ejecuta, los condena a cadena perpetua o los mete en Guantánamo (y ojo que Obama todavía no lo ha cerrado)
Rusia deja Chechenia como un solar y si hay que invadir Georgia, se invade y ya está.
En la Unión Europea, Alemania, por ejemplo, terminó con la Bader Meinhof porque curiosamente sus militantes comenzaron a suicidarse en la cárcel. En Reino Unido al IRA sus huelgas de hambre no le sirvieron para nada hasta que no abandonó las armas y Francia dialogó con Greenpeace hundiendo el Rainbow Warrior cuando éste trataba de impedir una prueba nuclear que Paris consideraba vital.
Y la ONU dialoga, sí, salvo para condenar a Israel: Ahí se acabó el buen rollo.
En España somos unos dialogantes. Dialogamos con ETA, los piratas de Somalia, los hermanos Castro y cualquiera que ponga en duda lo que es un Estado de Derecho. Nosotros no vemos la paja en el ojo ajeno, pero es porque lo nuestro es ir a ciegas. Por cierto en horas Zapatero visitará al rey de Arabia Saudí, otro dialogante

Otra Geopolítica.

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Por Xavier Batalla

La globalización topa con un cambio tectónico: tanto América Latina como África se aproximan al continente asiático

Veinte años después de la caída del Muro, la bipolaridad ha dado paso a un mundo cada vez más multipolar. Pero esta característica, que es decisiva, no es la única que define el mundo actual. El fracaso comunista aceleró la extensión de la democracia. Eso es cierto. A principios de la década de los setenta se contabilizaban ochenta democracias; dos decenios más tarde, la lista se había ampliado a casi ciento cuarenta. Pero el mundo seguía lejos, como ahora, de una convergencia feliz.

Otra característica del mundo actual es el regreso de la geopolítica. En el siglo XX, la geopolítica –la lucha por el control de los recursos naturales– condicionó los conflictos entre estados. En la Segunda Guerra Mundial, el control del petróleo no fue ajeno a la invasión de la Unión Soviética por los nazis. Y, una vez en la guerra fría, Mosadeq, primer ministro iraní, fue derrocado por nacionalizar el petróleo, aunque los británicos convencieron a Washington de que era un agente soviético. Ahora, en el arranque del siglo XXI, el estadounidense Paul Kennedy ha escrito: “Nuestro nuevo presidente tendrá que caminar en el futuro con Adam Smith y John Maynard Keynes de una mano y con Carl von Clausewitz y Halford MacKinder de la otra”.

La concepción de MacKinder es la que ha tenido más fortuna desde que el sueco Rudolf Kjellen acuñó el término geopolítica, a finales del siglo XIX. MacKinder consideró que la oposición entre el poder marítimo y el poder terrestre es el tema fundamental de la historia del mundo, por lo que marcó el centro de Euroasia como el punto neurálgico del poder mundial. Esta visión puede haber sido modificada por el poder aéreo, pero la continuamos encontrando en las esferas de influencia de la guerra fría.

La globalización ha acelerado el ascenso de nuevos centros de poder, pero ahora topa con la geopolítica o, si se quiere, con un cambio tectónico. Y el cambio lo están provocando potencias emergentes asiáticas como China, India e Irán. China, en particular, está sedienta de materias primas y empeñada en demostrar que la geografía ya no es lo que era. El presidente estadounidense James Monroe no se lo creería: América Latina, como escribió el pasado verano The Economist, “se está inclinando hacia Asia y alejándose de Estados Unidos”. Y esta historia se repite en África, donde sólo cuatro de los cincuenta y tres países del continente no han abierto los brazos a los dirigentes chinos. ¿Qué explica este éxito geopolítico chino? Los productos baratos que vende a los africanos, sus ayudas a los mandamases y las lecciones de estabilidad, no de democracia. Hace un año, cuando China vetó una resolución de la ONU contra Robert Mugabe, el dictador de Zimbabue, el ministro británico Jack Straw se refirió a un “nuevo colonialismo”. Pekín suspendió entonces sus contactos con Londres sobre África, lejana pero casi una esfera de influencia

Fuente: La Vanguardia- España

No creo en choques de civilizaciones sino en un choque entre la civilización y la barbarie

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No creo en choques de civilizaciones sino en un choque entre la civilización y la barbarie


Se recomienda leer previamente el árticulo publicado en el Blog sobre el Choque de Civilizaciones

Por Pilar Rahola

La reconocida periodista española critica duramente el coqueteo de Cristina Fernández de Kirchner con el chavismo y cuestiona la hipocresía y las contradicciones de la izquierda. A la vez, advierte sobre los peligros que enfrenta el mundo con un país como Irán, que está desembarcando en América latina y que está a punto de construir la bomba atómica. Una niña abandonada el día en que nació en Siberia, enferma con neumonía, sarna y salmonelosis, fue adoptada por una mujer española con un corazón sensible que convive dentro de un mismo cuerpo con un cerebro increíblemente ágil y unas agallas hipertrofiadas. Esa mujer es Pilar Rahola, una cronista de guerra que vive acostumbrada a las amenazas, una pensadora políticamente incorregible. Es de izquierda pero anticastrista y antichavista; critica a Saramago y defiende a Israel. Un oxímoron para los cánones que se aplican habitualmente. El ganador del premio Pulitzer Andrés Oppenheimer la define como una de las periodistas más valientes del mundo. Recién llegada a Buenos Aires, este miércoles fue entrevistada por LA GACETA Literaria. Argentina, América, la izquierda – “A Argentina le pesa tanto el pasado, que a veces parece que habita en él, como si la realidad no fuera más que su derivada”, escribió en el diario El País, de Madrid, a raíz de un viaje que hizo a nuestro país en 2007. La Argentina acaba de celebrar elecciones legislativas que han cambiado su mapa político. ¿Qué percibió durante estos días en que estuvo en Buenos Aires? – Argentina empieza a ser mi segunda patria; me ocupa y me preocupa. Estoy tratando de tomarle el pulso a la Argentina porque creo que es el termómetro del continente. El país tiene una sociedad civil muy activa pero, a veces, parece dormida. Por momentos, la Argentina parece bipolar porque del pensamiento crítico más feroz se pasa a permitir los abusos políticos más extraordinarios. A la Argentina el pasado parece pesarle mucho, y el futuro preocuparle poco, mientras vive en un presente demasiado traumatizado. Creo que al pasado hay que recordarlo pero sin descuidar ni dejar de pensar en el presente ni en el futuro. En la actualidad, lo que percibo es que está atravesando uno de los momentos políticos más desconcertantes de los últimos años, con unos gobernantes que parecen autistas, desconectados de la gente y sus problemas. No cometen más errores porque no se entrenan y los argentinos están perdiendo la oportunidad de ser un país muy importante. No es posible que un pequeño país como Chile tenga más peso geopolítico que la Argentina, ni que tenga una presidente con el 74% de aceptación pública, que es la contratara de su vecina. La derrota en las elecciones indica que se han cometido todos los errores de manual. Cristina Kirchner, la mujer comprometida socialmente, que hablaba de cambiar el rumbo, se ha convertido en una esperanza rota. – Julio María Sanguinetti, en una entrevista publicada en LA GACETA Literaria el domingo pasado, afirmó que la izquierda en general no es democrática. El ex presidente uruguayo prologó su último libro y dijo que usted era auténticamente de izquierda. ¿Cómo se lleva con la democracia? – Sanguinetti tiene razón en algo fundamental: ninguna ideología se escapa de los procesos autoritarios. Una parte de la izquierda hizo creer que solamente la derecha tiene monstruos en su interior. Monstruos que iban desde Pinochet y Videla hasta Hitler. La derecha tiene monstruos pero la izquierda también los posee, y van de Castro a Pol Pot o Stalin.Me llevo bien conmigo misma porque soy una librepensadora. Y eso significa que me mantengo en mi territorio de dudas y no entro al terreno de los dogmas de fe. Cuando una ideología entra dentro de ese territorio se convierte en perversa y reaccionaria. En la derecha ocurre ese fenómeno; en la izquierda también. Lo que ocurre es que la izquierda es la que hace más ruido, en las calles, con sus pancartas y consignas. La izquierda que grita más es, generalmente, la peor: es la que suele perder el sentido común, apoyando a gobiernos totalitarios, celebrando actos terroristas como los del 11 de setiembre, convirtiéndose en una verdadera caricatura. Lo que me repugna es que en nombre de la justicia social y de la libertad, de todo lo que yo defiendo, se aclame a hombres brutales que atentan contra esos ideales. Un ejemplo de estas contradicciones es el fenómeno de Hugo Chávez y de tantos “Chavitos”, como los que pueden encontrarse en la Argentina. Chávez utiliza la democracia para destruir la democracia, desmantelando minuciosamente sus instituciones, y tiene un proyecto imperial con sus aliados de Corea del Norte, Libia e Irán. Que este hombre diga que es de izquierda, me molesta. Pero que apele a la libertad, me enfada profundamente. He militado en partidos de izquierda y peleo por conceptos de la izquierda pero no salgo del campo de juego. El campo de juego es el que delimitan la Carta de Derechos Humanos, la libertad y la democracia. – En el programa de Mirtha Legrand, en el que estuvo este martes, dijo que muchos de los grandes intelectuales de izquierda están sobredimensionados, algo que no sucede con los de derecha. ¿Por qué ocurre esto? – Por ejemplo, Samuel Huntington habla del choque de civilizaciones y se hunde. No es recomendado en ninguna cátedra universitaria ni es tenido en cuenta en casi ningún ámbito del mundo intelectual. Y eso ocurre porque es de derecha. En cambio, los intelectuales de izquierda que dicen las mayores barbaridades son siempre impunes. Un ejemplo claro es el premio Nobel José Saramago, que escribió a favor de Stalin y en contra de la caída del muro de Berlín, que sigue defendiendo a Castro y que integró las listas del jurásico partido comunista portugués en las últimas elecciones. ¿Cómo alguien puede equivocarse tanto y tener tanto prestigio? Eso ocurre porque se sobreentiende que un intelectual de izquierda es bueno. La izquierda monopoliza el prestigio intelectual. Hay que romper el mito que asocia a la izquierda con la pureza. Hay intelectuales de derecha que han ayudado a mejorar el mundo y otros de izquierda que han contribuido a empeorarlo y viceversa. Como yo no me caso con nadie puedo juzgar con libertad. – El mundo ha condenado, en forma casi unánime, el golpe de Honduras, aglutinando a figuras que van desde Castro y Obama hasta Chávez y Uribe. Algunas voces aisladas como la del Wall Street Journal, o la de intelectuales como Carlos Alberto Montaner desde el Washington Post, justificaron el derrocamiento y plantearon que se está juzgando la situación con pautas extemporáneas. ¿Cuál es su opinión? – Creo que cualquier golpe de Estado debe ser condenado. El actual gobierno de Honduras tomó el peor de los caminos; se equivocó. Pero de ahí a convertir a (Manuel) Zelaya en un santo hay un abismo. Pienso que se trató de un contragolpe a quien quebraba las leyes, gobernaba de espaldas a la sociedad e intentaba convertir a su país en un satélite de Chávez. Zelaya intentó un golpe de estado “blando”: el que consiste en socavar la democracia desde la democracia, replicando lo que se hace en Venezuela y en Bolivia. Lo notable de Zelaya es que violó la Constitución y ahora apela a ella para volver a su cargo. Criticó a Estados Unidos y ahora va corriendo a ver a Hillary Clinton. Forma parte de la lógica, o la contradicción, populista. Lo que yo le preguntaría a Cristina Kirchner, que viaja en el avión con Correa a denunciar el golpe, es dónde estaba antes. ¿Dónde estaba Cristina cuando Zelaya desmantelaba la libertad en Honduras? ¿Por qué se paseaba de la mano de Castro? Argentina está cada vez más cerca de Chávez y cada vez más lejos del sentido común. Lula, Bachelet, Tabaré Vázquez no viajaron. Sí Cristina, y en medio de la pandemia que vive su país. – En un artículo publicado esta semana en el diario La Vanguardia usted denuncia un proceso colonizador del gobierno iraní y de miembros del Hezbollah en América latina, con el apoyo de Chávez y Castro. ¿En qué consiste ese “proceso” y cuán grave es? – Chávez ha construido la “pista de aterrizaje” para Irán en Latinoamérica. Hay contratos económicos y militares entre iraníes y países del ALBA, pueblos islamizados, fábricas montadas, alta presencia de miembros del Hezbollah. Hay fuentes que indican que el 50% de la financiación de Hezbollah viene de la Triple frontera. La penetración iraní en América latina es muy preocupante. Es lo único que le falta al continente; que se plante la bandera del chiismo radical. El peligro iraní – ¿Cómo cree que evolucionará la situación en Irán? – Las elecciones iraníes son una gran mentira: solamente se presentan los candidatos permitidos por el consejo de los ayatollas. Irán tiene un régimen brutal y enormemente rico. Pero también es el país que tiene la sociedad civil más organizada, capaz de quebrar al régimen, aunque eso implique muchas muertes. Irán, por su gobierno, es el país más temible del mundo islámico en Medio Oriente; pero también, por sus ciudadanos, es el que genera más esperanzas.El problema es que toda Europa está seducida con los petrodólares iraníes. ¿Por qué no convertimos a Irán en la nueva Sudáfrica? El mundo condenó el apartheid contra los negros. ¿Por qué entonces permitimos el apartheid contra las mujeres, los estudiantes y los que aman la libertad? – ¿Cree que Obama aplica un doble standard en la situación de Irán respecto de la de Honduras? – Pienso que Obama está tan preocupado por gustar que le dice a cada uno lo que quiere oír. – Usted dijo que él era un populista en un artículo reciente. – Sí, creo que tiene una tendencia al populismo. A pesar de eso, valoro sus esfuerzos por poner palabras donde antes había armas. Sin dudas ese es el camino. Pero Obama no tiene mucho tiempo. Puede hacerse el simpático unos meses más pero, a partir de diciembre, el proceso nuclear iraní no tendrá marcha atrás. Al mundo le queda muy poco tiempo para parar el surgimiento de un nuevo régimen totalitario con armas nucleares. La administración norteamericana lo sabe bien, como también que en algún momento debe plantarse, dejando de lado la política de “buenos amigos”. Y no me refiero a hacer la guerra, que sería una barbaridad que no solucionaría nada. Me refiero a un boicot económico y político que haga daño al gobierno de los ayatollas. Eso es lo que pide a gritos la ciudadanía iraní: que Estados Unidos rectifique la pasividad actual. – ¿Piensa que si EE.UU. no la rectifica, Israel bombardeará Irán? – Hay una frase en la Biblia: “si tu enemigo dice que quiere destruirte, debes creerlo”. ¿Por qué no habríamos de creerle a Irán cuando dice que hay que borrar a Israel de la faz de la Tierra? Los fundamentalistas no mienten: cumplen todas sus amenazas. Cuando Bin Laden, después del 11 de setiembre, señaló a España diciendo “ahora Al-Andaluz”, era evidente que sufriríamos un atentado terrorista. Irán es un país que hizo atentados en otros países, como lo saben bien los argentinos por sufrirlo en carne propia.Cuando Hitler dijo que iba a hacer desaparecer a los judíos de Europa, había que creerle. Casi lo consigue al convertir en humo a dos tercios de los judíos europeos. Si Irán llega a tener capacidad nuclear, el mundo tendrá un riesgo enorme. El futuro de Medio Oriente – “La lucha de Israel, aunque el mundo no quiera saberlo, es la lucha del mundo”, dijo en una conferencia que dio en Washington el año pasado. ¿Recibe muchas críticas por la defensa que hace de Israel? – Gran parte de la izquierda ha simplificado el conflicto palestino-israelí en un esquema de “buenos y malos”, “víctimas y verdugos”, desconociendo la mano de Irán, Siria y los yihadistas, de los palestinos que reprimen a otros palestinos, de los totalitarios que quieren masacrar en nombre de Alá. Claro que en el lado israelí también hay responsabilidad que debe ser criticada. Pero el conjunto debe analizarse contemplando su complejidad. Lo que ocurre es que hay un sector de la izquierda que, habiendo perdido las utopías, ha sustituido la boina del Che Guevara por la kefia palestina. Que me critique esta izquierda, que defiende ideas totalitarias, es un honor. Lo que me preocupa es la contaminación de tantos cerebros jóvenes, que no saben nada sobre el conflicto, que no se hicieron ninguna pregunta y creen que tienen todas las respuestas, que creen que son solidarios criticando a Israel. No se dan cuenta que Israel es adversario de los palestinos pero no su enemigo. El enemigo es Hamas. Con Hamas y Hezbollah no hay futuro. Hezbollah es una agrupación que pone trozos de carne humana en sus banderas. Su líder envió a su propio hijo a morir. Se puede salir a la calle y protestar contra la incursión israelí en Gaza pero también debe criticarse a Hamas. No balancear el conflicto no es ayudar a la paz: es ayudar a la muerte. Palestinos e israelíes pueden negociar duramente pero en esos intercambios hay futuro. Eso es lo que defiendo y lo que me ha valido amenazas de muerte. La policía me cuida pero sé que es el precio que debemos pagar los que no queremos formar parte de los dogmas de fe de un mundo virulento. Lo que me irrita no son los ataques de los fundamentalistas, porque son coherentes, sino los de los que me insultan y dicen defender la libertad. También recibo muchísimo apoyo porque el sentido común, afortunadamente, es mayoritario. – Usted conoce muy bien Medio Oriente. ¿Cómo imagina el futuro de la región? – El petróleo es un arma de destrucción masiva: es lo que da el dinero para montar las mayores atrocidades. Si no superamos la era del petróleo, no habrá libertades en Medio Oriente. Si no las hay, no frenaremos el fenómeno yihadista. Si no lo paramos, no habrá paz en Medio Oriente. Se trata de una cadena. Todo el mundo libre depende de un modelo de vida que da miles de millones de dólares a dictaduras atroces que lo utilizan para esclavizar a sus pueblos y fomentar el terrorismo. Esto se acabará el día en que el petróleo no sea la clave económica del mundo. Lo dramático es que toda esa riqueza no sirvió para nada. En los últimos 70 años todo el dinero de ese petróleo no ha dado un solo premio Nobel en todos los países islámicos de Medio Oriente. En cambio, en las mismas seis décadas, un pequeño país de siete millones de habitantes, como es Israel, generó muchísimos Nobel. No olvidemos que hace un tiempo Mohamar Kadafi dijo: “ustedes tienen la bomba atómica pero nosotros tenemos la bomba demográfica”. Ahora quieren tener las dos. – ¿Qué papel cree que debería jugar Estados Unidos en Medio Oriente? – Europa critica permanentemente a EE.UU. pero lo cierto es que los únicos que se han metido en el barro son los norteamericanos, los que sentaron a palestinos e israelíes en Camp David y en Oslo para resolver el problema. EE.UU. es aliado de Israel pero también es el mayor donante de dinero a la Autoridad palestina. Creo que los norteamericanos deben seguir metiéndose pero, de todos modos, soy pesimista. Por más buenas intenciones que tengan los norteamericanos, los israelíes y un líder que me gusta como Mahmud Abbas, temo que Teherán dinamitará cualquier eventual acuerdo con la ayuda de Hamas, cuyo propósito fundacional es la destrucción de Israel. Me parece que no estamos cerca de la paz. El pluralismo y la muerte – Desde su perspectiva, ¿hay culturas superiores o todas son moralmente equivalentes, como sostiene la mayor parte del progresismo? – Hay una cultura superior y es la del derecho. No creo en choques de civilizaciones sino en un choque entre la civilización y la barbarie. El bárbaro es el que en nombre de una ideología mata, secuestra, tortura. El civilizado es el que lucha contra eso. En el Islam los civilizados son las mujeres que luchan por sus derechos, los ciudadanos que pelean por la participación en la vida pública, los escritores que alzan su voz contra la tiranía yihadista. Los bárbaros son los que persiguen a los disidentes, esclavizan a las mujeres, amenazan al mundo. Hay una forma superior de ver al mundo y es la que refleja la Carta de Derechos Humanos. No creo en las teorías de Huntington o de Oriana Fallaci que estiman que Occidente es superior a Oriente. En Occidente engendramos monstruos terribles y el Islam ha dado grandes pensadores. Pero lo que sí creo es que el fenómeno totalitario es brutalmente inferior al democrático. Yo estoy del lado de las mujeres lapidadas, de los que luchan por las libertades en las calles de Teherán o en cualquier lado; y me importa poco que sean musulmanes, católicos, judíos, ateos o bailarines de flamenco. – Fue cronista de guerra en varios conflictos. ¿Cuál es la mayor marca que le han dejado? – Las guerras te cambian. En cada vuelta a mí país, pasé más de un mes sin entenderlo. No puedes creer que tus conciudadanos pierden su tiempo en tonterías mientras tu tienes el alma colgando en una percha.La imagen más nítida de todas las guerras que viví me quedó grabada en Africa, en las montañas de Etiopía, en medio de un conflicto que, como todos los africanos, fue anónimo y pasó inadvertido para todo el mundo. Es la imagen de una madre etíope acunando a un niño que llevaba dos horas muerto. Le pregunté a una persona que la conocía si no le iban a sacar el niño de sus brazos y me contestó: “la muerte en Africa tiene su tiempo”. © LA GACETA

Choque de Civilizaciones

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Hace unos días surgió el debate acerca de la veracidad de la Teoría de Huntington y como afectaría la reconfiguración del orden mundial.
Acá un breve resumen de esta idea y algunos datos para ampliar el debate…

Choque de civilizaciones es el nombre que recibe una teoría acerca de las relaciones internacionales. Tal como se conoce hoy en día, fue formulada en un artículo de Samuel Huntington publicado en la revista estadounidense Foreign Affairs en 1993 y transformado posteriormente en un libro en 1996.
Antecedentes En un sentido amplio, se puede definir el choque de civilizaciones como una teoría que explica los grandes movimientos políticos y culturales de la Historia Universal por medio de las influencias recíprocas que ejercen entre sí las diversas civilizaciones (por contraposición a las debidas a los enfrentamientos entre estados-nación o ideologías).
Una civilización, en este contexto, es una cultura más o menos cerrada y con una tradición cultural más o menos hermética e impermeable, que por ende se encuentra en oposición a otras civilizaciones con tradiciones diferentes.
Aunque el concepto moderno de civilización es popularizado por Oswald Spengler, la noción de “choque de civilizaciones” fue introducida por Arnold J. Toynbee, aunque éste la restringe al ámbito geopolítico, simplificando en demasía los fenómenos de contactos culturales entre civilizaciones. Toynbee considera el fenómeno como un “contacto espacial entre civilizaciones”, y lo refiere como un fenómeno de desafío y respuesta (integrado en su teoría cíclica del desarrollo de las civilizaciones). Es decir, el primer “empujón” que una civilización da a otra, es contestado por ésta, lo que a su vez mueve a la primera a enviar un tercer empujón, y así sucesivamente hasta que una de ellas termina derrotada.
Según la teoría toynbeana, el efecto de un asalto frustrado suele ser el retardo, o incluso la parálisis, de la civilización agredida, bien sea por enorgullecerse en demasía de su propio triunfo, o bien sea por haber invertido todos los recursos disponibles en la lucha. El efecto de un asalto exitoso, por el contrario, es más complejo, ya que puede terminar en un sometimiento temporal y la expulsión del invasor, o bien en la destrucción de la civilización invadida.
El choque de civilizaciones de Samuel Huntington

En su artículo de 1993, Huntington retoma el concepto de Toynbee afirmando que los actores políticos principales del siglo XXI serían las civilizaciones y que los principales conflictos serían los conflictos entre civilizaciones (no entre ideologías, como durante la mayor parte del siglo XX ni entre estados-nación). Aparentemente, este artículo era una respuesta a las tesis de Francis Fukuyama que sostenía que el mundo se aproximaba al fin de la historia (en sentido hegeliano) en el que la democracia occidental triunfaría en todo el mundo. Citando el artículo de Huntington:
Los estados-nación seguirán siendo los actores más poderosos del panorama internacional, pero los principales conflictos de la política global ocurrirán entre naciones y grupos de naciones pertenecientes a diferentes civilizaciones. El choque de civilizaciones dominará la política global. Las fallas entre las civilizaciones serán los frentes de batalla del futuro.
Significativamente, las líneas de fractura entre civilizaciones son casi todas religiosas:
Cultura Occidental, incluye principalmente a países cristianos: Europa y Norteamérica. Podrían existir otras dos “subcivilizaciones”:El mundo ortodoxo de Europa oriental y Rusia.El mundo latinoamericano de Suramérica, Centroamérica, México y gran parte del Caribe.El mundo musulmán del Oriente Medio, el Magreb, Somalia, Afganistán, Pakistán, Malasia e Indonesia.El pueblo judío, civilización hebrea, la diáspora.La civilización hindú, localizada fundamentalmente en la IndiaLa civilización sínica de China, Vietnam, Singapur, Taiwán y la diáspora china en Asia, el Pacífico y OccidenteEl África sub-saharianaLas áreas budistas del norte de la India, Nepal, Bután, Mongolia, Birmania, Tailandia, Camboya, Laos y el Tíbet.
Huntington argumenta que desde el final de la Guerra Fría los conflictos mundiales han ocurrido a lo largo de los límites de las civilizaciones, con escasos conflictos en el interior de aquellas. Pone como ejemplo las guerras que acompañaron la desintegración de Yugoslavia, la guerra de Chechenia o los conflictos recurrentes entre India y Pakistán.
También afirma que los conflictos entre civilizaciones son inevitables, puesto que cada una cuenta con sistemas de valores significativamente distintos. Argumenta que el crecimiento de nociones como la democracia o el libre comercio desde el fin de la Guerra Fría sólo ha afectado realmente a la cristiandad occidental, mientras que el resto del mundo ha intervenido escasamente.
Huntington también arguye que el nivel de crecimiento del Asia oriental hará de la civilización sínica un poderoso rival de Occidente. También establece que el crecimiento demográfico y económico de otras civilizaciones resultará en un sistema de civilizaciones mucho más multipolar que el que existe actualmente.
Huntington clasifica a las civilizaciones islámica y sínica como rivales de la occidental y etiqueta a la ortodoxa, la hindú y a Japón como civilizaciones “oscilantes” (swing civilizations). También afirma que Rusia y la India continuarán cooperando estrechamente en tanto que China y Pakistán continuarán oponiéndose a la India. Huntington argumenta que una conexión islámico-confuciana está emergiendo (cita la colaboración de China con Irán, Pakistán y otros países para aumentar su influencia internacional).
CríticasMuchos han argumentado que las civilizaciones definidas por Huntington están fracturadas internamente. Por ejemplo, Vietnam mantiene un ejército inmenso, fundamentalmente para defenderse de China. El mundo islámico presenta fracturas étnicas entre kurdos, árabes, persas, turcos, pakistaníes e indonesios, y fracturas religiosas entre el chiismo y el sunismo, cada uno con diferentes puntos de vista sobre el mundo o la religión.
También se ha apuntado que los valores occidentales son mucho más fácilmente transmisibles de lo que Huntington considera. Naciones como la India y Japón se han convertido en democracias de éxito, mientras que occidente no siempre ha sido democrático y plural, sino que la mayor parte de su historia ha consistido en despotismo y fundamentalismo. Los favorables a Huntington señalan que siempre ha habido tensiones entre estados democráticos y que las democracias emergentes (o futuras) dentro de una civilización podrían seguir siendo hostiles a democracias pertenecientes a civilizaciones vistas como hostiles.
Algunos que aceptan las tesis de Huntington respecto a la existencia de civilizaciones no comulgan, sin embargo, con la inevitabilidad del conflicto entre ellas. Argumentan que, salvo algunos extremistas, la mayor parte de la población prefiere coexistir amigablemente.
Muchos han querido ver en los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y en los ataques occidentales a Iraq y Afganistán la confirmación de las tésis de Huntington. Otros puntos a favor de sus tésis parecen ser el aumento de la tensión entre Corea del Sur y Estados Unidos acerca de cómo tratar con Corea del Norte. Más aún, de acuerdo con las doctrinas clásicas de las relaciones internacionales, los países de Asia oriental debieran haberse aliado para crear un contrapoder a China, pero eso no ha sucedido. En su lugar, muchos países, como Corea del Sur, están mejorando sus relaciones con China.
Las ampliaciones de la Unión Europea en 1995 y 2004 llevaron la frontera oriental de la unión hasta el límite identificado por Huntington entre las civilizaciones ortodoxa y occidental. Con estas ampliaciones, la mayor parte de la Europa tradicionalmente católica o protestante pertenece a la Unión Europea. Mientras que la mayoría de los países históricamente ortodoxos o musulmanes están fuera (salvo Grecia y Chipre). Está por decidir qué ocurre con los países de la Europa ortodoxa. Bulgaria y Rumanía son integrantes plenos desde del 1 de febrero de 2007. El nuevo gobierno ucraniano ha declarado su intención de convertirse también en candidato. Al mismo tiempo, la petición de Turquía para unirse a la unión está causando un debate considerable. El punto fundamental, no siempre reconocido abiertamente, es el carácter musulmán de Turquía (esto es, su pertenencia a otra civilización). La solución a estos enigmas se resolverá en los próximos años. Por una parte viendo qué países ingresan en la Unión Europea. Por otra, dependiendo del rumbo político de la Unión: si evoluciona hacia una unión política más estrecha o deviene una simple zona de libre comercio.
En algunos asuntos, la teoría de Huntington no se ha cumplido aún. Más de una década después, las relaciones entre Japón y Estados Unidos siguen siendo estrechas, con Japón proporcionando apoyo monetario y político a la política exterior estadounidense. La alianza sino-islámica no se ha llevado a cabo tampoco. Sin embargo podemos ver de nuevo la escalada de tensiones entre Rusia y Estados Unidos por el escudo de misiles en Polonia y la República Checa, y en la Guerra de Osetia del Sur de 2008, en la que Rusia apoyó a las repúblicas de Osetia del Sur y Abjasia en contra de la pro-occidental Georgia.