La palabra escatología es definida en el diccionario como una rama de la teología relacionada a los eventos finales de la historia del mundo. La verdad es que la escatología no es un dominio exclusivamente de la religión. El ejemplo más notable de escatología secular podría ser el Marxismo: las convulsiones y agonías de la guerra de clases, los males resolviéndose a sí mismos y dando paso a una sociedad sin clases, la extinción del estado y la dichosa existencia eterna.

La escatología judía está compuesta por tres partes básicas:

“La Era del Mesías”
“La Vida Después de la Muerte”
“El Mundo de la Resurrección”

El mesías, de acuerdo a las fuentes judías tradicionales, será un ser humano que nacerá de una madre y un padre de carne y hueso, a diferencia de la idea cristiana que lo presenta como el hijo de Dios concebido inmaculadamente. De hecho, Maimónides escribe que el Mesías completará su tarea y luego morirá como cualquier otro mortal.

¿Cuál es su función? Terminar la agonía de la historia y dar paso a una nueva era de felicidad para la humanidad en general. El período de tiempo en que él emerge y completa su tarea es llamado la Era Mesiánica. De acuerdo a una opinión talmúdica esta no es una era de milagros expuestos, donde las reglas de la naturaleza son derribadas. En cambio, el único elemento introducido al mundo será la paz entre las naciones, con el pueblo judío viviendo en su tierra bajo su propia autoridad, libre de persecuciones y antisemitismo, libre para perseguir sus metas espirituales como nunca antes.

La vida después de la muerte es llamada, en las fuentes tradicionales, Olam Habá o el Mundo Venidero. Sin embargo, el mismo término, “Olam Habá”, también es utilizado para referirse a la utópica renovación del mundo del futuro – el Mundo de la Resurrección, Olam Hatejiá, (como es explicado en el párrafo siguiente). El primero es el lugar al que van las almas justas después de la muerte – y han estado yendo ahí desde la primera muerte. Ese lugar también es llamado a veces el Mundo de las Almas. Es un lugar donde las almas existen en estado separado del cuerpo disfrutando de los placeres de la cercanía a Dios. Así, las experiencias cercanas a la muerte son probablemente atisbos del Mundo de las Almas, el lugar en el que la mayoría de la gente piensa cuando es mencionado el término Vida Después de la Muerte.
El Mundo de la Resurrección, en contraste, “no ha sido visto por el ojo”, destaca el Talmud. Es un mundo, de acuerdo a las autoridades, donde el cuerpo y el alma son reunidos para vivir eternamente, en un estado real de perfección. Este mundo comenzará a existir recién después del Mesías y será iniciado por un evento conocido como el “Gran Día del Juicio” (Iom HaDin HaGadol). El Mundo de la Resurrección es la recompensa máxima, un lugar en donde el cuerpo se vuelve eterno y espiritual, mientras que el alma se eleva aún más alto.

En comparación al concepto del “Mundo Venidero”, la reencarnación no es, técnicamente hablando, una escatología auténtica. La reencarnación es simplemente un vehículo para lograr un fin escatológico. Es el reingreso del alma a un cuerpo completamente nuevo en el mundo presente. En contraste, la resurrección es la reunificación del alma con el cuerpo anterior (reconstruido nuevamente) en el “Mundo por Venir”, un mundo que la historia aún no ha atestiguado.

La resurrección es un concepto puramente escatológico. El propósito de la reencarnación generalmente tiene dos caras: es para arreglar una falla en la vida previa o para crear un estado de perfección nuevo y más elevado personal que el alcanzado previamente. Su propósito es premiar al cuerpo con la eternidad y al alma con una perfección más elevada. Resurrección es entonces, un tiempo de recompensa, mientras que la reencarnación es un tiempo de reparación. La resurrección es un tiempo de cosecha, la reencarnación un tiempo de siembra.
El hecho de que la reencarnación sea parte de la tradición judía sorprende a mucha gente. No obstante, es mencionada en numerosos lugares en los textos clásicos del misticismo judío, empezando con la preeminente antología de cábala, el Zohar.

Siempre que una persona fracasa en su propósito en este mundo, Dios, Bendito Sea, la arranca de raíz y la vuelve a plantar una y otra vez, repetidamente (Zohar 186b).

Todas las almas están sujetas a la reencarnación; ¡y la gente no conoce los caminos de Dios, Bendito Sea! No saben que son traídos frente al tribunal tanto antes de entrar a este mundo como después de dejarlo, son ignorantes de las muchas reencarnaciones, y de los trabajos secretos que tienen que realizar, y de la cantidad de almas desnudas, y cuántos espíritus desnudos deambulan en el otro mundo sin poder ingresar detrás del velo del Palacio del Rey. Los hombres no saben cómo las almas vuelan de un lado a otro como una piedra que es arrojada con una honda. Pero ya se acerca el tiempo cuando estos misterios serán revelados (Zohar, II 99b).

El Zohar y la literatura relacionada están llenos de referencias a la reencarnación, abordando preguntas como qué cuerpo es resucitado y qué ocurre a esos cuerpos que no alcanzan la perfección final, cuántas oportunidades son dadas a un alma para lograr perfeccionamiento a través de la reencarnación, si un esposo y una esposa pueden reencarnar juntos, si una demora en un entierro puede afectar la reencarnación, y si el alma puede reencarnar en un animal.

El Bahir, atribuido al sabio del siglo I Nejunia ben Hakaná, emplea la reencarnación para referirse a la pregunta clásica de la Teodicea – ¿por qué le ocurren cosas malas a la gente buena? Y viceversa:
¿Por qué existe una persona justa a quien le ocurren cosas buenas, mientras que a otra persona justa le ocurren cosas malas? Esto sucede porque la [segunda] persona justa actuó mal en su vida previa, y ahora está experimentando las consecuencias. ¿A qué se parece esto? Una persona plantó un viñedo y tuvo la esperanza de que crecieran uvas dulces, pero en lugar de eso, crecieron uvas agrias. Vio que su siembra y su cosecha no fueron exitosas, así que arrancó el viñedo de raíz. Removió las parras de uvas agrias y plantó de nuevo. Cuando vio que su siembra no fue exitosa, la arrancó de raíz y plantó de nuevo (Bahir 195).

La reencarnación es citada por muchos comentaristas bíblicos clásicos, incluyendo al Rambán (Najmánides), Menajem Recanti, y Rabeinu Bajia. Entre los muchos volúmenes del santo Rav Itzjak Luria, conocido como el “Arí”, la mayoría de los cuales nos llegan a través de la pluma de su discípulo principal, Rav Jaím Vital, existen ideas profundas explicando temas relacionados a la reencarnación. De hecho, su Shaar HaGuilgulim, “Las Puertas de la Reencarnación”, es un libro dedicado exclusivamente al tema de la reencarnación, incluyendo detalles relativos a las raíces de las almas de muchos personajes bíblicos y en quienes reencarnaron desde los tiempos de la Biblia hasta el Arí.

Las enseñanzas del Arí se desparramaron sin control después de su muerte a través del mundo judío en Europa y en Medio Oriente. Si bien la reencarnación había sido aceptada en la tradición judía hasta ese entonces, después del Arí se convirtió en parte de la estructura del idioma judío y de la erudición, morando en el pensamiento y las escrituras de los grandes eruditos y líderes desde los comentaristas clásicos del Talmud (por ejemplo, el Maharshá, Rav Moshé Eidels) hasta el fundador del Movimiento Jasídico, el Baal Shem Tov, incluyendo al líder del mundo no-jasídico, el Gaón de Vilna.

La tendencia continúa hasta el día de hoy. Incluso algunas de las principales autoridades que no necesariamente son conocidos por su inclinación mística tienden a asumir que la reencarnación es aceptada como una doctrina básica.

Uno de los textos que los místicos citan como una alusión bíblica al principio de la reencarnación es el siguiente verso en el Libro de Job:
“He aquí, todas estas cosas hace Dios dos y tres veces con el hombre, para apartar su alma del sepulcro, y para iluminarlo con la luz de los vivientes”. (Job 33:29)

En otras palabras, Dios le permitirá a una persona volver al mundo “de los vivientes” desde “el sepulcro” (que es uno de los términos bíblicos clásicos para Gueinom o “Purgatorio”) una segunda e incluso tercera (o multitud de) vez (veces). No obstante, en general este verso y otros fueron entendidos por los místicos como simples alusiones al concepto de la reencarnación. La verdadera fuente está arraigada en la tradición.

Extraído de “Soul Searching”, Targum Press por Jacob Astor.
Fuente: AishLatino.com